Archivo de junio, 2019

De Madrid Central a Groenlandia: la crisis climática las acerca

El pasado martes 18 de junio fue un día turbulento para la esperanza (re)climatizadora global, al menos la española.

Ese día conocimos que el nuevo Gobierno de la capital de España pretende dar libertad a los vehículos privados para el acceso al centro de la ciudad, para emitir sus gases, que tanto dañan la salud de todos, sin que quienes los conducen soporten una represalia; que sí podría llegar por parte de la Unión Europea, si Madrid no cumple sus deberes de reducción de la contaminación del aire, como ha avisado el comisario de Energía y Clima, Miguel Arias Cañete.

La experiencia Madrid Central, una idea incipiente y bastante mejorable, mucho más suave que la puesta en marcha en otras grandes urbes, reducía la contaminación del aire (ozono, dióxidos de carbono y azufre, etc.). Parece que va a ser eliminada sin dar detalles de qué alternativa se busca para proteger la salud de los madrileños, para disminuir el gasto asociado a las enfermedades que provoca, para limitar las emisiones de GEI que contribuyen al calentamiento global y al cambio climático.

(JORGE PARÍS)

Estos dos fenómenos alcanzan una interconexión planetaria y deshielan Groenlandia, entre otros lugares. La imagen del trineo acuático de ese día dio la vuelta al mundo, como una estampa premonitoria de lo que nos espera si no cambiamos comportamientos ya. Da cuenta de la subida del nivel de los mares, la desaparición de zonas costeras y la modificación de las corrientes marinas que hasta ahora nos marcaban con cierta regularidad los climas; nos alerta de las graves crisis sociales que llevarán parejas. Madrid y Groenlandia tan próximos, no solo ese día.

Los rectores de las grandes ciudades deben entender que la restricción del tráfico privado, excepto casos suficientemente motivados, es una urgente necesidad;>; muchas europeas ya lo han hecho.

Son imprescindibles planes programados, con protocolos serios en caso de colapsos concretos, que protejan la salud colectiva, especialmente de los más vulnerables (niños y personas mayores, muy afectados ya por crecientes problemas respiratorios). La salud no vota en las elecciones; es un derecho humano, personal y colectivo.

Ese mismo día conocimos que la Comisión Europea, tan lenta en tomar decisiones drásticas en cuestiones de contaminación del aire y similares desastres ambientales, a la vez que aprobaba el borrador del Plan Nacional de Energía y Clima de España con una serie de recomendaciones, pedía explicaciones a los países de la UE sobre sus hojas de ruta –les daba hasta finales de diciembre para su redacción definitiva y comprometida- para cumplir con los objetivos europeos de la transición energética entre 2021 y 2030: el año en que todos deben encontrarse en la cumbre social y ambiental de los deseos y realidades.

La ecológica memoria del olvido insostenible

Todos recordamos la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), celebrada en Río de Janeiro en 1992. De ella debían surgir acuerdos internacionales para equilibrar mejor las variables ecológicas, sociales y económicas, que definirían un adecuado Desarrollo Sostenible mundial para el siglo XXI. Asistieron dirigentes de centenares de países, directivos de grandes empresas, miles de periodistas y también representantes de las ONG y de la sociedad civil. Todo un hito mundial que quería ser trascendente.

Allí, la joven canadiense Seven Suzuki, en representación de muchos jóvenes de 12 y 13 años, subió a la tribunapara hablar en nombre de las generaciones futuras, para lamentar que a pesar de haber tanta gente que padecía hambre en el mundo, que lloraba por ello, sus llantos no eran escuchados; para denunciar la acelerada pérdida de la biodiversidad, para ilustrar cómo la contaminación de las aguas estaba acabando con la fauna que en ella habitaba y de las plantas que resistían en los humedales.

Contaba sus sueños. Distinguía grandes manadas de animales salvajes, espesas junglas y bosques tropicales plenos de vida animal. Se preguntaba si sus hijos los verían o alguien debería hacer memoria y contárselo.

