Defecar con salud en 2030

Alguien dice, otros se escandalizan al leerlo, que buena parte de la salud comienza en el inodoro. Así lo debió imaginar el poeta Sir John Harrington que ideó a finales del siglo XVI un artefacto peculiar. Con él la reina de todos los imperios británicos, Isabel I con la que tuvo sus más y sus menos, se podía explayar de sus urgencias. El aparatito fue bautizado con el nombre de Áyax. Desconocemos la razón. No sabemos si lo hizo en honor al legendario héroe de la tragedia griega con el que compartía nombre. Tan famoso era que hasta Sófocles dedicó una obra al personaje. O quizás lo fabricó porque a la reina, alguien de semejante alcurnia y múltiples ocupaciones, le causaba problemas defecar en un momento preciso, imaginamos que sin llegar a tragedia. Me ha dado por mirar el significado en la Web y Áyax se relaciona con lo eterno o lo interminable. Se me asemeja como algo de lo cual no podemos prescindir, que vuelve a la tierra tras un camino que en realidad es un ciclo continuo. En fin, dejemos la comparativa que no da para más que para elucubraciones escatológicas. Por cierto, el invento de Harrington fue ignorado hasta que el 1775 Alexander Cummings le colocó el sifón antiolores en forma de S, lo patentó y extendió su uso. Ahora nuestro aire del wáter es inodoro, casi. Pero así mutó el nombre del aparato, de vulgar retrete a inodoro. Queda más fino.

En La Cima 2030 ya hemos hablado de este asunto de la falta de retretes y su relación con la salud pero no está de más recordarlo. ¿Qué no darían muchas personas por tener a su alcance un wáter tan sencillo como aquellos que pintaba Antonio López hace 50 años o más, que ahora parecen cuchitriles a los jóvenes y a la mayor parte de la gente exigente. Afirma la sabiduría popular que las cosas que parecen sencillas se estancan sine díe en algunos lugares. La España de los años 1960-70 sufría la falta de retretes, especialmente en la España que se estaba vaciando a borbotones. Pero también en casas antiguas de las ciudades. Algunos propietarios de los evacuatorios escribían en sus puertas la palabra WC para asimilarlos a los destinados a la gente fina. Tan poco sanitarias eran las costumbres en la España anquilosada que se desencadenaron varias epidemias de cólera. Por no hablar de las más graves del siglo XIX citaremos solo las del XX, en particular la de 1971, que circuló por el río Jalón en la provincia de Zaragoza. Las diarreas de entonces obligaron a hervir el agua de boca y cocina, clorar el agua, pelar las frutas, lavar las verduras convenientemente. Unas 600.000 personas fueron vacunadas en Zaragoza y ciudades próximas. Menos mal que por ahí estaba el farmaceútico García Gil. Se dijo que su intervención fue clave para preservar el buen nombre de España y que la campaña turística no se fuera al traste. Qué lejano queda aquello y solamente han pasado 50 años. Ahora mismo se repite algo similar en otros lugares. La diarrea provocada por la falta de agua segura y malos hábitos higiénicos, junto con la defecación al aire libre, supone la segunda causa de mortalidad infantil en el mundo.

