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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

Archivo de agosto, 2018

Un otoño caliente para el clima

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace


No sabemos qué tiempo meteorológico va a hacer en este próximo otoño, pero sí sabemos que los próximos meses van a ser decisivos para comprobar si podemos mantener el Cambio Climático bajo control o se nos escapará de las manos.

La preocupación ha subido muchos enteros con la publicación este verano de un estudio científico que advierte del grave riesgo de sobrepasar un umbral a partir del cual los efectos del Cambio Climático se convierten en causas que lo aceleran aún más, entrando en un círculo de retroalimentaciones que nos llevaría a un planeta inhabitable para la mayoría de la población humana (y de muchas especies). Mientras ese proceso de clima descontrolado se prolongaría durante siglos o milenios, el margen de tiempo para evitarlo es de tan solo diez o veinte años a lo sumo.

Esto reafirma la necesidad de hacer todo lo posible para evitar que el calentamiento global sobrepase 1,5ºC, tal como se establece en el Acuerdo de París.

Afortunadamente, hay señales que indican que la capacidad y la disposición de hacer frente al problema han mejorado, aunque la disposición es mayor en los actores no gubernamentales (empresas, municipios, sociedad civil) que en muchos gobiernos. Repasemos algunas recientes señales esperanzadoras:

  • El gigante electrónico Samsung se ha comprometido a suministrarse al 100% con energía renovable para las necesidades energéticas de sus instalaciones en Estados Unidos, Europa y China para 2020, y a influir positivamente en los esfuerzos del gobierno coreano en esa dirección.
  • La “Powering Past Coal Alliance” (una alianza global de más de 20 países para la eliminación progresiva del carbón) ha empezado a trabajar más allá de hacer declaraciones, de manera que los países que ya tienen decidido acabar con el uso del carbón se están organizando para influir en otros países que están en el proceso de decidirlo, como es el caso de Alemania.
  • Los cambios de gobierno en España e Italia han modificado el equilibrio de fuerzas dentro de la Unión Europea a favor de la lucha contra el cambio climático, de las renovables y la eficiencia energética, como ya se ha visto en las negociaciones que culminaron en la aprobación de una nueva directiva de energías renovables con un objetivo más ambicioso que el inicial y que deja fuera de juego el impuesto al sol.
  • En Latinoamérica también ha habido cambios de gobierno significativos. A efectos del cambio climático, destaca el de Costa Rica, que quiere que el país sea libre de combustibles fósiles en 2021.

Por otro lado, el IPCC (grupo de expertos de Cambio Climático de la ONU) va a publicar a principio de octubre un informe decisivo sobre la ambición y urgencia, necesaria y posible, de evitar un calentamiento de 1,5ºC. También advertirá de las graves consecuencias de no hacerlo: ese umbral puede ser suficiente para desequilibrar las cubiertas de hielo de Groenlandia o la península Antártica, matar al 90% de los corales de aguas cálidas, causar severos problemas al Ártico y los océanos, etc. No es fácil evitarlo, no estamos en camino, pero no hay más remedio que hacer todo lo posible. Este informe ha de ser la referencia científica que ilumine las negociaciones de Cambio Climático hacia la cumbre del clima (COP 24) de Polonia y más allá.

Con estos y otros elementos sobre la mesa, la hoja de ruta para conseguir que los compromisos mundiales permitan evitar el calentamiento de 1,5ºC tendría estos hitos:

