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Si quieres que acuda a un evento cultural que organizas y en él dan bocadillos de jamón serrano escribe urgentemente a ezcritor@gmail.com.

Archivo de octubre, 2007

Arte Gay

Ayer, Paloma estaba un poco borracha. La conocí por el Messenger y como vivía en Valencia decidimos quedar para (no lo puedo decir, porque este blog lo lee mi novia):

-Pero tengo novia –le dije.

-Si a una mujer le gusta un hombre –contestó ella- le importa una mierda que tenga novia. Además, si a los 33 años no tienes novia no habría quedado contigo porque resultarías sospechoso. Hay que ser muy gilipollas, ser muy odioso o tener un gran fallo de diseño para estar sólo a los 33 años de edad.

(Anoté, mentalmente, tener novia siempre para así poder seguir ligando a mi edad, además, si tienes novia y tu amante lo sabe, es muy fácil librarse de tu amante una vez te canses de él.)

Pero antes de hacer lo que íbamos hacer y no he de escribir, decidimos ir a la Universidad de Valencia para ver la exposición que ofrece sobre el artista H. R. Giger, creador de Alien, del 18 de octubre al 5 de diciembre de 2007. Sin embargo, como Paloma estaba borracha y yo no conozco bien esta ciudad, nos perdimos y entramos a un bar de ambiente que ofrecía esta exposición artística:

Cuando terminé de sacar estas fotos, regresé a la barra. Y encontré a Paloma enrollándose con una chica que aparentaba 23 años y que parecía modelo. Era mi oportunidad:

-¿Vamos los tres a un hotel?

-¿Conoces a ese barrigudo? –dijo la lesbiana que estaba besando a Paloma.

-No –mintió Paloma.

La lesbiana se levanto y me pegó una hostia que me dejó sentado en el suelo. Me fui de ese local, enfadado y humillado: pensando en que nunca pegaría a una mujer: menos aun si esa mujer es más fuerte que yo. Al rato, recibí un SMS en mi móvil: era Paloma:

“LO SIENTO MUCHO. PERO ES QUE ESTÁ TIA ESTÁ MUY BUENA. OTRO DÍA QUEDAMOS TÚ Y YO”

Mierda. De vida.

Página web de Joan Crisol

El otro no tiene página web. Normal, porque sus dibujos no valen nada.

El extraño caso del viejo enamorado

Hay que levantarse temprano para hacer buenas obras –dijo el viejo.

Yo estaba paseando a mi perra Anais por el parque. El viejo, al que no conocía de nada, estaba sentado en un banco. Eran las 7:30 de la mañana. Paseo a mi perra hasta las 8. Luego compro el periódico y me pongo a escribir.

-Es una frase divertida –le dije- ¿Es suya o es una frase hecha de esta ciudad?

-La decía mi maestro, cada mañana, en el colegio. Recuerdo que el maestro escribió la letra `Q ´en la pizarra y preguntó: ¿Qué letra es esa? Yo fui el único niño que supo contestar correctamente así que me dijo: “Tira de la oreja a todos tus compañeros” y eso hice, pero les tiré de la oreja flojito, para que luego no me esperaran en la salida para pegarme. El profesor se dio cuenta y cuando terminé me dijo: “Niño, ¿Tus padres no saben que han de mandarte al colegio con zapatos?” Y todos los niños se rieron de mí. Cuando llegué a casa le dije a mi madre que, hasta que no me comprara unos zapatos, yo no regresaba al colegio. Y mi madre se enfadó tanto que agarró unas tenazas de la chimenea y me las hundió en la cabeza. Mira, aun tengo la marca.

El viejo me enseñó una cicatriz que, entre cabellos, tenía en la cabeza. Luego, me pidió:

-Hoy es el aniversario de mi boda. Mi Pureza murió hoy, hace un año. Siempre íbamos a un parador de Ávila a celebrarlo porque allí fue donde tuvimos nuestra Luna de Miel ¿Me acompañas tú? Te pagaré todo: el tren, la comida y la bebida.

Si no voy acompañado por alguien no podré ir, soy muy viejo. Aun estoy enamorado de mi mujer, tras 50 años de matrimonio, tras su muerte incluso, caraaajo, qué cosa fuerte es el amor…

Sentí pena por el viejo. Así que acepté. Regresé a casa y anuncie a mi novia mi inesperado viaje a Ávila:

-Me voy a Ávila a pasar la noche. Con un viejo.

-¿Qué viejo? ¿Pero lo conoces de algo?

-No. Es un viejo enamorado. Es su aniversario de boda. Quiere ir a celebrarlo donde siempre, aunque su mujer haya muerto. Allí celebraron su luna de miel. Es un pobre viejo, muy débil.

Pero me equivoqué porque, tras la cena y las botellas de vino, el viejo sacó una fuerza sobre humana acumulada con los años y me obligó a practicarle sexo oral mientras me llamaba doña Pureza.

¿DE DONDE VIENE LA EXPRESIÓN “LUNA DE MIEL”?

Dos teorías (verídicas):

1.-Roma. Cada noche, la madre de la novia, entraba en la habitación de los recién casados y les entregaba una jarra de miel para que repusieran fuerzas y siguieran follando, en la búsqueda del primogénito. El matrimonio debía de estar en esa habitación, sin salir, durante un mes (de luna a luna).

2.-Mediterráneo. El hombre raptaba a la chica con la que deseaba casarse. Se metían en un escondite. El hombre sólo informaba a una persona de plena confianza que le llevaba, a escondidas, miel. Hasta que la familia de la chica no aceptaba el casamiento. el hombre no concluía su secuestro.

Ataque racista en el metro. La verdad.

