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BLOG DE CONTENIDO SOLAMENTE PARA ADULTOS (+18 AÑOS)

La camarera

Este es el trato: de lunes a viernes tienes que actualizar tu blog con lo que quieras –me dijo Arsenio Escolar, director de “20 minutos” – Sin censuras. Y los fines de semana, de vez en cuando.

Llevo una semana en la isla de Tenerife, cuidando a un familiar al que han operado del corazón: escribo cuando mi familiar no me necesita: me he instalado en una esquina de la habitación donde él está: en el hospital. Actualizo desde un cyber que abre a las 11:00 de la mañana. Hay otros más cercanos, pero no permiten leer cedes.

-Trata de actualizar –recuerdo que me dijo Arsenio- de madrugada o a primera hora de la mañana (las 6). Así, la gente que se conecta por la mañana, desde las oficinas, tendrá algo que leer.

Esta semana no he podido cumplir con esa parte del trato. Cada mañana, al abrir el correo, espero un e-mail de Arsenio, recriminándomelo:

-No eres un profesional. Si lo fueras hubieras publicado cada mañana a la hora convenida. Piensa en los corresponsales de guerra. Ellos sí que se enfrentan a grandes problemas. Tú, no estás más que en Tenerife. Y en el centro de la ciudad. No consigues actualizar a la hora. Eres una niñita. Me avergüenzo de ti: eres indigno para este periódico. Gilipollas. Estás despedido.

Sin embargo ese e-mail, esa llamada no ha llegado. Muchas gracias, Arsenio.

Hoy sábado, aunque no toca y no es obligado, quiero actualizar, pero no tengo ni idea de con qué: quisiera escribir algo bueno, buenísimo: pero nunca me sale nada decente: me cuesta mucho idear una historia para cada día: ¿Sobre qué puedo escribir hoy?: me acuerdo de la chica de la cafetería: en esa cafetería hacen unos sándwiches vegetales que te mueres de buenos: llevo toda la semana comiéndolos, visitándola: pienso en escribir un relato sobre ella: escribir sobre que ella me gusta y que no me atrevo a decírselo: escribir que me gustaría besarla, abrazarla, agarrarle las tetas:

-Voy a bajar y le saco una foto sin que se de cuenta –pienso- Así ilustro el post. Ella es muy guapa.

Miro a mi tío:

-Voy a llamar por teléfono –le digo.

Salgo de la habitación: bajo las escaleras: entro en la cafetería: todos los clientes me miran ¿Por qué? Tengo la cámara de fotos en la mano: la gente no deja de mirarme: ¿Por qué? Es normal que me miren un momento, al llegar: pero no que mantengan su vista fijada en mi ¿Qué ocurre? ¿Tanto se me nota que estoy loco? No me atrevo a sacar la foto: me da vergüenza: si me pongo a sacar fotos a la camarera van a pensar que soy un pervertido sexual: además llevo puestas mis gafitas de pasta: tengo especial pinta de reprimido y pajero con mis gafas de pasta: doy media vuelta: me voy de la cafetería: le saco una foto a la entrada: esa foto será la que ilustre el post: a la mierda: que se imaginen a la camarera.

Miro la foto: es una pobre foto: muy aburrida: ¿Y si escribo una carta a la camarera y le pido permiso? Subo a la habitación: tomo mi libreta: escribo:

Hola.

No quisiera, por nada del mundo, asustarte o hacerte sentir incómoda. Te escribo esta nota únicamente porque soy muy tímido y no me atrevo a decirte estas cosas a la cara.

Me llamo Rafael Fernández. Soy una especie de escritor. Estoy contratado por el periódico “20 minutos” que aquí no se reparte pero es el más leído de España. Puedes leer mi sección, en la versión on line, en www.20minutos.es (mi nombre sale en la página principal, en un apartado que pone “Quiero ser ezcritor de éxito”.

La cuestión es esta: de lunes a viernes y, ocasionalmente los fines de semana, he de escribir un relato o artículo. Me gustaría escribir uno sobre ti: sobre un chico que está en un hospital y se enamora de ti (bueno, de tu físico) pero nunca se atreve a decirte nada. Quisiera sacarte una foto para ilustrar ese relato ¿Es posible? ¿Te molesta?

No quisiera te sintieras insultada ni obligada. Tampoco quiero que pienses que, tras sacarte la foto, creas que te voy a acosar o a tratar de quedar contigo. Te saco la foto y ya no te molesto más.

Ahora son las 19:00 h. Vengo luego a las 20:00 h. Te miro y, si me dices sí, te saco la foto. Si me dices no, me voy. Te prometo que no quiero darte ninguna molestia: no voy a escribir nada malo sobre ti ni sobre el hospital.

Un beso,

Rafa (ezcritor (arroba) hotmail.com)

Con la nota en la mano, vuelvo a bajar a la cafetería: sigue llena de gente: gente que me mira: voy hasta la barra: tarda un poco en atenderme: cuando me ve sonríe: no sé si por trabajo o por que le caigo simpático: le pido un café: me lo sirve: me fijo en sus dedos: no le veo anillo de casada: mejor: pago: le entrego, temblando, la nota: me voy: siento una regresión: vuelvo a tener 11 años: y ella es la niña más guapa del colegio.

Son las 19:00 h en punto. Mi tío ya está bien: quiero decir que ya no me necesita en la habitación todo el tiempo, así que me doy una vuelta por la ciudad: volveré a la cafetería a las 20:00 h. No. Volveré a las 20:10. Mejor retrazarme un poco: así no pareceré un psicópata obsesivo… ya lo parezco: debe de estar temblando: asustada: se lo dirá a los cocineros: me recibirán con los cuchillos en la mano: con los cuchillos con los que antes me hacían los sándwiches vegetales.

