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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

Archivo de marzo, 2007

Psicópata a los 33

Mi ex novia me llama por teléfono. Me pregunta si:

-¿Ya me olvidaste? ¿Ya no me quieres?

-Sí que te quiero -contesto.

Contesto eso porque me apetece follar con ella. Y para que me ingrese dinero en el banco. Me lo he gastado todo en juergas.

Es duro ser un psicópata. El corazón deja de estar dentro del pecho, pasa a formar parte del cerebro: frío: ya no me importa nada ni nadie: utilizo a toda la gente: no quiero a nadie: soy un psicópata porque esta sociedad me ha hecho así: porque los ideales y egoísmo de esta sociedad son los de un psicópata: es imposible caminar por la calle si no eres insensible.

Ayer me follé a una fan. La fan estaba acostada mi lado: no paraba de decirme:

-Eres un genio.

A mi me daban ganas de reírme a carcajadas ¿Yo un genio? El “éxito” de este blog radica en que pongo fotos de tetas.

Si no las pusiera, no me leería nadie. La chica me dijo luego:

-Siento que tu madre muerta está a nuestro lado, observándonos. Ella nunca ha dejado de cuidarte ¿Lo sabes, verdad?

La pobre, se había metido los diarios secretos en vena y estaba flipando.

Quisiera saber si es normal dejar de emocionarse a los 33 años. Quisiera saber si es normal despreciar tanto a la gente a los 33 años. Si es normal que todo el mundo te parezca tan estúpido, tan ridículo, tan poco inteligente. Yo no me siento español. Tampoco humano. Si yo fuera el emperador de una flota extraterrestre exterminaría a la humanidad. Sólo dejaría con vida a las chicas guapas.

Fumo porros para evadirme, para olvidarme. Me odio. Cuando estoy colocado me olvido de que todo es una mierda. No creo en la amistad, sé que es una trampa que siempre termina dañándote. Sin embargo, en Madrid tengo muy buenos amigos. Como el poeta del bar. Me ha hecho el honor de poner mi nombre al bocadillo que siempre me preparo (butifarra catalana recalentada en el microondas, queso fundido, orégano y salsa brava): el bocadillo del Ezcritor. Aquí me podéis ver borracho, colocado, hablando un lenguaje imposible de entender, comiéndomelo:

Arrugas

Hombres y mujeres, a medida que envejecen, se convierten en seres uni-sexuales. Si les haces el pelo para atrás, casi todas las mujeres de más de 55 años tienen mala leche y cara de hombre. Todas podrían responder al nombre de Bartolo. Los hombres se van volviendo impotentes: eso les hace convertirse en marujonas con muy mala leche que se enfadan por cualquier cosa: quisquillosas. Además engordan y, de pronto, los hombres tienen tetas.

Es taumático para las mujeres perder el poder y estatus que da la belleza: nadie las mira por la calle, se vuelven transparentes. Esta sociedad dice que la belleza está en la adolescencia ¡Pero si los adolescentes son imbéciles!

Ya he cumplido los 33 años, tengo arrugas en la cara. Pero es que hace nada estaba en el instituto mirando con deseo (no correspondido) a las niñas de mi clase. Ahora las sigo mirando en el metro (y sigo sin ser correspondido) hasta que recuerdo que no he de mirarlas: he envejecido y, si las miro, todo el mundo va a pensar que soy un pervertido sexual. Ayer yo era joven, hoy me he despertado siendo un viejo verde.

Tres capítulos de mi futura nueva blog-novela: el AnticriZto.

Me da vergüenza que a mi madre se la haya follado un chino. Cada vez que entro en una tienda de alimentación y veo, tras el mostrador, a un chino viejo, pienso que quizá sea mi padre. Mi padre era chino y un hijo de puta. Se folló a mi madre y la dejó. Nunca vi, ni conocí a mi padre. Hay millones de chinos. Tantos como moscas. Los chinos son las moscas, y la humanidad, la mierda.

Aparte de ese brote racista justificado, soy buena persona. Me llamo Gin: dentro de dos semanas cumplo 33 años. La edad en la que crucificaron a Jesucristo. Yo llevo crucificado varios años: por las pelotas: puta vida: puto trabajo de mierda.

