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20 euros de polen

¿No sientes la fuerza con la que late tu corazón, como si quisiera salir de tu cuerpo? ¿No te sientes como si pudieras ser un super héroe? Mi corazón me dice: salta por la ventana, volarás: pero mi cabeza me dice: te la vas pegar jodido imbécil.

Tomo un cristal, me rajo el dedo:

-No voy a sangrar –me digo.

Pero sangro.

¿No sientes un poder inclaculable dentro de ti que nunca has podido utilizar? ¿Qué es esa sensación? ¿Por qué la siento si es metira? ¿Estoy loco?…

Llevo dos semanas intentando hacer viajes astrales: me tiendo sobre la cama, trato de expulsar mi alma:

quiero observarme desde fuera: quiero ser humo de tabaco: el día que consiga salir de esta prisión de huesos y grasa (mi cuerpo), seré el hombre más feliz del mundo: tendré la certidumbre de que existe algo más que el dinero: el dinero, las responsabilidades adquiridas, no son más que una patraña que aplasta a nuestro ser (que no nos dejan ser).

Voy a la librería: compro dos libros: “Viaje astral, proyección astral” de Julio Roca Muntañola y “La proyección astral” de “Equipo de expertos Osiris”. La chica de la caja me los cobra, mira los títulos, me mira a la cara, a los ojos: quiere ver qué gilipollas se dedica a gastarse el dinero comprando esos libros: piensa que estoy loco: quiero preguntarle:

-¿Usted no necesita salir de si misma? ¿Ver que todo lo que le rodea es mentira? La vida no puede ser algo tan elemental como lo que estamos viviendo a diario: ordenadores, tarjetas de crédito, compras, pollas, ropa, chochos, coches, propaganda… Tiene que haber otra dimensión: un lugar donde pueda sentir algo de verdad, realmente: donde todo no sea una mierda.

No me atrevo a hablar con la chica de la caja: primero porque si le digo eso va a pensar que soy un estúpido, un snob, un tarado: segundo, porque es muy guapa y lo sabe: esa carita de egipcia, esas tetas grandes que tiene, esa forma de vestir, le hace sentir una reina: si le digo algo va a pensar, también, que soy un depravado sexual: que le hablo porque quiero metérsela por la boca: da igual que ella no tenga nada más en la cabeza que la casa que se quiere comprar: ella, por su belleza, es superior a mi:… me voy avergonzado de la librería: ¿Cómo he sido capaz de comprarme un libro escrito por unas personas que dicen ser un equipo de expertos de Osiris? Me los imagino en Osiris: descojonados de risa, de mí: ¡Ha picado uno! ¡Uno ha comprado mi libro!

… un marroquí, desde una esquina, vestido de riguitón, me hace señas para que me acerque: camino hacia él porque sé de que va esto: y lo deseo:

-¿Quieres coca, pastillas? –pregunta-. Tengo polen, muy bueno.

Desde que dejé la discoteca llevo dos años sin meterme nada de droga: he pasado de esas mierdas y vuelvo a sentir mi cuerpo limpio, con fuerza: pero hoy voy a caer: quiero fumarme un porro: quiero evadirme: dejar de ser yo: quiero ir a la playa, ahogarme en el mar: quiero renacer: quiero ser un pez azul: ser un pez azul: un pez azul: un pez azul: un pez azul: un pez azul con una cola llena de brillantes: la cocaína y las pastillas son una puta mierda: te dejan el cuerpo, la cabeza fatal para pensar, vivir, para escribir: pero el polen está bien:

-Dame 20 euros de polen. Y papelillos y tabaco… y un mechero.

El marroquí me da unas piedritas gomosas: las huelo, asiento con la cabeza, como si fuera un experto: me da unas cuantas:

-Dame más, que no soy gilipollas.

El marroquí asiente sonriendo: me da unas cuantas piedritas más… realmente no soy un entendido en drogas: no sé si me está timando: siempre me he metido lo que me han dado, sin preguntar: las veces que me he drogado ha sido porque me ha dado igual vivir o morir: hoy no es uno de esos días: sólo quiero escapar de mi por un rato: aunque ese polen hubiera olido a mierda de vaca me lo hubiera llevado.

Llego a casa, me quito la ropa hasta quedarme en calzoncillos: trato de hacerme los porros: no lo logro: no puedo: no sé hacerlos: cuando trabajaba en la discoteca fumé muchos porros: pero siempre los preparaban las chicas que luego iba a follarme: me encantaba verlas en mi cama: preparando un porro: medias desnudas: con la certidumbre de sexo inminente: de que las iba a usar en cualquier momento: ellas se tendían sobre la cama y yo me colocaba por detrás: les bajaba el tanga y se las metía:

-¿Cómo me hago esto ahora? –le pregunto a mi perra, Anais.

Mi perra, que hasta entonces permanecía mirándome atenta, trata, entonces, de subirse a mi mesa: de comerse el polen: la aparto: ha tenido una idea excelente: la gente cocina con marihuana: en Holanda probé los space cakes, pastelitos de marihuana: y estaban buenísimos: entonces ¿Por qué no me como el polen y ya? ¿Acaso lo que pretendo no es colocarme? ¿Para qué fumarlo si a mi no me gusta fumar?

