BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

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Un año en 20 minutos

Muchas gracias a todos mis lectores. A los que me apoyasteis desde el principio. Sobre todo a los que ayudasteis a que ganara la categoría eróticos y ya no están (Hyde, canalla y playas). A los que me apoyáis siempre de forma incondicional y justo cuando más lo necesito (dani, Obsy, venus, robotv, el padre, fernando, magburg77, david). Y a los que me leéis y comentáis cada día.

A la dirección de “20 minutos”y a Arsenio Escolar. Porque a pesar de que este blog no es importante (no tiene muchas visitas) lo mantienen contra viento y marea, desatendiendo las quejas de los imbéciles y de las malfolladas.

Al jurado de “20 minutos”. Agradecido eternamente a Cervera, Ricardo Villa, Jorge Sabaté e Ignacio Escolar (sobre todo a su hermano). Responsables directos de que me hiciera con el premio del jurado y hoy sea feliz.

Y, por último, a los trolls que aseguraban que no duraría ni dos semanas en EL PERÍODICO MÁS LEÍDO DE ESPAÑA. Uff… cómo les debe de joder que una vez más siga por aquí.

Mi primer post

Mi mejor post

Mi mejor video:

¿Donde está mi hijo?

La conocí en un cyber. Nuestras miradas se cruzaron: al rato eran nuestros cuerpos quienes estaban cruzados: su coño besaba mi polla y jadeábamos de placer. Luego fuímos a emborracharnos y a fumar: nos dijimos, sobre la hierba de un parque, las más bonitas palabras de amor:

-Siempre estaremos juntos.

Nos encerramos en mi casa: follábamos y yo siempre eyaculaba mayonesa, lágrimas, flores y escayola dentro de su coño: un mejunje espeso que mis huevos fabricaban para dejarla embarazada.

A la mañana siguiente, despertó. Y con cuidado se vistió:

-¿A dónde vas?

-A la farmacia. A comprar la pastilla del día después.

Maldita ¿No me amaba? ¿Y ahora se viste para ir a evitar tener un hijo conmigo? ¿Reniega de tener un hijo conmigo? ¿De tener al hijo más maravilloso del mundo?

-No vuelvas, puta –le dije.

-¿Por qué?

-Me he cansado de ti –le mentí. No podía confesarle la verdad: que acababa de romper mi corazón al querer evitar tener nuestro hijo: pero mi posición era ilógica y pueril: ella tenía la razón, la actitud adulta: pero me daba igual: yo quería tener ese hijo y ella lo iba a evitar, matar, hacer desaparecer con un simple truco de magia.

-¿Qué ha pasado, Rafa? –me dijo con lágrimas en los ojos- ¿Por qué ya no quieres estar más conmigo? ¡No te entiendo! ¡Estás loco!

-Me he cansado de tu chocho pegajoso -le dije a la vez que tomaba su bolso y se lo tiraba a la calle- Vete de una puta vez de aquí. Eres imbécil.

La tengo muy grande

Tengo un plan. Me desnudo y pongo el chaleco salvavidas.

Corro por los pasillos, gritando.

-¡A los botes salvavidas!

Todas las chicas me miran la polla. La tengo super grande. Llego a recepción. Allí hay más chicas que me admiran.

-¡Nos hundimos! –le grito a la recepcionista.

-Ha sido un error señor. El barco está a salvo. No ha sonado ninguna sirena.

-Oh, qué vergüenza. Disculpe. Es que estaba cagando y escuché la sirena. Sería la cisterna. No sé. Es que pensé que nos hundíamos.

Vuelvo al camarote. Pero ya todas las chicas me han visto la polla. Y la tengo grandísima. He tirado la caña. Ahora sólo queda esperar.

Mientras tomo el sol en cubierta, finjo que hablo por teléfono con Arsenio Escolar, director editorial de “20 minutos”.