A mi modo de ver, la culpa del ataque racista sufrido por una ecuatoriana por parte de un trastornado mental recae, exclusivamente, sobre el rey de España, Don Juan Carlos I, por no estar en el metro velando por los intereses y buen vivir de los españoles. Somos muchos los que pensamos que el Rey Don Juan Carlos debería de velar por los compartimentos del metro de las grandes ciudades vigilando el buen comportamiento de la ciudadanía y alegrándonos, con canciones, mientras toca la guitarra, los trayectos de la mañana que nos dirigen, sin compasión, al comienzo de nuestra dura y cruel jornada laboral.

Si al rey no le apetece hacer esto, quizá debería abdicar estas funciones de seguridad en su hijo, Felipe y el esposo de su hija, Urdangarín, ya que ambos poseen una excelente y ejemplar forma física, así como en Marichalar, que quizá no posee una excelente forma física pero, sin duda, sí una gran dentadura con la que intimidar a los malhechores.

No debemos culpar, para nada, al chico que presenció tal abominable acción sin mover un solo dedo, concentrado en la música que provenía de su mp3:

Porque no se trata de un cobarde o un atemorizado, sino de un turista espacial temporal, es decir, de sobra es conocido por todos, que en el futuro se podrá viajar en dirección al pasado para presenciar, de primera mano, los hechos más importantes de la historia de la humanidad. Y de todos es sabido que, en esas agencias de viajes temporales, se ofrecen circuitos gores, de gran popularidad entre los estudiantes a precios verdaderamente asequibles que ofrecen la posibilidad de ver el exterminio nazi desde una excelente primera fila, o cómo hinchan la espalda de Jesucristo a latigazos siempre

y cuando no se interfiera en los acontecimientos históricos que, el buen viajero temporal, tendrá el placer de observar. Esto explica la ejemplar pasividad y el mp3 (verdaderamente camuflado mando a distancia de la máquina del tiempo) del tercer pasajero, individuo anónimo, que aparecerá desnudo, tal mujercita, en las páginas centrales de la revista Interviú del próximo lunes, Dios mediante.

(Fotomontaje humorístico de Gorka de Cogiendocaracoles.com)

Nuevo retrato robot del secuestrador de Madeleine

Los McCann han difundido el retrato robot del posible secuestrador de Madeleine. El retrato ha sido realizado por un artista entrenado por el FBI, basándose en las indicaciones de un testigo. Aunque penséis que es una de mis bromas, este es el retrato robot resultante: un hombre sin rostro con una niña en brazos:

Tras ver la foto, bajé al supermercado que está debajo de mi casa pensando que los McCann y el artista entrenado por el FBI habían sacado a la luz un dibujo que poco ayudaría a identificar al criminal (a no ser que siguiera paseándose por la ciudad con la niña en brazos y vestido de igual forma) cuando tuve la certidumbre de que estaba equivocado: el dibujo de la cara del secuestrador era exacto: es más, el secuestrador de Madelaine se encontraba delante de mi, en la sección de charcutería: tenía la misma cara que el del dibujo: ninguna posibilidad de error:

Esperé que el hombre saliera del supermercado y lo perseguí con disimulo hasta que entró en el portal de una casa. Llamé a la policía pero estos se han negado a acudir con la excusa de que “es cierto que el dibujante que ha hecho ese retrato robot se formó en el FBI pero nunca se le dio trabajo en dicho organismo federal dado que presentaba una fobia que le impedía dibujar el rostro de cualquier persona, él sólo podía dibujar cuerpos, brazos, pies y cabellos.”

Jóvenes, creativas y guapas en Valencia (3): Carolina: cantante, compositora y escritora.

Para leer la primera parte de este post, pinchar aquí.

Antes de que la guapa Carolina huyera de mí, por un mal entendido, tal como os enseñé en este video…

…logré hacerle una entrevista:

1.-¿De donde nace tu creatividad? ¿Cómo te enfrentas a un folio en blanco o de donde surgen tus ideas para componer tus canciones?

Sobre todo de los sentimientos que no te permiten vivir un determinado momento. La poesía no es para los felices. Son sentimientos de tristeza los que me llevan a escribir una determinada letra o historia. La nostalgia, una pérdida, un sentimiento ambiguo, creo que son los principales motores de mi creatividad.

2.-¿Por qué dices en tu página de myspace que tienes 90 años de edad?

No acepto mi edad. Prefiero decir que tengo 90 que 30 años, que me resulta un número feo. Nunca me ha gustado envejecer. Desde que tengo 13 años soy consciente del paso del tiempo ¿Por qué hay que decir que tenemos cierta edad? ¿Por qué es tan importante decir cuantos años tenemos? Tampoco creo que mi edad mental sea la de 30 años. O por lo menos, no siempre: según esté con unas personas de cierta de edad o de otra, siento que yo, mi edad, cambia.

3.-Se dice que “Trabajos de despacho” ganador del Premio Relato Corto Universidad de Valencia es una venganza “en clave erótica” ¿Por qué?

