Archivo de noviembre, 2019

Tsunami energético

En las próximas semanas y meses nos esperan un verdadero tsunami de acontecimientos y desarrollos de iniciativas energéticas, que tienen por objeto transformar nuestro actual modelo energético y dar respuesta a la situación de emergencia climática en la que ya estamos inmersos.

Al igual que los tsunamis –eventos complejos que involucran un grupo de olas de tamaño variable que desplaza verticalmente una gran masa de agua… –, estas actuaciones son de desigual naturaleza y alcance con el objetivo de desplazar un modelo que, hoy en día, se ha demostrado completamente obsoleto.

El próximo lunes,2 de diciembre, dará comienzo en Madrid la conferencia del clima, COP 25, que durante dos semanas reunirá en nuestro país a miles de científicos y representantes de todo el mundo para ultimar la entrada en vigor del Acuerdo de París en 2020.

 

Mientras que, desde un punto de vista científico, cada día es más evidente la urgencia de afrontar los retos de la agenda climática –cada año volvemos a batir los récords en emisiones globales de CO2 a la atmósfera–, desde el punto de vista de responsabilidad política, países como Estados Unidos, responsable del 15% de las emisiones a la atmósfera, dejan mucho que desear al haber formalizado su salida del Acuerdo. Este tipo de actitudes son las que nos deben hacer reaccionar, ya que lejos de desanimarnos deben reafirmarnos, al resto de países firmantes, en ser más contundentes si cabe a la hora de adoptar acciones tajantes para hacer frente a la emergencia climática en la que nos encontramos.

Y es en esta dirección en la que avanzamos en nuestro país, con la aprobación la pasada semana del Real Decreto Ley 17/2019 para impulsar una transición energética justa por el que se otorga, entre otras medidas, la necesaria certidumbre jurídica y económica que requieren las instalaciones renovables para su desarrollo, condición mínima indispensable para que se aborden los más de 100.000 millones de euros de inversión previstos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030.

También está previsto que a partir de enero de 2020 esté disponible el protocolo de actuación que permita a los autoconsumidores compensar sus excedentes vertiéndolos a la red, herramienta fundamental para subvertir el modelo energético actual, al hacer partícipe al consumidor de un proceso integral de generación y consumo, que le permite pasar de ser parte del problema a ser parte de la solución al otorgarle las herramientas necesarias.

Estas medidas, en el marco de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética, requieren de consensos políticos cada vez más difíciles de lograr según el sudoku político en el que estamos inmersos y es precisamente esta compleja situación la que nos lleva, desde la Fundación Renovables, a exigir cada día con mayor firmeza y urgencia un Pacto de Estado de la Energía, de tal manera que la necesaria transición energética deje de estar  supeditada a los vaivenes políticos, cuyas decisiones erróneas, según se ha demostrado en el último lustro, parecen estar exentas de responsabilidad para sus protagonistas.

Por Concha Cánovas – Patrona de Fundación Renovables

La lección de Venecia: su Asamblea regional inundada por primera vez, tras desestimar medidas contra el cambio climático

Durante la noche del martes de la semana pasada, mientras Venecia se estaba inundando por el peor episodio de “acqua alta” de los últimos 50 años, en su Asamblea regional se acababan de rechazar nuevas medidas para luchar contra el cambio climático. Minutos después, por primera vez en la historia, el “acqua alta” entraba en el Parlamento causando estragos y la huida de políticos y funcionarios venecianos. Casi una semana después, el balance es de dos fallecidos y una de las ciudades más bellas del mundo de rodillas y, todavía, parcialmente inundada.

Si bien es cierto que el “acqua alta” es un fenómeno que ha ocurrido en Venecia desde hace siglos, también lo es que, si miramos a los diez episodios más intensos, cinco de ellos han pasado en los últimos 20 años y el anterior récord se registró el año pasado. Hay una clara intensificación del fenómeno y los científicos dicen que esto se debe al cambio climático.