Interpelaba a los mandatarios allí presentes si cuando eran jóvenes sucedían estas cosas y, a la vez, les reclamaba un enorme esfuerzo – eran madres y padres antes que sus cargos o profesiones – para preservar lo que todavía quedaba para sus hijos. Les hacía ver que el tiempo se acababa, que las soluciones no iban a ser fáciles.

Suzuki comparaba las cosas que a ella le sobraban en su país con la pobreza que había visto en las calles de Brasil. Afeaba que, mientras en las escuelas de los países ricos se habla de arreglar los estropicios ambientales y sociales, de compartir y no ser avaros, de no herir a otras criaturas, los allí presentes hacen lo contrario que predican. Por eso tenían que celebrar conferencias como la de Río, para ponerse de acuerdo en arreglar las destrucciones previas. Pero, a nuestro pesar, todos los mandamases políticos y económicos sufren una tendencia compulsiva a esquivar la verdad; son desmemoriados.

Han pasado tantos años desde 1992, se han celebrado tantas conferencias sobre el mismo tema, que ella u otras luchadoras que quieren hacer que la memoria ecológica sea sostenible, deberían subir a todas las tribunas sociales; como recientemente ha hecho en Katowice Greta Thumberg denunciando la inacción ante la crisis climática.

¿Qué pensarán aquellas jóvenes de 1992 sobre lo que demanda hoy esta última y quienes la acompañan? Seguro que ni ellas ni las actuales denunciantes se conforman ya con soñar, necesitan realidades; el olvido de su futuro, el de sus hijos e hijas, se les hará insostenible.

Alerta de un hipotético apocalipsis en 2050

Dicen por ahí que en 2050 habrá un colapso planetario. ¿Será cierto?

Manifestación a finales de mayo en Londres. (Facundo Arrizabalaga / EFE)

La vida global es, tanto en su conjunto como en pequeños detalles que acontecen a los seres vivos, el resultado de la incertidumbre y el azar; más o menos simula un juego bastante complejo. Si queremos reducir el impacto de estas dos circunstancias, solo nos queda sujetar la vida a unas reglas de convivencia; así las consecuencias para las personas serán menos negativas, especialmente para las más vulnerables.

En este hipotético juego de la vida se lanzan muchos dados. Unos llevan en sus caras causas; otros consecuencias. Los primeros nos alertan sobre asuntos ciertos, científicamente probados; también algunas conjeturas. Los segundos nos traen consecuencias. Si de estos, al lanzarlos, salen caras no deseadas como crisis puntuales o permanentes, catástrofes locales o generalizadas, o inequidades sociales, tememos males peores, aunque nunca lleguen a ser apocalípticos; o sí. Pasa cada día, en cualquier lugar del mundo.

Viene todo esto a cuento de lo que cuenta el informe “Riesgo de seguridad existencial relacionado con el clima: una propuesta de escenario futuro” (Existential climate-related security risk: A scenario approach), publicado por el Breakthrough – National Centre for Climate Restoration (NCCR), un centro privado independiente de Melbourne (Australia). En él, se asegura que la Humanidad puede enfrentarse en 2050 a un mundo en “colapso social y caos absoluto”, si sigue el acelerado deterioro actual de los sistemas ecológicos por la intervención humana; causa y efecto del hipotético apocalipsis -incluye millones de muertes prematuras y desplazamientos masivos-.

En el informe se critican las previsiones demasiado conservadoras del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre al Cambio Climático) y la ONU; también los acuerdos de París. Los ciudadanos preocupados por estos temas estamos confundidos, seguramente nos encontramos ante dudosas verdades y post verdades matizadas; quizás ambas sean caras del mismo dado social, en este caso también climático.

El Ayuntamiento de París se ilumina de verde en 2017 para marcar la desaprobación de la capital francesa y de su alcalde tras la decisión del presidente estadounidense Donald J. Trump de retirarse del acuerdo climático de París. (Christophe Petit Tesson / EFE)

Algo dice el informe sobre cómo afectará la situación a los países y ciudadanos que hubiesen llegado a su tiempo a La Cima 2030. Lo más probable es que los efectos se vean mitigados, al menos los afectados estarán mejor adaptados a esas situaciones límites que se pronostican.