Trabajo de contable en una oficina. Cobro 1.000 euros al mes. Soy un subhumano. Subhumano es toda persona que no lucha por sus sueños y deja que una rutina que le hace desgraciado se adueñe de su vida. Me hubiera gustado ser dibujante de comics. Un subhumano es una persona que morirá y a la que nadie recordará. Una persona que nunca se rebela contra su rutina gris. Un número: soy esa combinación de lotería que se hace pero no se sella y no concursa: ese papelito doblado que se tira a la vía pública.

Vivo con mi madre. Casi no hablo con nadie. No tengo amigos. En mi adolescencia odiaba a mi madre: no le hablaba: sólo la insultaba y gritaba: me la imaginaba jadeando de placer debajo de un chino. Para colmo me puso el nombre de quien se la folló: Gin. No sé por qué me hizo esa putada. En la escuela preguntaban:

-¿Dónde está tu padre?

Gin. Ese nombre me hace recordar, cada día, que soy un hijo bastardo…no pensé que fuera a escribir en este diario que hoy empiezo sobre mi padre: pero es que a mis casi 33 años sigo jodido, pensando en eso. Ojalá mi madre me hubiera llamado Rodolfo. Aunque suene a maricón. Ella nunca se casó: los hombres se reían de ella ¿Quién se va a casar con una mujer que permitió que un chino expulsara semen con pus amarilla dentro de su chocho y la dejara embarazada?

2

No estoy enamorado de mi compañera de oficina: sólo quiero follármela. Ana. Ano. Deseo follarte, humillándote. Odio que seas tan guapa, tan delicada, tan elegante, tan pequeñita. A mi no me engañas: TE METES POLLAS POR EL CHOCHO LOS FINES DE SEMANA. Odio que hables de ese modo tan pijo, sacando la lengua un poco, mostrando tus grandes dientes blancos: dientes con los que te comes con mordiscos salvajes mi corazón. Odio que sonrías de ese modo que sepas que, desde que entras en un lugar, todo el mundo te quiere follar. Odio que vistas tan elegante, que toda la ropa que te pongas te quede tan sexy, que te subas los pantalones por detrás y se te marque tanto el culo: odio verte las bragas un poquito. Daría mi vida, todo mi dinero, todas mis posesiones, mi cabeza, por una mamada tuya. TRÁGATE MI SEMEN. Cuantas veces he estado en el baño de la oficina con la polla sacada, la puerta cerrada sin el seguro, deseando, soñando que entres despistada y me la veas: erecta. Sueño con romperte el culo. Me gustaría follarte mil veces, grabarlo todo en video y luego sacarte de mi cama, de mi casa a empujones: desnuda: tirarte a la calle: como hizo mi padre con mi madre: que tú, Ana, me suplicaras, que lloraras: odio no poder tratarte como a una perra.

Nunca te hablo y, cuando lo hago, me sonrojo: no soporto que me mires a la cara, a mi calva. No soporto que me veas caminar. No soporto que veas mi barriga. A pesar de que no tienes cojones eres más hombre que yo. Llevas mucho menos tiempo que yo en la empresa y ya cobras más y tienes mejores días libres, mejor mesa de oficina. Hablas más alto. Odio que seas una mujer libre, que no estés entre cadenas, que haya leyes que me impidan violarte, que no seas puta, que no seas una máquina de refresco en la que pueda echar una moneda y yo, a cambio, pueda meterte la polla: odio que el jefe te sonría sólo a ti: ODIO QUE LE DEVUELVAS LA SONRISA. Odio que nunca me hables y, que cuando lo hagas, sea con una sonrisa que me esclaviza a ti: que hace que me abra de piernas, deseando que tuvieras polla y yo chocho: que me la metieras. Odio tener sólo dos pantalones para la chaqueta del trabajo y que tú lo sepas (en eso seguro que te has fijado). Odio estar gordo y calvo: odio que veas mis manchas amarillas debajo de los sobacos provocadas por el desodorante spray. Odio no estar dentro de tu lista de posibles candidatos para follar. Odio ser para ti sólo el gordo imbécil de la oficina que no te deja de mirar. Eres pequeñita. Eres mi Hitler. Mi campo de concentración donde se me extermina. Quiero que cuando muera te comas mi carne, que te la vendan, engañada, en el mercado. Quiero que me comas y me cagues. Quiero estar dentro de tus intestinos, de tu estómago: ser un poco de oxígeno en tu corazón.

