Estoy dramatizando Estoy dramatizando

"... no me despiertes, si duermo, y si es verdad, no me duermas". (Pedro Calderón de la Barca, 'La vida es sueño')

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Opiniones son

2estrellasEl zoo de cristal

Hace años, durante una entrevista, Mario Gas me dijo que el buen director teatral es aquel cuyo trabajo pasa desapercibido, “el que se diluye en una puesta en escena”. Lo recordé ayer mientras veía El zoo de cristal, una función que no termina de echar a volar lastrada por algunos errores de planteamiento.

Para empezar, cuesta creerse que Silvia Marsó, que interpreta a Amanda, y Pilar Gil, que da vida a Laura, sean madre e hija. Hago una búsqueda en Internet y compruebo que la diferencia de edad entre ambas actrices es de 13 años. Claro. Y aquí ni la primera aparenta un año más del que tiene ni la segunda uno menos.

'El zoo de cristal'

¿Ustedes creen que esta mujer tiene que explicar que en otra época fue bella?

Digo más. No es solo que Marsó no aparente un año más del que tiene, es que bien podría pasar por una mujer una década menor (si IMDb no miente, ha cumplido los 50). Así que desconcierta ya en la primera escena, cuando su personaje recuerda los tiempos de juventud en que la pretendían los chicos de la zona y dice algo así como “No bastaba que una muchacha tuviera una cara bonita y un buen tipo… Aunque yo no estaba mal dotada en ninguno de los dos aspectos”. ¿Ustedes se imaginan a Angelina Jolie diciéndoles hoy a sus hijos que de joven era guapa y tenía buen cuerpo? ¿Lo ridícula que resultaría la evidencia? Vale, lo he llevado al extremo, pero para que se me entienda.

La Amanda de Marsó, además, derrocha la energía propia de una treintañera. Nada que objetar en este sentido, Tennessee Williams definió el personaje como una mujer “de una gran vivacidad”. Sí al pelo cano que le ‘colocan’. Entiendo que se ha podido buscar el contraste entre el vigor de la madre luchadora y el tiempo que en realidad ha pasado por ella, pero sumado a todo lo anterior le resta credibilidad.

Que conste que la actriz consigue superar todos estos fallos de concepto. Vi a la mejor Silvia Marsó de los últimos años. Vuelvo a citar a Williams cuando define al personaje: “Hay mucho que admirar en Amanda, y tanto para adorar y compadecer como para reírse de ella (…) Y aunque su insensatez a veces la hace inconscientemente cruel, hay ternura en su persona”. Pues todo eso, con las contradicciones y la dificultad que implica, está en la Amanda de Marsó, adorable, odiosa y cómica al mismo tiempo.

'El zoo de cristal'

Arestegui, Marsó, Gil y Carlos García Cortázar, el elenco de ‘El zoo de cristal’. (Foto: Pedro Gato)

Ahora, si me pareció mal dibujado el personaje de la madre, otro tanto me ocurrió con el de Laura. Personalmente, veo a la hija como una joven frágil, tierna, que vive en su propio ensueño, y encontré aquí a una Laura que casi da miedo.

Escenografía y sonido vienen a completar la lista de incongruencias de la producción. La primera, por la modernidad de las pantallas de los laterales, resolutivas en el aspecto funcional pero un ‘pegote’ (que diría mi madre) frente a los muebles y enseres de época; igual que la pared casi blanca del fondo (al menos eso parece con la luz), en este caso más por una cuestión de gusto personal que no logro justificar, pero esa pared lisa de la que solo cuelga el cuadro del padre ausente la imagino mucho más oscura. En cuanto al sonido, en al menos dos o tres ocasiones entran efectos de forma algo artificial, más propios de un audiovisual que del teatro.

'El zoo de cristal'

Arestegui y Marsó en ‘El zoo de cristal’.

En el lado positivo, aparte del trabajo de Silvia Marsó, destacaría que la función tiene buen ritmo. Agradecí la adaptación del texto y confieso que me aburrí más, de hecho, en producciones que he valorado mejor. La escena en que Tom (Alejandro Arestegui) le cuenta a su madre que ha invitado a su compañero a cenar y ella empieza a idear el acontecimiento la encontré ágil y entrañable, muy veraz, con una gran complicidad entre los actores. También me pareció precisa y adecuada la iluminación. Y tras la representación, deben saberlo, se oyeron “bravos”…

… Que las opiniones, opiniones son.

Título original: The glass menagerie.

