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Saramago y el Apocalipsis.

A, ese hombre, le dijeron que, cerca, hay una tienda de disfraces: el hombre camina mirando a todos los lados: trata de encontrarla: ve un letrero, en el primer piso de un edificio:

Cruza, pero no le hace falta subir al primer piso:

Porque, justo en esa calle, hay otra tienda de disfraces: y en el escaparate, el disfraz que necesita: el de Papa Noel:

Entra en la tienda, compra el disfraz: lo empaquetan y meten en una bolsa y, cuando el hombre ya se iba, aparece el dueño de la tienda de disfraces del primer piso: lo mira con rabia: se dirige, gritando, al dependiente que acaba de vender el traje de Papa Noel:

-¡Era mi cliente! ¡Estoy harto de que me quites clientes! ¡De hacerte publicidad gratuita con mis carteles! ¡Dame ese dinero!

El dueño de la tienda de disfraces del primer piso se tira sobre el dependiente de la tienda de disfraces de la calle: se pegan puñetazos: el cliente sale corriendo de la tienda agarrando el disfraz de Papa Noel: no detiene su caminar hasta que llega a su casa. Por el camino piensa que:

-Hay personas que nacen en el Apocalipsis, viven toda su vida en él y no tienen ninguna esperanza.

Y, cuando esa noche, ese hombre disfrazado de Papa Noel, entrega a su hijo los regalos, piensa que la navidad es una burbuja consumista que nos aísla del Apocalipsis: que ojalá no hubiera Navidad o no existiera el dinero que ha vuelto loco y deshumanizado aun más al hombre. Porque imaginar al hombre como un ser pacífico es completamente imposible. La paz nunca ha permanecido entre los hombres. Sobre todo, cuando hay dinero de por medio. El dinero es lo que termina, siempre, por desequilibrarnos.

Nota.-Relato hecho a partir de las recientes declaraciones de Saramago.

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