  • En la UE, se han de identificar en 2018 los países que quieren participar de una “coalición de alta ambición”, que se formalizaría en 2019, cuando la Comisión Europea ha de publicar su nueva hoja de ruta de emisiones para mitad de siglo, de forma que en 2020 se adopten nuevos objetivos para 2030 alineados con el Acuerdo de París. España debe estar en esa coalición.
  • China activa este año sus relaciones internacionales, para anunciar en 2019 la revisión de su compromiso nacional, que formalizaría junto con la UE en 2020 en forma de objetivos más ambiciosos para 2030. El papel de China es clave, puesto que, siendo el mayor emisor del mundo, ha alcanzado su objetivo de emisiones para 2020 con tres años de antelación. Está por ver si ejercerá la influencia en renovables que necesitan otros grandes países emisores como India, Brasil, Sudáfrica, Indonesia o Turquía, que compense la negativa influencia de los EE.UU. de Trump.
  • Los líderes mundiales de los actores no gubernamentales se identifican y reúnen este año (la cumbre de California en septiembre es el momento), se organizan y expanden durante 2018 y ejercen su presión positiva sobre los gobiernos en 2020.
  • La comunidad científica consigue este año que su llamada de atención sobre la necesidad de aumentar la ambición entre en la agenda política. Esa influencia ha de manifestarse en los discursos políticos durante 2019 y reflejarse en los compromisos a adoptar en 2020.

Todo dependerá de lo que veamos este otoño. La clave será que los gobiernos escuchen la llamada de atención de los científicos del IPCC y se decidan a aumentar su ambición climática (o sea, que se dispongan a asumir compromisos mayores que los asumidos hasta ahora) de cara a la cumbre del clima de Polonia. Allí el tema candente será el carbón, el combustible fósil que más incide en el Cambio Climático, puesto que la cumbre tiene lugar en Katowice, el corazón de la región carbonera de Polonia, el país que en mayor proporción usa el carbón en toda Europa.

En un otoño donde será patente la urgencia, la posibilidad y la responsabilidad de poner límite al Cambio Climático, el gobierno español tiene la oportunidad de demostrar que va en serio y aprovechar la cumbre de Polonia para que España deje de ser el único país de Europa occidental sin un plan de abandono del carbón aprobado ni en discusión, asumiendo el compromiso de que España deje de quemar carbón para 2025.

Sociedades avanzadas, civilizadas y sostenibles

Elena Alonso Asensio – Responsable de Comunicación de Fundación Renovables

El verano da mucho de sí. Lees más, viajas mucho, conoces gente distinta, visitas lugares diferentes y tienes largos ratos de asueto en el que las altas temperaturas u otras idiosincrasias del estío te obligan a poner en reposo tu organismo. Sea que estés en una terraza, en una tumbona, esperando en el aeropuerto o viajando en tren, es una época que te ofrece muchas oportunidades para observar.

No deseo hacer en este artículo comparaciones, si bien no he podido evitar hacer este ejercicio íntimo a la hora de valorar cosas que he visto. Pero prefiero quedarme aquí con lo bueno, que es lo que hay que hacer cuando uno saca conclusiones o viaja. Y me he traído grandes alegrías y muy buenos ejemplos que copiar.

Gracias a la suerte o al esfuerzo, o seguramente a ambos, he podido enfocar mi profesión de periodista hacia el mundo de la sostenibilidad, una vocación vital que trato de cultivar -porque todos podemos cada día descubrir nuevas formas de hacerlo mejor-, de manera que mi trabajo se entremezcla inevitablemente con parte de mi proyecto de vida, mis ratos de ocio y los valores que intento inculcar a mis hijas.

Así que, esté donde esté y haga lo que haga, tengo la costumbre de pasar por el filtro de la sostenibilidad todo lo que veo. A cada paso se me vienen las lecturas del invierno sobre los grandes retos a qué nos enfrentamos. No sólo en lo que se refiere al Cambio Climático, también en cuánto a la crisis medioambiental y de recursos que padecemos.