Autor: Tennessee Williams.

Adaptación: Eduardo Galán.

Dirección: Francisco Vidal.

Reparto: Silvia Marsó, Carlos García Cortázar, Alejandro Arestegui, Pilar Gil.

Escenografía: Andrea D’Odorico.

Iluminación: Nicolás Fischtel.

Vestuario: Cristina Martínez.

Sonido: Tuti Fernández.

Producción: Teatro Español, Secuencia 3, Pedro Hermosilla Management y SOM Produce.

Sala: Teatro Fernán Gómez (sala Guirau), Madrid.

Una historia tierna, cercana y universal

3estrellas Luciérnagas

En construcción de Carolina Román y Nelson Dante, protagonizada por ellos mismos y dirigida por Tristán Ulloa, fue en 2013 una de las revelaciones de la temporada teatral madrileña. La verdad del texto y de la puesta en escena, su cercanía al contar la historia de una pareja de inmigrantes argentinos en Madrid, le valieron entonces el reconocimiento de público y crítica, y el montaje, de hecho, continúa en la actualidad de gira.

'Luciérnagas'

Jaime Reynolds y Aixa Villagrán en ‘Luciérnagas’. (Foto: ©DANI OCEANS)

Ahora Carolina Román presenta Luciérnagas, otro texto de una naturalidad asombrosa. En este, la existencia de dos hermanos huérfanos da un giro cuando llega a su pueblo y a sus vidas una joven, Lucía, que derrocha desparpajo y está dispuesta a ponerse el mundo por montera. Sorprende —decía— otra vez la autora (aquí también directora) por la proximidad al espectador y a la realidad que alcanza con la obra, eso sin renunciar a enriquecerla con símbolos. Pero, sobre todo, sorprende el torrente de ideas que pueblan la historia, los detalles que incluye, los matices que dibujan a cada personaje, y que todos suman para engrandecerla y, al fin y al cabo, hacerla universal.

No me terminó de convencer, sin embargo, que Román convierta al final de la obra a uno de los personajes en narrador para que relate lo sucedido tras el periodo de tiempo que se representa, si bien encuentra justificación en que el mismo personaje hace una presentación inicial.

Durante unos instantes, por otra parte, en un pasaje concreto, estuve algo desubicada, hasta que comprendí que lo que estaba viendo era la pesadilla de uno de los personajes. A la salida, mi acompañante, I., también periodista y teatrófila bastante asidua, me confesó que directamente no había entendido esa escena. Creo que bastan para despistar al espectador el salto de la realidad al sueño y el hecho de que la actriz que interpreta a Lucía asume ahí otro papel —¿porque quien sueña ve a la otra mujer con el cuerpo de Lucía? También dudo—, y que tal vez ayudaría marcar la transición con un código de luces y/o sonido que se diferencie más del empleado en los demás cambios de escena.

'Luciérnagas'

Fede Rey en ‘Luciérnagas’. (Foto: ©DANI OCEANS)

En cuanto a los actores, debo destacar el trabajo de Fede Rey en la dificilísima tarea de interpretar a un discapacitado sin perder la credibilidad ni resultar caricaturesco. Jaime Reynolds, por su parte, resuelve a la perfección la dicotomía del Julio que se debate entre la obligación de atender a su hermano y el deseo de llevar una vida personal plena. Aixa Villagrán, una de dos: o tiene ese patrón interpretativo o ha interiorizado mucho y muy bien a Lucía. Apuesto por lo segundo, pero saldré de dudas cuando tenga ocasión de verla en otro papel.

Destacan antes de comenzar la representación que esta se pone en pie de forma independiente, sin ningún tipo de subvención, y piden al público que le dé la mayor difusión posible. Así que aquí va mi granito de arena. Es tierna, cuidada, cercana y atrapa. Lo merece.

– Texto y dirección: Carolina Román.

– Reparto: Fede Rey, Jaime Reynolds y Aixa Villagrán.

– Diseño de luces: Luis Perdiguero.

– Escenografía: Alexandra Alonso.

– Música y diseño sonoro: Nelson Dante.

– Producción: Luis Alberto Caballero.

– Sala: Teatro del Arte, Madrid.

Piense antes de juzgar

5estrellasEl principio de Arquímedes

Si han leído alguna otra entrada de este blog o alguna columnita en su versión impresa, tal vez sepan ya que a servidora le gusta darle vueltas al coco más que a un tonto un lápiz. Creo que las obras que le indican explícitamente al espectador dónde está el bien y dónde está el mal, lo subestiman; al contrario, encuentro mucho más interesantes aquellas que le hacen pensar.

