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Denunciar es gratis

Me ha denunciado un señor de la Coruña por una foto que incluí en un relato de amor. Sí, la dichosa foto de la tirita.

Denunciado por difundir pornografía pedófila por Internet. A mí, que colaboro, activamente, no de boquilla, con organizaciones que cuidan de niñas violadas. A mí que, desde hace años, en la página de mis links, informo de Webs donde denunciar fotos pedófilas en Internet. A mi que me pasé tres años de mi vida, trabajando con niños que vivían en las chabolas de mi barrio, en los salones parroquiales, dándoles clases particulares; a mi que pasé la mejor noche de navidad de mi vida, disfrazado de Papa Noel, en el materno infantil de Las Palmas de Gran Canaria, con niños enfermos sin familia o con enfermedades contagiosas. Gratuitamente, por supuesto.

Me llegó la noticia ayer por la tarde de la redacción de “20 minutos”. Enseguida les comuniqué de qué Web había sacado esa foto. Una Web de humor. No pedófila, por supuesto. Abierta al público mundialmente, sin contraseñas. Una Web donde, todas las fotos que se muestran, son de personas mayores de edad (incluso viejas). La policía no se ha puesto en contacto conmigo en ningún momento, a pesar de que, el otro día, llamé para darles todos mis datos. Me dicen mis abogados que si no lo han hecho ya, 9 días después, es porque el juez no ha dado valor a la denuncia. Si no, ya me habrían puesto en orden y captura, requisado mi ordenador y cds. Desde que, definitivamente, se aclare mi inocencia, voy a denunciar al tipo que me denunció por haberlo hecho sin pruebas, por haber querido dañar mi imagen pública, pretendido que me echaran de mi trabajo.

“20 minutos” ha puesto a mi servicio su departamento jurídico. Todos mis amigos-lectores que trabajan de abogados también me han brindado su ayuda, de forma desinteresadamente. Sin embargo, yo, me hundí. Como el niño inmaduro que soy. Porque no soy un profesional, un payaso que sabe hacer reír cuando está triste. Me hundí porque no soporto la maldad: querer hacer daño gratuitamente. Porque siempre supe que iba a tener problemas legales por las cosas que escribo, porque hay mucha gente con la cabeza muy estrecha, pero nunca pensé que me iban a denunciar por semejante chorrada.

“Si abandonas ahora –me dice la gente a quién se lo he contado- vas a tirar por la borda todo por lo que has luchado. Estás alcanzando tu sueño de convertirte en eZcritor ¿Vas a dejar que gane la gente que te envidia y censura?”

Y yo sé que es verdad. Pero no soy un superhombre. Pase toda la tarde de ayer tirado en la cama. Preocupado, pensando qué hacer. Se hizo de noche. Me puse a pensar qué locura escribir en el post de hoy, con qué tratar de divertir a la gente que me lee. Pero estaba sin sonrisa. Sólo con lágrimas. Finalmente me levanté de la cama, a las 5 de la mañana, y escribí mi post de renuncia: me sentí bien al terminar de escribirla. En mi vida sólo me han apoyado, de verdad, con hechos, dos personas: mis lectores y “20 minutos”. Y por nada del mundo quiero dañar o fallar a la gente que me ha apoyado: a esas personas las tengo en el altar de mi corazón. Renuncié para no dañar el buen nombre de “20 minutos”. Renuncié porque muchos de los que me leen son personas asquerosas: y no deseo escribir, trabajar para ellos: me habían quitado la sonrisa, no iba a permitir que también me quitaran mi “literatura”: que es por lo único por lo que vivo: mi máxima ilusión en la vida.

Sí. Voy a seguir. Ya me siento otra vez fuerte. Porque mucha gente me ha abrazado: por letra y teléfono. Mucha gente buena. Y tanto amor cura, con creces, el daño que me quieran hacer uno, dos o tres hijos de putas.

No vais a ganar: o quizá sí a mí, pero no a mis amigos.

Vuelvo el lunes: perdonad mi post anterior: fue una pataleta y un lloro de una niña chica… qué vergüenza… vuelvo el lunes ¿Vale?.. con la polla fuera: soez y repugnante: listo para mearme sobre todos los hijos de puta: listo para seguir escandalizando a todas las mentes sucias, reprimidas y repugnantes… una denuncia ¡Por fin! Ya soy un escritor maldito de verdad ¡Cómo Bukowski! ¡Como Miller! ¡Cómo Nabokov! ¡Ja, ja, ja! ¡Mi leyenda está creciendo!

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