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Estrasburgo: una de sangría y otra de troika

Esta semana que acaba el pleno del Parlamento Europeo, celebrado en Estrasburgo, ha mostrado sus dos caras: la del viejo hemiciclo que legislaba sobre la curvatura de los pepinos (metáfora de su propia irrelevancia política como órgano) y la de la renovada y poderosa cámara que observa con celo el desempeño del resto de las instituciones de la UE. Una de arena y otra de cal: o lo que es lo mismo, una de sangría y otra de troika.

Vamos con lo banal primero, como aperitivo de lo realmente suculento. Al parecer, por abrumadora mayoría de eurodiputados (609 votos contra 72) el miércoles pasado se acordó el uso exclusivo del término ‘sangría’ para las bebidas de este tipo que se produzcan en España y Portugal. Si otro estado miembro quiere hacer su propia sangría, tendrá libertad, pero no podrá llamarla ‘sangría’, sino “bebida aromatizada a base de vino”. Y esto, tras meses y meses de negociaciones.

Manifestación en contra la de troika en Portugal (EFE)

Manifestación en contra la de troika en Portugal (EFE)

Frente a esta resolución más o menos anecdótica (en el periódico nos reímos bastante cuando conocimos la noticia), el Parlamento Europeo se ha encarado también esta semana con los ‘hombres de negro’, con la troika (Comisión, BCE y FMI), para leerles la cartilla en relación a la su propia naturaleza como figuras autónomas a los tratados y, sobre todo, en relación a las consecuencias de las medidas económicas impuestas en aquellos estados miembros donde intervinieron.

Para ser del todo sinceros, el examen se realizó solo a las dos patas del trípode: estuvieron el comisario Olli Rehn y el expresidente del BCE Trichet, pero no se sentó en el hemiciclo ningún representante del FMI, el otro apoyo de la terna. Aún así, la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del PE se despachó a gusto con un informe muy crítico sobre la actuación de la troika en Irlanda, Chipre, Portugal y Grecia.

Aquí podéis leerlo (en inglés), pero os resumo las acusaciones más importantes que contiene: por un lado, los europarlamentarios se quejan de la falta de transparencia en las negociaciones de los llamados Memorando de Entendimiento; deploran, asimismo, el optimismo desmesurado atribuido por la troika al afecto positivo de sus propias políticas; además, los parlamentarios consideran que apenas se prestó atención para aliviar el impacto negativo de los programas de ajuste en estos países…. Hay más, pero quizá la acusación más contundente es que, según dicho informe, no hay base legal dentro de los tratados europeos para la permanencia de la troika.

Ante el ataque del PE a los miembros de la troika, la Comisión Europea se parapetó en los buenos resultados de los programas implementados y en negar cualquier ejercicio de autocrítica sobre estos años pasados. Según Rehn, los rescates “impidieron la quiebra desordenada de esos países y evitaron daños mucho más graves”. Algo menos triunfalista, pero igual de inamovible en sus respuestas resultó Trichet, quien aseguró en su comparecencia que se logró evitar una crisis “peor” que la Gran Depresión de 1929, aunque reconoció que la respuesta dada quedó “lejos de lo óptimo” por las prisas de la situación.

Debates y comparecencias como estas, aunque puedan parecer del todo inanes, eran hace no demasiados años algo impensable. La UE va, por este camino, hacia un verdadero y fructífero checks and balance. Las tensiones entre aquellos tres discursos de los que llevo varios días hablando (no por ser pesado, sino porque es realmente una clave de bóveda de todo esto), el de los ciudadanos, los despachos y los estados, se dirime en situaciones como las de esta semana en Estrasburgo.