Salí una vez con X y la verdad es que no fue una muy buena relación. Por supuesto todo lo que cuento en el relato es mentira, X no era un profesor: como casi todo lo que se cuenta en literatura, el relato es un trabajo de imaginación. Pero lo cierto es que tenía cierto resquemor y me dije “ahora te vas a enterar tú”. Quizá esa persona no ha leído el relato pero yo me quedé, tras escribirlo, más ancha que larga, como se dice. Eso sí, todos mis amigos, saben quien es el protagonista de ese relato:

Trabajos de despacho

Cano me tiró los trastos a los tres días de clase y, claramente, nunca me habría fijado en él si no hubiera sido profesor mío. En efecto, es increíble la de sueños que despierta una relación basada en el poder. Yo especulaba con todas las posibles posturas de despacho: contra la librería, con un pecho para el Humano de Nietzsche y otro, erecto, ruborizando a un Deleuze paranoico; en la mesa, altar ad hoc con postits, fichas de alumnos y la foto de su señora ante el diálogo de la lengua entre catedrático canoso y estudiante húmeda…

Cano, labiofino y enjuto, no era gran cosa pero sabía bien de retóricas y esto, junto con su sonrisa lasciva, seducía a una clase de orlandos hasta la furia.

Imaginaba lo que sucedería en el despacho: “Vengo a hablar de mis notas”. “Estás aprobada. Solo depende de tus tetas conseguir un notable, el excelente incluye tu bonito culo, y tu coño, palabras mayores, tu coño da para una matrícula de honor”.

Y así accedí a sus propuestas, llevada por una fiebre. Esa tarde yo era la escogida por el hermano envidioso de George Cluny. ¿Me ataría a la silla giratoria? ¿Me aplicaría los métodos del kamasutra? ¿Haría apartes teatrales para las obscenidades?

Temblando, blando indicio, frente a su puerta, llamar y ser empestillada fue todo uno. El fervor precipitó los estantes del maestro, con las tesis, los diplomas… Y cuando yo más excitada estaba, cuanto más receptáculo (no sé si mientras el hombre, inspirado, elaboraba alejandrinos o indagaba en la etimología de “empalmarse”), aquello no se levantaba. Y Cano, intentando erigir su miembro como si de la Torre de Pisa se tratara, se olvidó de decirme que los bedeles del centro acechaban los despachos a menos cuarto. Antes de cerrar la universidad, abrían los despachos quien sabe si para sorprender posibles coitos sin fronteras.

Realmente no sé para quién fue más vergonzoso el asunto: si para maestro y pupila en pelota picada o si para el portero viendo cómo una boca intentaba tamaño trabajo de ingeniería.

4.-En tu myspace, hay una larga lista de gente a la que te gustaría conocer si tuvieras una máquina del tiempo. Entre ellos, Jorge Luís Borges. Si sucediera el milagro de que él entrara en este bar ahora mismo ¿Qué le dirías?

Como él se consideraba una biblioteca, le preguntaría ¿Qué estás leyendo ahora? Pero Borges no es la persona que más quisiera conocer de esa lista. Safo es mi preferida. Es muy intrigante su poesía bisexual, su persona, se dice de ella que fue la primera feminista de la historia. Además, me siento muy identificada con su drama por sentir el paso del tiempo.

5.-¿De todos los poemas que has escrito, cual es tu favorito?

Uno muy sencillo, pero que recoge un momento de mi vida que fue muy especial para mí. Yo estaba enamorada hasta las trancas de una persona:

YA SON LAS DOCE EN MI CORAZÓN

Ya son las doce en mi corazón.

En punto, las agujas, fundidas como

dos amantes, susurran un nombre.

Dicen palabra de lluvia y de fuego.

Gritan, derrepente, negras de miedo,

letras que, por estar dentro, son

nombres teñido de verso y prisión.

Ahí estabas tú, de espaldas,

tomándote tu cortado de las siempre

doce menos cuarto, con tu chaqueta

marrón de paño tú bebiendo

no sé qué dulces pensameintos

Pasé… y tú bebías de espaldas.

6.-¿Qué se siente tras haber ganado tantos premios literarios?

No son tantos. Pero ayuda a sentirse menos solo tras los meses de creación. De vez en cuando, es necesario que alguien esté ahí, dándote ánimos. Para los que escribimos, que nos lean, lo es todo.

Hoy os iba a escribir la entrevista de Carolina, pero lo haré mañana porque ayer me pasó UNA COSA ASOMBROSA.

La carta, que encontré en el buzón de mi nuevo domicilio, era extraña: un pasaje de tren, una dirección escrita en un papel (y que correspondía con un elegante Parador en Ávila), una invitación para la presentación de un libro escrito por un húngaro del que no podía leer su nombre (pues había sido tachado con un rotulador negro y esmero), una nota, escrita a mano, donde se leía que “sin duda, acudir a este evento te reparará una gran sorpresa que jamás podrás olvidar” y dos billetes de 100 euros. Era extraño recibir, en el buzón de mi domicilio, esta carta dirigida a mi persona: pues a nadie le he dicho en qué calle de la ciudad de Valencia, a la que me he mudado hace poco, vivo exactamente. Ni siquiera, “20 minutos”, periódico para el que trabajo, conoce mi dirección actual.

-Voy a acudir a ese extraño evento –anuncié a mi novia.

-¿No te parece extraño? ¿No tienes miedo?

-Sí, mi amor. Pero estoy en una fase espiritual en la que valoro más los billetes de 100 euros que mi propia vida.

Tras tres horas de viaje, llegué al elegante mirador “Piedras Albas”, situado en el casco histórico de la monumental Ávila. En la puerta, había una guapa relaciones públicas, contratada por los organizadores del evento, esperándome.

-Hola –le saludé-. Vengo a la rueda de prensa del escritor húngaro. No sé cómo se llama. En mi invitación aparece su nombre tachado con un rotulador negro. Mire.

-¿Rafael Fernández?

-Sí. Ese soy yo.

-No, me refiero al nombre del escritor húngaro. Él se llama Rafael Fernández.

-Qué nombre más raro para un húngaro. Yo me llamo igual. Bueno, casi. Rafael Fernández Ruiz.