Bastantes desperfectos se harán visibles en 2050 con bastante probabilidad; en esto coindicen todos los informes, sean más o menos apocalípticos.

No desaprovechemos la polémica que generan estos estudios; nos sirven para enviar nuestros pensamientos hacia el futuro impreciso, en busca de alguna certeza que reduzca los efectos de la siempre presente incertidumbre.

 

¿Mediambiente? Sí, gracias; y pronto

Seguro que no le cuesta recordar 10 cosas que hizo el pasado 5 de junio a favor del medioambiente; incluso retiene algunos detalles de por qué y si le supuso poco o mucho esfuerzo. ¿O sí?

La verdad es que el tema sonó mucho en las redes y en los medios de comunicación; antes ya la gente, estudiantes y madres, ha empezado a mostrar su impaciencia ante la acción política en el Global Strike Future, que también se dejó ver en España y 20minutos nos contó antes y después.

Miembros de Fridays For Future sentados frente al Congreso de los Diputados el pasado 21 de mayo. (Rodrigo Jiménez/EFE)

La ONU lleva nada más ni nada menos que 47 años pidiéndonos más interés y esfuerzo por el medioambiente; recordándonos en esta fecha que por ahí hay necesidades, también ilusiones y deseos colectivos, que merecen tener un día por su atención universal, por su trascendencia global, porque algo le pasa al medioambiente, que somos también las personas, y merece un arreglo urgente.

Pero, transcurridos unos días desde que fuese la estrella de las noticias, ¿qué pensamos, sentimos y hacemos cuando pronunciamos la palabra medioambiente? ¡Basta ya de medias tintas!

Aunque signifique cosas diferentes para las personas, interpele más o menos, hay que actuar.

Lo que pareció, en el año 1972 y los siguientes, una moda de los pesados ecologistas y esas agencias de la ONU que se ocupan de cosas raras, ha pasado a ser un cúmulo de incógnitas socio ambientales para mucha gente, en todo el mundo.

Es la hora de la rebeldía interior contra las desigualdades y la inacción climática, para eliminar la vulnerabilidad de las personas, acabar con la pasividad, o de la poca efectividad de las acciones gubernamentales; es el momento histórico de la participación comprometida.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) nos están reclamando la participación. Si tardamos en conseguirlos observaremos como la cima que supone la Agenda 2030, cada vez más próxima en el tiempo, se va alejando en la distancia, o se hace más y más alta y escarpada. Convirtamos la agenda en un contrato social, intergeneracional, global y comprometido por la participación.

Por cierto, España tiene mucho por hacer, como denuncian Oxfam Intermón y Unicef.

Este 5 de junio no es un día cualquiera

Cada cual plantea los días a su manera y conveniencia, pero hay ocasiones en las que las fechas marcan intenciones asumidas por mucha gente; y no nos referimos solamente a las fiestas clásicas de los calendarios de siempre. Hoy, cinco de junio, por si no se había enterado, es el Día Mundial del Medio Ambiente; al menos eso lleva diciendo la ONU desde 1972; sí, ha leído bien. Por eso, no le extrañe que, por unos días, medioambiente será una de las palabras más pronunciadas en todo el mundo: figurará como titular de las noticias, se le dedicarán programas especiales en los medios de comunicación; incluso será una estrella rutilante en las redes sociales.

Seguro que sobre el asunto se generarán múltiples actividades promovidas por su ayuntamiento, por el gobierno de su comunidad; hasta las asociaciones culturales y de vecinos están por la labor. ¡Apúntese a alguna!

Este 5 de junio de 2019 no es un día como el de todos los años. Fijémonos en el lema/tema que la ONU se ha inventado para hoy: La lucha contra la contaminación del aire.

Esta, la polución global con sus estampas particulares muy presentes en nuestras calles de las principales ciudades, representa una imagen absurda, a la vez que inquietante, de la sociedad civilizada y super tecnificada.

Pero claro, el acto principal de la ONU se va a celebrar en Hangzhou, provincia de Zhejiang, en China, en uno de los países que más ha castigado hasta ahora a sus ciudadanos con la contaminación del aire, no solo urbano. Vamos a creer que se hace desde allí expresa un propósito de enmienda global; no solo los chinos o indios deben ponerse en marcha para acabar con la mortífera contaminación que sufren en este momento, también el resto de países que la han provocado antes que ellos.