Paso por delante de un bar: un gordo, que está viendo las noticias, dice:

-Este país va fatal.

Pienso: quizá si moviera ese culo y se implicara, este país y el mundo iría mucho mejor: pero la gente piensa que no se puede hacer nada: la gente vive frente a los televisores pensando que no son nadie: se olvidan que cada uno de nosotros somos un Dios poderosísimo: cada uno de nosotros somos más importantes que Zapatero, Rajoy, el Rey, Ronaldiño: podemos conseguir y cambiar lo que nos propongamos, con esfuerzo y perseverancia: tardaremos años: pero lo conseguiremos: hay una leyenda urbana:

-Esta todo perdido y vendido. No se puede cambiar nada.

Esa es la frase perfecta de los perdedores, de los cobardes, de la gente con los testículos congelados. Quédate en casa y no hagas nada por ti: verás como tu vida se convierte en una mierda. Sé de lo que hablo: yo antes era como ese gordo: sin tanta grasa pero igual de cobarde: a veces lo sigo siendo: pero ahora me obligo a hacer lo que no me atrevo: justo lo que me da miedo… le voy a pedir a la camarera un beso ¿Cómo se llamará? No, no se lo voy a pedir: soy un cobarde.

Camino por la calle: todas las chicas tienen novia: todo el mundo le da la mano a una tía buenísima: todas las tías tienen un culo perfecto:

miro a esos hombres, con esas novias: todos son feos: ridículos: con caras de tontos: visten como gilipollas: deberían de ser crucificados: deberían de haber campos de exterminio para los que vistan con ropa con valor por encima de los 200 euros ¿Por qué las chicas cuando me ven no se tiran a mis pies? Yo soy mejor que todos ellos juntos ¿Es que no se dan cuenta? ¿Cómo pueden ser tan tontas? ¡Yo soy Rafael Fernández! ¡Soy maravilloso! ¡Soy Dios! ¡Un ángel! ¡Satanás!

Veo a una chica: está sola: es super guapa: preparo la cámara: le voy a sacar una foto sin que se de cuenta: cuando llegue a casa me masturbaré mirándola: le apunto con el objetivo de la cámara desde abajo: aprieto el botón cuando pasa a mi lado: la foto ha salido movida: no me sirve para masturbarme: el mundo está lleno de mujeres maravillosas: hay demasiadas: no es justo: quiero ser viento, quiero ser aire: quiero poder tocarlas a todas: quiero que me esnifen: entrar en sus dos bocas: sentirlas por dentro: fecundarlas: quiero ser el padre de una nueva humanidad.

He llegado al muelle: delante de mí una mujer mayor habla con su marido:

-La plancha que uso para planchar está rota –le dice.

Los miro: me dan pena: que desperdicios de seres humanos: tanto poder: tanta inteligencia reducidos en dos seres de clase media-baja: trabajadores, consumidores, jubilados: pronto morirán: y nunca habrán visto el arco iris de la vida: yo tampoco lo he visto: pero no voy a morir sin verlo: me lo he prometido: voy a subir al arco iris: voy a cantar canciones allá arriba.

La pareja tiene tres perros. Unos asiáticos, que están sentados en unos bancos, bebiendo cerveza, llaman a uno de los perros: y el perro acude:

El dueño se da cuenta: mira a los asiáticos: ellos, cariñosos, están acariciando a su perro: el dueño le dice a su esposa:

-A ver si los chinos esos se van a comer a nuestra Paca ¡Paca!!! ¡¡Pacaaaa!!

Paca acude.

Pienso: me hubiera gustado que los chinos esos se comieran a Paca: allí mismo: cruda: hubiera sacado unas fotos buenísimas para “20 minutos”: la mujer gritando, el hombre pelando con los chinos: los chinos con la boca ensangrentada, por haberle arrancado, a mordiscos, las entrañas de Paca, por comérselas: chinos vampiros: ese perro merecía morir: por justicia.

Un homosexual pasa a mi lado: me sonríe pícaro: me entristezco: siempre he gustado a los homosexuales: da igual si estoy gordo o guapo: ¿Por qué no tengo el mismo éxito con las chicas? ¿Por qué las chicas no me miran con deseo cuando pasan a mi lado? No es justo: es un chiste de Dios: yo quiero ser homosexual: evolucionar: pero no puedo: al único hombre que puedo tocar soy yo mismo: mantengo una relación homosexual conmigo desde hace años: estoy enamorado de mi mismo.

Voy a sacar una foto al homosexual: antes de hacer clic me fijo que un mendigo me está mirando: en mis manos tengo una cámara que vale casi 200 euros: él nada: escondo la cámara: me voy avergonzado: no quiero que el mendigo me mire: necesito salir corriendo: me siento como un hijo de puta: soy un hijo de puta.

Ya casi son las 20:00 h: me voy a la cafetería del hospital: tengo un relato por escribir: ¿Cómo puedo enfocar ese relato sin repetirme? Mis amigos lectores me dicen:

-Te repites mucho.

-¿Pero cómo puedo dejar de hacer que mi vida deje de repetirse una y otra vez? ¿Acaso la vida de todo el mundo no es siempre la misma? ¿No vivimos todos en el mito de Sísifo?

Entro en la cafetería: la camarera me sonríe: es guapísima: estoy inspirado: nunca la besaré pero, a cambio, voy a escribir -creo- un buen relato.

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