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El hombre de la polla transplantada

Relato basado en un hecho real.

Cuando mi padre murió, doné su pene.

-¿Porqué has hecho eso? -preguntó mi madre.

-No sé.

-¿Pero por qué no has donado su corazón, su hígado o sus ojos? ¿Por qué su pene?

-No sé –contestó el hijo- El médico me dijo que sí quería donar algo del cuerpo de mi padre y su polla fue lo primero que se me ocurrió.

-¿Sabes que ahora tendremos que enterrar a tu padre sin su pene?

-Sí. Pero es que me salió así, automático.

Al padre lo enterraron sin pene: el hijo no lo vio pero, durante el entierro, el espíritu de su padre estaba a su lado: cagándose en él:

-¿Por qué coño donaste mi pene? –le gritaba- Ahora, en el cielo, todos los espíritus se ríen de mi.

-Ahí va el que no tiene pene porque su hijo lo donó –le dicen- ¡Qué putada!

Porque el cielo está lleno de tías buenas: el cielo es una gran playa llena de tías buenas:

donde todo el mundo folla menos él: por no tener pene.

El pene medía, en reposo, 10 centímetros y, cuando se ponía erecto 23. El hombre que había recibido dicho pene estaba encantado: cada vez que tenía oportunidad se bajaba los pantalones en público y lo enseñaba:

-¡Mirad mi poooolla! ¡Ja, ja, ja! ¡Me la pusieron en un hospital!

Y salía a la calle vestido raro:

Todo el mundo fue a ese hospital a por pollas más grandes pero les dijeron que, en ese momento, no habían más disponibles.

Sin embargo, el hombre del pene transplantado, empezó a tener problemas. Cuando su mujer le comía la polla, él gritaba:

-¡Se la estás comiendo a otro! –decía él- ¡Y delante de mis propias narices!

-No –le decía la mujer- ¡Te la estoy chupando a ti!

-Es verdad…pero cuando tenía mi polla de verdad no te la comías con tanto gusto…-afirmaba, celoso.

Y, al rato, la volvía a apartar de un empujón:

-¡Se la estás comiendo a otro! –le repetía-¡Y te estoy viendo!

Así que, el matrimonio, no podía mantener relaciones sexuales placenteras. Ni si quiera, podía masturbarse a si mismo: sentía que estaba masturbando a otro hombre: y muerto: imaginaba a un muerto sobrecogerse de placer en un ataúd: y eso era algo terrible para él así que, finalmente, decidió devolver el pene al hospital.

-No admitimos devoluciones pasado 15 días –le dijo la enfermera.

-Pero traigo el ticket –repuso.

-De acuerdo, pero tendremos que arrancarle el pene a mordiscos ya que todos los quirófanos están ocupados –le dijo la enfermera.

-Vale. Pero quítenme esta polla de encima que no es mía.

-Y no le devolveremos el dinero: en lugar de ello le regalaremos un traje con 17 pollas táctiles de tecnología japonesa con las que podrá correrse y mear a la vez.

-De acuerdo.

Al hombre le arrancaron la polla, le pusieron puntos de sutura en la herida y le regalaron el traje de las 17 pollas táctiles de tecnología japonesa.

En la actualidad, este hombre, divorciado de su esposa, es feliz.

Nota.- Dedicado a Matías, que me avisó de la noticia.

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