Es una virtud que sin duda tiene El principio de Arquímedes, una pieza de Josep Maria Miró galardonada con el Premio Born de Teatro en 2011 y cuya producción, estrenada en catalán en el Grec 2012, se ha adaptado ahora al castellano.

El principio de Arquímedes narra el conflicto que surge cuando trasciende que un monitor de natación ha abrazado y besado a un niño en la piscina. Se trata de un texto actual, de diálogos finos y verosímiles, con un par de perlas de humor sexual incluidas.

El principio de Arquímedes

Roser Batalla y Rubén de Eguia en ‘El principio de Arquímedes’. (Foto: David Ruano)

Para conducir a la reflexión de la que hablaba antes, utiliza una admirable estructura de escenas más o menos breves y temporalmente alteradas que trocea el conocimiento del espectador y lo aproxima a los puntos de vista que tienen de la situación cada uno de los cuatro personajes. El concepto queda reforzado por un planteamiento escenográfico —no se lo arruinaré detallándoselo— de inteligentísima concepción y no menos inteligente ejecución (firmada por Enric Planas). Ahora bien, si se produce la magia del teatro —que se produce, se lo aseguro—, es porque tan compleja maquinaria dramatúrgica se ha trasladado a las tablas con un código brillantemente sencillo y fácil de seguir para cualquier espectador, logrando un equilibrio formidable. Tanto que, de hecho (van a permitir que me tire el pisto), tras ver la función y sin conocerlo de antemano, supe que autor y director eran la misma persona, que el responsable de la obra, vaya, es uno y ‘bino’ —por suerte, no me gano la vida con el humor—.

En el aspecto actoral, la palma se la lleva Roser Batalla. Interpreta a la envarada responsable del club de natación, a la que solo desarma, con una precisión magnífica, con gestos sutiles, en el único fragmento en que ella se refiere a su vida personal. Rubén de Eguia, a quien veo que me referí como “descubrimiento” —más pisto, estoy insoportable hoy— hace cuatro años con motivo de La vida por delante, está ágil en el papel protagonista. Y también tiene sus momentos sobresalientes, como en las gracietas sexuales a las que me refería antes. Me encantaron, además, ciertos pequeños detalles de la dirección, por ejemplo, la naturalidad con la que en determinados pasajes se solapan las frases de ellos o de los otros actores (nosotros vimos a Albert Ausellé como Héctor, y Santi Ricart).

¿No le he encontrado defectos? A decir verdad, un par de ellos, pero de poca importancia, nimios en comparación con los aciertos. A ver si creían que va una regalando las estrellitas de cinco en cinco por ahí.

Título original: El principi d’Arquímedes.

Texto y dirección: Josep Maria Miró.

Traducción: Eva Vallines.

Reparto: Albert Ausellé, Roser Batalla, Rubén de Eguia y Santi Ricart.

Escenografía: Enric Planas.

Vestuario: Albert Pascual.

Iluminación: David Bofarull.

Diseño de sonido: Damien Bazin.

Producción: Bitó Produccions.

Sala: Teatro de la Abadía (sala José Luis Alonso), Madrid.

Colores son Priscilla

3estrellasPriscilla, reina del desierto

¿Alguna vez os habéis parado a pensar cuánto facilitaría la vida que todo respondiese a las expectativas que genera? ¿Que los gobiernos cumpliesen el programa electoral por el que fueron elegidos, que el chico con el que quedaste a través de una web de citas midiese 1,80 como aseguró, que las cremas antiarrugas en verdad eliminasen las arrugas?

Priscilla, reina del desierto sí es lo que parece, sí ofrece lo prometido. Desde luego, no una dramaturgia de Pulitzer, ni unas interpretaciones de Tony. Pero de colores, de luces, de pelucas, de tacones, de postizos, de desenfado… De todo eso, va sobrado.

“The best feel-good show since Mamma mia! —algo así como “el mejor espectáculo para animarse” o “para hacerte sentir bien” o incluso “el espectáculo más animado” o “el espectáculo con mejor rollo desde Mamma mia!”, diríamos nosotros—. Parece que así describió este musical (su adaptación londinense) el británico Sunday Express, y me gusta que la productora aquí haya incluido esa referencia en la promoción, porque ciertamente Priscilla tiene mucho que ver con el show basado en las canciones de ABBA. Comparten esencia ligera y afán de divertir, y ambos se sostienen sobre sus números musicales; además de que los dos cuentan con versión cinematográfica, claro —en el caso de Mamma mia!, posterior a la teatral—.

