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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Morir para contar: Martin Adler y los crímenes de EEUU en Irak

Desde sus albores, la invasión de EEUU demostró ser fatal para la población civil iraquí. Como señala un exhaustivo informe de Human Rigths Watch, la mayoría de los muertos durante los primeros ataques aéreos de 2003 fueron ancianos, mujeres y niños.

Eran los tiempos en que aún se usaban absurdos eufemismos como “bombas inteligentes” o “daños colaterales”, mientras Dick Chenney y Donald Rumsfeld esperaban con ansias el titular que en alguna ocasión se adelantaron erróneamente a dar a la prensa: que Sadam Hussein había muerto bajo los escombros.

Menores en prisión

Después vino otra clase de abuso, aún más perverso, y que salió a la luz en abril de 2004: las torturas y vejaciones en la prisión de Abu Ghraib. Si bien se depuraron responsabilidades, una nueva denuncia de Human Rights Watch acaba de poner en tela de juicio al sistema penitenciario montado por las fuerzas de ocupación en Irak.

Según este informe, medio millar de niños, algunos de hasta 10 años de edad, permanecen detenidos por los militares. Además de ser sujetos a prolongados interrogatorios, se les priva del derecho a defensa y asesoría jurídica.

Aunque EEUU no ha firmado la Convención de los Derechos del Niño, lo cierto es que sí ha suscrito un protocolo adicional sobre la situación de los menores en conflictos armados.

Más de lo mismo

Después Abu Ghraib, a finales de 2005 y principios de 2006, se dio una perturbadora sucesión de crímenes de guerra. Parecía como si las fuerzas de EEUU, a medida que acusaba mayores bajas y fracasaba en su intento por contener a la insurgencia, cometía más y más atropellos contra los inocentes.

Casos como las matanzas de Haditha o Hamdania. O, quizás el más brutal de todos, la violación y asesinato de la joven de 14 años Abeer Qasim Hamza.

En anteriores entradas del blog analizábamos las razones de estos atropellos de las tropas estadounidenses, de esta ristra de abusos continuados, esta propagación de la cultura del llamado “gatillo fácil” que se ha perpetuado hasta las últimas ofensivas en ciudad Sadr, que dejaron cientos de civiles muertos.

Razones que van desde la frustración, la rabia, el estrés postraumático, propias de un ambiente hostil, hasta el racismo, el odio, el desdén por la población local, pasando por laxo reclutamiento de los soldados, hasta los mensajes contradictorios tanto de la dirigencia castrense como de esos políticos, carentes de moral, que pusieron en marcha una guerra en base a mentiras.

La otra pregunta que nos hacíamos es si se trata de incidentes aislados o si responden a un patrón. Las declaraciones realizadas recientemente por veteranos de guerra en Washington, y que casi no tuvo repercusión en la prensa, permite concluir que son mucho más habituales de lo que se podría imaginar.

Un anuncio de lo que vendría

Ayer repasamos la vida del extraordinario reportero Martin Adler, asesinado en Somalia. De las decenas de reportajes realizados por este cámara en zonas en conflicto, el más destacado es sin dudas En patrulla con la compañía Charlie.

Vistas en retrospectiva, las imágenes que grabó durante diez días junto a esta unidad, por las que recibió el premio Rory Peck, constituyen sin dudas una suerte de premonición de lo que sucedería en Irak.

Desde los soldados que golpean a los detenidos en las calles, que se sacan fotos con prisioneros encapuchados en medio de risas, antes de que saltase a la luz el escándalo de Abu Ghraib, hasta la actitud del jefe de la unidad, que se comporta como un vaquero, como un personaje de película, mostrando desprecio hacia los iraquíes.

Podéis ver aquí el corto documental, que nos lleva a lamentar y comprender mejor el horror que aún padecen los niños, hombres, mujeres y ancianos de la nación del Tigris y el Éufrates, así como la ausencia de ese magnífico reportero que intentó darles voz.

