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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

Archivo de febrero, 2007

Yo amo Madrid

Lo que más me gusta de Madrid es que no tengo que lavarme cada día. En Madrid voy abrigado con enormes y pesados abrigos que evitan salga mi apestoso olor corporal si mantengo la cremallera bien cerrada.

También ahorro colonia. Me echo colonia sobre el abrigo el lunes y el olor dura hasta el fin de semana: cuando me quito el abrigo y me ducho.

En Madrid, todos los semi mil euristas nos hemos acostumbrado a vivir en agujeros o compartiendo piso con desconocidos que nos dan asco y sobre los que, en algún momento de la vida, fantaseamos matar, trocear y deshacernos de sus restos tirándolos en un container de basura sin que la policía nos sorprenda.

Madrid es una ciudad con muchos fachas. Pero por fortuna el 90% de los fachas superan los 50 años de edad. En 30 años estarán casi todos muertos. Y, entonces, Madrid será una gran ciudad, estoy seguro. Porque la juventud no es facha. Sólo un poco imbécil. Pero sana. Se drogan sólo un poco. Porque la vida que les ofrecen no vale nada, es absurda e inservible.

Madrid tiene un Ayuntamiento que gasta impresionantes sumas de dinero en campañas publicitarias inservibles e imbéciles. Hacen anuncios de televisión totalmente primitivos y tercermundistas. No sé si han visto el de “enforma”: una mujer con cara de teletuby que corre por las calles y mercados de Madrid: la gente, cuando la ve, se pone a hacer pesas con verduras, periódicos y bolsas del mercado como si fueran zombies felices. El anuncio está filmado por un director con tanto oficio como el de un fontanero que se ha encontrado una cámara de video y decide hacer una super producción en un fin de semana. A saber cuanto dinero de nuestros impuestos se han gastado en semejante adefesio. Todo el mundo que haya trabajado en esa campaña publicitaria debería de estar en la cárcel por malversación de fondos.

Lo que más gracia me hace de Madrid es el oso (osa) del madroño. Miles de turistas se sacan fotos debajo de ese símbolo, orgullosos. Posan como si dijeran:

-He llegado hasta aquí.

Ininterrumpidamente, los turistas, se sacan fotos debajo del oso como si fuera la Estatua de la Libertad, la torre Eiffel. Pero el oso del madroño es una mierda: pequeñito, feo, cero arte, qué símbolo más feo. El alcalde de Madrid debería de rediseñarlo pensando en el turismo: hacerlo más grande. Un gran oso de 100 metros de altura. O, como mínimo, mecanizarlo: que echara humo rojo por la boca y saludara a los turistas con la mano.

… pero no quiero que piensen que no me gusta Madrid. Amo Madrid. Me encanta. No me quiero ir nunca de aquí. Tiene algo mágico, en el aire, en las calles, en las gentes, que me apasiona.

¿Quién eres tú? Soy tu puta

Primero le dije que:

-Aunque esté todo el rato diciendo te quiero y te amo, no es verdad. Nos conocemos desde hace tres días. Es imposible que sintamos ya el cariño y el amor que sienten las parejas que llevan mucho tiempo juntos y que les empuja a cuidarse. Contigo sólo siento interés: interés por estar a tu lado por siempre: me tienes permanentemente en fantasilandia. Ese lugar donde se cree que lo mejor que nos puede pasar es estar siempre juntos. Separarme de ti es algo muy nazi. Estar sin ti es como estar en un campo de concentración, siendo torturado por nazis que me arrancan la piel, buscando mi grasa, para hacer jabones. Me separo de ti y me duele el pecho.

Tras decirle el rollo ese, se la metí. Ella estaba debajo de mí, desnuda. Mientras se la metía una y otra vez buscando el ritmo adecuado, no paraba de recordar lo que ella me había dicho antes:

-La mejor vez que me follaron fue uno que consiguió darme 4 orgasmos en la misma noche.

¿Por qué diablos se lo pregunté? Antes, si una chica me decía eso me dejaba de gustar. Antes, si sabía que la tía había estado con muchos tíos o que le habían metido un puño por el coño o que había hecho un trío me daba asco: me la follaba, sí, pero por nada del mundo me imaginaba siendo novio de una tía así: le echaba mi semen dentro como el que escupe un gapo verde. Me daba asco esa mujer, era una putilla, una perra. Me imaginaba que si me casaba con ella el tipo que le había metido el puño se reiría de mí con sus amigos. Me la imaginaba vestida de blanco, yo de negro y siete tíos señalándome con el dedo, diciendo:

-¡Estás haciendo el ridículo! ¡A tu mujer le metí un puño por el chocho en el año 2005 y se corrió de gusto!