Priscilla, reina del desierto

El trío protagonista de ‘Priscilla, reina del desierto. El musical’.

Priscilla, sin embargo, juega con una potente baza de la que carece Mamma mia!: una escenografía y una iluminación apabullantes. Todo el espectáculo es un torrente estético. Cantantes suspendidas en el aire, un autobús de tamaño real cubierto de leds que gira en el escenario, un enorme zapato de tacón que se desliza desde su techo, bolas de discoteca, efectos de luces proyectados en las paredes de la sala…

Vestuario, peluquería y maquillaje merecen una mención aparte. Se usan en torno a 500 trajes y 200 pelucas. Tantos que algunos se lucen en escena durante menos de un minuto. Incluyen genialidades como un vestido con chanclas, otro que incorpora un gran caramelo con envoltorio a la altura de las caderas, otro del que cuelgan tubos de telas rematados en bolas que hacen un efecto estupendo con el movimiento, pantalones de campana con franjas de colores que acaban en unas plataformas bajo los pies…

Decía al comienzo que no estamos ante una dramaturgia de Pulitzer ni unas interpretaciones de Tony. Cierto. Creo que se han cuidado poco la historia y el texto, y que se los relega a un segundo plano. En el terreno actoral, con todo, sería injusto no reconocer el trabajo de José Luis Mosquera (se alterna con Mariano Peña), que brinda una Bernadette encantadora, tierna y muy verosímil.

Los números musicales, por su parte, funcionan gracias a la orquestación, los arreglos y una orquesta dirigida con tino por Julio Awad. En el aspecto vocal los encontré mejorables, sobre todo por lo que respecta a algunos temas de Madonna (ains), pero sin duda salvo a las divas —Patricia del Olmo, Rosanna Carraro y Aminata Sow—. Sí me convenció la idea de combinar español e inglés en las letras de las canciones, aunque (ains otra vez) también se podría perfeccionar un poquito más esa pronunciation. You know.

Título original: Priscilla, Queen of the Desert.

Libreto: Stephan Elliot y Allan Scott (basado en la película original distribuida por Metro Goldwyn Mayer Inc.).

Traducción y adaptación del libreto: Miguel Antelo.

Dirección artística adaptación española: Ángel Llàcer.

Dirección musical: Manu Guix y Julio Awad.

Director: Simon Philips.

Elenco: José Luis Mosquera, Jaime Zatarain, Christian Escuredo, Etheria Chan, Susan Martin…

Adaptación: Simon Philips.

Diseño de vestuario: Tim Chappel y Lizzy Gardiner.

Diseño de iluminación original: Nick Schlieper.

Diseño de maquillaje: Cassie Hanlon.

Diseño de iluminación: Carlos Torrijos.

Orquestaciones: Stephen Spud Murphy y Charlie Hull.

Producción: SOM Produce y Nullarbor Productions en asociación con MGM on Stage.

Sala: Nuevo Teatro Alcalá (sala principal), Madrid.

Clichés así, sí

4estrellasSmiley, una historia de amor

Hablaba hace unos días con R. de cómo a veces se exige más a quien más vale o a quien más da. Cuando eres el criticado, claro, esto te parece muy injusto, y maldita la gracia, pero cuando eres el crítico, no siempre puedes evitar juzgar con ese doble rasero…

Curiosamente, Smiley, el montaje que más he disfrutado en lo que va de temporada, es también al que menos me ha costado sacarle los defectos. A saber:

Ramón Pujol en 'Smiley'

Ramón Pujol es Álex en ‘Smiley’.

– El texto, de Guillem Clua, recurre a infinidad de clichés: están el vasco, el argentino, el gay con pluma, el gay musculado y, en general, muchos de los estereotipos que se atribuyen a la comunidad homosexual masculina o, como lo llama L., al ‘gremio’.

– Un comienzo inverosímil, en el que se supone que uno de los protagonistas consigue dejar un mensaje de varios minutos en un contestador automático. Además, cuenta cosas que el supuesto receptor del mensaje ya sabe.

– Un final bastante previsible.

– Que Ramón Pujol parece incómodo en el monólogo inicial. Que Aitor Merino está titubeante en su papel principal.

– Una iluminación errada. No sabría precisar si por una cuestión de planteamiento o por un fallo técnico puntual.

