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Desquiciados en la casa de Gran Hermano 11

A lo mejor fue el alcohol, a lo mejor el cansancio.

El caso es que la escenita de desquiciados que protagonizaron el domingo Ángel y Gerardo fue de película de risa, pero de las malas.

En la fiesta del domingo, que a estas alturas más que una fiesta parece un velatorio, los dos archienemigos (antes archiamigos) se reconciliaron, con llorera incluida de Gerardo diciendo que quería mucho a Ángel.

Sin embargo, duró poco. Como Ángel siguió con los reproches y Gerardo estaba actuando, pues volvieron a tener una bronca monumental.

El día a día no es mucho mejor, eso es como estar viendo La Milla Verde, con personajes a cada cual más desquiciado.

Por un lado la familia feliz, que se pasa el día cantanto y haciendo ver lo divertidos que son, cosa que no se traga ni Tiburón III, por la sencilla razón de que ni son divertidos ni se lo pasan bien.

Saray está desatada con la comida. El otro día estaba de magreo con Gerardo (hasta cuando se magrean parece falso, y nunca pasan de ahí) y le dijo: “quiero galletas”. Creo que Pilarita tuvo a Saray una noche loca que se lo montó con Triki.

Además, la gallega hija no sabe lo que es la pedicura, o en su defecto, el cuidado mediante herramientas de las uñas de los pies. El otro día Gerardo fue a darle un masaje en los pies y casi se tuvo que poner guantes de malla como los que usan los carniceros, para no dejarse las manos en el intento.

Gerardo, con cara de menudo marrón en que me he metido, intentaba bromear sobre los mejillones podales de Saray, que dijo que los tenía así por el ballet. Se debía referir al ballet de las Mama Chicho que hizo de pequeña.

Pero eso no es todo, es que la jodía, antes de irse a dormir recena. O sea, cena una vez, y cuando se mete en la cama, su estómago chilla, se levanta, da de comer a la bestia, y se vuelve a dormir.

Por otro lado está Ángel, que de tanto ponerse la manta por encima y aislarse, parece una versión talludita del niño del sexto sentido.

Se pasa el día sin decir palabra, marginado cual millonario en barrio de chabolas. Es como un alma en pena, y la única que intenta darle conversación es Pilarita, no sabemos si por interés o por caridad cristiana.

Y Gerardo, ese hombre. Aunque no os lo creáis, aunque resulte difícil de ententeder, cree que va a ganar.

De hecho y aunque las gallegas no lo pillan o no lo quieren pillar, así lo expresa en numerosas conversaciones. Pero claro, no porque él quiera, sino para demostrar que Ángel es un actor y que él, a pesar de haber cantado Chupito de amor, es buena gente.

En fin, en un par de días sabremos quién se pira.