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¡Quiero que me lean!

Jueves. Estación de trenes. Valencia.

Una chica lee la edición impresa de “20 minutos”.

En la página 39 está publicada mi columna semanal: me siento cerca de ella: la miro ilusionado ¿Me reconocerá? ¿Me leerá? ¿Pasará de largo mi columna?

Me pongo nervioso.

Mi texto está impreso en una página no frontal. Las páginas no frontales son las menos leídas. Me mira: me sorprende mirándola. Ahora cree que me la quiero follar. Y eso que es fea. Cómo máximo dejaría que me la chupara: como un favor: pero sólo si me reconociera, si leyera mi columna, si le gustara, si llorara emocionada…

Bajo la vista.

Un hombre, que estaba sentado a mi lado, se levanta: leía otro periódico gratuito: “Metro”: al irse lo tira, con desprecio, sobre el asiento: si hubiera hecho lo mismo con un ejemplar de “20 minutos” le pateo la cara.

La chica lee con interés el “20 minutos”. Pero aun no ha llegado a mi página. Llevo puestas mis gafas de pasta. Las mismas gafas que llevo en la foto en la que salgo sobre mi columna ¿Me reconocerá? Quiero que me lea, quiero estudiar su cara mientras me lee: mi artículo de hoy es bastante decente, está escrito para gente como ella, de su edad: quiero que me lea: aun va por la página 15: está entretenida leyendo sobre las tetas de la Pataky: gilipollas: lesbiana: lee mi columna.

Levanta la vista: me sorprende otra vez mirándola fijamente: se asusta: se levanta: yo también: me aproximo a ella con mi “20 minutos” abierto: quiero explicarme: le digo:

-Este soy yo.

Pero señalo, sin querer, la foto de Miguel Bosé que está justo sobre mi columna.

Ella no sale corriendo, pero sí que se aleja de mí con miedo: caminando muy deprisa: maldita sea: siempre he tenido mirada de loco: además me doy cuenta, tarde, de que yo llevaba la bragueta media abierta: dejo mi “20 minutos” abierto por la página donde sale mi columna semanal: lo deposito, delicadamente, sobre un asiento:

me alejo: me apoyo en una pared: no dejo de mirar en dirección al periódico: estoy esperando que alguien se sienta ahí y me lea: pasa media hora: le compro un bocadillo a una subhumana que no es capaz de superarse en la vida porque se ve a la legua que es tremendamente imbécil y que a lo único a lo que aspira es que no le echen de su trabajo de vendedora de bocadillos: no sabe que tiene super poderes: que puede ser lo que quiera: es gilipollas: espero, espero: aparece un viejo: con su esposa: no ve el periódico: sienta su culo sobre el periódico: maldita sea: veo a la chica de antes: con su novio: su novio está fuerte, maldita sea, menudos brazos tiene el cabrón: y menuda cara de anormal de campo profundo: ella le habla: leo sus labios o imagino lo que dice:

-…Y entonces se me acercó con la bragueta abierta diciendo que era Miguel Bosé.

Me escondo, de cuclillas, detrás de una papelera.

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