3

Soy el contable que más trabaja de la oficina, pero el que menos cobra. Soy el único que sabe hacer todo el trabajo pero el menos valorado. Tendría que alzar mi voz, hacerme valer, cobrar más: pero no sé hablar, me pongo nervioso. Sé que no soy imprescindible ¿Quién es imprescindible hoy en día? La humanidad no es nada. Siento que me están haciendo un favor teniéndome en esta oficina. Les incomoda mi presencia: mi gordura, mi calvicie, mi forma de ser, callada y nerviosa. Ese dinero que no me pagan es el dinero que yo les pago por soportarme. A menudo quedo trabajando hasta tarde: cuando todos mis compañeros se han ido: haciendo el trabajo de ellos: los pocos días que mi jefe se queda en la oficina hasta la noche y me ve allí, trabajando, bajo un montón de papeles, el muy cabrón me dice:

-Es que no sabes organizar tu tiempo.

Cuando regreso a casa encuentro a mi madre dormida frente al televisor. Me ha hecho la cena. Ella trabaja como mujer de la limpieza en unos grandes almacenes. Me como la cena que ha preparado a pesar que, de camino a casa, he cenado dos kebab y que llevo meses torturándome, con la idea de empezar el régimen, para dejar de ser gordo. Me gustaría estrangular a mi madre vieja. Arrancarle su chocho repugnante con un chuchillo y tirarlo a un container de basura. Y a ella enterrarla en un bosque muy verde. Creo que ella sería feliz muerta. Cuando ella muera yo heredaré esta casa. Es pequeña pero, por lo menos, ya no viviré con mi madre: la gente se reirá menos de mí.

Tras la cena me acuesto en la cama, trato de masturbarme pensando en mi compañera de oficina. Pero no se me empina: porque la imagino riéndose de mi polla, diciendo que es muy pequeña y que no sé mantenerla firme: que es la polla más mierda de todos los tíos con los que ha estado. Para colmo, en mi mente, se confunden las imágenes: a la vez que la imagino desnuda veo la cara de mi jefe. Cierro los ojos. Trato de descubrir si soy homosexual. Imagino que se la estoy metiendo por el culo a mi jefe. Imagino a mi jefe a cuatro patas y yo metiéndosela por detrás. La polla se me pone totalmente flácida. No consigo una erección. Otra vez veo la sonrisa y los dientes blancos de mi compañera de trabajo:

-Eres un maricón –me dice. Y luego suelta su estridente risita de niña pija.

-Quisiera poseerte Ana –digo en susurros, a mi almohada, a punto de llorar- quisiera que me amaras. No rías de mí, por favor. Te amo. Quiero dejar de estar solo. Sácame de este infierno que es mi vida.

Nota.-Dibujos por Rafael Fernández.

Casi follo

La conocí el jueves en la fiesta de la coctelera. Me acerqué con cuidado: mientras su chico no miraba, le deslicé mi tarjeta dentro de su bolso:

-Llámame cuando quieras tener buen sexo -le susurré al oído.

Ella era guapísima. A la mierda su novio: una chica con estas tetas es patrimonio de la humanidad: si me las metía en la boca y masticaba, jamás volvería a pasar hambre:

-No te voy a llamar, gilipollas –me aclaró, al rato, cuando la seguí al baño.

Le contesté: traté de besarla en la boca: con lengua: ella me pegó una bofetada: se marchó con su novio, enfadada.

Yo había ido a la fiesta con un amigo. Es mi amigo porque

es más feo que yo. No soporto tener amigos más guapos. Yo siempre tengo que ser el mejor en todo: y si eres mejor que yo en algo, no eres mi amigo: te evito: te baneo de mi vida.

-Esa tía no te va a llamar nunca, Rafa –me dijo mi amigo- Mejor vámonos antes que le diga a su novio que la trataste de besar a la fuerza y venga con sus amigos.

Pero al día siguiente, ella me mandó un SMS. Y yo se lo contesté. Ella quería tener algo conmigo, pero se resistía porque decía:

-Eres un mujeriego. Un chulo putas. He leído tu blog.

Le di la dirección de mi casa y le supliqué que viniera a comprobarlo, cuando quisiera, sin avisar:

-Yo no soy un mujeriego –le dije- siempre estoy solo en casa, escribiendo. Ven cuando quieras, sin avisar. Y así lo comprobarás.

