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EMI: cronología de un desastre anunciado

Las multinacionales del disco se tambalean. Citigroup, el mayor conglomerado financiero del planeta y propietario de Visa, se ha hecho con el 100% de la EMI, hogar de bandas como The Beatles, Depeche Mode o Coldplay y que hasta ahora pertenecía a Terra Firma, la empresa de Guy Hands (en la foto). Una operación que tiene como objetivo amortizar la deuda del grupo y que podría desembocar en una nueva venta. Y es que Citigroup quiere desprenderse de la patata caliente cuanto antes, por lo que diversas fuentes apuntan que otra de las cuatro grandes multinacionales, Warner, ya negocia con los dueños de Visa la compra de lo que quede de la maltrecha EMI.

La operación -“un paso extremadamente positivo para la empresa” según el consejero delegado de la discográfica Roger Faxon-, posibilitará que los empleados de EMI cobren sus nóminas, algo que, en la situación anterior, solo estaba garantizado hasta marzo. Por el momento, Citigroup se ha comprometido a garantizar los puestos de trabajo de los empleados de la disquera.

El paso de Guy Hands por EMI es uno de los más catastróficos ejemplos de gestión que se recuerdan. Hace sólo tres años adquiría la compañía apoyándose precisamente en Citigroup para poner el dinero sobre la mesa. Pese a la crisis, EMI había capeado el temporal razonablemente bien. Pero las cosas no tardaron en torcerse, y los intereses comenzaron a acumularse hasta llegar a lo insostenible. Citigroup pasó de entusiasta accionista a principal acreedor.

Los grandes éxitosde Hands hablan por sí solos: en 2007, al poco de llegar, Radiohead abandonaron el barco. Ese mismo año, Paul McCartney publicó su disco con Starbucks, rompiendo una de las más longevas relaciones de la historia de la música. En 2008, Queen hicieron lo propio. Para entonces, la firma ya había entrado en zona roja, y se vio obligada a emprender una campaña de despidos masivos de la que en su día se habló este mismo blog.

Algunos dirán que sólo es cuestión de tiempo que el anquilosado modelo de negocio que representan empresas como EMI se desmorone. Que este es sólo uno más de los síntomas de su enfermedad terminal. Es posible que así sea. Y pese a la colección de trapos sucios que atesora toda multinacional y lo podrido de su manera de enfocar la venta de discos, uno no sabe si esto son buenas noticias. Al fin y al cabo, EMI siempre fue la más digna de las cuatro majors y pareció destilar, por lo general, un mayor respeto a la música que sus competidores directos. Tampoco es que el listón estuviera demasiado alto.