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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

Deporte extremo en la pensión para incomprendidos con ataques de ansiedad.

La agradable viejita que cuida de la pensión donde vivo, me mira raro. Cuando me preguntó en qué trabajo, le mentí:

-Soy periodista –dije.

No me atreví a decirle:

-Soy escritor. Escribí un diario sobre una época en la que me corría sobre la cara de las turistas y me drogaba. “20 minutos” lo premió en el concurso “20 blogs” y ahora trabajo para ellos escribiendo un blog pornográfico de mal gusto.

Por dejarle dinero a un amigo, estuve sin casi que comer los primeros 5 días en Madrid. Pedí a Arsenio Escolar (él no sabía que yo estaba sin dinero, no se lo dije: ya hace bastante pagándome un buen sueldo por escribir esta mierda de blog) que me dejara conectarme a Internet desde la redacción de “20 minutos”. Así que, cada mañana, salía temprano de la pensión, duchado, afeitado y bien vestido, para actualizar este blog desde la redacción. Cada mañana, la agradable viejita de la pensión me miraba orgullosa: sus ojos, brillaban:

-Que buen chico eres. Ya habíamos tenido otras veces a gente seria como tú quedándose en la pensión. Jóvenes que venían a Madrid para hacer las oposiciones de juez.

Pero cobré: fui a la Fnac: le regalé a la viejita dos libros de Danielle Steal (qué le vamos hacer, si le gusta leer esa puta mierda) y me compré una tarjeta externa wifi: jakee la conexión de un vecino: ya tengo Internet en mi habitación, ya no voy a “20 minutos” a actualizar, ya casi no salgo de la habitación, ya no me ducho, ya no me afeito, paso las mañanas durmiendo: no permito que esa viejita agradable limpie mi habitación para que no toque ni vea ninguno de mis papeles: paso las tardes y las noches corrigiendo mi libro, escribiendo este blog: la ventanita interior de mi habitación queda encendida toda la noche.

Cuando, por la tarde, camino del microondas para almorzar, salgo de la habitación (tengo 3 meses pagados), la viejita mira mi sucio estado: se preocupa y apena, noto que piensa:

-A este le han echado del trabajo. Pobrecito. Con lo ilusionado que llegó a Madrid.

¿Cómo explicarle la verdad? ¿Qué estoy obsesionado con mi libro? ¿En convertirme en un gran escritor? ¿Qué no me importa nada más en la vida?

Algunas veces, sufro ataques de nervios: creo que voy a estallar. Me ahoga pasar tanto tiempo encerrado en la habitación. Así que, para desahogarme, salgo desnudo y descalzo de la habitación: es un juego: he de correr por los pasillos de la pensión (un cuadrado perfecto) y regresar a mi habitación en el menor tiempo posible y sin que ningún cliente o la viejita agradable me vea: asunto poco probable pues lo suelo hacer a las 4:36 de la madrugada, hora en la que la pensión está en absoluto silencio: y, en el camino, he de hacer una pausa, para dejar el baño comunitario de la pensión de esta manera:

Supongo que sospechan que soy yo. Pero no tienen pruebas.

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