Hace mucho tiempo que sabemos que la quema de combustibles fósiles como el gas, el carbón o el petróleo, así como la deforestación, son las principales causas del cambio climático. Es el momento de actuar en consecuencia, puesto que lo que sucede en Venecia pasará a ser una macabra representación de lo que nos espera como sociedad en un futuro cercano. Sin embargo, para que las soluciones, que las hay, puedan ponerse en práctica con la velocidad necesaria, tenemos que hacer un trabajo como sociedad para pasar de la competición a la colaboración.

Necesitamos liberarnos de ese rol al que nos han relegado en las últimas décadas de meros consumidores y darnos cuenta de que tenemos el derecho y la obligación de actuar como ciudadanía. Es decir, pasar de creer que tenemos que limitarnos a cambiar nuestros hábitos individuales de compra para influir en las compañías contaminantes (aunque ciertamente es importante) y empezar a crear el futuro alternativo que nos permitirá sobrevivir como especie, colaborando con otras personas que tengan el mismo objetivo y reivindicando nuestros derechos.

Muchas personas ya lo están haciendo, incluso en sectores tan difíciles como el de la energía, con experiencias prácticas de lo que debería ser un pacto social de la energía que garantice el derecho a una energía asequible y limpia para todo el mundo.

Del 2 al 13 de diciembre, la historia nos brinda una nueva oportunidad para poner nuestro granito de arena frente al cambio climático: será la celebración en Madrid de la Cumbre Mundial del Clima (COP25), un momento clave para que la ciudadanía haga oír su voz reclamando acciones valientes y urgentes, no palabras vacías.

Por eso se está organizando una marcha por el clima el domingo 6 de diciembre a las 18h en Madrid, con salida desde Atocha, y a la que se sumarán personas y colectivos de toda España y de todo el mundo para recordar, entre otras cosas, que lo que pasa en Venecia no es tan solo “mal tiempo”, es una Emergencia Climática.

Por Sara Pizzinato – Patrona de Fundación Renovables "

Fórmula 1 – Carbono 0

Ante todo, he de reconocer que soy un enamorado de las carreras de coches y el ruido infernal de sus motores de combustión desde que era niño, pero, por otro lado, soy socio de la Fundación Renovables desde su creación porque creo firmemente en que debemos cuidar el medioambiente si queremos dejar el legado que les corresponde por derecho propio a las futuras generaciones.

Por ese motivo he recibido con gran interés el anuncio institucional que ha realizado la Fórmula 1 sobre su ambicioso plan de sostenibilidad para tener una huella de carbono cero en 2030.

Para comenzar, hay que tener en cuenta que, desde sus inicios, la Fórmula 1 ha sido el máximo exponente en innovación tecnológica, de la que en buena medida se han beneficiado los coches de calle actuales, ya sea en materia de seguridad, conectividad o de hibridación.

En palabras de Chase Carey, Presidente de la Fórmula 1, “El motor híbrido de Fórmula 1 es el más eficiente del mundo y tiene un papel fundamental que desempeñar para abordar el problema ambiental desde un punto de vista global más amplio. Creo que la solución a la situación ambiental serán muchas y no solo una y, aunque celebro que la electricidad aplicada al automóvil haya captado la atención y haya alcanzado un punto óptimo en este momento, creo que la electricidad solo será parte de la solución, ya que tiene inconvenientes que aún deben abordarse”.

De los V8 de aspiración de 2013 a los V6 turbo híbridos de 2014-2019

La hibridación de los Fórmula 1 en los últimos años ha dado pasos de gigante y hoy en día la unidad de potencia (motor de F1) es un 20% más potente que la de un motor V8 de aspiración de 2013, produciendo un 26% menos de emisiones de CO2. Además, en un circuito largo como es el de Spa-Francorchamps, un Fórmula 1 actual, a pesar de ser más pesado por motivos de reglamentación, es más rápido consumiendo un 35% menos de combustible.