Morir para contar: Martin Adler, reportero asesinado en Somalia

Aprovecho el repaso y la reflexión sobre los crímenes de guerra de soldados de EEUU en Irak, para rendir homenaje al extraordinario reportero Martin Adler, que tras haber cubierto conflictos armados en al menos una docena de países, murió el 23 de junio de 2006 en Mogadiscio.

Nacido en Estocolmo, Adler estudió antropología en Londres. Aunque luego se dedicaría al periodismo, su gran pasión, que le trajo en la profesión, aunque no ante el gran público, un merecido reconocimiento a lo largo de su carrera.

Desde el premio Amnistía Internacional en 2001 por la historia que filmó sobre el secuestro y venta de mujeres en China, hasta el galardón que lleva el nombre de Rory Peck, otro gran periodista que falleció haciendo su trabajo, y que recibió en 2004 por la pieza documental: En patrulla con la compañía Charlie.

El último encuentro

Unai Aranzadi, joven reportero vasco, y otro habitual en las zonas de conflicto, fue el último periodista extranjero en encontrarlo con vida en Somalia. “¿Cómo está la cosa por allí?, me preguntó Martin en la carretera que sale de Mogadiscio a Jowhar. “Más o menos. Has de andar con cuidado cuando te acerques a ellos. También verás muchos niños soldado”. Gracias, respondió y nunca más le volví a ver”, escribió.

Según su descripción: “Martin Adler era para mí un ejemplo. El reportero completo e independiente capaz de producir, grabar y editar por su cuenta. Un sueco valiente de esos que no ponen la cara frente a la cámara; de esos que no trabajan desde el lobby del hotel”.

Muerte en Somalia

Adler estaba cubriendo en Mogadiscio una manifestación a favor de la paz. Aún no había tenido lugar la invasión etíope patrocinada por EEUU, y el país parecía tener alguna esperanza de no caer en el abismo en el que se encuentra ahora. El Gobierno Transicional del presidente Abdullahi Yusuf Ahmed y la Unión de Cortes Islámicas acababan de firmar un acuerdo de alto el fuego en Sudán.

La capital somalí llevaba dos semanas en manos de los islamistas cuando un hombre apareció de la multitud y le disparó a boca jarro a Martin Adler para luego huir. Asesinato que los propios líderes del movimiento integrista condenaron.

Adler, que en aquel momento tenía 48 años, dejaba tras de sí mujer y dos hijas. Y se sumó a la larga lista de profesionales que perdieron la vida en ese país, como Kate Peyton, de la BBC, que murió un año antes.

En 2007, Somalia fue después de Irak el lugar del mundo en el que más reporteros perecieron. Ocho profesionales dejaron de informar en el peor año que se recuerda para la prensa en el Cuerno de África.

Anticipando Irak

El Salvador, Ruanda, Congo, Angola, Sierra Leona, Chechenia, Liberia, Chechenia, Bosnia, Afganistán, Sri Lanka, Irak, son algunos de los países en los que Adler se había desempeñado cubriendo conflictos armados, genocidios, violaciones de derechos humanos.

Casi siempre había trabajado como periodista independiente, free lance, vendiendo su material para numerosos medios entre los que se encontraban Channel 4 y el periódico sueco Aftonbladet.

Tenía una gran habilidad para ir más allá, para meterse en la noticia, tanto con una cámara de vídeo como una máquina fotográfica, como muestra una de sus fotos de El Salvador de 1992.

De sus reportajes destacan los que dedicó a la vida de los musulmanes en Cachemira, la magia negra en Congo, el tráfico de drogas en Portugal, las luchas en Monrovia y el tsunami en Banda Acheh.

Pero el más admirable de todos es En Patrulla con la compañía Charlie , que fue una suerte de anticipación de los crímenes que los soldados de EEUU cometería en Abu Ghraib y en tantos otros lugares del país del Tigris y el Éufrates. Y al que dedicaré la próxima entrada.

Continúa…