Sin embargo, decía, es con diferencia el montaje que más he disfrutado en lo que va de temporada.

Aitor Merino en 'Smiley'

Aitor Merino es Bruno en ‘Smiley’.

– Porque el texto refleja todos esos clichés con una frescura y naturalidad maravillosas, y sin tapujos. Porque los pasajes discursivos están bien planteados e hilados. Porque trata una cuestión universal, aplicable, como aquí, a una pareja formada por dos hombres o a cualquier otra. Porque hacer hermoso lo sencillo es delicioso y tiene mucho mérito.

– Porque Pujol se suelta enseguida, gana en verosimilitud y marca muy bien los momentos cómicos del texto. Porque Merino se desdobla con soltura en varios personajes y los resuelve sin problema.

– Porque la dirección, también de Guillem Clua, es ágil.

– Porque reírse, qué narices, sienta fenomenal.

Y si se reserva con antelación, se pueden conseguir entradas a partir de 10 euros. No se la pierdan.

Título original: Smiley. Una història d’amor.

Autor y director: Guillem Clua.

Reparto: Ramón Pujol y Aitor Merino.

Escenografía: Guillermo García-Hoz.

Iluminación: Daniel Navarro.

Sonido: Andrés Belmonte.

Producción ejecutiva: Nicolás Belmonte.

Sala: Teatro Lara (sala off), Madrid.

Una bloguera contra un Nobel

3estrellasEl largo viaje del día hacia la noche

En la producción de El largo viaje del día hacia la noche que se representa estos días en el Teatro Marquina encontrarán un clásico… El clásico montaje de un texto al que no le ha sentado bien el paso del tiempo pero que salva el trabajo de un actor. De dos, en este caso.

No va esta humilde bloguera a intentar defenestrar a un Nobel de Literatura, Eugene O’Neill (Nueva York, 1888 – Boston, 1953), y menos aún atreverse a desmerecer el título por el que recibió, póstumo, su tercer Pulitzer y que se considera su obra maestra. Reconozco la solidez de sus personajes, la brillantez de su estructura, lo apropiado de sus referencias culturales, la magia de sus imágenes… Me gusta en particular cómo el verdadero drama detrás de los Tyrone es el hecho de que se consideran culpables de sus desgracias los unos a los otros.

El largo viaje del día hacia la noche

Una escena de ‘El largo viaje del día…’.

Pero también me parece que, a pesar de su juventud —70 años en la historia de la literatura no son nada—, El largo viaje… se ha quedado desfasado. Tal vez porque trata un conflicto muy específico de una clase social, un lugar y una época, por una parte; y, por otra, porque esa acumulación de tragedias, ese ir descubriendo fatalidades al lector o espectador una tras otra, hoy en día le resta credibilidad. En mi función, de hecho, algunas de las escenas de mayor tensión, algunos de los pasajes de mayor carga dramática, algunas de las acusaciones más duras que vierte un personaje sobre otro obtuvieron risas como respuesta por parte de varios espectadores. En efecto, pienso que, a pesar de la afinada versión de Borja Ortiz de Gondra, este desfase puede explicar que parte del segundo y, sobre todo, del cuarto acto se hagan largos.

Y, con todo, si este El largo viaje… vale la pena —en mi opinión, la vale—, es gracias a Mario Gas y Vicky Peña. Él da vida a James Tyrone con una naturalidad tal que resulta odioso. Me imagino a otros actores viéndolo y preguntándose por qué lo hace parecer tan fácil. Ella, que no deja de ir a más durante la representación, borda a Mary. Creí que no se podría superar como la señora Lovett en Sweeney Todd o como María Moliner en El diccionario y, sin embargo, me fascinó aquí con esa falsa serenidad, con esas miradas perdidas, con esas cadencias de voz que sabe manejar a la perfección. Definitivamente, Peña sostiene la función, y da tanta fuerza a la sentencia final de Mary Tyrone que casi hace olvidar lo tedioso que ha podido resultar el texto.

Debo aplaudir igualmente la iluminación de Gómez-Cornejo, así como el vestuario —fetén— y la escenografía, de Elisa Sanz… salvo por las proyecciones. No pude dejar de recordar las de El crítico, en la que Sanz también trabajaba con Juan José Afonso en la dirección. Si aquellas me desagradaron, estas más. ¡Qué manera de echar a perder con un soporte tan obvio la magia de los juegos de luces y sombras que ellos mismos crean con los tejidos! (Sí, detesto las proyecciones cuando considero que no vienen al caso. Les tengo auténtica manía. Soy consciente.)