Una chica de bikini rojo me está mirando. Hablo bastante alto para que ella me oiga:

-Enhorabuena muchacho –hago que le digo a Arsenio Escolar-. Volvemos a ser los mejores de España. No temas chaval. No voy a dejaros. No, no. No hace falta que me paguéis más. Con los 7.000 euros al mes que me estáis pagando me vale. Sí. Ya veis, así de humilde soy. Sí. Sí. Ya sé que los 4 millones de visitas que tenéis al mes son sólo mías. Si. No os preocupéis. Salúdame a Martínez Soler. Sí. Ya quedamos para jugar al golf un día de estos. Sí. Recibí la caja de vinos. Y los jamones. Tengo que dejarte, amigo. No te preocupes por nada.

La chica se me acerca:

-Hola ¿Qué tal? ¿Te apetece bajar a tierra? Hay una playa muy cerca, muy bonita. Se llama Mondello.

-¿Tienes novio? ¿Has venido con novio?

-No –responde sonriendo.

-¿Tienes alguna relación con algún miembro de la mafia?

-No.

-Pues vale.

Caminamos por las calles de Sicilia.

Obsérvese (en la foto) no sólo mi porte, mi brillante cabello, mi atlético tórax y fuertes brazos: también mi desenfadado vestir, la actitud segura con la que ando por las peligrosas calles sicilianas y, sobre todo, el aura que me envuelve y que me hace brillar, sobre saliendo por encima de los demás como súper humano que soy.

-¿Por qué me miran tanto? –pregunto a la chica.

-Es que por aquí no se ve a chicos tan guapos como tú.

-¿Pero aquí nunca vienen super modelos?

-No sé. Quizá sea tu mezcla salvaje, ese aire de aborigen canario que tienes ¿Puedo sacarte unas fotos para presumir delante de mis amigas, por favor?

Como prueba de lo que cuento es verdad, pongo una de las fotos que ella me sacó.

Detalle:

Obsérvese a la chica de rosa mirándome y hasta a un motorista girando la cabeza, impresionado: arriesgando su vida para admirar a semejante adonis. Imaginaos, cómo debe de ser la experiencia, de ver de cerca a un hombre como yo: la perfección humana hecha carne: Jesucristo 2.

En la playa me quito la ropa y, tan sólo vestido con unas bermudas, me doy un baño:

Entonces, ella…

… no para de rascarse… la cara…

…la nariz… la boca…

-¡No puedo más! ¡Vámonos!-me grita desde que regreso a la toalla -¡Vístete!

-¿Qué pasa? –pregunto.

-¡No aguanto más! ¡Me pica todo!

-¿Alergia?

-¡No! ¡Me pica el coño! ¡Quiero follarte! ¡Traerte aquí sólo era una pobre excusa!

Regresamos al barco.

No obstante, en el camarote no consigo ponerla dura.

-Lo siento. Pero es que eres demasiado fea para mí –le confieso.

-Por favor, no me dejes así. Méteme, aunque sea, el dedo gordo del pie.

-Bueno.

Y ahora escúpeme sobre la espalda: cómo si te hubieras corrido sobre mí.

-Bueno.

No soy un perro

Cada vez que veo la mirada de un perro pienso que, si ellos fueran nuestros gobernantes el mundo sería un lugar más justo. La inteligencia del ser humano es un retraso mental para la sabia naturaleza. Si no fuéramos tan inteligentes habrían menos medicinas. Pero también menos guerras abominables. Y no estaríamos destruyendo el mundo.

Ojalá fuéramos como los perros. Que nos hicieran felices las cosas pequeñas: salir a la calle, morder una zapatilla. Estoy seguro que el hombre, cuando era un mono que saltaba de árbol en árbol y copulaba con quien estuviera de culo, era más feliz que el evolucionado del siglo XXI. Y si no me creen, dense una vuelta por el metro a las 8 de la mañana.

¿Inteligencia y avaricia van juntas de la mano? Creo que sí. Y la locura. Frente a mi casa hay una gran plaza donde la gente pasea a sus perros. Me parece justo que, como esclavos, nos humillemos recogiéndoles los excrementos. Los perros son mejores que nosotros. Un ser superior es quien posee bondad. No quién posee más inteligencia.

Vida entre animales ricos

Es un barco de lujo. Pero cuando los ricos se quitan la ropa no son nada. Sólo carne de charcutería. Un rico sin ropas es patético. Todo su poder radica en sus ropas de marcas. En sus relojes de oro. En que te puedan despedir si son los jefes de la oficina donde trabajas. En bañador, los ricos dan risa.