Ya no pienso estas cosas. Ahora me alegro que mi novia haya tenido una vida sexual rica y abundante. Pienso que gracias todas esas experiencias, gracias a todos los desengaños, gracias a todos los orgasmos que ha tenido, ha llegado hasta mí de la forma en que se me presenta: perfecta, liberada, sabia. Para mí su vida sexual pasada no existe: ¿Dónde está? No está registrada en ningún lugar, nadie la grabó con una cámara de fotos digital: todos sus orgasmos pasados no son más que un chiste, un cuento que cuesta recordar porque es aire. Algo abstracto que existió un segundo y que luego desapareció, se desvaneció. Si un día veo al chico que le metió el puño por el coño le sentiré como un hermano: pero, por supuesto, no lo abrazaré porque él no será más que un cromañón que no entenderá nada de esto.

El primer orgasmo le llegó sobre su sofá rojo. Yo aun no me había corrido, así que traté de aprovechar y buscar el segundo.

-Levántate –le dije.

-¿A dónde vamos? ¿A la cama?

La empujé contra la pared blanca del salón. Le abrí las piernas y se la metí por la vagina, desde atrás. Ella se apoyaba contra la pared, jadeando de placer. Yo me miraba en el reflejo del mueble donde guarda las copas de vino. Me veía metiéndosela, mientras escuchaba la música estereo que son sus gemidos: gritaba como si estuviera en el cielo: y eso me la ponía aun más dura. Recordé aquel chico que no se la pudo follar porque le dio un gatillazo y que, para colmo, se puso a llorar luego, avergonzado. Le compadecí. Aquello era mucha mujer. Sólo un hombre de verdad, con mucho valor podía enfrentarse a ella, tener valor para metérsela. Le tiré del pelo con fuerza, agarré su cabello y la hice mirar al techo.

-¿Te duele?

-Sí

-¿Te gusta?

-Sí.

Se la empecé a meter con fuerza, sin tacto. Mi polla estaba durísima. Al poco, ella se corrió, entre gritos, por segunda vez. Yo no. Quizá era por el porro que nos habíamos fumado poco antes. O por las botellas de vino rosado. No conseguía eyacular. Pero daba igual: follar con ella, frotarme con ella, me daba más gusto que correrme.

La tiré al suelo, la acosté sobre el frió suelo, la abrí de patas: antes que pudiera replicar se la había metido: ella tiene unas tetas muy grandes y yo se la agarraba, se las apretaba mientras me la follaba, también le daba golpes en el culo con la mano. Allí conseguí arrancarle el tercer orgasmo y correrme dentro de ella. Pero sentí vergüenza. Sólo se había corrido 3 veces. Tenía que llegar a 4, al menos.

-Ha sido el mejor polvo de mi vida –me dijo.

Que me dijera eso me llenó de confianza. La acosté sobre el sillón y le comí el coño. Como estaba un poco fumado se lo mordí con fuerza, pero le gustó.

-Me has despertado el coño –dijo.

Besé todos sus labios vaginales y los saboree. La verdad es que sus flujos estaban ricos. También había algo de semen de un servidor. Le escupí sobre su clítoris y pase mi lengua por allí, una y otra vez. Fue su cuarto orgasmo.

-Quiero que me grabes –dijo entonces.

Eso me la puso tiesa de nuevo. Por la mañana habíamos tenido una discusión porque yo había querido grabar cómo me la chupaba y ella se había negado. Ella cree que la quiero grabar para poner sus videos en Internet. Yo me enfadé y le dije que por qué me había dejado grabarla el segundo día que nos habíamos conocido y ahora no, que si se estaba convirtiendo en una señorita de pronto, si sólo se dejaba grabar por desconocidos. Ella me gritó: me dijo que si sólo se me levantaba si la grababa y yo le dije que estaba claro que ella no confiaba en mí en absoluto y que pensaba que yo era un desequilibrado, un psicópata.

Ahora ella me lo pedía, y eso me puso contentísimo. Ella confiaba en mí, ya no pensaba que era cabrón enfermo. Encendí la cámara y me la comenzó a chupar. Tomé unos planos bien cercanos de ella chupándomela hasta que, de pronto, me sentí sucio, un psicópata, un cabrón por estarla grabando: decidí apagar la cámara para disfrutar mejor de su cuerpo. Me puse de nuevo sobre ella y se la metí. Mientras me la follaba no nos dejábamos de besar, como animales desesperados: como si nos fuera a faltar el aire si no nos besábamos. Le agarré el cabello de nuevo, como haciendo una coleta y le gritaba:

-¿Quién es el que mejor te ha follado?

