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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

Pablo Neruda y nosotros: sólo somos dos corazones, X e Y, y un montón de sentimientos. Un montón.

Yo no fumo. Ella sí. Me dice que nunca más nos volveremos a ver.

-A mi novio le quiero, y tú eres mi puto problema.

Mientras se viste, tomo sus cajas de cigarrillos de repuesto, las que deja siempre en mi habitación: las meto dentro de su bolso.

-No -habla- déjalas aquí.

-No las quiero para nada –explico- No fumo.

-Que las dejes aquí –repite, mientras me quita el bolso de las manos y vuelve a poner, las cajas de los cigarrillos, sobre mi mesa.

Un rayo de esperanza ilumina, de alegría, mi tristeza ¿Será mentira eso de que no nos vamos a volver a ver? ¿Por eso quiere dejar los cigarrillos en la habitación de la pensión donde vivo? No la quiero. Pero tal vez la quiero. Esta frase, que acabo de componer, es de un poema de Pablo Neruda. Sorprendido de mi pensamiento plagiado, recuerdo y repaso, mentalmente, el poema original mientras, alguien, desde el mp3 de mi portátil, canta una canción.

“A lo lejos alguien canta. A lo lejos”

Neruda habla, en ese poema, sobre ella. ¿Habrá estado ella también follándose a Neruda? Imposible. Neruda murió en 1973. Y estamos en el 2006, ella tiene 25 años. Pero, sin duda, el poema habla sobre ella, sobre esta situación. Incluso nombra a su novio:

“De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.”

Quizá es que todos los seres humanos somos repeticiones. La historia de la humanidad es exactamente la misma desde el principio de los tiempos. La prueba está en que yo, un gilipollas egocéntrico y sin estudios, acaba de componer el mismo verso de Neruda, en el cuartucho de una pensión, en otro continente diferente al que él vivió.

No he de ponerme triste por su marcha: volveré a conocer a otra mujer como ella. En el mundo no hay más que dos corazones: el de “X” y el de “Y”. Y nada más que intercambiamos las situaciones y los sentimientos: a eso nos dedicamos en este planeta.

-¿Qué piensas? –me dice.

-Que este es el último dolor que me causas y éstas las últimas palabras que te digo.

-Que teatrero eres –sonríe- ¿No? Eso es de un poema de Neruda.

-Sí. Pero también es mío.

Begoña se va, para siempre, del cuartucho de mi pensión. No obstante, antes de irse, me regala un colgante: un escorpión.

Quedo sólo con lo que soy. Y con el recuerdo de sus tetas, antes de que se las metiera dentro del sujetador.

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