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Imbéciles

Mi problema no es la misoginia: mi problema es que toda la gente que veo me da asco o me parece gilipollas: sólo soporto ver a las tías buenas.

… estoy ya, tan poco acostumbrado a que una tía buena me mire a los ojos que, cuando lo hace, me asusto: pienso que me está mirando porque, sin darme cuenta, estoy haciendo algo malo.

Los tíos buenos me dan envidia: cuando camino por la calle y veo alguno, los observo con detenimiento: los estudio: ellos piensan que les miro tanto porque soy gay: pero, lo que verdaderamente ocurre, es que los estoy despreciando: odiando ¿Cómo es posible que sean tan guapos?… imagino que les estoy pateando, con el pie, esas bocas que chupan chochos de tías guapísimas a todas horas: tías, inalcanzables para mi: tías que, a mi, ni me miran: y ellos, repletos de músculos, les preguntan la hora y ellas les responden con esa risa tonta: el alma se me desgarra cuando veo a una tía buena mirar con ojitos de métemela a una persona que no soy yo.

Excluido.

Desde que vivo en la isla de Fuerteventura casi no me corto el cabello: antes, cuando vivía en Gran Canaria, cada mes, me lo cortaba en “Llongueras”: allí me lo cortaban de puta madre: casi me dejaban como un modelo: pero aquí, busco y busco, y todas las peluquerías me parecen una mierda: aquí, todas las peluqueras tienen pintas de amas de casa: y, los peluqueros, de repartidores de bombonas de gas: ¿Cómo ponerme en sus manos? ¡Ya casi soy famoso! ¿No ven el inmenso honor que les hago pisando sus establecimientos? ¡Soy el ezcritor!… te cortan el cabello sin gracia: siempre con trazos rectos: en esta isla de mierda no hay ni un puto gay cortando el cabello: los gays suelen ser los mejores cortando el cabello: además, fíjense en la pinta que tienen aquí las entradas de las peluquerías:

Nunca entraría en una peluquería donde han pegado letras de pegatinas rojas fosforescentes en la puerta: eso es señal de que el o la peluquera tiene el gusto en el puto culo: además, pone: DAMAS Y CABALLEROS: ¿Se creen que seguimos en la edad media? ¿O en la corte de Luis XVI? Estamos en el siglo XXI: ya no hay ni damas ni caballeros: y menos, en la isla donde vivo: aquí sólo hay gente sudorosa y miserable, arrastrándose por la calle: carne de charcutería: donuts pringosos: población basura.

Cuando tengo que tomar el autobús, siempre espero desde lejos de la parada a que el conductor abra la puerta: nunca me junto con la piara de cerdos que espera, en fila y apelotonados, frente a la puerta: son todos unos estúpidos alienados, sometidos a la sociedad de consumo: adoradores de los teléfonos móviles y de la ropa de marca: imbéciles: están en una trampa: jamás alcanzarán la felicidad deseando sólo esas cosas: no sirven más que para trabajar: para que os explote un empresario gordo: tienen lo que se merecen: mano de obra que crea centros comerciales: allí morirán pagando.

Espero lejos y, cuando el conductor abre la puerta, siempre soy el último en subir: me subo porque no tengo otro remedio: porque no tengo coche ni sé conducir: y si no lo tengo es porque no quiero ir a ningún sitio: todas las ciudades del mundo son iguales: la misma mierda: las mismas tiendas, las mismas franquicias.

-¿Dónde está el McDonalds? ¿Dónde está el Zara? ¿Dónde Marc & Spencer? ¿Dónde puedo comprar un televisor? ¡Imbéciles! ¡Imbéciles! ¡Imbéciles! ¿Esto es la civilización? ¡Somos mercancía! ¡Imbéciles! ¡Morid! ¡Morid!

En las colas, en los autobuses, siempre hay una tía buena con la que me gustaría follar: una tía que me mira (seguramente porque ve que la deseo: no dejo de mirarla con disimulo, de reojo: cuando creo que no me ve: pero siempre me sorprenden mirándolas: parece que tienen un radar las hijas de puta: creo que ellas también me miran: pero, únicamente, para comprobar que me mantengo a una distancia prudencial) nunca me atrevo a decirles nada: siempre he tenido la sospecha de que si me acercara a ellas se pondrían a gritar de terror: también, en las colas de los autobuses, suele haber un grupo de despreocupados adolescentes: siempre chillando y con conversaciones estúpidas: sin pizca de educación: me gustaría matar a todos los adolescentes del mundo: deberían de encerrar a los adolescentes en cuevas hasta que cumplieran los 30 años de edad: los adolescentes no sirven para nada: no son más que parásitos: si por lo menos se dedicaran al arte, a la literatura, a sacar su mundo interior: tienen tiempo, joder: les mantienen los padres: pero se conectan a la PlayStation hasta que, más tarde, se conectan a un trabajo de mierda: inservibles: la única persona que vale del mundo soy yo: y he decidido que me voy a volver a dejar el pelo largo: porque si Jesucristo lo tenía largo, será por algo.

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