Hoy en la noche, hace un rato, me llamó por teléfono. Me dijo que bajara a mi portal. Se había peleado con su novio. Era mi oportunidad. Nos besamos. Le metí mano. Dentro de mi portal le bajé el sujetador y le chupé las tetas. Yo estaba super empalmado, ella húmeda, si se la metía me iba a correr:

-Subamos a tu casa –me dijo- A follar. No puedo resistirme más.

-No, no puede ser –le dije.

-¿Por qué?

-No te lo puedo explicar –…yo trataba de pensar algo, de imaginar una buena razón, pero estaba demasiado empalmado para inventar una excusa– Mejor follemos aquí, en el portal.

– ¿En el portal? ¡Tienes a tu novia ahí arriba esperando! –Me gritó enfadada- ¡Eres un cerdo! ¡Qué cabrón!

-No, no…

Salió, para siempre, de mi portal: y el portazo que dio me hizo llorar de rabia: me moría por metérsela. Pero es que no podía enseñarle como tengo de desordenada y sucia mi casa: me da demasiada vergüenza:

Hongos nadando en el plato:

Por hijo de puta

Viernes noche.

Salgo de la redacción de “20 minutos”. Me siento feliz, la vida me sonríe. No tengo ni un solo problema. Tengo salud, amigos, un trabajo que me encanta. Voy al cajero a sacar dinero para comer algo. Hace 4 días que cobré, tengo la cuenta corriente contenta.

Delante de mí hay una chica. Tarda en hacer las operaciones. Me mira de reojo, nerviosa:

-La típica estúpida que no sabe utilizar el cajero –pienso.

Estas personas son fáciles de espantar. Basta con mirarlas con el ceño fruncido mientras ellas se desesperan por no poder hacer su operación: normalmente se avergüenzan porque piensan que todo el mundo está viendo que no tienen dinero en sus cuentas o porque todo el mundo está viendo que son tan imbéciles que no saben utilizar un cajero automático.

Sin embargo, esta chica es diferente. Es la típica loca. La típica mujer desesperada que se pone a contarte sus penas sin conocerte de nada:

-Hoy es el peor día de mi vida –se vuelve y me cuenta- Mi novio me acaba de echar de casa, no tengo a donde ir. Me ha llamado mi ex amante y me ha dicho que quiere que todo vuelva a ser como antes, no sé a qué se refiere pues se va a casar dentro de un mes. Mierda, no tengo dinero en la cuenta. No sé qué hacer. No tengo donde dormir. Me da cosa llamar a mi novio para pedirle dinero.

Ella me mira como pidiendo ayuda. No se la pienso dar:

1.-Porque es fea.

2.-Realmente no es tan fea. Lo que pasa es que tiene un bigote que te cagas.

3.-Porque se nota que es la típica problemática que sale con los tíos más feos y necesitados de sexo del mundo y los tortura con sus locuras: ellos la aguantan porque saben que si la pierden no volverán a follar sin pagar en años.

Pienso en lo malvado y frío que soy. Si fuera una chica guapa la tomaría en adopción: empezaría por invitarla a cenar, escucharía –con cara de tristeza- sus problemas, la abrazaría diciendo:

-Todo va a salir bien. Yo te ayudaré.

Me la llevaría a casa y aguardaría como un buitre el momento en el que poder bajarle las bragas. Pero como es fea la mando a la mierda. Además, me digo, es joven, tiene brazos, que trabaje, y tendrá familia, un padre, una madre, no como yo, que se busque la vida: que se vaya a un McDonalds a trabajar.

Qué diferente sería mi comportamiento si la bigotuda esa fuera una chica como esta:

La chica se marcha del cajero automático con rostro triste: a saber a donde irá: por mi, como si va a prostituirse. Cuando me dispongo a sacar dinero me doy cuenta que no llevo encima la tarjeta de crédito: me la dejé en casa. Bueno, da igual, iré a cenar al bar de mi amigo el poeta.

Veo una moneda de 2 céntimos en el suelo.

No la recojo.