-¿Rafael Fernández Ruiz?… Usted se llama igual que el escritor húngaro que presenta el libro hoy.

-¿En serio? ¡Qué casualidad!

-No tanta… el escritor húngaro nos dijo que usted vendría… y que le invitáramos a subir a su habitación en cuanto llegara. Es la habitación 1408. Suba, por favor. Él le espera.

-¿Me acompaña?

-No. Nos pidió que subiera usted solo.

Cada vez más extrañado, subí hasta la habitación del escritor húngaro que también tenía mi nombre y apellidos. O yo los de él. Cuando le vi, quedé perplejo: tenía mi misma cara: no sólo eso. Era yo. El escritor húngaro era yo mismo: sólo que con más años, mucho más viejo: yo con 60 años. El shock de encontrarme conmigo mismo, pero con 60 años de edad, casi provoca que, de la impresión, perdiera el conocimiento.

-Huye de las amapolas –me dijo-. Nunca se te ocurra comer una.

-¿Cómo? –pregunté con el corazón a mil por hora.

-Las amapolas dentro de tu estómago, Rafael Fernández, hace que viajes al pasado –explicó.

-¿Cómo?

-Yo soy tú. Pero más viejo.

-¿Cómo?

-Ocurrió en el año 2001. Caminaba por la calle cuando vi un puesto de amapolas. Ya sabes que por aquel entonces habíamos descubierto Internet y comenzábamos a grabar videos tontos con la web cam. Compré dos amapolas y me grabé mientras me las comía. Quería hacer un video divertido para colgarlo en nuestra página web de aquel entonces. Lo siguiente que supe, es que desperté en 1974, en la cama de una casa donde aun no vivía. Me desperté justo el día en que nacimos: el 15 de febrero de 1974.

-¿Cómo?

-No escondo que fue una experiencia traumática para mí. Corrí hasta la “Clínica de la Paloma”, lugar donde nacimos. A los dos días vi salir de ella a nuestra madre, conmigo en brazos. Me puse a llorar. ¿Qué podía hacer? ¿Contarle a nuestra madre que ese niño que tenía en brazos era yo dentro de 27 años? ¡Aun presentando pruebas genéticas no hubiera solucionado nada! Por supuesto comí más amapolas pero, salvo una indigestión que me costó horrores explicar al médico, no conseguí nada. Así que tomé una decisión: olvidarme de Gran Canaria, ciudad donde nacimos, y marchar para siempre a una ciudad del Este: sin volver a mirar atrás. Sólo regresé a Gran Canaria una vez. El día de 2001 que ibas a pasar por la calle donde yo compré las amapolas. Pase minutos antes de que pasaras tú y compré todas las amapolas disponibles que había en esa tienda. Cuando, minutos después, entraste en esa tienda, al no haber amapolas, te dio por comprar una rosa. E hiciste otra clase de video:

-¿Y por qué me descubres todo esto ahora?

-Me había olvidado de ti. Tuve mi propia vida: terminé tres carreras universitarias: soy médico, profesor de literatura y de filosofía. Me casé con una noruega, llamada Ingunn, que murió hace unos años de una complicación pulmonar, tuve hijos, nietos. He escrito 5 libros, 5 obras maestras, jamás traducidos a lengua española hasta hoy… Y justo, cuando por fin un editor español se decide traducirme al español, me acordé de ti. Teclee mi nombre en el buscador de Google y … apareció tu nombre. Y links a www.micabeza.com. ¡Tengo tres carreras, 5 grandes libros publicados en Hungría y no aparezco en el Google! ¡Sólo tú! Leí los “Diarios secretos de sexo y libertad” ¡Una basura! También tu blog de ¡Quiero ser eZcritor de éxito! ¡Menuda mierda! ¡Menos mal que los de “20 minutos” te lo cerraron! ¡Qué vergüenza de ortografía y temática Rafael Fernández! Todos tus escritos son una mierda. ¿Y sabes lo mejor? Qué no puedo utilizar mi nombre como escritor en España porque la gente lo tiene asociado a ti ¡Un muerto de hambre sin carreras universitarias que sólo sabe escribir sobre si mismo y de su polla!…Sólo me queda una solución…

De entre las cortinas, surgió un hombre: con una pistola: con un silenciador. Me apuntó en la cabeza: yo comencé a llorar: conozco mi mente. Mi yo, con 60 años, había planeado mi propio asesinato.

-No te mato únicamente para que desocupes mi nombre. Te mato también porque todo lo que has escrito es una puta mierda. Sobre todo, quiero que sepas, que me pone muy nervioso el uso indebido que haces de los dos puntos.

Sin embargo, antes de que el sicario apretase el gatillo, irrumpió en la habitación otro Rafael Fernández. Este tenía, más o menos, 40 años. Y también llevaba una pistola con silenciador. De dos certeros disparos en la frente de ambos acabó con el viejo Rafael Fernández Ruiz húngaro y con el asesino que éste había contratado.

-He de irme –me dijo el Rafael Fernández de 40 años- No te puedo explicar por qué le he matado. Pero, yo que tú, no probaba jamás los garbanzos mezclados con orégano, aceite y jamón serrano, pues esa unión, en tu estómago, hace que viajes en el tiempo, hacia el pasado.

Y dicho esto mi Rafael Fernández de 40 años salió de la habitación y despareció de mi vida… ¿Para siempre? Sólo el tiempo lo dirá.

Persiguiendo a Carolina por las calles: escritora, compositora y cantante (INTRODUCCIÓN. PRIMERA PARTE)

Tengo 33 años. A esta edad sigo obsesionado con las mismas preguntas que me hacía a los 17 años: ¿Gusto a las mujeres? ¿Por qué me ignoran las mujeres? (…) ¿A esta edad es imposible gustarle a una veinteañera? ¿Me descartan las veinteañeras con la vista pensando que soy un pureta?