Me tiendo en el sofá de la tele: mordisqueo los 20 euros en polen: abro los libros sobre la proyección astral:

leo: tengo que conseguir salir de mi cuerpo: leo: una tal Helten Seller (el libro dice que es una reputadísima escritora ciega sordomuda aunque ni el Google ni yo la conozcamos de nada) afirma que:

-“Conozco a mis amigos no por su apariencia física sino por su espíritu. La muerte no me separa de los seres queridos; en cualquier momento puedo hacerles venir a mi lado para que alegren mi soledad. La muerte no existe para mi”

…sonrío: sería maravilloso salir de mi cuerpo, volar por el cielo: volver a contactar con mi madre, besarla: preguntarle por donde andan los espíritus de Henry Miller, Bukowski, Fante, Toole, Baudelaire…: hablar con ellos, reírme, hacerles reír, beber vino… empiezo a notar los efectos del polen: tengo alucinaciones: veo, frente a mi, a un ser superior:

-Me llamo Rascasouran –me dice- Y, este mundo en el que vives es temporal: muy primitivo, ya verás, cuando mueras, que sois tan insignificantes y miserables como insectos del averno. Ya verás que, en la vida, hay algo más que comer que carne, con sangre.

-Pero entonces –le pregunto- ¿Para que existe este mundo? ¿Por qué debemos de vivirlo? ¡Es absurdo!

-Por las selvas. No hay nada más bello que las selvas.

Y me enseña una selva.

-¡No entiendo! –le grito- ¿Por qué me muestras esa selva? ¿Qué pretendes con eso? ¿Qué me vaya a vivir a una selva?

-¡No me grites! –advierte enfadado- ¡Observa el verde!

-¡Veo el verde! ¿Qué pasa?

-¿Acaso no flipas con el verde?

Dice “flipas”: entonces me doy cuenta: es un impostor: el polen me ha provocado una alucinación: ese Rascasouran es un troll misógino esquizofrénico que no deja de escribir mensajes en mi blog de “20 minutos”, insultando a los que me leen: o quizá no: quizá Rascasouran es un demonio: quizá yo, ahora mismo, esté haciendo un viaje astral: recuerdo lo que leí en el libro: dice que, en el otro plano, hay seres malignos: los “desencarnados”: seres atormentados que murieron y que no tienen el valor necesario para dar el salto a la espiritualidad pura: tratan de ocupar tu cuerpo, poseerlo, mientras estás fuera:

-Eres un impostor –le grito- ¡Tú no eres un ser superior!

-Atrévete salir de tu cuerpo ¡Verás como te la meto por el culo! ¿Nunca has oído hablar de las violaciones astrales? ¿No pone nada sobre ellas en ese librito?

Pienso: siempre he querido ser homosexual: es lo único que me falta para ser un genio: porque los verdaderos genios de la historia han sido siempre homosexuales: desde Sócrates a Da Vinci a Miguel Ángel Shakespeare, Jesucristo, Bob, Wilde, Lorca… pero, por desgracia, no soy homosexual: besar a un hombre me daría el mismo placer que besar a un perro: la idea de metérsela por el culo a un hombre me excita tanto como la idea de metérsela por el culo a un cerdo:… cerdo, perros ¿Acaso eso no es lo que somos los hombres? ¿Cómo es posible que las mujeres se acuesten con los hombres? Todas las mujeres del mundo, si fueran listas deberían hacerse lesbianas: nosotros, los hombres, somos una plaga de la que hay que librarse cuanto antes: todos somos como George Bush: más buenos o más malos: pero siempre como George Bush: egoístas, dementes, asesinos, despreciables.

-¡No soy homosexual! –grito- ¡Todo el mundo que me lo dice o son mujeres con las que no he conseguido empalmar o homosexuales que tratan de confundirme para que me la deje meter! ¡No soy homosexual! ¡Dejadme ya en paz con eso! ¡Me gustan las tías! ¡Mucho! ¡No quiero que nadie me meta nada por el culo!

Anais, mi perra, me mira asustada: siempre esta jugando, mordiendo: ahora me observa nerviosa: se sienta a mi lado: percibe que estoy mal: la droga me ha sentado fatal: me he metido demasiada: estoy asustado: el corazón me va mil: taquicardia: quizá un ataque al corazón: estoy temblando: tengo escalofríos: la cabeza me va a estallar:

-¿Me voy a morir Anais?

-Sí –me dice Anais, telepáticamente- te vas a morir: y lo siento mucho: fuiste un buen dueño.

-Por lo menos –gimo- A ti siempre te traté bien.

-Sí. Pero te olvidaré. Y tendré otros dueños: todo el mundo es reemplazable.

Pienso pedir ayuda: por teléfono: a una ambulancia: no, mejor no: me imagino en la camilla: que vergüenza: ¿Qué pensará de mi el doctor? ¿Y los vecinos? ¡Menudo drogadicto! Prefiero morir: morir aquí: que hablen lo que quieran de mi después de que haya muerto: soy una mierda: un deshecho humano:…tomo una manta, me tapo con ella: me acurruco en el sillón… espero la muerte… me topo con un bolígrafo en el sillón: tomo uno de los libros: lo abro por su última página y, con la mano temblorosa, escribo: mis últimas palabras escritas:

“Por si muero hoy domingo decir que comí polen y que por eso morí. Amo a xxxxxx con todo mi corazón. Te pido perdón. Me equivoqué”

Y cierro los ojos.

Muero.

Abro los ojos:… es el día siguiente: siempre hay un día siguiente: un día en el que puedes reirte de lo mal que lo pasaste en el pasado: leo lo que escribí: me sorprendo por haber pensado en xxxxxx en ese momento… pienso en llamarla, contarle que creí morir: que mis últimas palabras, mis últimos pensamientos fueron para ella… Pero no: a ella sólo la llamaré el día que vaya a morir: ahora estoy vivo: y la vida no tiene nada que ver con ella: porque soy un egoista: mi muerte es para ella pero mi vida, sólo a mi me pertenece.

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