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"Sin música, la vida sería un error". (Friedrich Nietzsche).

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Cuando rap y rock se dan la mano

Me vais a perdonar el retraso en hablar de un disco que salió hace ya unos meses, pero que no quería dejar de recoger aquí. Y es que, a menudo, la actualidad marca la pauta, aunque el formato blog me permita la licencia de hablar de lo que sea cuando me venga en gana. Así de chulo que es uno.

El grupo: Black Keys es un dúo de garage, blues y rock cavernario, visceral e infeccioso. Una máquina de rock and roll tan minimalista como poderosa proveniente de Akron (Ohio, EE UU), tierra de aplastante mayoría blanca y mentalidad abiertamente conservadora.

El proyecto: A Damon Dash, cofundador junto a Jay Z del sello Roc-A-Fella Records y reconocido fan de la banda de Ohio, se le ocurrió un buen día juntar en un estudio al dúo con algunos de los nombres más destacados del rap yanki. Ambas partes aceptaron el reto encantados.

Las colaboraciones: Mos Def, RZA, Jim Jones, NOE de ByrdGang, Pharoahe Monch, Ludacris, Raekwon o el fallecido ex Wu Tang Clan Ol Dirty Bastard -que canta un tema gracias a una grabación de hace unos años-, son algunos de los nombres que ponen su voz al disco.

El resultado: Blackroc es un experimento singular, por momentos sublime y en otros simplemente correcto, que suena básicamente a rap de toda la vida con la frescura y potencia que aporta una base intrumental de guitarra, bajo y batería. La fusión, lejos de sonar forzada, resulta orgánica y natural. Pero sobre todo, vuelve a poner de relevancia la compatibilidad de dos estilos habitualmente alejados entre sí. Merece, de eso no cabe duda, un buen par de escuchas.

Os dejo el que para mí es el mejor corte del disco, “Ain’t Nothing Like You (Hoochie Coo)”, con Mos Def y Jim Jones poniendo las voces a la música del dúo.

Y de propina, otros tres momentos que nos han dejado las colaboraciones puntuales entre artistas consolidados de rap y rock.

Aerosmith y Run DMC – “Walk this Way”:

Antrax y Public Enemy – “Bring the Noise”:

Linkin Park y Jay Z – “Numb EnCore”:

Hip hop en la escuela

La escuela de música y danza de los Ogíjares, en Granada, ha puesto en marcha una iniciativa pionera. Por primera vez en España, su curso 2008-2009 contará con una asignatura dedicada a la cultura del hip hop, y más concretamente, al rap. El objetivo, según ha declarado el director del centro al diario granadino Ideal, es que «los jóvenes tengan una oferta adaptada a los nuevos tiempos». El encargado de impartir las clases será Alejandro Cano, Asube (en la imagen), un joven de 25 años que hace sus pinitos en el mundillo con su grupo, Cientouno, y que tratará de formar a “futuros raperos y raperas” a través de su experiencia, enseñándoles a construir los dos pilares clave de todo tema de rap: base y rima.

Hoy en día el rap es uno de los géneros con más adeptos entre la juventud española, y los medios han respondido dejando de lado parte de ese veto que tradicionalmente sufría. Hace unos años, hubiera sido impensable ver a grupos como La Excepción ganar un premio MTV y pasearse por los platós de televisión, a Violadores del Verso en lo más alto de las listas de ventas junto a los grandes iconos del pop o a miles de chavales colapsando citas festivaleras dedicadas en exclusiva a lo que ahora llaman “cultura urbana”. Sin llegar al grado de aceptación masiva que el género tiene en países como Francia, es evidente que el rap se ha hecho mayor en España, y en gran medida ha salido del underground.

Sea como sea, no cabe duda de que estamos ante una buena noticia. Darle la posibilidad a un chaval de que aprenda algo que le motiva es siempre una buena iniciativa. Carece de sentido que alguien pueda estudiar jazz o canto y no pueda, si lo desea, aprender a rimar más allá de la práctica autodidacta. El rap tiene además unas características muy concretas que lo diferencian de otros estilos, y cuya enseñanza no está exenta de mérito. Es bien cierto que no requiere del dominio de un instrumento (una tarea que puede llevar años, doy fe), pero quien lo denosta gratuitamente ignora la dificultad que entraña dominar la métrica, fonética y semántica que, bien empleadas, pueden hacer de un tema de rap una obra extremadamente compleja en cuanto a su dimensión compositiva. Eso por no hablar de las bases, entre las que -es cierto- hay gran cantidad de medianías, pero también un gran número de obras maestras en las que abunda la instrumentación y altas dosis de creatividad.

Es posible que haya quien vea en esta noticia un hecho contraproducente: el rap se aprende en la calle, no entre las paredes de una escuela de música, rodeado de aprendices de violinistas y pianistas gafudos. Pero puristas hay en todas partes, y conviene hacerles un caso relativo. Porque al final, todo lo que sea fomentar el amor a la música a cualquier edad merece un aplauso por parte de todos.