En este momento de mi vida sólo sé lo mismo que sabía a los 17 años: sólo tengo éxito entre las gordas asquerosas. Pero no porque sea guapo: sino por los inevitables instintos que sufren la especie humana (bien sexual o de perpetuar la especie o de echarse pareja para no ser la vergüenza de tu familia). Además, una buena gorda sabe que, en un momento dado de posible hambruna universal, podrían noquear sin dificultad a un enclenque como yo para que le sirviera de tentempié.

Para enfrentarme cara a cara a las respuestas de estas preguntas, me desplacé hasta la Universidad de Valencia y me planté en la puerta principal de una de sus facultades de letras: mi propósito era observar a las estudiantes universitarias: comprobar si me comían con la mirada o no.

No me miró ninguna. Bueno, alguna sí: pero me miraban únicamente porque yo las miraba fijamente para ver si me miraban. Me miraban, tratando de descubrir si yo, ese tipo con cara de salido, se disponía o no a saltar sobre sus estómagos. También me miró una, que llevaba unos pantalones vaqueros de marca vulgar mirando los míos, modernos y de buena marca, con envidia.

Las universitarias veinteañeras sólo se fijan en los universitarios con abdominales y músculos que creen que tendrán un futuro cuando terminen la universidad pero que, 5 a 1, no tendrán otra que convertirse en un insignificante mil eurista con ganas de suicidarse cada noche al llegar a casa tras una jornada de trabajo en un empleo que no les gusta.

Me atreví a entrar en dicha facultad para poder ver a las veinteañeras aun más de cerca. Me sorprendí sopesando, con detenimiento, si sería una buena idea o no la de volverme a matricular en la universidad: no para terminar la carrera de filología hispánica que nunca terminé, sino para poder observar a esas chicas de cerca, cada día, sin levantar sospechas entre ellas: quien sabe, quizá algún día, en algún momento del curso, una guapa veinteañera quisiera hablar conmigo por iniciativa propia para pedirme, no sé, unos apuntes o un euro para un café.

Persiguiendo disimuladamente a una chica (que llevaba una especie de pantis que le marcaban mucho el culo) me encontré, de pronto, dentro de la cafetería de la universidad, que estaba llena de hombres

¿La razón? La universal: la mujer.

Una chica alta, delgada, frágil, bella delante de un erótico micrófono hipnotizaba, con su dulzura, ritmo e interpretaciones a una paria de cerdos: nosotros, los hombres. Desde el primer instante en que la vi supe que la tan buscada belleza absoluta existía: estaba capturada dentro de cada poro de la piel de esa mujer. El conjunto resultante de su belleza era imposible de observar sin poner cara de imbécil. Me enamoré de ella:

A su lado un efectivo bajista y un excelente guitarrista ¿Pero a quien le importa la música con semejante mujer frente a una banda? ¡Como si tocan rancheras! Mire el cartel: ofrecía información sobre ella:

CAROLINA

Licenciada en Filología Inglesa e Hispánica, vocalista y letrista del grupo de Rock Lülla, ganadora de varios premios poéticos y de relatos. Ha publicado el libro de poemas “Versos para un hombre de pero en pecho” y diversos relatos y poemas en diferentes antologías y revistas. De forma paralela también formó parte del grupo “Domando versos” donde “musican” con voz, bajo y guitarra, poemas de Lorca, Cernuda, Borges entre otros actuando en eventos culturales en escuelas e institutos.

Enamorado busqué, igual que un ciego, a tientas, una silla donde sentar mi virgen culo y mirarla fijamente. Tan distraído estaba que no me fije que lo hacía al lado de unas guapas adolescentes que, al sentarme yo, ellas se levantaron inmediatamente ya que, según les escuché cuchichear sobre mí:

-Este gordo apesta a sudor.

Disfruté del concierto: pero por desgracia sólo llegué a tiempo de escuchar 7 canciones. Un repertorio formado con éxitos de Despeche Mode y canciones propias elaboradas por la banda: Lülla.

Cuando terminó, yo no quería que terminara. Significaba el final: dejar de verla: para siempre.

-Te amo –dije al aíre.

-¿Qué? –dijo el camarero que pasaba justo a mi lado.

-¿Hay Internet por aquí? –solucioné.

-En el segundo piso.

Corrí hasta la sala de Internet y puse su nombre en el buscador de Google: en el pasado me ha ocurrido que, tras meses de duras guardias, acechando a escondidas y en la penumbra las ventanas de los patios interiores de mis vecinas con la intención de sorprenderlas en un descuido en tetas, se me ha ocurrido, de pronto, teclear sus nombre en Google obteniendo, así y de forma inmediata, su blog, sus pensamientos íntimos y una lista interminables de fotos en bikini de la susodicha. Pero no. No fue este el caso. De Carolina sólo encontré su myspace y su blog.

Bajé, de prisa, las escaleras y sorprendí a Carolina abandonando ¡en soledad! la cafetería de la universidad: la perseguí por las calles:

Yo la grababa en video sin que se diera cuenta pero, cuando entró en un bar, me sorprendió. Entre medias, le hice una entrevista que subiré a este blog esta misma tarde o mañana por la mañana a primera hora: pero en este video que os ofrezco a continuación se ve como la acoso y le pido que me firme un autógrafo en… y… lo que ella contesta:

En una mujer busco algo más que la super belleza física.

