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Sexo mental y fotocopiado

Camino, por la calle, rumbo a la copistería: un autobús pasa: desde el interior, una chica de unos 20 años me mira: no es una mirada de deseo: sino de aburrimiento: mira por la ventana como quien mira por la tele, aburrida, cualquier cosa: me hubiera gustado que me mirara con deseo: estaba buena: mañana me pongo a régimen y empiezo hacer deporte: ya está bien de comer huevos con chorizo.

En la cotidianidad de mis días, encerrado en la casa donde vivo, he encontrado la forma de consolarme por no salir nunca: no me hace falta viajar ni tener experiencias vitales: no me hace falta ir al Vaticano a ver obras maestras de arte: si te fijas, cuando tienes hambre, unos huevos fritos con chorizo, friéndose en la sartén, son mucho más bonitos que la capilla Sixtina: la mayor obra maestra de todos los tiempos, está en una cocina cualquiera: en tu sartén: crujiendo en aceite:

Entro en la copistería: atienden dos mujeres: me gustaría follármelas a las dos: hay dos personas por delante de mi: un chico joven, de unos 26 años (joven: un rival, frente a las dependientas) y un padre de familia, le acompañan sus dos hijos pequeñitos: 4 y 6 años aproximadamente: descartado como rival: albino, feo y demasiado alto: un cruce entra Van Gal y Gasol: cuerpo deforme: todos los hombres del mundo son competencia: quiero que desaparezcan todos los hombres del mundo por un virus: quiero ser el único hombre del mundo: que todas las mujeres del mundo tengan que hacer cola y sueñen con poder follarme: que el gobierno me proteja como especie en extinción:

El niño más pequeñito de los dos me observa fijamente: le llamo la atención: quizá porque voy vestido de verde (bermudas color pistacho y camiseta verde de propaganda): y mis gafas de pasta: y tengo ojeras: pasé toda la noche en vela, imaginando que me convertía en un gran ezcritor: tengo que tener pinta de dibujo animado: juego con el niño: pongo muecas: el niño ríe: me hace sentir bien hasta que me sorprendo mirando de reojo a las chicas de la copistería para ver si me están viendo ¿Por qué estoy jugando con el niño? ¿Para hacerle feliz a él, a mi o únicamente para despertar el espíritu maternal de las dependientes y fantasear que me las voy a follar?: sí: las dependientas me miran de reojo: noto pensar sus mentes: qué chico más bueno: cómo juega con el niñito: de sobra, he vencido al chico joven de 26 años: jugó la carta de chulito: pero, al hablar, se quedó en blanco, con una sonrisa y una mueca general estúpida: no le salía la complicada palabra bisílaba que quería decir a la dependienta: por fin la dijo: “grapa”: gilipollas.

Por fin me atienden: la más flaca y guapa de las dos dependientas se me acerca: sólo estoy yo, pero me dice:

-¿Vas tú ahora, amor?

Ha dicho amor: ha dicho amor: amor=sexo: ¿Me la habré ligado o se lo dirá a todo el mundo?

-Sí –contesto serio e inmaculado- Quería que me hicieras dos fotocopias de esto.

Ella mira la portada: son las 50 hojas finales de mis diarios secretos: le llama la atención la portada:

Mientras fotocopia, lo mira hoja a hoja: le causa curiosidad: con disimulo, saca una copia extra para ella: me da igual: me da morbo que me lea: que lea como me follé a todas esas turistas: me fijo en el culo de las dos dependientas ¿Con cual de las dos me quedaría si pudiera elegir? ¿Culo gordo o culo flaco? Creo que con el gordo esta vez: algunas veces apetece follarse a una gorda, no sé sabe muy bien el motivo: creo porque es gracioso: y porque me hacen sentir más tio bueno:

O quizá solo prefiero a la gorda porque a la flaca la siento accesible: y con la gorda no he hablado: siempre me gusta más la chica que más lejos está de mi cama: tengo que follarme a todas las mujeres del mundo: hasta que no lo consiga no seré feliz.

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