A las 2 de la mañana el poeta cierra el bar, se va a su casa. Camino borracho rumbo a mi buhardilla. Llego a mi portal: me doy cuenta que no tengo las llaves. Ni a donde ir. No tengo el móvil, no tengo dinero, el dictáfono de mi edificio no funciona desde que llegué. No sé donde vive mi amigo el poeta. Quedo, toda la madrugada, sentado en el escalón exterior del portal del edificio donde vivo. No entra ni sale nadie del portal. Me muero de frío. Debería de haber ayudado a la bigotuda. Debería de haber recogido esos 2 céntimos. No cogerlos es un desprecio para la gente que se muere de hambre. Dios ha visto mi comportamiento y me ha castigado. Debería de recordar más a menudo lo que no para de decirme mi amigo, el poeta del bar:

“No olvides nunca dar la mano a todos en la subida pues, en la bajada, te los volverás a encontrar”.

¡Quiero que me lean!

Jueves. Estación de trenes. Valencia.

Una chica lee la edición impresa de “20 minutos”.

En la página 39 está publicada mi columna semanal: me siento cerca de ella: la miro ilusionado ¿Me reconocerá? ¿Me leerá? ¿Pasará de largo mi columna?

Me pongo nervioso.

Mi texto está impreso en una página no frontal. Las páginas no frontales son las menos leídas. Me mira: me sorprende mirándola. Ahora cree que me la quiero follar. Y eso que es fea. Cómo máximo dejaría que me la chupara: como un favor: pero sólo si me reconociera, si leyera mi columna, si le gustara, si llorara emocionada…

Bajo la vista.

Un hombre, que estaba sentado a mi lado, se levanta: leía otro periódico gratuito: “Metro”: al irse lo tira, con desprecio, sobre el asiento: si hubiera hecho lo mismo con un ejemplar de “20 minutos” le pateo la cara.

La chica lee con interés el “20 minutos”. Pero aun no ha llegado a mi página. Llevo puestas mis gafas de pasta. Las mismas gafas que llevo en la foto en la que salgo sobre mi columna ¿Me reconocerá? Quiero que me lea, quiero estudiar su cara mientras me lee: mi artículo de hoy es bastante decente, está escrito para gente como ella, de su edad: quiero que me lea: aun va por la página 15: está entretenida leyendo sobre las tetas de la Pataky: gilipollas: lesbiana: lee mi columna.

Levanta la vista: me sorprende otra vez mirándola fijamente: se asusta: se levanta: yo también: me aproximo a ella con mi “20 minutos” abierto: quiero explicarme: le digo:

-Este soy yo.

Pero señalo, sin querer, la foto de Miguel Bosé que está justo sobre mi columna.

Ella no sale corriendo, pero sí que se aleja de mí con miedo: caminando muy deprisa: maldita sea: siempre he tenido mirada de loco: además me doy cuenta, tarde, de que yo llevaba la bragueta media abierta: dejo mi “20 minutos” abierto por la página donde sale mi columna semanal: lo deposito, delicadamente, sobre un asiento:

me alejo: me apoyo en una pared: no dejo de mirar en dirección al periódico: estoy esperando que alguien se sienta ahí y me lea: pasa media hora: le compro un bocadillo a una subhumana que no es capaz de superarse en la vida porque se ve a la legua que es tremendamente imbécil y que a lo único a lo que aspira es que no le echen de su trabajo de vendedora de bocadillos: no sabe que tiene super poderes: que puede ser lo que quiera: es gilipollas: espero, espero: aparece un viejo: con su esposa: no ve el periódico: sienta su culo sobre el periódico: maldita sea: veo a la chica de antes: con su novio: su novio está fuerte, maldita sea, menudos brazos tiene el cabrón: y menuda cara de anormal de campo profundo: ella le habla: leo sus labios o imagino lo que dice:

-…Y entonces se me acercó con la bragueta abierta diciendo que era Miguel Bosé.

Me escondo, de cuclillas, detrás de una papelera.

El desamor

Al principio estábamos enamorados, todo era maravilloso. Adultos sintiendo como adolescentes que se enamoraban por vez primera. Por fin, estar siempre con la misma persona tenía sentido. Los amigos, la familia me llamaba por teléfono: yo jamás respondía: apagaba el teléfono: que se murieran todos: estaba ocupado: mirándola fijamente a los ojos, abrazado a su cuerpo, sonriendo: sintiendo amor: creía que el amor no existía: pero aquí estaba ese veneno de serpiente, en mis venas: mordiéndome.

