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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

9.-Gente que conocí y que ahora me importa una mierda: Leela: Holanda 2002 (primera parte)

En el momento que ella apareció, él estaba robando posters en la universidad que ella limpiaba: sacaba, de un marco, el poster de un grupo musical de la localidad: un grupo formado por chicas y chicos de edad madura. Las chicas no eran muy guapas, pero a él le apetecía masturbarse mirando uno de aquellos rostros holandeses: le quedaba

poco tiempo en Holanda y no había podido follarse a ninguna holandesa: le excitaban muchísimo: todas eran guapísimas: rubias, de ojos claros, pieles de nieve. En su país, España, todas las chicas eran morenas: las holandesas parecían ángeles: él quería rellenarles la vagina de semen, de nubes blancas, pero, las holandesas, huían de él: quizá, sus ojos, desprendían demasiada ansiedad por follárselas o, quizá, porque era español y, en el pueblo holandés donde se encontraba, Zwolle, eran mal vistos.

-Hola- dijo ella, sorprendiéndolo.

Él pensó que ella iba a gritar, llamar a alguien: aquellos posters pertenecían una exposición del departamento de cultura de la universidad: estaba claro que él los estaba robando.

Los detalles de la vida, los rasgos físicos de las personas, se olvidan con el paso del tiempo, pero hoy, seis años después, ese chico aun recuerda, nítidamente, la primera vez que la vio: su sonrisa, sus pecas rosas, su

cabello cobrizo. Ella vestía con el uniforme y estaba al lado de su carrito de limpieza. Y le sonreía: no paraba de hacerlo: si ella hubiera dejado de hacerlo, él no se hubiera atrevido a acercarse.

-Hello -dijo él.

-Hello -dijo ella

-Mi nombre es Rafael ¿Cómo te llamas tú?

-Me llamo Leela.

La primera vez que escuchó su nombre, Rafa, no se sobrecogió: debería de haberlo hecho: Leela iba a ser la primera mujer que le haría llorar por amor y desesperación. Sin embargo, Rafa rió: porque pensó: Leela: léela: leerla: leer su cuerpo: sus pecas: que nombre más literario: rafa adoraba la literatura.

-¿Qué edad tienes?

-Diecisiete ¿y tú?

-Veintidós.

Rafa mintió: él tenía veintiséis años de edad. Pero pensó que si decía su edad real ella lo vería demasiado mayor. Además, siempre mentía respecto su edad: la gente de veintiséis años solía haber terminado la universidad, conducir un coche y tener un trabajo, planes para independizarse, de futuro. Él no. Rafa vivía con sus abuelos y no tenía ni dinero, ni carné de conducir ni trabajo ni estudios universitarios. Eso, le causaba mucha vergüenza. Además, aparentaba menos edad de la que tenía. No sólo por su físico. También por su forma de hablar que era muy infantil.

-¿Eres holandesa?

-Sí ¿Y tú?

-Yo soy africano, de San Borondón, una isla que está en el sur del continente.

Rafa mintió, esta vez, por motivo diferente. En aquel pueblo se veía a los españoles como unos caraduras. Y, él era así. Nada más llegar: forzó una cerradura y se llevó una bicicleta que alguien había dejado aparcada frente a la estación. Y, con sus amigos, robaba lo que pillaran en la universidad para luego revenderlo por ahí. Estaba en Holanda, sin dinero. Dormía con sus amigos, en la habitación de una residencia de estudiantes que pagaba el padre de uno de ellos.

-Sí –contestó ella- Conozco esa isla. Me suena… si eres africano ¿Cómo es que no eres negro?

Rafa sonrió para sus adentros. Aquella chica se echaba un farol cultural. San Borondón era una leyenda, una isla inventada por la mitología, que aparece y desaparece de la nada.

-Bueno, mi isla es una colonia española. Soy hijo de noruegos (mentira) pero yo nací en San Borondón. De todas maneras la mayor parte de la población es de color.

-¿Qué idiomas hablas?

-Sanborondense, inglés (idioma en el que hablaban) y español. Estudio filología hispánica (Rafa mentía, había abandonado la carrera) y por eso hablo español mejor que muchos españoles ¿Y tú?

-Holandés, inglés y francés. Mi padre es francés. ¿Y qué haces en Holanda?

Su padre. El padre de Leela le pegaba cuando volvía a casa borracho. Solo a ella. Y su hermano se masturbaba mirándola, mientras ella fingía que dormía. Tres días más tarde se lo contaría a Rafa en una pizzería. Había estado en tratamiento psiquiatrico por todos estos acontecimientos.

-Vacaciones. He terminado un libro: “Doña Úrsula no duerme por las noches”. Mi padre, como premio, me ha pagado un viaje a donde quiera. Elegí este pueblo porque tengo amigos estudiando aquí. Me quedo con ellos.

Mentiras: la madre de Rafael había abandonado a su marido por haberle proporcionado una paliza: Rafael tenía 6 años de edad cuando eso había sucedido.

-¿Escribes?

-Sí, mi sueño es ser escritor. Por ahora, solo tengo escrito, ese libro y un par de relatos.

-¿Te van a publicar el libro?

-Seguro. Es muy bueno. Lo ha leído ya mucha gente (sus amigos cercanos) todos dicen que es muy bueno (qué iban a decir). Antes de venir lo he presentado a un concurso “El planeta”, seguro que lo gano. He escrito una obra maestra (Rafa no ganó ese concurso y toda editorial a la que lo mandaría después, lo rechazaría: ni le contestaban.)

-A mí también me gusta escribir –dijo ella- Tengo terminado tres libros de poesía y uno de relatos.

-¿En serio?

-Sí.

Rafael comenzó a mirarla con otros ojos ¡Escribía! ¡Eso era maravilloso! ¡Quizá era su chica perfecta! ¡Y era guapísima!

-¿Y los has publicado?

-No.

Se formó un silencio incómodo. Porque Rafa le había mirado con ojos de desilusión. Por un momento había pensado que, a pesar de estar trabajando en la limpieza, quizá ella era una escritora con talento: pero si no le habían publicado es que no lo era: por aquel entonces Rafael pensaba que sólo publicaban libros los escritores que valían la pena: aun no sabía que, mayormente, sólo publican libros los autores que son comerciales: porque las editoriales se dedican a hacer negocio, no literatura: Rafael se sentía más que ella: y él sí que valía: con su novela iba a ganar “El Planeta”… todos estos estúpidos pensamientos, Leela los había leído en los ojos de Rafa.

-Eres muy guapa -dijo él.

Ella se sonrojó, pero le había gustado que se lo dijera.

-Gracias.

-¿Es posible que nos viésemos esta noche?

-No

-Vale – dijo Rafa, sintiéndose rechazado.

-Me refiero que esta noche no, pero mañana sí.

-Puf. Vale.

-¿Hasta cuando te quedas en Holanda?

-Hasta pasado mañana. Por la mañana.

Él abrigó la esperanza de que ella se diera cuenta entonces que, el día de la cita, sería el último: esperó que ella cancelara todos sus planes: así podrían verse esta noche. Pero no fue así. Y Rafa se entristeció. Sintió pena de verdad. Como si se le hubiera muerto alguien. Y se extrañó. Algo sobrenatural pasaba en sus sentimientos. Follar. Sólo eso. El amor a follar. No podía ser otra cosa.

-Si quieres nos vemos mañana por la noche.

-De acuerdo ¿Dónde?

-En la estación de autobuses. A las siete.

-Perfecto –se alegró Rafa-. Hasta mañana entonces.

-Hasta mañana.

Y le sonrió.

Nota.-Foto número 3 www.manucoloma.com

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