A mi novia le mentí: le dije que tenía una reunión con un guionista de televisión que quería ofrecerme un trabajo. Realmente tenía una cita con una niña de 21 años a la que le gustaba la poesía y que había conocido a través del Messenger. Digo niña, porque tengo 33 años de edad. A los 33 años de edad los veinteañeros te parecen niños y los de 50 años no te parecen viejos, sino personas a las que miras con cariño y comprensión: porque pronto serás uno de ellos.

-Es una oportunidad –le dije a mi novia- ¡Cómo me den ese trabajo vamos a forrarnos! Si acudir a esta reunión, no fuera lo mejor para los dos, no te dejaría sola en casa en tu día libre –le aseguré-. Te amo muchísimo, mi princesa.

Me duché, me puse toda la colonia y desodorante que pude y caminé rumbo a la cita. La excusa de la cita era acudir a un recital poético underground. Pero yo sabía la verdad: una chica no queda con un chico que sólo conoce del messenger si, como mínimo, no le pica un poco el chocho. Cuando vi a aquella niña de 21 años, esperándome, sentada en el banco de una plaza, me sobrecogí: en la realidad era más guapa que por la web cam. Todavía tenía un cuerpo y un rostro incorrupto: aun los años le ayudaban a ser más bella cada día. Hay un momento en la vida en que los años dejan de ser tus amigos para convertirse en tu enemigo. Una delgada línea separa todo en la vida: el amor, del odio; un pedo, de una inesperada y molesta caca líquida que se desliza, pierna abajo, manchando tu pantalón, mientras te dirigías al trabajo.

-Hola – dije a la niña de 21 años mientras trataba de deducir, por su forma de saludarme, si ella querría tener sexo conmigo inmediatamente, más adelante o jamás en la vida.

-Hola, encantada –saludó.

Me dio dos besos, de esos que se dan para saludarse y que se suelen entregar al aíre (sobre todo si persona a saludar tiene un cutis desagradable). Sólo que yo aproveché ese momento para plantarle dos besos, lentamente, en el centro de cada una de sus mejillas. La gente subestima los dos besos que se dan en la cara. Me gustaría que las chicas bonitas me dejaran saludarlas con calma, a mi modo: besarlas en una mejilla: que se sentaran conmigo en una terraza al aíre libre, pedir una cerveza, charlar un poco con ellas o apoyar un lápiz en una libreta para dibujar su rostro, atreverme entonces a dar el segundo beso en la mejilla, seguir tomando cerveza, empezar una nueva ronda de besos en la mejilla: 4 besos en la mejilla, con intervalos donde se bebe vino y cerveza, se pinta, se lee, se baila, se dicen secretos: así sería una buena forma de saludar a una chica bonita. Más aun, si el último beso se pudiera entregar en los labios. Sin pedir permiso, pero ella deseándolo: que se pudiera ver en sus ojos brillantes que, en secreto, desea ser besada.

Caminamos en dirección al salón poético.

-¿Por qué vives ahora en Valencia? –me preguntó- ¿Es verdad que has venido hasta aquí para vivir con una chica?

-No –mentí como un bellaco- vivo en Valencia por imposición de “20 minutos”. Me han pedido que venga a esta bella ciudad a cubrir eventos culturales de gran renombre artístico. Realmente no tengo novia. Vivo con una compañera de piso que se hace pasar por mi novia en mi blog. Pero ella no es más que una modelo de élite profesional. Está loca por mí, pero yo no le hago caso: en una mujer busco algo más que la super belleza física.

….

La lectura poética se celebraba en un pequeño centro cultural de un mal oliente barrio. Su baño tenía este letrero colgado en la puerta:

En el cuartito, la sala de conferencias: una mesa delante de 5 poetas sentados.

Quien convocaba el recital era una editora y poeta mexicana llamada Rocío Cerón (que podría doblar a Lucia Etxebarría en las escenas de acción de una película)

responsable de una colección de 16 libros de poemas que se titula “El Billar de Lucrecia” Estaban allí reunidos para presentar el poemario Transversal . El libro lo había escrito un periodista chileno, llamado Pedro Montealegre, que llevaba una barba chiquitita que me ponía muy nervioso.

-¿Qué te pasa? –me preguntó la niña.

-Es esa barba…

-¿Por qué agitas las piernas de ese modo?

-Es esa barba… No entiendo las chivas: me parecen ridículas. Un hombre (o mujer) se deja la barba o no se la deja. Pero nada de indecisiones. Nada de llegar al mentón y decir: ah, no hasta aquí me afeito. De aquí no sigo. Todos los que llevan chivas deberían de estar encerrados en manicomios por maniáticos.

-No te metas con él en tu blog –advirtió-. Es mi amigo.

Recordé su advertencia cuando llegó el momento en el que su amigo debía comenzar a recitar: el poeta chileno se levantó y comenzó a gesticular y a mover su cuerpo como si estuviera tratando de salir de una tubería y le fuera la vida en ello: me mordí la lengua, con fuerza, hasta causarme dolor, para no echarme a reír: ya que todos los demás oyentes le escuchaban con interés y admiración:

Cuando terminó el recital, la niña de 21 años se acercó hasta el poeta chileno, le compró un libro, le rogó que se lo firmara y -asunto que me pareció muy extraño- le pidió su email personal. 10 minutos después, sentada con ella en un bar, frente a la primera cerveza de la noche (yo planeaba atacar su boca cuando ella fuera por la cuarta cerveza y estuviera bien borracha) le pregunté:

-¿Por qué le has pedido el email? ¿No lo tenías ya? Me dijiste que era tu amigo.

-Te mentí –contestó-. Realmente no es mi amigo. Simplemente leo su blog de poemas. Le admiro.