De pronto, una tarde, despierto: estamos en nuestra quinta tarde aburrida, viendo DVDS de mierda: acostados en el mismo sofá donde antes hacíamos el amor salvajemente. Miro de reojo la puerta, pienso qué me estoy perdiendo fuera, a qué tías buenas y maravillosas. Mi cuerpo, su cuerpo deja de ser el culmen del erotismo para convertirse en carne de charcutería. He engordado. Hacer el amor con ella deja de ser una necesidad vital: se convierte en algo ridículo, desesperante. Siento la necesidad de hacerlo únicamente porque antes lo hacíamos a todas horas, para que ella no me mire comprendiendo la verdad: que ya me da igual: para no decirle:

-Siento mucho haberte dejado de amar. De verdad que no te mentía cuando te lo dije.

Para estirar la mentira un poco más.

Antes me enseñaba las tetas y me excitaba:

Ahora sus dos tetas me excitan tanto como el culo calvo de mi jefe.

El amor es algo mágico que aparece por si sólo: desaparece cuando menos te lo esperas: maldita sea, no lo puedo capturar con los dedos: el amor es un capricho de la naturaleza: una broma de mal gusto del diablo. No debe de haber cosa peor que tener hijos, una hipoteca y de pronto mirar a tu mujer-esposo y descubrir que ya no lo amas.

Nuestra primera discusión fue por el aceite. Ella marchó a trabajar, yo quedé escribiendo y haciendo el almuerzo. Por la noche se enfadó: no quedaba aceite: me dijo que qué había hecho con el aceite, cómo se había gastado tan pronto. La mandé a la mierda:

-¡Yo qué sé que pasó con el aceite! ¡No sé cuanto había antes! ¡Yo sólo cocine! ¿Vale la pena enfadarse por el aceite? ¿por qué no celebramos que la vida es maravillosa y todo nos va bien! ¡A mi no me vengas con preocupaciones de subhumanos!

A la mañana siguiente bajé al supermercado y compré tres botellas de aceite: le dije que se las metiera por el chocho ese de gilipollas que tenía.

Nota.-Ilustración de robotv

He dejado a mi novia para siempre

La muy imbécil se metió con Michael Jackson. Le dije que a Michael Jackson ni tocarlo:

-Michael Jackson salvó mi infancia. Me refugiaba en su música, en sus videos cuando me sentía solo.

-Es un enfermo. Un pedófilo.

-Tan pedófilo como tú. Salió no culpable del juicio. Y el gobierno de California se gastó millones de dólares en encontrar pruebas. No encontraron ninguna.

-Bah. Es un pedófilo.

Me di cuenta que no podía seguir siendo novia de una mujer que pensaba que Michael Jackson era pedófilo sólo porque los medios de comunicación así se lo han hecho creer. Me levanté de la cama: le dije que nunca más le iba a comer el coño.

-Tampoco es para ponerse así –me dijo.

Y una mierda. Me puse a recoger mis cosas, hice la maleta, me fui de su casa, para siempre. Anduve por las calles de la capital de Valencia con la maleta de un lado para otro. Me gasté todo el dinero que me quedaba de mi sueldo en el pasaje de vuelta a Madrid en tren. No tenía dinero para una habitación en una pensión.

Aitana nunca me entendió. Yo tengo planes. Formas de entender la vida: rutinas que no tiene ella. Por ejemplo, con el papel higiénico. Cuando salgo del baño, tras cagar, me lo meto por el culo y me siento, con el papel en el agujero del culo, frente al ordenador, a escribir. O me pongo a leer un libro. Así ahorro el tiempo y el embrollo de frotar. Al rato me saco el papel con todo el trabajo hecho: el agujero del culo queda limpio sin necesidad de frotar, gracias a la presión.

Le pedí, como prueba de amor, que me dejara limpiar su culo cuando cagara y ella el mío. Pero me dijo que no.

-Si no aceptas la mierda de tu pareja, como algo natural, es que no hay amor –le dije.

Así que me fui a la casa de una lectora. No la había ido a ver antes porque se presentaba al concurso de “20 blogs” del que soy miembro del jurado hasta que me echen mañana por escribir esto. Entré en su casa, vivía sola. Tras un rato de conversación me dijo que me la chupaba si le hacía ganar en la categoría de mejor blog personal.