-Tú -Gritaba ella.

-¿Quién?

-Tú.

-¿Y tú que eres?

-Soy tu puta.

-¿El qué?

-¡Tu puta!

-No te oigo ¡Mírame a los ojos!

-¡Soy tu puta!

Se corrió de nuevo y confundí sus risas, con sus lloros. Era el quinto orgasmo. Dejé de sentirme inferior. Su vagina estaba tan abierta que le metí un dedo, dos, tres, cuatro y por fin el puño: utilizando el puño conseguí el sexto orgasmo.

-Nena –le dije- esto no ha hecho más que empezar. Sólo estoy al 3% de mi capacidad. Llevaba mucho tiempo sin que nadie me consiguiera sacar el animal sexual que hay dentro de mí. Más que nada me resistía sacarlo porque siempre que lo saco las chicas se enamoran de mí y eso es un claro problema.

-Por la mañana me dijiste que te sentías inferior a mí. Estabas muy tímido –me dijo- en cambio, ahora…

-Sí. Porque me gustas mucho, me pareces mucho para mí. Por eso ahora te he follado como si fueras una puta, sin respeto. Para quitarme el complejo de inferioridad que me produces.

-En la cama –me dijo-. Puedes humillarme lo que quieras, porque me gusta. Pero Rafa: no lo hagas jamás fuera.

-No lo haré nunca. De todas formas sigo sintiéndome inferior a ti. Porque me tienes bajo tu poder. Si me dejas, muero.

Nos hemos casado en la playa

Ella y yo fuimos hasta el mar de su playa favorita. Con los pies descalzos, agarrados de la mano, caminamos sobre la arena hasta la orilla. En nuestra mano, llevábamos una flor que ambos habíamos elegido: una flor del jardín de su abuela.

Llegamos a un lugar de la playa donde no había nadie.

La abracé, le dije:

-¿Quieres casarte conmigo, Aitana?

-Sí.

Callamos. Le avisé que ahora me lo tenía que pedir ella. Asintió.

-¿Quieres casarte conmigo, Rafa?

-Sí.

Y tiramos la flor al mar, muy lejos.

-El que quiera divorciarse –dijo ella- ha de recuperar esa flor. Si no, hasta ese momento, no nos podremos separar.

-De acuerdo –contesté.

Me arrodillé ante ella y saqué, del paquetito, el anillo. Un anillo vibrador de esos que se ponen en el pene.

Se lo puse primero en un dedo

Y más tarde, en casa, se lo metí por el coño.

Apasionantes aventuras en el tren

Camino, rumbo al vagón cafetería. El tren se mueve mucho, es imposible andar recto. Llego. Suena mi teléfono: es mi novia (ahora tengo novia). Abro el teléfono, voy a responder. Justo en ese momento el camarero me pregunta qué quiero: estoy contestando a ambos: a mi novia por teléfono y al camarero. Pero el tren me hace abalanzarme, de manera violenta, hacia un hombre que estaba de espaldas a mí comiendo un pincho de tortilla tranquilamente: le abrazo (para no tirarle, caerme al suelo) diciéndole al oído:

-Amor, un zumo de naranja.

El hombre me mira asustado. Me disculpo.

Regreso a mi vagón con mi botella de zumo de naranja. La tía buena oficial de mi vagón me mira de arriba abajo y a los ojos. Antes, ni me miró. Ahora está aburrida (llevamos dos horas de viaje) y quiere ver si me la quiero follar (por eso me mira a los ojos) y qué polvo tengo. No es que quiera que follemos. Sólo quiere saber si la deseo: sólo quiere saber cuanto poder tiene. Me sonríe. Yo no. Me siento en mi sillón, me pongo los auriculares y me concentro en la película que echan. Ahora tengo novia, soy un estúpido y quiero ser fiel.

Siempre que me enamoro, es de verdad

-¿Por qué me grabas? –dice mientras apunto con mi cámara de fotos digital su coño: me la estoy follando y no tengo ganas de hablar.

-Me excita –logro decir, articular palabra.

Se la estoy metiendo a una tía 10. En mi vida, he tenido la gran suerte de follar a más de 500 mujeres. Y eso que tengo cara de gilipollas y voz de maricona. Sin embargo, Dios es mi chulo putas y siempre se ha portado muy bien concediéndome milagros inexplicables: nublando la mente a estúpidas que me he follado por el culo. Pero hasta hoy, hasta este momento, no he sentido que he follado con una mujer de verdad. Sólo he follado con pingüinos: con mujeres ridículas.