Total: vayan por ver a Gas y Peña; descártenla si coetáneos como Arthur Miller o Tennessee Williams no son de su agrado. Creo que este O’Neill ha envejecido peor.

– Título original: Long Day’s Journey into Night.

Autor: Eugene O’Neill.

Versión: Borja Ortiz de Gondra.

Dirección: Juan José Afonso.

Elenco: Mario Gas, Vicky Peña, Alberto Iglesias, Juan Díaz, Mamen Camacho.

Escenografía y vestuario: Elisa Sanz.

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo Sánchez (A. A. I.).

Producción: Iraya Producciones.

Sala: Teatro Marquina, Madrid.

Más sobrecogedor que un asesinato

3estrellasExcítame: el crimen de Leopold y Loeb

No ha arrancado nada mal esta temporada teatrera. No, señor. En parte, gracias a Excítame: el crimen de Leopold y Loeb.

Curiosamente, lo que más me atrajo de la obra cuando leí sobre ella es también lo que más desencantada me ha dejado: en el aspecto musical la encontré monótona. Las canciones de Stephen Dolginoff me parecieron apropiadas, un par de ellas incluso me engancharon, y no puedo decir que me llegaran a cansar, en absoluto. Pero apenas se sale de un par de ritmos y melódicamente es bastante lineal, así que eché en falta más variedad.

Excítame

David Tortosa y Alejandro de los Santos en ‘Excítame: el crimen de Leopold y Loeb’

Por el contrario, me atrapó aquello que a priori menos me había llamado la atención: el suspense. En muchas de las reseñas de Excítame destacan que el asesinato, que forma parte de la trama (aquí he intentado sintetizar su argumento), “no es el conflicto dramático principal”. ¡Desde luego que no! En este sentido, Dolginoff firma un trabajo brillante: dibuja con tanta precisión a los dos personajes y, sobre todo, su destructiva relación, que esta sobrecoge más que el crimen en sí mismo. El nivel de sometimiento que está dispuesto a aceptar Nathan por amor a Richard lo retrata con un realismo aterrador, y pone la guinda con lo que los estadounidenses llamarían “a twist”; lo que viene siendo un giro inesperado hacia el final de la trama, vaya.

También sobresaliente, por impecable, es el trabajo de José Luis Sixto en la dirección. Consigue que ni un instante de la función quede vacío, una tarea nada fácil en una obra con solo dos actores. En el papel de Richard, nosotros vimos a David Tortosa (se alterna con Marc Parejo), que saca partido sobre todo del lado maquinador del personaje. Alejandro de los Santos, por su parte, da mucha credibilidad al genio subyugado que es aquí Nathan. En la faceta vocal, poco exigente, cumplen ambos.

En el lado técnico, vestuario, iluminación, sonido y escenografía son más que correctos para una producción de estas dimensiones y contribuyen a crear esa atmósfera de thriller que pide el texto. Eso sí, servidora, que se merendó Excítame después del dramón de El largo viaje del día hacia la noche (dejo pendiente la entrada sobre ella, pero os adelanto que también vale la pena), el cajón de la congoja lo tiene suficientemente llenito por ahora y la próxima semana pretende volar hacia los cielos de la comedia…

–          Título original: Thrill me: The Leopold & Loeb Story.

–          Autor: Stephen Dolginoff.

–          Elenco: Alejandro de los Santos, David Tortosa.

–          Voces en off: Pedro Casablanc, Adolfo Fernández, Miguel del Arco.

–          Director de escena: José Luis Sixto.

–          Director musical: Aday Rodríguez.

–          Pianista: Aitor Arozamena.

–          Escenografía: Asier Sancho.

–          Iluminación: Juanjo Llorens.

–          Sonido: Sandra Vicente.

–          Vestuario: Silvia de Santiago.

–          Adaptación: Pedro Víllora, Alejandro de los Santos.

–          Sala: Teatro Fernán Gómez (sala Dos), Madrid.

Los musicales que llegan

Por lo que a musicales respecta, el arranque de temporada se presenta bastante variadito.

