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Dalí, Hitler, Bukowski, Jamaica, homosexuales, mierda

Estos días leo “Diario de un genio” escrito por Salvador Dalí. El diario comienza con los problemas que tuvo con André Breton, de quién escribe “no me perdona haber sido el último y único surrealista que existe”, problemas que terminaron cuando Dalí fue expulsado del grupo surrealista:

“Toleraron, hasta cierto punto, mis elementos escatológicos. Pero en cambio, ciertas otras cosas fueron declaradas “tabú” (…) Me autorizaban la sangre. Podía añadirle un poco de caca. Me autorizaban a representar sexos, pero no fantasías anales ¡Cualquier clase de ano era observado de manera muy sospechosa! Las lesbianas le gustaban mucho, pero no los pederastas. En los sueños podía utilizar sin limitaciones el sadismo, los paraguas y las máquinas de coser, pero, todo elemento religioso, incluso de carácter místico, me estaba prohibido.”

Mi pregunta es ¿Se debería de permitir al arte cualquier cosa? ¿Representaciones de pedofília incluidas? ¿Excrementos en los lienzos? ¿Son las fotos amateurs arte?

Yo voto porque sí: el arte es la representación artificial de la vida: la creación, por parte de humanos, de vida: las fotos amateurs atrapan un momento en la vida que nunca volverá: la juventud: ya lo dijo Balzac: “el escritor (o artista) es el secretario de su tiempo, que cuando escribe no hace otra cosa que levantar acta”. Todo artista, todo movimiento artístico tiene su irracionalidad: hasta la música regge: los rastafaris se pasan el día fumados, pidiendo amor y paz por las playas pero, cuando ven a un homosexual lo quieren pisotear, pues los jamaicanos abominan a los homosexuales: hasta en los actos más repugnantes de la humanidad, un artista halla arte: quizá por ello no debe resultar extraño que Hitler y el nazismo impresionara tanto a Salvador Dalí.

“A mi me fascinaban las caderas blandas y rollizas de Hitler, siempre tan bien enfajadas en su uniforme”

Tanto admira a Hitler que en su “Diario de un genio” afirma que a Hitler le gustaban sus cuadros, asunto que dudo porque contradice aquel discurso del dictador alemán que ya, una vez, copié aquí.

Sin embargo, Dalí no era un nazi: lo que pasaba es que era tal artista, tanta sensibilidad y locura poseía que incluso podía excitarse con el cuerpo de un genocida: en la realidad Dalí consideraba a Hitler “como a un masoquista integral poseído por la idea fija de desencadenar una guerra por el gusto de perderla luego heroicamente”: además, siempre que Dalí imaginaba a Hitler lo hacía pensando que, en realidad, el dictador alemán era una mujer.

Dalí era un artista puro: y para un artista la mierda, Jesucristo o Hitler son lo mismo a la hora de inspirarse: todo vale en el arte. Dalí, como cualquier artista que se precie, buscaba, deseaba, volverse loco: ya que sabía que, una persona, en sus cabales, no puede hacer una obra de arte: de vez en cuando, Dalí, gritaba:

“¡Esta vez sí, esta vez creo que por fin rozo la autentica locura!”

Bukowski también se sintió atraído ilógicamente por el nazismo: de forma artística, tal como se puede leer en la entrevista que le hizo Fernanda Pivano, en: “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos”, de Anagrama.

Bukowski: Fingía que era nazi cuando iba al colegio.

Pivano: ¿Y por qué?

Bukowski: Porque estaba hasta los cojones de que todos estuvieran a favor de la guerra, todos iban en una sola dirección.

Pivano: ¿Era una manera de ser antiamericano?

Bukowski: Sólo era una manera de no ser como ellos. Creo que es una cosa muy común a todos los escritores, cuando ven que todo el mundo ven una dirección, ellos automáticamente quieren ir por el lado contrario. Por ese motivo son escritores. Son criaturas extrañas (…) No espero que tú entiendas esto.

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