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Yo amo Madrid

Lo que más me gusta de Madrid es que no tengo que lavarme cada día. En Madrid voy abrigado con enormes y pesados abrigos que evitan salga mi apestoso olor corporal si mantengo la cremallera bien cerrada.

También ahorro colonia. Me echo colonia sobre el abrigo el lunes y el olor dura hasta el fin de semana: cuando me quito el abrigo y me ducho.

En Madrid, todos los semi mil euristas nos hemos acostumbrado a vivir en agujeros o compartiendo piso con desconocidos que nos dan asco y sobre los que, en algún momento de la vida, fantaseamos matar, trocear y deshacernos de sus restos tirándolos en un container de basura sin que la policía nos sorprenda.

Madrid es una ciudad con muchos fachas. Pero por fortuna el 90% de los fachas superan los 50 años de edad. En 30 años estarán casi todos muertos. Y, entonces, Madrid será una gran ciudad, estoy seguro. Porque la juventud no es facha. Sólo un poco imbécil. Pero sana. Se drogan sólo un poco. Porque la vida que les ofrecen no vale nada, es absurda e inservible.

Madrid tiene un Ayuntamiento que gasta impresionantes sumas de dinero en campañas publicitarias inservibles e imbéciles. Hacen anuncios de televisión totalmente primitivos y tercermundistas. No sé si han visto el de “enforma”: una mujer con cara de teletuby que corre por las calles y mercados de Madrid: la gente, cuando la ve, se pone a hacer pesas con verduras, periódicos y bolsas del mercado como si fueran zombies felices. El anuncio está filmado por un director con tanto oficio como el de un fontanero que se ha encontrado una cámara de video y decide hacer una super producción en un fin de semana. A saber cuanto dinero de nuestros impuestos se han gastado en semejante adefesio. Todo el mundo que haya trabajado en esa campaña publicitaria debería de estar en la cárcel por malversación de fondos.

Lo que más gracia me hace de Madrid es el oso (osa) del madroño. Miles de turistas se sacan fotos debajo de ese símbolo, orgullosos. Posan como si dijeran:

-He llegado hasta aquí.

Ininterrumpidamente, los turistas, se sacan fotos debajo del oso como si fuera la Estatua de la Libertad, la torre Eiffel. Pero el oso del madroño es una mierda: pequeñito, feo, cero arte, qué símbolo más feo. El alcalde de Madrid debería de rediseñarlo pensando en el turismo: hacerlo más grande. Un gran oso de 100 metros de altura. O, como mínimo, mecanizarlo: que echara humo rojo por la boca y saludara a los turistas con la mano.

… pero no quiero que piensen que no me gusta Madrid. Amo Madrid. Me encanta. No me quiero ir nunca de aquí. Tiene algo mágico, en el aire, en las calles, en las gentes, que me apasiona.

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