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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

No soy digno de que entres en mi casa

Veo al chino que ayer me vendió “La máquina del tiempo sexual” caminando por la calle: le acompaña una mujer: le grito: me ve: qué raro: sale corriendo: corro tras él: me cuesta mucho alcanzarlo: finalmente agarro al chino: se tapa la cara, contrae su cuerpo, como si yo fuera a pegarle: le hablo, normal:

-Tengo un problema –le digo- desde que hice el viaje en el tiempo no puedo quitarte de mi cabeza: te veo todo el rato desnudo, mientras un mono te masturba en el sofá de una salita: y tampoco recuerdo nada del viaje ¿Por qué?

El chino se levanta del suelo: mira mi cara: la estudia: me observa: como si yo fuera imbécil: sus ojos no dejan de pensar: a ver si contesta de una vez: finalmente habla:

-Eso es porque te faltó comprar medio litro de sangre de dragón chino mágico –aclara.

Habla con su mujer: en chino: desde que me di el calambrazo, entiendo chino: él dice que le dé el bote donde guarda la regla: ella dice que lo necesita para el médico: pero finalmente, el chino me entrega un bote:

-Esto es medio litro de sangre de dragón.

Creo que me he adelantado por los pelos: su mujer iba a vendérselo a un chino: he de caerle bien al chino:

-Son 800 euros.

Me acompaña a un cajero automático, se los pago: la mujer no deja de reírse, como histérica:

-¿Te lo vas a beber? ¿Te lo vas a beber? –no para de preguntar.

Hoy no planeo regresiones sexuales: prefiero hacer un viaje histórico: tengo curiosidad: me desnudo: bebo sangre de dragón y orines de dragón: me conecto al enchufe de la pared: pienso: Jesucristo: Jesucristo: Jesucristo: Monte de los Olivos.

Viajo en el tiempo: monte de los olivos: encuentro a Jesucristo, sólo, rezando, con cara de cagado:

-Es que, dentro de un rato, me van a crucificar –me dice en arameo antiguo.

(Desde el calambrazo entiendo arameo antiguo)

-Agárrate a mí –le digo.

Jesucristo se agarra a mi verruga de la nariz: le traigo a mi casa: siglo XXI: le doy de comer, le ducho, no se deja afeitar:

-Cosa del marketing –me dice.

Le curo las heridas: le presto mi albornoz: le preparo unos bocadillos de salchichón: le veo comer: así, limpito, tiene pinta de niño bueno: un angelito: me da mucha pena que lo vayan a crucificar por nuestros pecados: cuando termina de comer, le saco una foto: Jesucristo en el siglo XXI:

-Bienaventurado tú –dice- pues es mi Padre quien te envía.

Y, es entonces, cuando lo entiendo todo: Dios es un chino que vende máquinas del tiempo a domicilio: y la vieja que estaba a su lado es una china vieja.

Pido a Jesús que me haga, por favor, un par de milagros antes de que vuelva a que le apresen los romanos: que me recoja la cocina (lleva dos años sucia) y que me dé, de una vez, el don de abrir las bolsas de plástico de los supermercados: que no tengo uñas (me las como, por nervios): cuando voy hacer la compra del mes, formo colas mientras trato de abrirlas (y todo el mundo de la cola se ríe primero, pero luego, se ponen nerviosos porque no me voy tras pagar: y la cajera no puede empezar a cobrar la compra siguiente hasta que yo meta todos los alimentos en una bolsa: y la gente me abre las bolsas: y me mira como si yo fuera idiota: y yo me siento idiota porque no puedo abrir bolsas de supermercado)

¡Mi cocina por fin está limpia! ¡Es un milagro!

Ya se va Jesús de vuelta a su época, a que lo crucifiquen, cuando se me ocurre una idea:

-Escucha: ya que eres Jesús y haces milagros ¿Porqué no mandas de vuelta a otro tipo con tu cara a que lo crucifiquen?

-No puedo hacer eso, Rafa –dice- Es mi destino: debo de morir en la cruz: por vuestros pecados: es algo muy serio: un plan de mi Padre.

-Ya, ya… pero que te crucifiquen a ti es una putada: eres super bueno. Y hay mucho hijo de puta por ahí al que le iría mejor una crucifixión.

-La verdad –dice Jesucristo- que sí… joder… qué pocas ganas de que me crucifiquen… pero tengo que hacerlo: si no, la gente no va hacer caso de mi mensaje: amaos los unos a los otros:

…la familia no es la unión de un hombre y de una mujer, sino la unión de personas que se quieren…¿Qué hay de malo que la gente se quiera? ¿Por qué la gente es tan envidiosa y no deja que la gente que se quiere amar, se ame? ¿Quizá porque ellos no tienen amor? ¿Hay algo más maravilloso que ver mucha gente amándose: puramente?

-¿Ves que eres super bueno Jesús? ¡Venga! ¡Nadie tiene porque enterarse de esto! ¡Mandas a otro con tu cara a la cruz y ya está: como en “Misión imposible-2”!

Jesús me mira: piensa: al fin, habla:

-¿No se lo dices a nadie? ¿Me prometes que no lo publicas en “20 minutos”?

-Claro que no Jesús. Puedes confiar en mí.

Nos ponemos a pensar: me atrevo a proponer varios nombres: Danielle Steal, Dan Brown, Trapiello, Perez Reverte, Rajoy, Aznar, Victoria Beckham, Bustamente, Bush, Acebes, el entrenador de la selección de fútbol francesa… pero finalmente damos con el perfecto: El Koala: porque hasta Jesucristo está ya hasta los putos huevos de la canción del verano.

Jesús me da las gracias: dice que se tiene que ir:

-¿Vuelves a Jerusalén? ¿Con María Magdalena, pillín?

-Sí, sí, claro… –dice- Esto.. eh… ¿Tienes preservativos, Rafa? Es que me voy a ir a dar una vuelta por ahí, conocer Fuerteventura… esta isla donde tú vives me recuerda mucho al desierto donde me fui a reflexionar.

-No. No tengo preservativos: para masturbarme no me hacen falta. Joder, Jesús: sería un imbécil si cada vez que me fuera a masturbar me pusiera uno.

-Bueno. Da igual. Haré la marcha atrás.

Me visto: me voy a la iglesia: está llena de gente: pero sólo yo sé el verdadero secreto: a quien crucificaron realmente, quien realmente murió por nuestros pecados, fue “El Koala”: el autor de la canción del verano en España…: joder… se lo prometí a Jesús… pero es una ocasión única para promocionarme en “20 minutos”: el trabajo es el trabajo: sigo a Jesús: tomó el camino de la playa: llevo mi cámara de fotos digital en la mano: veo a Jesús: saco fotos:

Y tengo más fotos: Jesús, aprovechándose de sus super poderes: ganando una competición de 1.000 metros espalda:

Lo sabía… Siempre supe que Jesucristo no era más que un hijo de papá… de milagros, nada: lo que pasa es que le deja hacer lo que le venga en gana.

Nota.- Tras escribir este artículo por el que, sin duda, me darán el premio Pulitzer (o me echarán), vuelvo a casa, duermo: por fortuna, la imagen del chino con el mono ha desaparecido de mi cabeza: pero ha sido reemplazada: otra imagen: menos horrorosa, pero más abstracta golpea mi cabeza una y otra vez: el chino abre un restaurante y me enseña lo que como cuando pido cerdo agridulce:

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