Las mujeres e hijas de los ricos bailan frente a los brasileños que imparten clases de salsa en cubierta. Porque les pica el chocho. La mujer del rico quiere ser follada por ese veinteañero musculoso y estúpido que han traído desde Brasil y al que pagan una mierda. La hija del rico también quiere ser follada por él. Ese brasileño veinteañero tiene la polla pequeña, folla fatal y cuando se folla a la mujer o hija de algún rico les escupe en la cara porque las desprecia. Por eso, todas, hacen el ridículo en cubierta. Los hombres las miran desde los jacuzzis.

También desean follar. Pero sólo miran a la joven, a la de 17 años. Desechan a las demás. Porque es la única que sirve para eso. Las demás fueron mujeres bellas que evolucionaron en vacas. Mujeres que solo sirven para limpiar el culo a la gente.

A la izquierda de la primera foto un paralítico piensa en qué injusto es el mundo. Tener piernas para eso. El paralítico mira sobre cubierta y piensa que si él tuviera unas piernas fuertes correría tan rápido que podría hacerlo sobre el mar: que llegaría al infinito y que luego, se tiraría por la gran cascada del fin del mundo: la que da a las galaxias. Flotar por el universo en silencio. Eso sí que tiene sentido.

Por la noche salgo a fumar (normalmente sólo fumo porros pero en este crucero fumo tabaco para hacerme el interesante) y conozco a un matrimonio de mafiosos italianos. Esta vez he aprendido la lección: no miro a su mujer. No me resulta difícil.

Su mujer es demasiado huesuda para mi gusto, no tiene tetas y para colmo tiene cara de hombre (todas las mujeres a partir de los cuarenta años tienen cara de hombre). Tras unas copas, al marido le caigo simpático. Me hace un ofrecimiento:

-Tengo una finca en una ciudad de África. Cuando quieras te invito y te quedas unos días. Es un lugar ideal para cazar. Incluso a negros. Si matas alguno, no pasa nada.

Tengo ganas de insultarle: menuda mierda de ser humano enfermo tengo delante, pero no me apetece tener más líos con la mafia, más aun cuando mañana voy a estar en Sicilia, tierra de mafiosos. Así que le digo:

-La gran ilusión de mi vida siempre ha sido matar a un ser humano. Ver qué se siente después.

-Pero eso no lo sabrás matando negros. Son tan tontos y se humillan tanto por un plato de comida que es como si mataras a un animal.

No me voy a comprar una pistola ni irme a vivir a otra ciudad.

-Mi marido no está enfadado –me dice la señora del Ritz-. Si realmente estuviera enfadado, estarías muerto. Por eso no te preocupes.

-¿?

-Lo que pasa es que me quiere muchísimo. Teníamos una relación abierta. Una relación abierta que sólo él había utilizado.

-O sea que él se había follado a otras y tú no.

-Sí

-¿Pero le quieres?

-Ya no lo sé. Ha hecho mucho por mí. Me lo paga todo. No me deja trabajar. Me trata como a una reina. A veces pienso en dejarle, en comenzar de cero. Pero sin él no tengo nada. Tengo casi 40 años Rafael ¿Lo entiendes?

-He conocido a muchas personas que, por no atreverse a romper a tiempo una relación, se condenan a ser inmensamente infelices de por vida. Sin embargo, a todo el mundo que se ha atrevido a dar ese paso, le ha ido mucho mejor. No entiendo la cobardía y crueldad que tienen algunas personas de pertenecer al lado de su pareja únicamente por lástima. Y, para colmo, se quieren hacer pasar por mártires. Lo que creo es que te has acomodado y no quieres trabajar.

-Él ha hecho mucho por mí, Rafael. No seas tan duro.

-Anoche entraron en mi buhardilla. Reventaron la cerradura de un tiro. No falta nada, ni siquiera la tarjeta de memoria que te robé. Simplemente lo desordenaron todo. Menos mal que yo no estaba dentro, sino en el bar de un amigo. No sé qué diablos me hubiera pasado.