'Excítame'

Imagen promocional del musical ‘Excítame’. (Foto: Javier Naval)

El primero que tengo yo anotado en mi agenda teatrófila es Excítame: el crimen de Leopold y Loeb, un espectáculo de pequeño formato que se estrenará el próximo día 11 en la sala Dos del Teatro Fernán Gómez. Este thriller musical del estadounidense Stephen Dolginoff se basa en la historia real de Nathan Leopold y Richard Loeb, dos alumnos de la Universidad de Chicago que en 1924, con la intención de cometer el crimen perfecto, secuestraron y asesinaron a un adolescente de 14 años. Con el título de Thrill me, la obra se estrenó en el Off-Broadway en 2005. La versión en español contará con Alejandro de los Santos y David Tortosa o Marc Parejo, además de las voces en off de Pedro Casablanc, Adolfo Fernández y Miguel del Arco, y José Luis Sixto en la dirección de escena. De la adaptación al castellano se han encargado Pedro Víllora y Alejandro de los Santos.

Priscilla, reina del desierto

Una producción de ‘Priscilla, reina del desierto’ (Foto: Joao Caldas Fº/5D II)

Sé que tampoco me resistiré a la primera gran producción de la temporada, Priscilla, reina del desierto, que llegará al Nuevo Teatro Alcalá el 2 de octubre. Con libreto de Stephan Elliott y Allan Scott, se basa en la película homónima de 1994, sobre dos drag queens y una transexual que recorren Australia en un desvencijado autobús. La banda sonora del espectáculo incluye temas de Tina Turner, Madonna, Village People, Gloria Gaynor, Cindy Lauper… El musical se estrenó en Australia en octubre de 2006, y ha podido verse ya tanto en el West End londinense (cuya puesta en escena original será la que se vea en Madrid) como en Broadway. En la versión española intervendrán 40 artistas, con Jaime Zatarain como Mitzi, Christian Escuredo como Felicia y Mariano Peña como Bernadette. No soy yo especialmente fan de los musicales con canciones ‘ajenas’, pero, entre otras cosas, los 23 cambios de escenario, los 500 trajes y las 200 pelucas prometen. En la dirección artística estará Ángel Llácer, y en la musical, Manu Guix.

Ya más entrado el otoño, a partir del 24 de octubre, intentaré dejarme caer por Barcelona para ver la adaptación española de Sister Act, otro musical basado en una película. El Teatre Tívoli de la capital catalana acogerá esta comedia con banda sonora de Alan Menken que incluye temas disco, gospel y blues. Mireia Mambo Bokele dará vida a Deloris, la joven cantante metida forzosamente a monja; y la acompañarán Angels Gonyalons, Fermí Reixach y Silvia Abril, entre otros. La versión escénica de Sister Act que llegará a Barcelona se estrenó en Londres en 2009 y también ha podido verse en Broadway.

Vosotros, ¿a cuál os apuntáis?

¡Al rico estreno teatral!

Septiembre supone para los teatrófilos el comienzo de una nueva temporada escénica, y siempre viene acompañado de un buen número de estrenos. Este año, servidora ya ha echado el ojo a unos cuantos de la cartelera madrileña que no tiene intención de perderse. He aquí los tres primeros:

Jugadores

Una escena de ‘Jugadores’. (©FotoMarieta)

Jugadores
Estreno: está en cartel desde el 27 de agosto.
Sala: Teatros del Canal (sala Verde).
¿Qué me atrae de ella? Su género: comedia negra. Su argumento: cuatro hombres próximos a los 60 se embarcan “en un juego mucho más peligroso” cuando aparentemente juegan una simple partida de cartas. Y, por supuesto, su reparto de primera: Luis Bermejo, Jesús Castejón, Ginés García Millán y Miguel Rellán.
¿Algo más?: Firma el texto y dirige Pau Miró (Barcelona, 1974), autor también de Llueve en Barcelona o Sonrisa de elefante. La obra se estrenó (con otro elenco) en el Teatre de Salt de Girona en 2011 y en 2012 se programó en el barcelonés Teatre Lliure. Ya ha sido adaptada al italiano, para el Piccolo Teatro di Milano, donde obtuvo un Premio Ubu.

Smiley. Una historia de amor
Estreno: 5 de septiembre.
Sala: Teatro Lara (sala Off).
¿Qué me atrae de ella? La fenomenal acogida que le dispensaron crítica y público en Barcelona, donde se estrenó en noviembre de 2012.
¿Algo más? Esta comedia romántica gira en torno a dos enamorados, Álex y Bruno, que forman una pareja a pesar de lo poco que tienen en común. Guillem Clua (Barcelona, 1973), autor del texto, conocido también por La piel en llamas, ejerce asimismo de director. En Madrid la protagonizarán Ramón Pujol y Aitor Merino.