La salud empieza en el inodoro, algo así de atrevido decíamos en otra entrada de este blog. Si esto fuese cierto no podrán tener buena salud unos 2.000 millones de personas que carecen de un retrete digno. Se calcula que serán unos 673 millones las que defecan al aire libre, en otros lugares hemos leído 1.000 millones. El 91% de estas personas viven en zonas rurales. El título de esta infografía de Statista es muy ilustrativo: Cuando el baño es la calle. Disponer de letrina, la pariente pobre de lo que aquí llamamos cuarto de baño, es una cuestión de salud básica pero también de supervivencia en muchos países del mundo, especialmente para las mujeres. El acceso de la mujer a la escuela en donde ciertas religiones coartan la vida social marca la diferencia entre las chicas que van o no a estudiar. Con ello se las condena a la sumisión analfabeta de por vida. Por fortuna, los Gobiernos y Ministerios de Sanidad de los países afectados han empezado a hacer algo y la cifra va en descenso según nos explica el Banco Mundial; incluso podía haberse reducido a la mitad. Pero en Haití por ejemplo más del 20 % de la población defeca al aire libre. Además, esta práctica está muy extendida en Bolivia, Brasil, Colombia, México, Perú y Venezuela, que suman cientos de millones de habitantes. Por eso no debemos darnos por satisfechos si nos creemos lo que dice el sexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: la cifra debe quedar a 0 en el año 2030. A este paso no vamos a llegar a tiempo al inodoro, un lujo todavía mayor. Echemos un vistazo a lo que dice la Organización Panamericana de la Salud, de la OMS. Porque tras la falta de retretes, otra cosa es la depuración de residuos, vienen las enfermedades que generan deposiciones que llegan al agua que beben personas y animales. Unicef calculaba hace un par de años que una de cada tres personas en el mundo no tenía acceso a agua potable.

En algunos países el problema es muy grave; pongamos que hablamos de la India. Allí su Gobierno pretendía acabar en el año 2019 con la práctica muy extendida de defecar en la calle o en campo abierto. Sucede tanto en el medio rural como en determinados barrios de ciudades como Calcuta o Bombai. Parece que lo han logrado si hacemos caso a las palabras del primer ministro, si bien algunas organizaciones ponen en duda dicho logro. De este asunto trataba la película india “made in Bollywood” estrenada en 2017 Toilet: A Love Story. La recién casada protagonista deja la casa de su marido al descubrir que esta no tiene baño. Aseguran los críticos que la película no destaca por su calidad, pero sí por la naturaleza del mensaje. Dicen que está basada en una historia real. Para la gente curiosa existe una síntesis en Ecos de Asia, donde han traducido su título y dice  Sin retrete no hay amor; interesante asociación. Por cierto démonos una vuelta por el Museo del Inodoro en Delhi y veremos diseños espectaculares. Sin duda un enorme país lleno de contrastes.
No todo iban a ser noticias malas en este mundo tan inestable que nos acoge. Un vídeo del CIMA (Cantabria) sobre el uso adecuado del inodoro ganó el concurso de la Agencia Europea de Medio Ambiente en 2018. Además, el retrete o inodoro es la entrada a un laboratorio de investigación. Ahora sabemos a ciencia cierta que defecar y orinar, con o sin salud, proporciona material a ciertos laboratorios Covid. El análisis de las aguas fecales de las ciudades, las que en muchos países van a las depuradoras y en otros no, proporcionan datos fiables sobre la evolución de la epidemia y también se sabe el consumo de drogas o antibióticos. Además es barato y eficaz para detectar epidemias; se adelanta a los sistemas sanitarios.

Por cierto, no duden en celebrar el Día Mundial del retrete, en torno al 19 de noviembre. ¿Cómo? No sabríamos decirlo, pero esta sencilla efemérides impulsó planes sanitarios en países y ciudades del mundo menos favorecido por la economía. Aquí podemos empezar utilizando el inodoro para la función que está creado, en ningún caso servir de papelera. Evitemos convertir el retrete en el sumidero que todo se lleva, hasta la salud global de nuestros ríos mares y más cosas biodiversas. Tampoco va mal conocer un poco de la historia del retrete.

Haciendo una proyección exagerada de lo que recordaba Antonio Guterres, Secretario General de la ONU en la inauguración de la COP26 de Glasgow sobre el planeta/retrete.   Basta ya de que las inmundicias humanas contaminen aire, agua y suelo. Si lo conseguimos estaremos menos expuestos a empeorar la salud global, de la que una parte es la nuestra. Porque más de una vez nos habremos preguntado dónde van nuestras heces y todo lo demás. Si no ha sido así, ya va siendo hora. Para finalizar un deseo: que todas las personas del mundo puedan defecar con salud en el año 2030.

Inodoro encontrado por Arqueólogos del Ministerio de Antigüedades de Israel en la excavación de Armon Hanatziv de Jerusalén con más de 2.700 años de antigüedad. 

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