-¿En serio? ¿Le admiras? ¿Y a mi no? ¡Yo también escribo un blog ¡ ¡Y, nada más y nada menos, que en la página web del diario más leído de España! Hace poco estuve en Sitges cubriendo el festival fantástico de cine para ellos. Mis post tuvieron millones de visitas.

-Rafa. Muchas gracias por acompañarme a este recital –me dijo- De verdad que muchas gracias. No me atrevía a venir sola. Ese chico me gusta muchísimo.

-¿Qué chico? –pregunté sobresaltado.

-El poeta.

-¿Qué poeta?

-El chileno.

– ¿El poeta? ¿Pero no te parece demasiado sensitivo?

– Le leo desde hace mucho. Le amo. Tanto que nunca me atrevo a dejarle ni un comentario en su blog.

-¿Estás de coña, no? ¿Pero no has visto como recita? Imagina que estás en su casa, tan tranquilamente, y de pronto, comienza a recitar de ese modo ¿no te produciría una crisis nerviosa?

-Me encanta como recita.

-¿Y que me dices de su barbita? ¿No te entran ganas de raptarlo, atarlo y afeitarle a la fuerza?

-Quería venir al recital con alguien que no despertara celos en él.

-¿Con alguien que no despertara celos? ¿A qué te refieres?

-Ya sabes, con alguien… mayor.

Pague MI cerveza y me levanté de la mesa inmediatamente. Ella y yo habíamos terminado: ya nunca más me masturbaría con sus fotos: las fotos que yo le había sacado a escondidas, mientras ella paseaba en chándal a su perro, tras localizar su domicilio gracias a su IP:

-Y tu cerveza –le avisé- te la pagas con la asignación semanal que te dan tus papás, hija de puta.

Llegué, lo más pronto que pude, a mi casa y abracé a mi novia, con fuerza: le dije que, por favor, no me dejara nunca: no sé porqué: pero quiero mucho más a mi novia cuando una chica, a la que me intento follar, pasa de mí:

-¿Qué tal la oferta de trabajo? –preguntó.

-¿Qué oferta de trabajo? –repuse extrañado.

-La del guionista ¡Con el que te acabas de reunir!

-Ah… sí… ehhh… pues al final no era un guionista ni nada –inventé, con odio-. Sino un lector que escribía poesía sensitiva y que me quería violar. Llevaba una chivita feísima. Le he sacado a patadas todos los dientes de su boca.

Y luego caí en una depresión y estuve 4 días sin actualizar este blog.

Pura Anarquía. Woody Allen. Crítica: Por favor, que no deje el cine.

Qué de moda está, últimamente, meterse con Woody Allen (Nueva York, 1935-morirá en el 2012, en Francia, pero aun no lo sabe nadie). Decir que sus películas son una mierda, decir que “Match Point” fue un churro o demasiado valorada por la crítica. Woody Allen es un creador que no para: cada año, una película. Normal que algunas le salgan malas pero ¿Quién va a ser el mongoloide que me va a discutir que es uno de los directores de toda la historia del cine con más obras maestras en su haber?

………

Os ofrezco el diálogo de una de mis películas favoritas de Woody Allen, “Todo lo demás”.

-Biggs ¿Tú te masturbas?

-No me gusta.

-¿Por qué? ¿Se te duerme la mano mientras lo haces?

-No. Es que me parece un mal sustituto del original.

-¿Mal sustituto? ¡Es maravilloso! Anoche mismo me masturbé imaginando que estaba con Marilyn Monroe y Sophia Loren. E hicieron un buen trabajo. Es más, si no estoy equivocado, creo recordar que fue la primera vez en la vida que ambas actrices trabajaron juntas.

………

Corrí hasta la librería en busca de su último libro, “Pura Anarquía”. Continuación correcta de sus “obras completas” hasta la fecha, recogidos en esa Biblia del humor titulada: “Cuentos sin plumas” que ahora usted tiene incompleta: pues los 18 relatos que conforman el nuevo volumen (algunos escritos por encargo en la revista “The New Yorker”) están escritas con el mismo tono e ironía… pero con menos humor: “Pura Anarquía” es un punto seguido que proviene de “Cuentos sin Plumas” pero sin a penas gracia. Ni evolución en su narrativa ni leches. Un Woody Allen que te hace reír una vez cada 5 páginas de dolor de cabeza. En cada relato encontrarás 50 chistes malos por uno maravilloso, eso sí, ese chiste que encuentras sólo un genio podría concebirlo y vale el precio del libro… dos muestras:

“Aquellos folletos incluían consejos prácticos sobre cómo conseguir energía espiritual, sobre cómo vencer el estrés mediante el amor, y sobre exactamente adónde ir y qué formularios rellenar para reencarnarse”

“Mi compañero se llama Mike Sweeney (…). Mike es grande como un oso y fácilmente podría pasar por un oso, y de hecho varios zoos se han puesto en contacto con él para proponerle que sustituya al oso auténtico cuando se pone enfermo.

Allen ha declarado, varias veces, que hace películas porque le es menos costoso que ponerse a escribir novelas. Pero que si un día se le negara hacer películas, sin duda, se dedicaría a la literatura.

¡No, por favor! ¡Woody, sigue en el cine si vas a escribir libros como este de malos!

En cine, Allen tiene un estilo propio. Y por cada tres películas malas, hace una maravillosa. En literatura, tiene un tufo a Wodehouse, sus personajes neyorkinos bien podría ser un Bertie Wooster cualquiera. Lo único que tiene Woody es el humor, pero en “Pura Anarquía” demuestra que tiene la mecha húmeda. No sé que le lleva al guionista Rafael Azcona a decir, tras se supone leer “Pura Anarquía”, que “Woody Allen debería recibir el Premio Nobel de Literatura”. Bueno, quizá una buena cantidad de dinero desembolsada por la editorial Tusquets que ha puesto esa frase en una cinta roja que envuelve cada ejemplar que se vende del libro o, quizá, el abuso de la cocaína o una borrachera. No lo sé ni me importa.