Me quedo, por ejemplo, con que he visitado lugares en lo que no te vendían plástico de un solo uso bajo ninguna circunstancia; también con que me han plantado la jarra de agua en un restaurante sin haberlo pedido, como si me estuvieran leyendo el pensamiento; me ha alegrado que las tiendas estén llenas de alternativas a las botellas de usar y tirar para beber agua; me ha encantado cómo gente mira a otra gente que tira colillas al suelo, cómo en mi playa de toda la vida ya hay contenedores para separar los residuos antes de salir o en mi pueblo de montaña favorito han puesto, además, un cuarto cubo de “rechazo”. Y una satisfacción personal: mis hijas recogiendo latas de la cuneta mientras hacíamos senderismo sin querer dejar ninguna cuando ya no cabían en sus manos. El futuro.

sostenibles

Vuelvo contenta. Se me viene a la mente la frase de Don Quijote: “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos”. Yo diría ahora mismo: “Nos movemos, luego avanzamos”. “Avanzar” ¡qué palabra! Recuerdo cuando era pequeña y algún familiar tras llegar de viaje nos hablaba de sociedades “avanzadas” en el que las personas eran “civilizadas” y miraban por los demás, por los que venían detrás, y por sus ciudades, en sus actividades diarias (no tiraban basura al suelo, respetaban la vegetación, trataban de ahorrar recursos…). Según la RAE “civilizar” es “elevar el nivel cultural de sociedades poco adelantadas” y “mejorar la formación y comportamiento de personas o grupos sociales”. No me parece un concepto muy ajeno al de sostenibilidad.

Y, lo más importante, sobre todo, nos movemos las ciudadanas y los ciudadanos. Cada vez somos más los que nos preocupamos por saber qué impactos tiene un coche diésel o los beneficios que aporta que no utilicemos combustibles fósiles para calentarnos o qué el transporte público sea 100% eléctrico.

Ellas y ellos son para la Fundación Renovables el centro de todo a la hora de acometer una Transición Energética Sostenible, en la que trabajamos para que sea inclusiva, social y justa, y que no podemos entender sin poner al frente del proceso a las personas, que emergemos como sujetos responsables, empoderados y que tenemos el derecho y el deber moral de participar y actúar con criterios de sostenibilidad y respeto al medioambiente. Pero para eso es imprescindible que sepamos qué podemos cambiar y si los cambios a los que aspiramos son viables en términos de eficiencia y sostenibilidad.

Por esta razón, en nuestro informe de propuestas para el cambio a un nuevo modelo hemos elaborado un Decálogo para “Ciudadanos 100% Sostenibles”:

1. Reclama información veraz, clara y rigurosa a medios de comunicación, comercializadoras de energía, asociaciones, empresas y administraciones públicas.

2. Conoce la importancia del cambio climático y sabe lo que nos jugamos con el aumento de dos grados de la temperatura. Entiende que el futuro del planeta pasa por un nuevo modelo energético en el que la erradicación de los combustibles fósiles es una necesidad y no una opción. Tiene conocimientos básicos sobre sostenibilidad, energías renovables, facturación, eficiencia y ahorro energético, reciclaje y vertederos, movilidad, cambio climático, autoconsumo, …

3. Apuesta por las diferentes energías renovables para el cambio de modelo energético.

4. Sabe que la sostenibilidad ambiental no va ligada a una orientación política. Es un asunto transversal unido a una mejor supervivencia y mantenimiento del planeta.

5. Asume el autoconsumo como mecanismo clave para la responsabilidad ambiental y energética.

6. Adopta comportamientos de movilidad sostenibles: tramos a pie, utilización de transporte público, carsharing y carpooling, etc.

7. Recicla por convicción y por conocimientos, no por moda. Conoce el impacto y la necesidad de reciclar.

8. Participa en la sociedad de forma activa, formando parte de asociaciones, movimientos sociales, con el máximo grado de implicación posible. Difunde lo que sabe, es decir, hace pedagogía social en su esfera privada.

9. Entiende y conoce la huella de carbono que tienen las prendas que viste, los artículos que adquiere en la cesta de la compra, …

10.Consume energía desde la óptica de la demanda y no desde la oferta, bajo un prisma de ahorro y eficiencia.

Así que, muy animada, empiezo este nuevo curso con muchas ganas de seguir trabajando por sociedades avanzadas, civilizadas y sostenibles ¡Yo sí quiero 100% renovables!

