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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Morir para contar: Philip Jones Griffiths y las víctimas de la guerra

Como hasta ayer he estado incomunicado en el desierto, recién ahora descubro la noticia de la muerte de Philip Jones Griffiths, considerado el mejor fotógrafo de guerra de la segunda mitad del siglo XX.

No resulta sencillo resumir la vida de este infatigable galés, ya que trabajó en más de 120 países y lo cubrió casi todo: desde las sequías en la India y la pobreza en EEUU, hasta los conflictos en Argelia, Irlanda del Norte, Israel, Camboya y Bosnia.

Con las víctimas de Vietnam

Según afirmó en más de una ocasión, “es a través de la crítica que la sociedad humana ha progresado”. Y los periodistas “deben ser anarquistas por naturaleza. Gente que quiere señalar cosas que no son generalmente aceptadas”.

De él se ha dicho que no sólo retrató la historia, sino que fue capaz de cambiarla a través de su extraordinario libro Vietnam Inc.

Quizás se trate de una afirmación exagerada, ya que los medios de comunicación siguieron mayoritariamente apoyando el conflicto en Indochina, pero no cabe duda de que las imágenes capturadas por Jones Griffiths en Vietnam entre 1966 y 1971 conmocionaron a la opinión pública de EEUU.

Por primera vez mostraban en un conjunto desgarrador, comprometido y elocuente: la guerra desde el otro lado, desde el testimonio del horror de las víctimas civiles vietnamitas.

Muchos afirman que el hecho de que fuera galés lo ayudó a comprender que no se trataba de la guerra contra el comunismo, según se decía en Washington, sino de un episodio neocolonial en toda regla. “Al venir de un país fagocitado por su vecino, siempre he sentido simpatía más por los David que por los Goliat del mundo”, afirmó en 2004.

Apenas llegó a Vietnam decidió que no quería ceñirse a los comunicados de los líderes castrenses, que deseaba estar con la gente. Y comenzó a viajar, con tan pocos recursos que vivía en casas de familias y que muchas veces debía decidirse entre comprar comida o carretes de fotografía.

“El 98% de los periodistas estaban a favor de la guerra, en todos sus aspecto. Un 1,99% estaba a favor pero se mostraba crítico con las tácticas que se empleaban. Y después estaba yo y unos cuantos franceses que decíamos que todo aquello era inmoral y erróneo“, señaló.

“Sentí que lo que hacían los estadounidenses, además de matar a vietnamitas, era intentar convertilos en consumidores con todo lo que eso implica. Les decían que la marca marxista no funciona y que la capitalista es más dulce y bonita. Y, por cierto, si no aceptáis la marca capitalista os vamos a matar”.

Paradójicamente, pudo conseguir los fondos para publicar su obra maestra, Vietname Inc., gracias a lo que le pagaron por una foto “del corazón” que hizo a Jackie Kennedy cuando visitaba Camboya.

Nada menos que Henri Cartier-Bresson dijo que “desde Goya nadie había cubierto así la guerra”. La revista Time afirmó que se trataba del “mejor libro de foto reportajes de guerra de la historia”.

Algunos fragmentos de la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, se inspiran en sus imágenes.

Quizás una de las fotos más representativas de Vietnam Inc. sea la siguiente, que retrata a una de las tantas víctimas de la guerra que los EEUU atribuían al Vietcong:

Se puede ver una fantástica exposición interactiva de sus imágenes, y escuchar sus palabras sobre la guerra, en la página web de la agencia Magnum.

En más de una oportunidad repitió que sus enemigos no eran los soldados estadounidenses, sino los burócratas y los gobiernos. Y en este sentido, la fotografía le parecía uno de los mejores medios para dar testimonio de los errores del poder.

“Sigo recordando a la gente que hay un muro en Washington que tiene 150 metros de largo. Si el mismo memorial se hubiese hecho a los vietnamitas muertos, con la misma densidad de nombres, habría tenido 14 kilómetros de largo. Esa es la carnicería que tuvo lugar en aquella guerra. Un hecho del que nadie se puede escapar”.

Desilusión y compromiso

Nacido en 1932, estudió farmacia en Liverpool y luego se mudó a Londres, donde comenzó a trabajar como fotógrafo primero para The Guardian y luego para The Observer.

Su primera exclusiva llegó en 1962, en el norte de África, cuando mostró cómo los franceses trataban a los argelinos en las áreas rurales del país. Desde este continente viajaría a Vietnam.

Después cubriría Irlanda del Norte, la guerra de Yom Kippur y en Camboya. Su desilusión con el trabajo de las agencias de noticias, cada día más controladas y esclavas de los servilismos mercantilistas, lo llevó a colgar la cámara, estudiar cine y a dedicarse a realizar documentales.

A principio de los años ochenta se puso al frente de la agencia Magnum, fundada por Henri Cartier-Bresson entre otros, mostrándose siempre fiel a los principios fundacionales del periodismo y contrario a los intereses y manejos de los grandes imperios mediáticos.

Sus últimos libros, Agent Orange (2003) y Vietnam at Peace (2005), fueron una suerte de vuelta a los orígenes, un trabajo que documenta las heridas aún presentes de la guerra a lo largo de las décadas.

En EEUU se le rindió homenaje en EEUU a lo largo del 2006 en la retrospectiva “Cincuenta años en el frente”.

Hombre corpulento, locuaz y compasivo hasta la médula, que supo dar como pocos voz a las víctimas de los conflictos armados, murió el pasado martes en su casa Londres. Tenía 72 años y llevaba meses luchando contra el cáncer.