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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

Escupiendo soledad sin chochos atómicos.

Tras 4 días frente a la pantalla del ordenador, me escapo a la playa que está a más de 40 minutos (caminando) de mi casa (para evitar volverme loco o convertirme en un componente más de mi portátil).

No soy muy diferente a ningún chico: en la playa, me pongo cerca (bueno, a 12 metros) de una chica que está sola, buena y en toples.

No me acerco a la chica ni a preguntarle la hora (para sí poder verle las tetas de cerca y eyacular por la boca).

Me limito a lamentarme: por el buen rato que podríamos pasar, si nos fuéramos un poco más atrás a follar, a las dunas: me limito a lamentarme por no tener un buen cuerpo, de esos que les gustan a las chicas: me limito a lamentarme por no tener valor de acercarme y decirle:

-Hola ¿Quieres hablar un rato?

A las chicas les gusta hablar con chicos musculosos y que tengan abdominales. Los que no somos así hemos de esperar tener, a simple vista, pinta de entrañables o simpáticos para que acepten hablar con nosotros. Dios qué asco. Prefiero seguir matándome a pajas, en la soledad de mi casa, que parecer entrañable o simpático a simple vista.

Trato de consolarme pensando que follar en la playa es un asco: se te mete arena en la polla, en la vagina, pica, rasca, cuando terminas, pasas meses sacándote arena de las orejas, del cuero cabelludo.

…hasta que por fin se va la chica esa: la mala puta tía buena esa de los cojones por la que vendería mi alma al diablo: recoge sus cosas y se va de la playa: ya puedo pensar: mi cabeza deja de estar empalmada ¿Pedro J? ¿Cómo pudiste hacer eso? ¿No tienes ética?

Veo a unos niños que juegan al fútbol en la playa. Son 3. No tendrán más de 12 años: me apetece muchísimo jugar con ellos un poco: me divertiría y, de paso, quemaría un poco de grasa: aun, a mis 32 años, sigo pensando que el próximo año voy a tener un cuerpo mejor, más bonito: porque, en cualquier momento, voy a empezar a cuidarme y hacer ejercicio: mañana: todos los días: ja, ja, ja: menudo iluso: llevo pensando lo mismo desde hace años: jamás recuperaré mi forma física: si, alguna vez, vuelve haber alguna chica que me quiera follar, seguro que, cuando lo haga, cerrará los ojos: y pensará en un tipo con músculos y abdominales: sabré que está enamorada si, mientras me folla, me mira y sigue excitada.

No me atrevo a pedir a esos niños que me dejen jugar al fútbol con ellos. Tengo miedo de que se asusten, de que se pongan a gritar: que venga la policía, y me detengan por pedófilo. No es normal que un desconocido de 32 años juegue con niños de 12. No es normal, pero yo quiero jugar al fútbol con ellos, divertirme, divertirlos: hacerles reír gratuitamente: sé que nos lo pasaríamos bien.

Regreso a casa. Caminando. Debo de ser el único varón de 32 años que no tiene coche ni carné de conducir en España. Digo en voz baja:

-Dios, quiero hablar contigo.

Desde que salí de la discoteca y me vine a vivir a esta isla, Fuerteventura, sólo he hablado con Dios dos veces: y para pedirle cosas: la primera, para rogarle que me ayudara a encontrar otro trabajo: estaba trabajando de freganchin, en un hotel y mis compañeros de trabajo eran repugnantes: sanguijuelas, malas personas: la segunda, justo antes de los premios “20 blogs”, le dije:

-Dios, si me das ese premio, dono el dinero. Te lo juro.

Camino por la calle sin levantar la cabeza: no quiero tener que saludar a ningún conocido: no quiero sonreír o ser amable con gente que me importa una mierda, que no sabe nada sobre mi lucha diaria: convertirme en escritor y encontrar un chocho atómico que me dé la felicidad: estoy concentrado en Dios, buscándolo: necesito entablar contacto con él: sé que está enfadado conmigo: porque me he aburguesado: porque he renunciado a vivir la vida estando encerrado en una casa de dos plantas: día tras día, no hago nada más que escribir: tendría que haber terminado ya mi libro, irme a vivir a Madrid: sé que allí me esperan nuevas aventuras: que voy a conocer muchas personas que me llenarán de vida, mucha gente que me harán crecer como persona y artista mundial: pero no me atrevo a mudarme: es que estoy tan bien en la casa de las paredes blancas: todo es tan blanco allí.

Veo un container de basura: escucho la voz de Dios:

-Abre el container: allí dentro encontrarás un papel con un mensaje.

Abro, feliz, el container: Dios por fin me ha hablado: Dios mi amigo: Dios mi esclavo: Y ENCUENTRO EL PAPEL: leo:

“FABULOSO SORTEO DE UN AUTOMÓVIL MARAVILLOSO, COMPRE SIETE CAJAS DE LECHE LITA EN NUESTRO SUPERMERCADO Y RECIBIRÁ UN CUPÓN PARA…”

Dios me suele gastar bromas: pero sé porqué me las gasta: hasta que no salga del sistema, de mi aburguesamiento, no piensa ayudarme ni hablarme: en la antigüedad Dios pedía que sacrificaras un cordero o una vaca (o a tu hijo) para escucharte: ahora sólo pide –para darte lo que quieres- que rompas tus cadenas al miedo: que salgas a la calle, a la vida, desnudo: sin nada: que seas un valiente: yo soy un cobarde.

Regreso a casa: Elena me echa una de sus extrañas broncas: hace un mes, cuando salí hacer la compra al supermercado, en lugar de comprar un paquete grande de azúcar, compré un paquete de sobres individuales de azúcar.

-¡Es mucho más caro! –me grita.

-¿Y qué? –repongo- ¿Qué placer hay más grande que revolver un café con leche nada más despertarte, mientras reflexionas, tras haber leído una de las citas que traen estos sobres escritos en el reverso? ¡”La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama”! ¡Baudelaire! ¡Llamamos sentimentalismo a los sentimientos que no compartimos! ¡Twain! ¿Te das cuenta?

-¡Siempre estás con gilipolleces, Rafa! ¡Madura!

…madurar: siempre he querido madurar: si vendieran pastillas en la farmacia para madurar, las tomaría: quiero vivir la experiencia.

Enciendo el ordenador: una chica, muy amable, por el messenger, me manda fotos de sus tetas, para que me masturbe.

Le escribo:

-No puedo masturbarme con tus tetas únicamente. No, porque no sean magníficas, sino porque no se te ve la cara. Necesito una foto de tus tetas y tu cara, a la vez.

-¿Por qué?

-Porque quizá tu cara sea así…

…y no quisiera descubrirlo tras haberme masturbado.

-Eres cruel, Rafael –me dice.

Y pienso que sí, que soy cruel. Pero tengo derecho a masturbarme con quien quiera. Mi semen no es patrimonio de la humanidad. Que carajo. Cierro el Messenger, abro una web porno: dentro de un rato, mi polla, volverá a escupir mi soledad… tengo que empezar hacer abdominales, si no, nunca me atreveré a hablar con una chica que esté buena: sólo con trozos de pan.

Nota.-Muchas gracias, Salvatierra.

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