El largo viaje del día hacia la noche

Mario Gas y Vicky Peña. (Iraya Prod.)

El largo viaje del día hacia la noche
Estreno: 4 de septiembre.
Sala: Teatro Marquina.
¿Qué me atrae de ella? El texto: obra maestra del premio Nobel de Literatura Eugene O’Neill (Nueva York, 1888 – Boston, 1953), fue reconocido con un Pulitzer en 1957; es un drama familiar que transcurre un día de agosto en el Connecticut de 1912 y que tiene al actor de teatro James Tyrone como personaje principal. Y, de nuevo, el elenco: con Mario Gas y Vicky Peña, entre otros.
¿Algo más?: Completan el reparto Alberto Iglesias, Juan Díaz y Mamen Camacho. Dirige Juan José Afonso. Ralph Richardson protagonizó la versión cinematográfica de Sidney Lumet (1962), en la que Katherine Hepburn interpretaba a su esposa.

 

Estas, como decía, son solo las primeras. En cuestión de un par de semanas llegarán Petit Pierre, con Adriana Ozores y Jaume Policarpo, al Teatro de la Abadía; la versión teatral de El hijo de la novia, con Juanjo Artero, Álvaro de Luna y Tina Sáinz, al Bellas Artes; la tragicomedia de Vargas Llosa El loco de los balcones, protagonizada por José Sacristán, al Teatro Español…

Si no la pudisteis ver el año pasado en las Naves del Matadero, por cierto, no dejéis pasar Feelgood, una genial comedia política de Alistair Beaton con Fran Perea y Manuela Velasco, muy bien adaptada y que se representa hasta el próximo día 28 en el Infanta Isabel. (En la web que enlazo encontraréis el calendario completo de gira.)

Pronto os cuento qué musicales tengo apuntados ya en mi agenda…

¿Te gusta que te saquen al escenario?

Hay gente a la que le encanta que la saquen al escenario en los espectáculos, gente que tiene más ganas de cachondeo que sentido del ridículo.

Spamalot

Parte del elenco del musical ‘Spamalot’ en Barcelona.

Recuerdo, por ejemplo, a una chica que lo dio todo en la despedida de Madrid de Spamalot. Apostaría a que era una fan acérrima del musical que sabía de qué butaca se elegía al espectador con el que se interactuaba en cada función y que había elegido esa localidad a propósito. Empecé a sospecharlo cuando se levantó anticipadamente del asiento con una sonrisa enorme y lo confirmé cuando empezó a largar el texto a la par que los actores. Diría que solo le faltó cantarse a sí misma El santo grial… Pero no le faltó, no.

A juzgar por la cantidad de veces que se utiliza, el hacer al público partícipe del espectáculo debe de funcionar. Como ‘entendidilla’, reconozco que puede resultar divertido y no tengo nada en contra si no se abusa de ello, es decir, si el recurso encuentra una justificación dentro del show. Como espectadora, me da auténtico pavor. De hecho, cuando voy a ver una obra de la que sé (o temo) que hacen intervenir al respetable, por si acaso, procuro no sentarme junto al pasillo.

Hace una semana, sin ir más lejos, recibí una nota de prensa en la que se informaba de que un espectador participaría en una representación de La curva de la felicidad, en el Teatro Amaya, para pedirle matrimonio a su novia. Sentí tanta vergüenza vicaria al leerla, que esa noche soñé que iba a ver un musical protagonizado por Arturo Fernández (cosas del subconsciente) en el que el actor sacaba a una mujer al escenario. Aunque me había sentado lo más lejos posible, en el momento en que se levantó el telón yo sabía que Fernández iba a venir a por mí. El despertador sonó justo cuando se acercaba por el pasillo, mirándome y sonriéndome mientras cantaba, micrófono en mano, y juro que me desperté con una ligera taquicardia.

Eso no es sentir pavor, eso es tener una fobia, pensará, tal vez, alguno de ustedes. Ya. Eso creía yo también. Hasta que se lo conté a S. y me dijo: “Tengo un amigo que, cuando le propones ir a ver alguna obra de teatro, pregunta: ‘¿Es de las que sacan a gente?’”. ESO es tener una fobia.

P. D.: De propina, incrusto mi favorita de Spamalot: La canción que dice así (en el original, The song that goes like this), esta con el elenco del musical en Madrid. ¡Felices vacaciones!