-Si él te quisiera hacer algo, te lo habría hecho. Sé cómo piensa. Sólo te quería asustar, dar un aviso.

-Lo he publicado todo en mi blog de “20 minutos”. También le he dado a una amiga la tarjeta de memoria donde salimos follando para que se la mande a la policía si desparezco. Lo que tengo claro es que no me voy a comprar una pistola ni irme a vivir a otra ciudad.

-No es para tanto Rafael. No obstante, vendría bien que desaparecieras un tiempo. Eso significaría para él una señal de respeto.

-¿Desaparecer? No puedo desaparecer. No tengo dinero ¿A dónde quieres que vaya?

-El dinero no es problema. Esta tarde hay un barco. Es un crucero de lujo. Te he sacado un pasaje. Tienes todos los gastos pagados.

-¿Bromeas?

-No. Es lo menos que puedo hacer. Ya verás que cuando vuelvas, todo estará bien. Yo me encargaré de eso. Hablaré con él. Sé cómo manejarlo.

La mujer del Ritz me dio el billete del crucero y tres billetes de 500 euros.

-¿Está bien? –me preguntó.

-Queda algo.

Le hice dar la vuelta, le bajé sus pantalones de “Prada” y sus braguitas de diseño. Ella sonrió y apoyó los codos sobre mi lavadora. Se la metí mientras gritaba de dolor y placer, al poco eyaculé, como un cerdo, en el agujero del culo de la mujer del gánster. Si muero, quiero saber que jodí bien el “honor” de ese cabrón. Pero, cuando saqué la polla, un chorro de mierda salió despedido de su culo y me manchó la cara.

Mejor no me lavo

Odio que me digan lo que tengo que hacer. Lo sé todo. Cuando una novia me dice qué tengo que hacer, la dejo. “Tienes que ir al banco” o “tienes que ir al mercado”. Ya lo sé. Tengo cerebro. Si no voy, es por algo. Sobre todo, odio cuando me dicen que tengo que lavarme. No lo soporto. Si no me ducho, es porque tengo mis razones.

Sólo me ducho cuando tengo que salir a una reunión de trabajo o cuando he quedado con una chica para tratar de mantener relaciones íntimas. Por lo demás, en la ciudad es mejor ir sucio. En el metro no se te pega la gente tanto. Entras en el vagón, a la hora punta, sin necesidad de empujar. Porque la gente te hace sitio tratando de escapar de ti. Incluso, si frena el metro, prefieren caerse al suelo que agarrarse a un apestoso. Si te sientas, el que está a tu lado se levanta; no iras tan apretado. Por la calle, los criminales te dejan tranquilo. Nadie quiere atracar a un apestoso. Los camareros te atienden pronto para que te vayas, los funcionarios no soportan que estés frente a su mesa: dejan de hablar con sus compañeros de trabajo para atenderte. Si tu empleo es atender a los clientes, no te laves nunca, preferirán ponerse en la cola de tu compañero, el tonto que se pone colonia.

lee la edición impresa de “20 minutos”

Estoy en peligro de muerte

Terminé de escribir y bajé al sitio ese nuevo que han puesto bajo mi casa. Un templo de comida basura que reúne lo peor de la pizza y del pollo junto a unas patatas de plástico comestible. Voy a ese sitio porque soy nocturno y es el único lugar que está abierto más allá de las 00:00 horas. Algunas veces necesito salir de la buhardilla donde vivo porque, si no, me vuelvo loco. Tras “comer” recordé que el otro día la mujer que conocí en el Ritz me llamó por teléfono: me dijo que si alguna noche de esta semana iba a estar solo que la llamara. Si una mujer te llama por teléfono para hacerte ese ofrecimiento significa que es una mujer de verdad y que no se va a poner con tonterías: que quiere follar. Si te hacen ese ofrecimiento por SMS es que es una cría que le da cosa follar en la primera cita. Y si lo hace por email es que es una gilipollas calentona que, ni siquiera, se va a presentar en la cita. Así que la llamé. Ojalá no lo hubiera hecho. Porque ahora mi vida está en peligro. Quizá, debí de pensarlo cuando, a la 1 de la mañana, una limusina se paró frente al local de la comida basura.