Es que a estos intelectuales no hay quien los entienda sin sentir vergüenza. Por ejemplo Fernando Trueba ha afirmado que “los tres libros de relatos y ensayos de Woody Allen son las obras que más veces he leído en mi vida. Siguen siendo una fuente inagotable de carcajadas que, a veces, despiertan a mi mujer violentamente en medio de la noche”.

Oye, que a mi también me gustan mucho esos tres libros de ensayo y relatos de Woody Allen. Pero lo único que despierta violentamente a mi novia por la noche, soy yo con ganas de guerra. Pero claro, la cosa cambia cuando tu novia se convierte en tu mujer y la pasión muere. Es entonces cuando, libros aburridos como este, te gustarán y despertaran “violentamente” a tu mujer en mitad de la noche. Si no, reposarán tranquilamente en tu mesilla de noche mientras te dedicas a despertarla de manera más agradable para ambos. Porque la pasión es una hija de puta caprichosa causante de la gran mayoría de las desgracias de la humanidad. Y porque leer es una cosa que se hace sólo si no se está follando.

Paula desnuda en la revista Interviú

Paso la tarde como un zombi, frente al ordenador, dándole al F5 para ver si alguien deja un comentario en mi blog. También paso toda la tarde entrando una y otra vez en mi correo electrónico para ver si un gran medio de comunicación acepta un proyecto de blog que le he mandado. Sólo tengo este trabajo de “creativo” y tengo miedo de quedarme con el culo al aíre si me echan. Son las 20 menos 10 minutos. Suena el teléfono. Es mi novia, me llama desde su trabajo: me recuerda que está muy mal de la garganta:

-¿Puedes bajar a la farmacia a comprar alguna medicina? –pregunta.

-Claro ¿Qué te compro?

-Varidasa y alguna pastilla de esas que refrescan la garganta. Date prisa que a las 21 cierran.

-Ok.

-¿Has ido al gimnasio?

-No –respondo- he pasado toda la tarde trabajando.

Faltan 10 minutos para las 21. Sin embargo, tras colgar, no puedo dejar de darle al F5 incesantemente para ver si alguien me deja un mensaje en este blog: tampoco puedo dejar de entrar en mi correo una y otra vez para ver si aceptan mi proyecto o no. Ya sólo faltan 7 minutos para que la farmacia cierre. Imagino una disculpa que decirle a mi novia para así no tener que levantarme del ordenador:

-Es que me llamó Arsenio Escolar justo cuando iba a bajar –pienso en decirle.

Pero no creería mi mentira. Luego tendría que inventarme una conversación con Arsenio Escolar para decírsela. Y no se me ocurre nada. Ella sabe que Arsenio Escolar no me llama, a no ser, que pase algo malo. Le doy una vez más al F5: lo único que quiero es seguir aquí, sentado en mi silla, frente al ordenador, en bata y calzoncillos: pasar toda la noche dándole al F5 y entrando en mi correo hasta que contesten de una puta vez mi email: no quiero hacer nada más: odio tener pareja en momentos como este: entro en la página principal de 20minutos: leo una noticia: hoy sale Paula, de Gran Hermano, desnuda en Interviú.

Bajo corriendo a la calle. Me visto en un nanosegundo. La tienda del barrio, donde se compran revistas y periódicos, también cierra a las 21 h. Llego justito.

Compro la revista al turco simpático que siempre me atiende. En el camino de regreso a casa, feliz, rasgo el plástico y libero la revista: una cosa menos que hacer en la vida: por fin le veo las tetas a Paula de Gran Hermano. Un ama de casa, que pasa a mi lado, observa mi cara de salido.

De paso, me acerco a la farmacia. Está cerrada.

Subo a casa. Me masturbo mirando las fotos de la revista. Sin embargo, hay algo que me entristece. Las tetas de Paula de Gran Hermano son de silicona. Realmente no le estoy viendo sus tetas. Estoy viendo su piel estirada sobre una par de bolas de silicona. Yo hubiera preferido verle sus tetas, antes de operarse. Aunque fueran pequeñas. Así, esas tetas que ahora veo, me saben a mentira. Comienzo a llorar. Nunca podré ver las tetas verdaderas a Paula.

Me tiro al suelo de la casa donde vivo. Gimoteo. Lloro. Me siento un fracasado: tengo 33 años y sigo masturbándome con fotos, como vulgar adolescente pajero ¿Cuándo maduraré? ¿Cuándo seré un hombre? ¿Cuándo dejaré de ser esclavo del sexo? Mi novia llega a casa. Me sorprende tendido en el suelo, sobre mi charco de lágrimas de fracasado deprimido:

-¿Qué te pasa?

Mi instinto de supervivencia crea, en milésimas de segundos, la mentira perfecta:

-Que Arsenio Escolar me ha llamado y me ha obligado a que baje a comprar la revista Interviú porque sale Paula de Gran Hermano y quiere que hable de ella en mi post de hoy porque así le doy publicidad a esa revista ya que “20 minutos” e “Interviu” son publicaciones amigas. Y por eso, por culpa de Arsenio Escolar, no he podido ir a comprar tus medicinas. Lo siento mucho pero tuve que hacerlo porque tengo miedo de que me despida y yo vuelva a trabajar de friegaplatos.