Hoy me estoy follando a la gran hija de puta de mi vida. Jamás vi culo, tetas y personalidad igual.

-Pues me han dejado muchos chicos –me dice.

-Te han dejado “perdedores”. Desgraciados programados para “auto sabotearse” de por vida. Gilipollas que se cierran a si mismo las puertas del paraíso. Subhumanos que no quieren evolucionar sino, restregarse de por vida entre la mierda.

-¿No te excito si no me grabas? –pregunta.

-Sí.

Si no tuviera la polla dura, la mente inútil, le diría que la grabo porque una grabación digital es para siempre: es un contrato moral de por vida: ella me parece un milagro: cuando me vaya de su cama voy a ver ese video 1784 veces: porque si se deja grabar me está demostrando que se fía de mi muchísimo (y eso me excita muchísimo). Una super mujer se me entrega y yo jamás he tenido la polla tan larga. Me corro dentro de ella sin preservativo, sin pastillas. No habría nada que me diera más felicidad que tener un hijo de ella. Por eso olí su camisa, sus bragas, con cariño, cuando se las quitó.

-Amor –suspira cuando me corro dentro de ella.

Y soy feliz.

Hombres enamorados

El chico no sabía que, en aquella discoteca, su novia le espiaba. Así que trató de besar a una gorda. La gorda le dijo que no. En venganza, su novia vino a mí. Me besó, delante de él. El chico quería matarme, pero sus amigos le agarraron. Su novia y yo salimos de la discoteca, fuimos hasta mi casa. Su novio nos siguió. Nos lo encontramos frente al portal. El chico no me atacó. Quedó inmóvil y, de rodillas sobre la acera, comenzó a gritar al cielo oscuro, a la luna. No gritaba palabras. Sólo una letra. A. Una y otra vez. Quedé mirándole, pensando que presenciaba una dramática obra de arte. Emocionado, se me pusieron los pelos de punta. Sin embargo, me llevé a su novia a la cama. Uno aprecia el arte, pero no es imbécil.

En otra ocasión, estaba en la disco con una chica que era pretendida desde hacía años, por otro chico. Ella era mi novia y yo, aquella noche, me sentía triste: mi cara así lo reflejaba. Cuando me fui a la barra, a pedir una copa, el chico se me acercó. Me dijo:

-¿Por qué diablos crees que tienes derecho a estar triste?

No contesté. Los hombres me suelen dar asco. Me parecen cromañones sin sentimientos, guarros, egoístas y sin cerebro. Pero cuando los veo derrotados, enamorados, me parece que, en la Tierra, no se puede hallar mayor poesía.

El día H es el día que los astros se han conjugado para que ella se abra de piernas contigo

Estoy comiendo en el bar de poeta misterioso…

…veo, a través del escaparate, un coche aparcando: al conductor le cuesta, horrores, aparcar: decido esperar a que salga del coche para dedicarle una sonrisa burlona que diga:

-He presenciado lo mal que aparcas. Das risa.

Pero me fijo en el conductor: es una mujer: bellísima: alta: de no mas de 27 años: me la imagino a cuatro patas: me enamoro de ella: la chica sale del coche: con decisión: viste ropa de sport: no es una pija de mierda: abre el portabultos, saca unas pinturas, unos lienzos: se da cuenta de que la estoy mirando fijamente: sonrío, entrañablemente, para no parecerle lo que soy: un obseso sexual que está imaginando que se la está metiendo por el culo: gracias a Dios, me devuelve la sonrisa: pero no es una sonrisa entrañable, sino pícara: es mi oportunidad: quizá ella esté en el día H: le pido, a través de la cristalera del

bar, que me enseñe el lienzo: ha pintado un dibujo: menuda mierda: pongo cara de que me gusta mucho su pintura: salgo del local: hace tiempo que aprendí que, para ligar con una chica, no hay trucos ni métodos: sólo momentos: una chica te puede decir que no mil veces: pero si se lo preguntas el día H, ese día te dice que sí: y te la follas: el día H es el día que los astros se han conjugado para que ella se abra de piernas contigo o con cualquiera que le entre suave pero con seguridad y sin malos rollos: mientras me acerco a ella, rezo porque hoy sea su día H: le digo:

-¿Lo has dibujado tú?

-Sí –contesta coqueta.

-Es genial.

-Aun no está terminado –observa.

Soy crítico de arte en “20 minutos” ¿Vives por aquí?