-Soy yo –me dijo desde el teléfono móvil- Entra. Vamos a mi casa.

Me subí a la limusina. Debería de haber pensado que una persona como yo no va en limusina a no ser que se esté metiendo en un asunto peligroso de cojones. Una persona como yo sólo va en metro.

Al subirme, me dijo:

-Mi marido está de viaje. El chofer no dirá nada. Es amigo.

El chofer me sonrió como diciendo que él también se la había tirado. Pero no estoy seguro de que lo haya hecho. Lo que me pasa es que siempre que veo a una tía buena al lado de un tío con abdominales y guapo pienso que se la ha chupado. A las tíos buenos con abdominales las tías le hacen eso gratis. A mi no porque tengo barriga. Yo me lo tengo que currar. Decirles que soy escritor y eso.

La señora me metió la lengua en la boca. Ahora no había nadie mirándonos, como cuando nos conocimos y no tenía porque hacerse la señorita, ahora los dos sabíamos a qué habíamos quedado: a follar. Follar es algo sobre valorado por la sociedad. Cuando lo empiezas a hacer todos los días cansa. Y te entran ganas de hacer otras cosas. Como comer. Comer da mucho más placer que el sexo. Comer pizza. En las épocas en las que follo mucho miro a mis amigos, que hablan de sexo o se ponen a mirar a chicas feas por la calle y a comérselas con ojos suplicantes y me dan asco. Pero les entiendo porque normalmente yo también actúo como ellos. En cambio, por mucha pizza que te comas nunca te cansas. Siempre quieres un mordisco más.

Fuimos a su casa: echamos un polvo en el suelo del recibidor, nada más entrar, luego en el jakuzzi (porque a mi me hacia ilusión) y otro frente a la chimenea (que estaba apagada, que calor hizo hoy en Madrid, joder). Me dejó sacarle fotos mientras me la chupaba. También mientras la enculaba. Pero sólo a cambio de que no las publicara en Internet y que yo también la dejara grabarme con su cámara de fotos digital.

-Te leo desde hace tiempo –me dijo- Y me gustará tener un video haciéndote correr y comiéndome el coño. Para verlo tras leer tus posts. Para verlo cuando las chicas te dejan comentarios en tu blog diciendo que les gustas.

Ella era tan guapa, tan fina, que accedí. Follar con ella era como hacérselo con Isabel Preysler. Además tenía un cocinero preparado las 24 horas de día, por si le entraba hambre en cualquier momento:

-¿Quieres que te prepare algo? –me dijo.

-Sí –contesté- Pizza.

-¿Qué tipo de pizza?

-Una con salsa barbacoa y otra de cuatro quesos. Gracias.

Mientras comíamos, me dio por preguntarle a qué se dedicaba su esposo:

-No te asustes –respondió- Pero además de presidir una fábrica de conservas y tener unas cuantas agencias de viajes es mafioso. Es un mafioso búlgaro. Pero buena gente.

-¿Pero mata gente y eso?

-Sí. Bueno. Él no personalmente.

Que me dijera eso impidió que le metiera el cuarto polvo. Mi polla murió. Charlamos un rato, le dije que tenía sueño. Cuando ella quedó dormida, me levanté con sigilo: le robé la tarjeta de memoria de su cámara de fotos digital y dinero para un taxi. Me fui de su casa corriendo. Paso de que, por un error suyo, su marido vea como su esposa se mete mi polla con gusto en su boca

y me mande a matar. Mucho de vosotros pensaréis que esta historia es mentira. Pero es la puta verdad y estoy asustado. Y a la mujer que le robé la tarjeta de memoria, le pido perdón, pero que me entienda. No quiero morir hasta, por lo menos, publique mi libro.

Rezo ante el cajero para que me quede algo de mi sueldo

Hace unos días me quedaban 20 euros pero me lo gasté todos en comprarme una bolsa entera de ofertas inútiles de Carefour. No lo pude evitar. Iba con una amiga y queria hacerme el rico.