La “eficiencia térmica”, en términos simples, describe el porcentaje de la energía que empuja a un automóvil sin disiparse en forma de calor. Con los motores V8, la eficiencia térmica alcanzó el 29%, pero esta cifra aumentó hasta el 40% con la introducción de los turbo híbridos V6 en 2014 y se sitúa en más del 50% en la actualidad.

No es de extrañar que esta tecnología haya llegado a los coches de calle, estando disponible ya en los “hypercars” de las marcas más importantes, desarrollados por ingenieros con una larga experiencia en F1 como es el caso Adrian Newey, que utiliza un sistema de recuperación de energía en su última creación. El KERS (sistema de recuperación de energía cinética) introducido en F1 en 2009 para aprovechar la energía de frenado y liberarla en la pista, ahora es utilizado tanto en coches híbridos como en autobuses, lo que ayuda a que las ciudades sean más ecológicas.

Huella de carbono 0 para 2030

La Fórmula 1 ha anunciado un ambicioso plan de sostenibilidad para eliminar la huella de carbono no solo de los monoplazas de Fórmula 1, sino que también incluye la actividad en la pista y el resto de las actividades que conlleva este deporte. Además, el plan incluirá medidas para garantizar que la iniciativa se traslade a la logística, los viajes, las oficinas, las instalaciones y las fábricas para que sean abastecidas con energía 100% renovable.

Para 2025, F1 también garantizará que todos los eventos sean más sostenibles eliminando los plásticos de un solo uso y reutilizando, reciclando o compostando todos los residuos. Además, se facilitará a los aficionados transportes públicos y se mejorarán los accesos a los circuitos para reducir el impacto medioambiental de la zona en la que se desarrollen las diferentes pruebas.

La entrada en vigor del plan implica a la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y a todos sus socios, promotores, patrocinadores y los equipos de competición, muchos de los cuales ya están trabajando en este sentido.

“Al lanzar la primera estrategia de sostenibilidad para la Fórmula 1, reconocemos el papel fundamental que todas las organizaciones deben desempeñar para abordar este problema global. Aprovechando el inmenso talento, la pasión y el impulso innovador de todos los miembros de la comunidad F1, esperamos tener un impacto positivo significativo en el medio ambiente y las comunidades en las que operamos. Las acciones que estamos implementando a partir de hoy reducirán nuestra huella de carbono y asegurarán que logremos nuestro objetivo en 2030 ”, señala Chase Carey.

Teniendo en cuenta el gran esfuerzo que está realizando la Fórmula 1, creo que puedo tener la conciencia un poco más tranquila a pesar de mi bipolaridad medioambiental.

En cualquier caso, nadie es perfecto ¿o sí?

Jorge Gil – Diseñador gráfico y socio de Fundación Renovables

El doble fondo de un modelo energético obsoleto

El cambio climático se ha convertido en un hecho más que demostrado. Los múltiples informes del IPPC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) y de científicos de todo el mundo se acumulan, uno tras otro, demostrando el camino al que estamos abocados si no se hace nada por evitarlo. España, por su situación geográfica y por su climatología, es uno de los países más vulnerables al cambio climático. Las consecuencias ya se empiezan a materializar y visualizar: los embalses se encuentran en mínimos históricos por el descenso de las precipitaciones, la intensidad y frecuencia de las olas de calor e incendios no dejan de aumentar, las lluvias torrenciales o DANAs que estamos sufriendo este año, etc. Esos daños medioambientales, junto con los graves problemas de dependencia energética que tenemos, llevan asociados grandes problemas económicos que irán a más en los próximos años.

