BLOGS
Entrada gratuita Entrada gratuita

"Sin música, la vida sería un error". (Friedrich Nietzsche).

Las marcas, ¿al rescate de la cultura?

Olvídense los madrileños de lo que conocíamos como el teatro Alcázar: a partir de ahora pasará a llamarse teatro Cofidís, sumándose así a otros que ya cambiaron su denominación, como el teatro Haagen Dazs (en la imagen, otrora teatro Calderón) o el teatro Movistar, al que muchos siguen llamando Rialto. Un patrocinio que también ha afectado a salas de conciertos como la la sala San Miguel (nacida con esa denominación en el interior del palacio de Vistalegre) o la Marco Aldany, que antes fue la sala Heineken y hace aún más tiempo, Arena.

Años atrás, cuando esta última sala cambió su denominación por la de la conocida marca de cerveza, recuerdo haberme empeñado en seguir escribiendo en el periódico “Sala Arena” cada vez que incluía uno de sus conciertos en la página de agenda. No tardaron en llegar las llamadas de los responsables de la firma quienes, no sin cierta indignación, me pedían encarecidamente que escribiese correctamente el nombre de la sala, pues la firma holandesa había invertido una sustanciosa cantidad de dinero para figurar en todas partes. “Se llama sala Heineken, no sala Arena”, me decían. Durante un tiempo, espoleado por su insistencia – también por mi animadversión a tan insípida cerveza- y por cierta dosis de rebeldía juvenil de baratillo, me negué a ello y seguí escribiendo la antigua denominación. Como si sirviese para algo. Al cabo de no mucho tiempo yo también acabé llamándola Sala Heineken. Casi todo el mundo lo hizo. Y no pasó nada.

Pese a que, de entrada, toda iniciativa destinada a fomentar la preservación de espacios culturales me parece digna de aplauso, tengo serias dudas respecto a esta nueva manera de “salvar” las salas, los teatros o los cines a base de patrocinios. Un buen amigo que trabaja en el mundo del celuloide me dice que estas operaciones le recuerdan “a películas y novelas de ciencia ficción en las que todo va encaminado al apocalipsis, como Blade Runner”.  Otro, pintor, opina que ” todas estas inicitativas son una prueba evidente del trato a la cultura y al patrimonio en España”. Y un tercero, que trabaja en una conocida discográfica multinacional,  se muestra convencido de que estas son “la unica salida para financiar un espacio cultural que de otra manera no se sostiene”.  Yo, por mi parte, no puedo evitarlo: Me incomoda la invasión del espacio público por parte de la publicidad. Me irrita la estrategia de los encargados del departamento de márketing de turno que, sentados en una mesa, intentan que su marca se asocie a fomentar la cultura, por éticamente reprobables que sean sus políticas de empresa. Simplemente no me gusta. Será que una parte de mí, la más ingenua, sigue pensando que la cultura se puede y se debe sostener exclusivamente por el interés que genera en los miembros de una sociedad.

Igual sólo es cuestión de recibir otras cuantas llamadas más y acabar por acostumbrarme a los tiempos que nos ha tocado vivir.

Sigue este blog en Facebook.

4 comentarios

  1. Dice ser Cogondios

    Buena idea que se financien con publicidad y dejen de una puta vez de recibir subvenciones de nuestros impuestos.

    26 Abril 2012 | 19:09

  2. Dice ser Carla

    ¿O la cultura utilizada para salvar las marcas?

    Carla
    http://www.lasbolaschinas.com

    26 Abril 2012 | 23:33

  3. Dice ser J

    A mí también me parece una concesión excesiva a la publicidad. No sé, ¿aceptaríamos cambiar nuestros nombres por marcas si nos pagasen por ello? Buenos días Señor 20minutos Rodríguez, ¿qué tal está su señora, Cocacola Pérez? Aunque por otro lado es cierto que llevamos tiempo aceptando que la publicidad financie muchas cosas como por ejemplo la televisión. Como eso lo dimos siempre por hecho a nadie le ofende pero, ¿realmente es del gusto de alguien que corten una película X veces para bombardearte con 10 minutos de anuncios? ¡Si hasta en las cadenas sin publicidad hay que soportar la autopromoción de sus propios programas! Tal vez sea mejor así, pero yo creo que preferiría no traspasar ciertas fronteras.

    Y con respecto a lo que dice el primero, no sé entonces para qué cree que deberían ser nuestros impuestos. Cuando, además, de esta manera también lo estamos financiando nosotros. No con nuestros impuestos, claro, pero sí con nuestro consumo, que al final es nuestro dinero igualmente y además tenemos que aguantar el cartelito publicitario en medio y medio de la fachada. Habrá quien diga que siempre puedes “boicotear” a la marca que pone el teatro consumiendo otra pero, ¿tendría sentido que fueses en contra de la marca que te permite acceder a la cultura? O pero aún, ¿encontrarás otras marcas cuando el nombre de ésa esté tan asimilado que todo el mundo la compre por defecto?

    Un saludo y enhorabuena por el blog!

    27 Abril 2012 | 00:14

  4. Dice ser Nos_fumigan

    Una marca sólo ve en la cultura una forma de ganar pasta. Ni más, ni menos. La cultura en sí se la sopla.

    Si ganasen pasta patrocinando las cagadas de los perros en las aceras, allí que estarían. ¿Alguien lo duda?

    27 Abril 2012 | 00:57

Los comentarios están cerrados.