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El conde Coudenhove-Kalergi, patriota europeo y pionero de un continente unido

Sin duda no fue el primero en forjar la idea de una Europa unida, pero sí el que más cerca estuvo de imaginar el fondo y la forma de lo que ha acabado siendo la Unión Europea. Lamentablemente, Richard Coudenhove-Kalergi –un aristócrata austriaco de madre japonesa– es un nombre exótico que poco o muy poco trasmite hoy a los no iniciados.

El conde Coudenhove-Kalergi (1894 – 1972) fue un pionero audaz. Un hombre de letras exquisito –filósofo, diplomático, editor– preocupado (como muchos entonces) por la evidente decadencia del continente tras la Primera Guerra Mundial. Era, además, un pacifista convencido. Le preocupaba el nacionalismo excluyente y abiertamente etnicida que profesaban la mayoría de los Estados y soñaba con una Europa de los pueblos federal y fraterna.

El conde Kalergi (Autor y fecha: desconocidos).

El conde Kalergi (Autor y fecha: desconocidos).

Su terco empeño europeísta tiene un punto de partida: 1923. En ese año Coudenhove-Kalergi publicó Pan-Europa, algo así como un panfleto geopolítico destinado convencer de que el futuro del continente pasaba por la democracia, la paz y la unión económica y política entre los Estados (principalmente Francia y Alemania, enemigas históricas). Como veis, un visionario.

Con todo, Kalergi fracasó en primera instancia, en el sentido de que su genial idea necesitaría de varias décadas más, y otra mortífera contienda mundial, para que se hiciera realidad en la conocida como Europa de los tratados. Con todo, su empeño fue máximo. Poco después de publicar su libro, fundó la Unión Paneuropea, una asociación creada al albur de la Sociedad de Naciones de la que formaron parte entre otros Adenauer, De Gaulle o Spaak.

En la actualidad, la Unión Paneuropea sigue existiendo. Tal es así que, incluso, existe un Comité español de la misma, presidido actualmente por el periodista Ramón Pérez-Maura (en su página web podéis curiosear más nombres, algunos de ellos os llamarán la atención, seguro). Sus principios, tal y como ellos mismos los enuncian son la defensa “del patriotismo europeo”, la “justicia social” y “la identidad europea basada en los valores y convicciones cristianas”, en la línea del pensamiento de Kalergi.

Volviendo al conde de Bohemia, algunas de sus ideas y símbolos son hoy perfectamente reconocibles para cualquier europeo, aunque no conozca nada de su origen. La bandera que diseñó para su federación Europea era prácticamente la misma, con ligeras supresiones, que luego se adoptaría como emblema de la UE; y lo mismo sucede con el Himno de la alegría. Después de la Segunda Guerra Mundial, que contempló desde el exilio en EE UU, Kalergi volvió al a carga con nuevos proyectos.

En 1947, apenas dos años después de la derrota de Hitler, fundó la Unión Parlamentaria europea, embrión del  Consejo de Europa del año siguiente, y cimiento de algunas de las instituciones hoy existentes. Pese a todo este currículum, Kalergi fue, al final de su vida, un europeísta desencantado. Como escribe Fernando Álvarez Balbuena, politólogo y sociólogo, en la década de los sesenta el conde europeísta se quejó amargamente de la deriva excesivamente tecnocrática que estaba tomando la unión. Lúcido hasta en eso.