En España, la dependencia energética del exterior no ha descendido del 70% en los últimos años, alcanzando en 2018 alrededor de un 76%. Como es obvio, la mayor parte se debe a la importación de hidrocarburos desde países productores y exportadores. Hay que tener en cuenta que, aunque la energía nuclear se considere autóctona en nuestro país, el uranio se importa del exterior, por lo que la dependencia real asciende a algo más del 80%. Si echamos un vistazo al pasado, la mayor tasa de dependencia energética se alcanzó en los años 2005-2006 y descendió en los años posteriores, durante la crisis económica, debido a un descenso del consumo energético y no por la puesta en marcha de medidas para reducirla. Como consecuencia, una vez pasada la recesión económica, la dependencia energética ha vuelto a ascender a un ritmo acelerado.

En el año 2017 el déficit de la balanza comercial fue de 22.700 millones de euros, de los que el 85% se debió a la compra de combustibles fósiles; en 2018 la cifra ascendió a 33.840 millones y, en este caso, la compra de combustibles fósiles supuso más de 25.000 millones del total, debido a que el precio del petróleo experimentó una subida del 50% respecto a 2017. Esta dependencia ha provocado que nuestra economía sea altamente vulnerable a los movimientos internacionales del precio del petróleo.

La mayoría del consumo de estos combustibles fósiles se concentra en el sector transporte, con un 70%, siendo el sector que más energía consume y alcanzando más del 40% del consumo total. Además, el transporte es el que más contribuye al aumento de la contaminación en las ciudades, dónde se concentran el 75% de las emisiones a nivel nacional. Ante esto, el Ayuntamiento de Madrid redujo, meses atrás, las restricciones de Madrid Central y, en los últimos días, ha comenzado a desmantelar los carriles bici para dejar más espacio a los coches en las calles, tomando justo la dirección contraria que la que están siguiendo todas las grandes ciudades de Europa.

Dejando de lado el transporte, otro de los problemas del modelo energético tradicional basado en combustibles fósiles es que no asume los costes de las externalidades negativas que genera. Una externalidad negativa es la que se produce cuando la acción de un agente financiero, de manera directa o indirecta, acaba afectando económicamente a otro. Un ejemplo de externalidad negativa del uso de combustibles fósiles sería el coste en sanidad. Según la Alianza Europea de Salud Pública, la contaminación atmosférica le cuesta a España más de 3.600 millones de euros al año en sanidad, cantidad que acabamos pagando todos. Es decir, que el coste que la producción de energía con combustibles fósiles tiene para la sociedad (como consumidora) es mayor que el coste que tiene para las empresas productoras.

La ciudadanía paga tanto el coste privado de producción como el coste generado por la contaminación que provocan la combustión de gas, de carbón y de petróleo. Estas externalidades ocasionan ineficiencias y desajustes en el mercado financiero, por lo que debemos exigir, como sociedad, que las empresas que se lucran con la quema de combustibles fósiles internalicen todos los costes derivados.

Solo cabe una solución viable a este cúmulo de problemas: la acción eficaz de un gobierno comprometido con el cambio de modelo energético y políticas fiscales activas. El próximo domingo viviremos unas nuevas elecciones, cuatro en cuatro años, una broma pesada que nos brinda la oportunidad de votar teniendo en cuenta la emergencia climática que vivimos. Si buscamos las propuestas en materia energética de los programas electorales de los principales partidos políticos, observamos que todos ellos tienen alguna mención sobre el cambio de modelo energético. Sin embargo, la mayoría no contienen medidas claras y transversales, con objetivos poco ambiciosos, por lo que parecen más palabras vacías que acciones efectivas. Aún así, la cuestión no es quién hace mejores o peores propuestas en este sentido, ya que todas ellas son insuficientes, sino, precisamente, que la acción energética y medio ambiental no debe depender de un partido u otro.

El cambio hacia un modelo energético limpio, sostenible y justo no es una cuestión ideológica, sino un cambio urgente y necesario que beneficia a toda la ciudadanía y que todos deberían asumir. Por todo ello, es necesario crear una legislación integral asumida por todos los partidos políticos bajo un Pacto de Estado de Energía.

Fernando Martínez Sandoval – Técnico de Proyectos de Fundación Renovables