Le mentí, le dije que de acuerdo, pero que además de la mamada tenía que hacerme un bocadillo de salchichón. La muy puta, además de fea, la chupaba como si le fuera la vida en ello.

-Quiero ganar, quiero ganar –me dijo, al rato, con la boca llena de semen.

Luego vinieron unas amigas suyas y las grabé:

Los 3 puntos G

Llevamos 3 días encerrados en casa, desnudos, drogados y borrachos esperando que el puto mundo desaparezca y seamos nosotros dos los encargados de empezar una nueva civilización. La única oportunidad que tiene el mundo es que todos vosotros os peguéis un tiro en la cabeza y nos dejéis empezar a nosotros de nuevo las cosas. Follar, tener un hijo y llamarlo Alejandro Magno.

Llevamos 3 días encerrados en esta casa follando y sin bañarnos: el sofá de la salita está lleno de semen. Yo sólo bebo sus flujos vaginales y vino. Hablo con su madre por teléfono, mientras mi novia vomita en el baño: marco el número de teléfono de la madre y digo:

-Quiero mucho a su hija.

Y luego cuelgo el teléfono.

Llevamos tres días aquí encerrados sin importarnos nada, tres días encerrados en esta casa escupiéndole a la cara y agarrándole, tirándole del pelo de la cabeza, pegándole bofetones mientras me corro dentro de su coño. Yo no se si esto es amor o me esta sacando fuera el diablo que llevo dentro. O ella es el diablo y quiere que haga actos que me condenen.

-¿Por qué me quieres tanto? –pregunta.

-Porque cumples las tres G. Eres guapa, guay y guarra.

Nota.-Fotos sacadas de una web sólo para adultos.

El azúcar de las frutas

Estoy en la cama con mi novia, desnudos. Son las 3.30 de la madrugada. Nuestros cuerpos tiemblan al borde del infarto: hemos fumado demasiada droga: vamos a morir.

-Necesitamos fruta –dice- mi hermana dice que cuando se tiene una sobredosis hace falta el azúcar de las frutas.

Corro, desnudo, con pelos de loco, hasta la cocina. Encuentro kiwis en una cesta. Trato de pelarlos. No puedo. Me tiembla demasiado la mano. Abro el armario. Saco un sobre de azúcar. Corro hasta su cama. Ella está durmiendo. O quizá muerta. Abro el sobre y su boca. Se lo vacío dentro. Despierta, enfadada, sobresaltada.

-No te puedes dormir –le explico- si te duermes morirás.

-¿Por qué?

-No sé. Sale en las películas.

-Tengo sueño. Mucho sueño.

-Hablemos.

-¿Sobre qué?

-No sé. Te contaré un cuento –le digo.

-Vale.

-Tú y yo nos casamos y vivimos felices en una gran selva verde. En la selva los leones trabajan para nosotros cazando carne y empaquetándola. Luego, los buitres la transportan a las grandes ciudades y los cuervos son nuestros contables. De vez en cuando, la selva se convierte en un barco y viajamos por los océanos.

-¿Y por qué viajamos si somos felices donde estamos?

Quedo callado, pensando. Ella me abraza, cierra los ojos y acuesta su cabeza sobre mi pecho. Duerme. Va a morir. Decido cerrar los ojos yo también. Morir, abrazado a ella. Es mi fin. Encuentro a la chica perfecta y muero.

-Ya no me queda nada por vivir –pienso- Todo lo que descubro es una mierda. Mejor morir antes de que esta relación también se convirtiera en una mierda. Mejor morir pensando la mentira de que iba a ser feliz y no un infeliz eterno.

Sin embargo, a la mañana siguiente, despierto. Ella también está despierta, mirándome.

-¿Qué haces?

-Esperando.

-¿El qué?

-Me he tomado unas pastillas para cagar.

Mi novia es una estreñida. Toma medicamentos para poder cagar. Está toda buena, pero no caga bien. Debe de ser muy jodido tener que tomar pastillas para poder cagar.

Yo, en cambio, tengo una facilidad inaudita para tirarme pedos. Podría estar todo un día tirándome pedos. Mis pedos no suelen oler. No me atrevo, aun, a tirarme pedos delante de ella. Me los tiro en el baño. Seguro que me ha oído. Tengo que expulsar los pedos o moriré. Un médico me lo dijo una vez.