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Robar en el trabajo

La primera vez que lo hice me sentí muy mal:

-Seguro me han visto –pensé- ¡Todo el mundo lo sabe!

Salí del almacén escondiendo, bajo mi chaqueta, lo que había robado. Robé porque odiaba a mi jefe: me humillaba y hacía la vida imposible. Al llegar a casa, me encerraba en mi habitación e imaginaba que le pegaba una paliza o que, el director de la compañía, descubría que mi jefe era un impresentable y le echaba: nombrándome a mi nuevo jefe.

Luego, empecé a robar dinero. Se negaban a darme un turno de corrido, tal como prometieron al contratarme. Lo vital para robar es encontrar una excusa con la que acallar tu conciencia. Pronto, robar dinero a mi jefe, sin que este se enterara, se convirtió en mi momento favorito del día. Incluso, mientras lo hacía, tatareaba la melodía del tema central de James Bond. Yo, a pesar de mi barriga, era James Bond.

Robar está muy mal visto por la sociedad. Sin embargo, la sociedad no ve mal que las empresas nos roben la vida. Las empresas pagan una mierda a los sin estudios. Las empresas están hechas para que el jefe sea el único que gane dinero. Los demás, no somos más que cucarachas a su servicio. La vida es trabajar, ver la dios-tele, dormir y volver a trabajar. Yo robo para que no me roben la vida.

Ilustración de robotv

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