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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

Soy un fracasado y siempre lo seré

Tras 13 días encerrado en casa, sin bañarme ni asearme, escribiendo y escribiendo el apresurado final de los diarios secretos, me ducho y afeito esta barba de Cantinflas que me sale porque ni teniendo barba soy un hombre de verdad.

Estoy deprimido: los de “20 minutos” no me dicen nada pero estoy seguro, obsesionado, con que las visitas a mi blog han bajado bastante. Y eso significa que, como es lógico, pronto me despedirán: no me van a seguir pagando un sueldo sólo por lo guapo que soy. Me siento hundido: he terminado mi libro, el libro con el que sueño vender millones de ejemplares para dar una patada en el culo en todas esas editoriales que nunca confiaron en mi, pero creo que no va a ser así. El capítulo final sólo ha recibido unos 200 comentarios: y la mitad son míos, contestando: el día 21 el blog de Hernan Zin logró mas de 500 comentarios. Arsenio Escolar logró casi 2.000 comentarios cuando preguntó a sus lectores si “20 minutos” debía de dar más cobertura a la tortura que se le hace a los toros en las plazas: yo no soy nada comparado con mis compañeros: ni siquiera salgo ya en la nube de tags: lo que saco en claro, de todo esto, es que mi libro no levanta tantas pasiones como yo pensaba: mi libro va a ser otro fracaso más de mi vida: mi “éxito” está hinchado.

Salgo de casa: he de resolver un asunto al banco: visto con vaqueros y una camiseta: me he duchado y he peinado todo mi cabello hacía atrás, mostrando claramente mis entradas: y llevo mis gafas de pasta: me miro al espejo: tengo una pinta bastante ridícula: no me voy a quitar las gafas: me he dado cuenta que cuando me pongo esas gafas la gente me atiende y trata mejor: a la gente, por la calle, le caigo simpático con esas gafas: me miran con una sonrisa: porque me hacen pasar por un friki feo: y a todo el mundo le cae bien los frikis feos: además, las gafas ocultan mi mirada: y mi mirada dice que desprecio a todo el mundo con el que me cruzo, con el que hablo: la gente de la ciudad me da risa: por lo ridículo que me resultan: si ven esa mirada en el banco me atenderán mal: formarán equívocos en mis cuentas.

Tras resolver el problema en el banco -gracias a mis gafas de pasta- entro en una cafetería: a desayunar: no suelo desayunar en las cafeterías porque he de ahorrar para la autoedición y mi mudanza a Madrid pero me animo: he terminado, al fin, de escribir los diarios secretos: creo que, aunque sea, merezco celebrarlo con un buen desayuno: me siento en la barra de la cafetería: no elijo una mesa porque eso sería demasiado solitario: estoy rodeado de trabajadores, de currantes: todos con pinta de ser hombres: con empleos de verdad: yo soy el único niñato que está en esa cafetería: cuando el camarero se acerca y me pregunta, trato de poner la voz gruesa, de hablar con aspecto de persona seria: me causa vergüenza mi voz: siempre que cuelgo un vídeo en este blog donde salga hablando la gente me insulta y me dice que tengo una voz ridícula: me han acomplejado: el camarero se me acerca:

-¿Tiene churros con chocolate? –no digo.

Porque si pido eso, el desayuno que realmente deseo, la gente se va a dar cuenta que no soy más que un niñato: por ello, opto por un desayuno más macho:

-Un café y un pincho de tortilla.

-¿Cebolla? –pregunta rápidamente el camarero.

Me quedo mirándole con cara de gilipollas: tratando de entender su pregunta: ¿Cebolla?: imagino una cebolla: ¿Me está llamando cebolla?: miro su cara: todo: la vida me resulta demasiada abstracta: he de preguntárselo:

-¿Cebolla?

-¿La tortilla con cebolla?

Pienso ¿Por qué no? ¿Por qué hacen tortillas de patatas sin cebolla? ¿Hay gente que no le gusta la cebolla? ¿Hay gente que protesta porque LE HAN PUESTO CEBOLLA EN SU TORTILLA? Claro: si desayunara con una chica diría:

-Sin cebolla.

:por los besos: pero estoy sólo: únicamente mantengo relaciones sexuales con píxeles.

-Con cebolla, por favor.

Mientras el camarero va en busca de la cebolla, de la tortilla, de mi café (un zumo de naranja hubiera estado mejor, pero pensé que si lo pedía, todos los presentes iban a creer que soy maricón) veo a un chico de unos 23 años: sube y baja unas escaleras con cajas de botellas: repone el almacén: suda como si acabara de terminar un maratón: y sólo son las 8 de la mañana: el día está empezando: le miro con vergüenza: porque yo estoy sentado: como si yo fuera un señor: como si yo tuviera derecho a estar sentado en esa cafetería: pronto, el trabajo de ese chico, volverá a ser mi trabajo.

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