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El asesino de Montreal

Vivo en un suburbio de Montreal, con mi madre: tengo 25 años: mi habitación está en un sótano: me llamo Kimveer Gill: pero, a mi mismo, me llamo “Trinchera”: soy un ángel de la muerte que, algún día, morirá bajo una lluvia de balas. Mi deseo es vivir rápido, morir joven, dejar mi cadáver mutilado. Mido 1,85. Soy delgado, pero fuerte: estoy listo para la acción: la ira y el odio hierven dentro de mi: pero a fuego lento. Voy a transformar este mundo en un cementerio. Voy a aplastar a todos aquellos que se han metido en mi camino: tras mi muerte, dejaré un río de sangre. Si no me matas tú primero, te mataré yo. Afuera, mi coche aguarda en la

oscuridad, esperando, mirándote, estoy listo para la acción. Tengo una caja llena de armas:

¿Estoy obsesionado con las armas? Aparentemente, son inofensivas: hasta que las usas: eso me define: yo soy un arma.

No tengo amigos: soy un solitario: la sociedad me desagrada: el trabajo apesta, la escuela apesta, la vida apesta ¿Qué más puedo decir? La culpa la tiene la humanidad. Nadie hace nada a menos que le afecte personalmente. Que se joda la sociedad. Estoy encerrado en una jaula invisible, trancada en la cabeza: no tengo posibilidad de escapar… aun hoy, recuerdo a Barbara Borelli, una muchacha que conocí en el instituto, hace más de 10 años. Me gustaba. Mucho. Debería haberle dicho algo. Simplemente decirle que la quería. Sin esperar que pasara nada. Decírselo hubiera sido agradable ¿Donde está mi vida? ¿Donde está mi amor? ¿Donde está mi Julieta? Ella hace risas en mi corazón: ella, mi princesa gótica, deja una ristra de lágrimas en mi corazón: Dios me ha abandonado: Dios lo pagará: la mayor parte de los hombres no merecen a las mujeres que tienen.

Ya se ha hecho de día: bebo whiskey, Jack Danield´s: dentro de nada, una llovizna de luz, inundará este sótano: es una mañana tranquila y pacífica: juego un poco con el ordenador: mi juego favorito es “Super Columbina Massacre”. Mato. Mato. Mato. Me gustan los juegos realistas. Una canción de “Megadeth” suena en mi equipo de música, en mi corazón, canto:

-“A todo el mundo, a todos los amigos, los quiero, debo partir, esas son las últimas palabras que diré y me liberarán”.

… estoy harto de todo, de fingir: de ser un arma en reposo: de vivir: tengo que acabar con todo esto de una vez…

Salgo a la calle: visto como siempre: mi abrigo negro, mis botas militares: llevo mi corte de cabello estilo mohicano. Conduzco mi “Sunfire” negro bajo los grises cielos, tan grises, de septiembre. Llego al “Dawson College de Montreal”. Este colegio tiene matriculados a unos 10.000 estudiantes de edades comprendidas entre los 16 y los 19 años. Es un colegio que se parece bastante a donde conocí a Barbara. Las chicas también. Pero nadie se parece a mí. Estoy solo. Es la hora del almuerzo, disparo mi arma: sin apuntar a nadie en especial. Simplemente disparo. Como en el videojuego. Los estudiantes parecen criaturas de humo, asquerosos. Gritan de pánico. Corrrrrrrrren en todas las direcciones: con sus mentiras y engaños. Soy el caballero de la muerte: los miro fijamente: los derribo: al uno, al otro: corren: buscando seguridad: es demasiado tarde.

-“Le vi disparar varias veces, era como una película –diría más tarde el alumno Michael Boyer a la cadena local de televisión CBC-. Escuché, al menos, 20 disparos. Todos llorábamos. Kimveer Gill no decía nada. Tenía cara de frialdad, simplemente disparaba. Me refugié en un aula. Él perseguía a los estudiantes, aterrorizados, a través de los pasillos, subiendo las escaleras.”

Hasta que llegó la policía. Kimveer Gill, el “Ángel de la Muerte”, los vio, les apuntó: ahora eran su objetivo: se atrincheró detrás de una pared: les tiroteó: los policías se resguardaron detrás de una máquina de dulces.

-¡Retrocedan! ¡Retrocedan! – les gritó.

Mientras, los estudiantes conseguían salir del colegio: huían a las calles adyacentes. Algunos de ellos, llevando las camisas y los cuerpos ensangrentados.

Las informaciones sobre la muerte de Kimveer Gill son realmente contradictorias: algunos medios afirman que se suicidó de un disparo, otros, que los policías lo mataron: lo único cierto es que, antes de morir, Kimveer Gill mató a una chica (la de la foto) e hirió a 19 estudiantes, algunos de ellos aun permanecen en estado crítico.

Aquello, de haberse quedado en su casa, no hubiera sido más que una mala partida de “Super Columbina Massacre” y un trago de whiskey.

Nota.-Escrito a partir de los recientes sucesos acontecidos en el Dawson College de Montreal y los textos que Kimveer Gill escribió en su blog. Fotos reales sacadas de aquí y de aquí

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