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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

ETA, IBERIA y mi cabeza de paranoico.

Aeropuerto de Gran Canaria. Regreso a Madrid tras 4 días en Fuerteventura. Tengo que escribir un post para “20 minutos”. Es mi trabajo. Tengo que pensar. Quiero escribir algo bueno y elegante. Algo que la gente lo lea y diga:

-¡Joder, cómo escribe el Rafa! ¡Qué envidia!

Veo una tienda de deporte: noto que la inspiración me llega: me siento frente al local, saco una foto:

Me fijo, sobre todo, en la gran cantidad de balones que hay en una gran cesta, presidiendo la entrada:

Pienso, anoto mentalmente: se me ocurre una frase bestial: la escribiré luego en el post: no puedo olvidarla: la memorizo:

-“Con el excedente de esta sociedad de consumo se podría fabricar un mundo donde nadie muriera de hambre”

Sonrío ¡Gran frase! ¡La gente la leerá en mi blog y flipará! Dirá:

-¡Oh! ¡Este Rafa! ¡Qué gran corazón tiene! ¡Qué grandes frases escribe! ¡Ni Oscar Wilde tiene sentencias tan sublimes y agudas! ¡El Premio Nobel de la Paz para Rafael Fernández!

La dependienta de la tienda de deporte sale del local: tiene un cigarro en la mano: se me aproxima: tiene cara asustada:

-¿Por qué has sacado una foto a la tienda?

-Por nada. Nada malo.

-¿Es qué no me van a renovar? ¿Eres hermano del jefe? ¿Te dijo que vinieras a espiarme? ¡Ahora no hay nadie en la tienda! ¡No hay nadie en todo el aeropuerto! ¡Y ya he limpiado la tienda! ¡La he limpiado 7 veces! ¿Qué queréis? ¿Es qué no me puedo sentar ni un minuto a descansar? ¡Nadie podía verme fumando este cigarrillo! ¡Estaba en el almacén, escondida! ¡No me había sentado en toda la tarde! ¡Y vienes tú, me sacas una foto y ahora quedo como una vaga!

-Oye… que no… que te aseguro que no soy hermano del jefe… sólo saqué una foto porque soy un turista.

-¿Un turista?

-Si… soy bastante extraño… soy un turista al que le gusta sacar fotos a balones.

La chica me mira, bizqueando: me da la espalda, como la que perdona un sopapo, regresa a la tienda: se sienta tras el mostrador, me mira. Yo me levanto, me voy: de pronto, tengo miedo de que llame a la policía: de que me encarcelen por sacar fotos sin permiso.

Subo al avión. Tengo miedo. Voy a Barajas. Paranoico, no paro de pensar una y otra vez en lo mismo:

Es una desgracia que la tregua con ETA haya acabado. Todo el mundo habla de fracaso. Es un fracaso, es una desgracia por las vidas que se perdieron en Barajas (a pesar de que ETA llamó dos veces para avisar de que habían puesto una bomba). Pero yo firmaría para que Zapatero consiguiera una nueva tregua, aunque dentro de otros 9 meses resulte un fracaso. No me gritéis. Me gusta salir a la calle sin saber que a mi o a los hijos de un amigo, o al amigo de un inmigrante que va a buscar a la novia de un primo, nos puede tocar la macabra lotería explosiva de ETA. No se puede acabar con ETA porque ellos mismos están divididos. No se puede acabar con ETA, utilizando el diálogo, porque quien mata no razona. Quien piensa que matar es lo correcto, que es necesario, está loco. Llámese ETA, Bush, Blair, Aznar o Sadam Hussein. Yo prefiero creerme ese cuento infantil que se llama tregua. Es lo más cercano al cielo que podemos estar. El mundo está dirigido por locos, por asesinos. Si el mundo fuera un lugar justo, ahora mismo la ONU estaría ocupando E.E.U.U para derrocar ese gobierno culpable de tantas injusticias y crímenes. Como dijo Saramago, la paz entre humanos es imposible, porque nunca, a lo largo de toda la historia de la humanidad, la paz ha sido posible entre nosotros. Que ETA diga que hay tregua: que mientras tanto se rearmen, que mientras tanto, el gobierno los detenga: pero que haya tregua: que podamos salir a la calle con tranquilidad otros 9 meses.

En IBERIA ya no se sirve comida. Ahora las azafatas pasan y te dicen:

-¿Deseas comprar algo?

Ojeo el menú. Un bocadillo de jamón serrano cuesta 6 euros. Me cruje el estómago pero es demasiado dinero. Ya comeré cuando llegue a casa. No sé cómo la gente no se rebela ante estos precios, cómo el gobierno no dice que cobrar 6 euros por un bocadillo es un abuso. El avión se divide entre pasajeros que pueden permitirse el lujo de pagar por comida (y se convierten en la aristocracia del avión) y los que no podemos pagar (y nos convertimos en los aguafiestas del avión, en los avaros o en los pordioseros). Para colmo, mi compañero de asiento (un enano con gafitas) se pide un sandwichs especial, una coca cola último modelo y un chocolatín: 17 euros.

Me cago en la puta mierda. Y delante de mi, hay una cabeza de una mujer: sólo le veo la coronilla: pero sé reconocer a una tía buena sólo viéndole la coronilla: me gustaría follarme a esa mujer: aunque fuera, me gustaría meter mi mano entre el asiento y la pared y tocarle una teta: a lo mejor no se da cuenta, pues está dormida: pero quizá su marido o novio (una cabeza media calva, que está a su izquierda) sí que se daría cuenta:

-Oiga, usted –me diría- está tocándole la teta a mi mujer mientras duerme.

-¿Y a usted que le importa? ¿Acaso estoy haciendo daño a alguien?

Para joder al aristócrata come sándwiches especiales, le digo que se levante, que necesito ir al baño urgentemente:

-No le pediría que se levantara si no fuera una emergencia –le miento mientras él hace equilibrio con todos los alimentos que ha comprado a 4 veces su precio normal.

Y, una vez en el baño, desato mi ira:

Llego a Madrid, llego a la T4. Frente a donde tomo el autobús está la gran obra de arte de ETA. Un espectáculo de locura bestial. Impresionante.

Estas fotos no las saqué yo. Por primera vez en mi vida se me heló la sangre y me olvidé que trabajo como bloguer para “20 minutos”. 200 kilos de explosivos. 200 kilos de locura. En Madrid.

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