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Baudelaire, drogas y prostitutas.

Durante la sublevación de febrero de 1848, Baudelaire acude a las barricadas para tratar de convencer al exaltado pueblo francés de que acudan a la casa del general Jacques Aupick, derriben su puerta y lo asesinen. Fracasa cuando alguien le dice:

-¿No es ese general Aupick tu padrastro?

El general Aupick no muere hasta el año 1957. Y no le deja de herencia ni un céntimo. Baudelaire odiaba a Aupick por haberse casado con su madre muy poco tiempo después de haber muerto su verdadero padre: un viejo ex sacerdote de 60 años (la madre tenía 30) que pasó los últimos años de su vida pintando cuadros. Su madre vendió todos esos cuadros: Baudelaire nunca se lo perdonó:

-Mi padre era un artista detestable, pero todas esas antiguallas tenían un valor moral para mí.

Durante toda su vida, Baudelaire trató de disgustar a su padrastro: cuando en 1839 fue expulsado del colegio, le mintió diciendo que había sido por ser homosexual. Más tarde, se hizo novio de una prostituta judía bizca. Cuando en 1842, ya mayor de edad, heredó la fortuna que su padre (el ex sacerdote) le había legado, la despilfarró en drogas y en prostitutas.

Baudelaire, pasó a la historia por escribir “Las flores del mal” poemario por el que fue procesado y condenado por atentar contra la moral pública. Nada más salir a la luz el diario “Le figaro” llamó a la policía tildando a su obra como “satánica”. Baudelaire dijo:

-Existen en todo hombre, y a todas horas, dos postulaciones simultáneas: una hacia Dios y otra hacia Satán.

Sin embargo, para mi, su mejor obra es “Pequeños poemas en prosa” (dato curioso: parece estar escrito en formato blog) y donde podemos llegar a conocer, verdaderamente, la parte “oscura” de Baudelaire:

-Los niños son inquietos, egoístas, no tienen dulzura ni paciencia, y ni siquiera pueden servir de confidentes a los solitarios que sufren, como el animal puro, como los perros y los gatos,…El alma es algo tan impalpable, tantas veces inútil y en ocasiones molesta, que, cuando la perdí, lo sentí menos que si hubiera extraviado mi tarjeta de visita durante un paseo.

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