Una chica de Colombia me escribe un bonito e-mail donde dice que me quiere conocer, que ha leído los diarios secretos y que soy un gran escritor, que quiere que le enseñe cosas sobre la vida y que el interés que tiene por mi es únicamente filosófico y cultural. Como dato adjunto, en el e-mail, me manda una foto suya, parecida a esta:

No sé que les pasa a las chicas últimamente, si son todas gilipollas o les ciega mi fama de bloguer famoso: ¿Por eso se me abren de piernas tan fácilmente? O quizá es que yo soy demasiado inteligente. Es que todo el mundo que conozco me parece estúpido (menos Arsenio Escolar).

De vez en cuando, en el bar de mi amigo el poeta, se forman grupos y en las conversaciones entran a hablar gente que no se entera de nada: estamos hablando sobre blogs, Internet, noticias y uno pregunta:

-¿Y qué horario tiene Internet?

Al rato se van todos esos subhumanos y me dejan trabajar, escribir. Pero pido un postre: una porción de tarta de chocolate. Entra un grupo de 15 chicas. Me ven comer la tarta chocolate. Imagino sus susurros, lo que piensan, casi les oigo hablar en voz alta sobre mí:

-Ese chico que está comiendo ese dulce está fondón. Debería de ahorrarse comer ese postre.

No disfruto de los postres cuando los como fondón, con chicas delante.

¿Jesucristo se folla a las tías buenas que mueren de cáncer?

Mi madre, tras divorciarse de mi padre por malos tratos, nos trató de sacar adelante trabajando de esteticién. Pero el dinero que le pagaban no era suficiente para cuidar de sus dos hijos (tengo una hermana). Así que nos fuimos a vivir a casa de sus padres.

Una noche, teniendo yo 8 años, la vi escribir a mano unos relatos, sobre unos folios. Me confesó que siempre escribía a escondidas y luego lo rompía todo porque lo hacía muy mal y le daba vergüenza que encontrara esos relatos su padre (mi abuelo), que era director de un periódico (el desaparecido, “El Eco de Canarias”, de derechas). Mi madre me dijo que le gustaría dedicarse sólo a escribir pero que no podía ya que tenía que ir cada día a trabajar. Supongo que un psicoanalista deduciría que de aquí nace mi obsesión por convertirme en escritor. Y mi teoría de los subhumanos.

Otra mañana, me desperté y la vi aun acostada en la cama (los tres, dormíamos en la misma habitación, en dos camas distintas). Me miró, como deseando contarme algo, pero no se atrevía. Recordando, desde el presente, su forma de mirar diría que ella tenía la típica mirada alegre de quien se acababa de enamorar. Finalmente, decidió contármelo. Me dijo que aquella noche había soñado con Jesucristo y que éste le había besado en la boca. Yo me escandalicé: Jesucristo había besado a mi madre en la boca. JESUCRISTO SE ENROLLÓ CON MI MADRE. HIJO DE PUTA. A MI MADRE NO LA TOCA NADIE. MI MADRE NO BESA A NADIE PORQUE ES UNA SANTA. Ella me pidió que no se lo contara a mi abuela, porque ésta era muy católica y seguro que se enfadaría si la escuchaba decir que Jesucristo la había besado en la boca.

-¿Y te dijo algo Jesucristo?

-Que me iba a morir dentro de poco –me contestó.

Yo me puse a llorar.

-¿No tienes miedo, mamá? –le pregunté aterrorizado.

-No. La verdad es que, tal como me lo dijo, no me pareció que morirse fuera algo terrible. Hasta le pedí morirme ya e irme con él. No llores Rafita.

Mi madre me abrazó. Tres años después murió de cáncer. A veces me pregunto qué pensaría ella de mí si leyera las mierdas que escribo. A veces me pregunto qué hubiera sido de mi vida si ella no hubiera muerto. A veces me pregunto cuando dejaré de pensar en ella, de quererla. A veces me pregunto si habrá vida tras la muerte y la podré volver a ver. Algunas veces deseo que se me aparezca en sueños, me bese en la boca y me diga que me voy a morir. Algunas veces imagino que Jesucristo no la besó, si no que se la folló. Y entonces me siento orgulloso.