-Sí.

-Si un día te apetece vente a este bar. Yo estoy siempre aquí. Te invito a lo que quieras y charlamos un poco.

-Vale.

Doy media vuelta: decido no ocupar su tiempo más: regreso al bar: la vuelvo a mirar a través de la cristalera: ella me sigue mirando: sonriendo: tiene mirada de estar en el día H: quizá debería de salir: pero me quedo dentro del bar como un niño bueno: temo quedar como un pesado baboso si vuelvo a salir: temo muchísimo que una chica piense eso de mi: ella sigue su camino: se va a su casa: vuelve a girar la cabeza: me sonríe mimosa: la tengo en el bote: ya la veo a cuatro patas sobre mi cama: eso sí que es una pintura colosal.

Escribo una nota que dice “te quiero”, quito una rosa seca de un florero del bar: salgo del local: se la dejo, atrapada, en el parabrisas de su coche:

Quedo esperando, al otro lado de la cristalera, que la chica regrese a su coche. La gente que pasa por la calle, que sale del local, queda mirando la nota:

Por la noche sigo esperando…

…en el descanso del Real Madrid-Bayer de Munich, vuelvo a ver a la chica. Está paseando a su perro. Y a su novio. Pasan al lado del coche. El novio ve la nota. Se enfada, le pide explicaciones: la chica dice que no sabe de quien es, que quién la puso allí.

Maldita sea: hoy no es el día H: desaparezco: me escondo, cobarde, en el baño del local: pienso en qué le diré a su novio si me pide explicaciones:

-Yo sólo quería follarla. Como tú.

El poeta misterioso: poema para Elena.

Me llegó una factura bestial de Vodafone Internet de 248 euros. Ahora, escribo cada día desde el bar del poeta misterioso, que tiene wifi, mientras bebo vino y observo a la gente.

Alguno de ustedes me habéis escrito preguntándome qué escribe el poeta misterioso. Anoche le convencí para que os recitara un poema. A ver si os gusta el montaje que os he preparado con el window movie maker:

El eZcritor enamorado: los lugares a los que la gente dice que no se puede llegar son los mejores lugares: pues, en ellos, no hay nadie mas.

Yo no quiero que este amor que ahora siento sea una mala gripe. Una enfermedad de mierda que se cure a los 4 días. Yo quiero que nuestro amor sea un sida: una enfermedad incurable con la que debamos de cargar el resto de nuestros días. Los dos estamos enfermos de este amor que se llama sida. Y que éticamente, sólo podamos acostarnos juntos.

Amor, chupa la polla a tu enamorado sidoso.

Este amor que me das, me hace caminar sobre las nubes. Y la gente, yo mismo, decía que era imposible. No quiero volver a bajar al infierno de los mortales: donde no se enamora nadie, donde el amor es una disculpa para ayudar a pagar la hipoteca. Donde el amor es tener malos modales. Una broma de mal gusto. Un comportamiento políticamente correcto.

Te escribo desde un bar. Ha llegado un hombre con corbata:

Ha pedido, al camarero misterioso, un filete con patatas. Estoy seguro que ese hombre con corbata no sabe nada de nuestro amor. Estoy seguro que ese hombre no sabe de qué se trata este amor. Tu amor me ha subido hasta el país de las maravillas, justo al lugar donde la gente dice que no se puede llegar. Amor, es el mejor lugar. Porque en ese lugar no hay nadie más que nosotros dos.

Masturbándome con una pechuga de pollo

Fui al frigorífico del supermercado: compré una pechuga de pollo empaquetada: regresé a casa: la saqué del paquete: me saqué la polla: rodee mi polla con la pechuga de pollo: estaba fría: me masturbé: tras eyacular me di cuenta de la locura que había hecho.

..allí estas tú, tendida sobre la cama: con mi semen dentro de tu vagina: chorreando semen de tu vagina: la pechuga de pollo eres tú, el desequilibrado soy yo. El semen que te sale de tu vagina es mío: lo veo y me entran ganas de vomitar ¿Por qué diablos tenía tantas ganas de follarte? ¿Dónde están las ganas ahora? ¿A dónde se ha ido todo el deseo que sentía? Quiero que salgas de mi apartamento, que te vayas para siempre: no quiero volverte a ver. Quiero borrarte de mi memoria: eres una vergüenza más en la lista de chicas a las que me he follado: una vez más he podido contraer una enfermedad mortal, una vez más arriesgué mi vida por un polvo que me llena de asco: vete guarra: te has follado a un guarro: en este momento hemos perdido todo el fin de semana.