Un joven pasea con una mascarilla para protegerse de la contaminación en Pekín (China). (Rolex Dela Pena / EFE)

Cuando pienso que hoy puede ser un gran día, aquel que nos impulse a caminar con paso decidido hacia la cima de la Agenda 2030, me suena la canción de Joan Manuel Serrat. Repaso la pegadiza melodía y su letra para mí mismo y para el planeta, y me digo que el esencia me gusta pero la letra admite matices: hay que tener cuidado con los instintos y placeres propios para que no perjudiquen a otros; seguro que hay que darse una oportunidad y no dejar escapar este día, que puede servir para comenzar a pelear por un medioambiente diferente, siendo conscientes de que el desespero momentáneo o duradero no cabe si algo no marcha bien.

 

Bienvenidos a la cima 2030

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), impulsados por la ONU y firmados por dos centenares de países, son algo parecido a un inmenso holograma, tan magnífico que se puede divisar desde todo el mundo.

Costó componerlo, pues los rayos que lo estructuran tratan de derechos humanos y del planeta y, además, llegan desde las instituciones internacionales, los gobiernos, las ONG o los simples ciudadanos. La tarea de todos los países, instituciones y sociedad civil, es rellenar desde este momento su Agenda 2030, con anotaciones diversas y siempre coordinadas.

Su logro, en ese año 2030 y en los sucesivos, se podría asemejar a una montaña, como esas que retan a los grandes alpinistas. En nuestro caso, tiene una cumbre extensa porque debe acoger a mucha gente, muy diferente. En esa cima, que se representa con una fecha concreta, han de caber tanto deseos sociales como mejoras ambientales; en realidad, unas y otras buscan la mejora de la vida de las personas y el planeta, pero hacer en conjunto, armonizadas en sus múltiples interacciones. A la vez, el punto de llegada que forma el conjunto de los ODS es, en cierta forma, una metáfora, un lugar temporal, un poco físico pero sin fronteras delimitadas, al que debemos ser capaces de subir; en lo más alto se encuentra la sostenibilidad global.

Las organizaciones políticas y de todo tipo que gestionan a las diversas sociedades deben confluir en esa cumbre en el año 2030. Ese encuentro debe servir para repasar, colectivamente, los caminos recorridos, para compartir las metas parciales conseguidas en forma de indicadores, para anotar los rastros que se hayan podido ir dejando; acaso para echar en falta a quienes no han podido llegar y entender sus razones. En esa fecha, una mirada al horizonte debería aportarnos la alegoría de un futuro sostenible, para la mayor cantidad de personas y para el planeta en su conjunto.

La cima 2030 no es solo un lugar físico imaginado como atalaya, es sobre todo un observatorio en forma de esperanza, adosada esta a los tiempos presentes y futuros. Este hito del año 2030 es ambiental en tanto que lugar de confluencia social, pues entre ambos han de conseguir cambiar los actuales estilos de vida -marcados por el excesivo poder asignado al crecimiento de la economía y por el consumo- y hacer ámbitos permanentemente sostenibles. Es necesario horadar las barreras actuales que condicionan la vida colectiva en forma del cambio climático, de desigualdad territorial y personal, o de supremacismo comercial.

No va a ser fácil coronar la altura 2030; los senderos no están totalmente señalizados y quienes quieran ascenderla deberán superar bastantes obstáculos en forma de cambio climático, desigualdades, falsas democracias, intereses económicos distractores, etc.

Este blog aspira a ser un lugar de encuentro allá en lo alto de la ética universal, para recoger las cosas bien hechas, para invitar a las personas a que miren cada día a su alrededor y piensen, para poner en común aspiraciones, logros y también fallos; en suma, entender la multiperspectiva y la altura de la cima para ascender hacia ella.

El monte Cervino o Matterhorn iluminado con lámparas hasta su cima, a 4.478 metros sobre el nivel del mar. (Jean-Christophe Bott/EFE)