El VAR y los arbitrajes sobre la energía

Por Juan Castro – Gil – Abogado y secretario de ANPIER

Llegado a ese momento del verano en el que en las calles se cruzan los que se lamentan de que sus vacaciones hayan terminado, con los que alegremente nos disponemos a descansar unos días, justo en ese instante en el que pasan desapercibidas la práctica totalidad de las noticias que no lleven muertes o sexo en su titular, nos hemos encontrado con una historia que, pese a tratar el tema energético, hubiese sido mejor entendida hace unas semanas durante el Mundial de Fútbol.

El partido que se viene desarrollando en los últimos años entre los fondos de inversión extranjeros y España, debido a los innumerables incumplimientos del reglamento por parte de nuestro país con los inversores en energías renovables, venía desarrollándose más o menos conforme a lo que los aficionados a la cosa eléctrica esperábamos: goleada por parte de los fondos extranjeros.

España (como el resto de la UE) diseñó un procedimiento de ayudas a los inversores en energías renovables desde el año 2004 en adelante, que un buen día decidió cambiar retroactivamente de forma sangrante sin contar con ninguno de los afectados

Para los que no estén muy enchufados en esta historia, básicamente se trata de que España (como el resto de la UE) diseñó un procedimiento de ayudas a los inversores en energías renovables desde el año 2004 en adelante, que un buen día decidió cambiar retroactivamente de forma sangrante sin contar con ninguno de los afectados. Y claro, eso no está muy bien.

Los inversores españoles acudieron a los Tribunales de aquí, que con un ánimo exacerbado por mantener un supuesto interés general que podría resultar dañado si los españolitos incautos que se metieron en el negocio renovable fueran resarcidos por tanto agravio regulatorio, decidieron que un codazo en la cara dentro del área no era penalti.

Sin embargo, las selecciones inversoras no españolas no se fiaron mucho de ese reglamento, y decidieron acudir al del CIADI, que más o menos viene a ser la FIFA de este tipo de cosas. Y allí, como no podía ser de otra manera, estaban pitando penaltis a tutiplén, en forma de condenas millonarias contra España por saltarse a la torera las leyes existentes.

Pues bien, hace tan solo unos días, la Comisión Europea (a los efectos que nos ocupan lo que vendría a ser la UEFA), ha salido a medio del campo con una televisión de 52 pulgadas anunciando que a partir de ahora hay que aplicar el Vídeoarbitraje, o sea, el VAR. Que eso del CIADI/FIFA no mola nada y que los tratados internacionales no son reglamentos válidos y que la única reglamentación que vale es la del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ¡Si hay que dejar de ir al Mundial no pasa nada, en la Comisión tenemos importantes representantes que de copas saben bastante!

Tuvimos que entender que la seguridad jurídica era un concepto difuso en el que cabía que la Ley pudiese destrozar los derechos de la gente sin aparente justificación

En fin, si a todos nos causó sonrojo ver cuántas miserias salieron en el mundo del fútbol en los últimos tiempos, a los que nos dedicamos al derecho, más nos está sorprendiendo ver aquellas actitudes en el mundo de la energía. Primero, tuvimos que entender que la seguridad jurídica era un concepto difuso en el que cabía que la Ley pudiese destrozar los derechos de la gente sin aparente justificación. Ahora, nos encontramos con que los tratados internacionales no son Ley entre las partes y que la decisión soberana de un Estado de suscribir un acuerdo de este tipo también es volátil si vemos que nos perjudica más de la cuenta ¿Cuántas veces nos quejábamos en el pasado de conductas sospechosas con nuestras empresas en países “populistas bolivarianos”?

Pues eso, que lo de rearbitrar los conflictos de la energía con el VAR, sintonizando el canal que más nos convenga, no va a traer nada bueno, pues por mucho que reinterpretemos, todos sabemos que el codazo que en su día dio Tassotti a Luis Enrique fue un penalti y una expulsión como la Catedral de Burgos.