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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Morir para contar: James Miller

James Miller era uno de los mejores realizadores de documentales de su generación. Había rodado reportajes en Kosovo, Chechenia, Corea, Argelia, Sierra Leona, Sudán y Afganistán.

Algunas de sus imágenes, como las que muestran a los talibán matando a una mujer a pedradas en un estadio de fútbol, habían dado la vuelta al mundo. Su trabajo le había hecho ganar los premios más importantes del periodismo audiovisual.

El 2 de mayo de 2003 se encontraba en el sur de Gaza filmando un documental sobre la situación de los niños, cuando recibió un disparo en la nuca por parte de un francotirador del Ejército israelí.

Era de noche. Llevaba una bandera blanca en la mano para evitar ser confundido con un miliciano, y una linterna con la que se iluminaba el rostro. Su compañera, Saira Shah gritaba: “Somos periodistas británicos”. Sin embargo, el soldado hebreo situado en la torre de control volvió a disparar.

Este es el documental por el que James perdió la vida. Se llama Muerte en Gaza. Muestra el momento en que fue asesinado. Tenía 35 años. Era padre de dos niños.

Su vida

James Henry Dominic Miller nació el 18 de diciembre de 1968 en el seno de una familia galesa que contaba con varias generaciones de militares.

Dice que no se hizo soldado porque la disciplina no era lo suyo. Sin embargo, sus colegas de profesión afirman que se mostraba sumamente disciplinado y meticuloso a la hora de trabajar.

James estaba casado con Sophie Miller, que es la principal portavoz en la lucha de familiares y amigos por que se haga juticia. Tenía dos hijos pequeños, Alexander y Charlotte. Los tres continúan viviendo en la casa de la familia en el sur de Inglaterra.

Una carrera extraordinaria

James Miller, que trabajó siempre como cámara y director free lance, se unió al colectivo Frontline News en 1995 para realizar documentales en conflictos armados.

Desde el principio, Miller se mostró como un joven de un gran talento, decidido, que no dudaba a la hora de acercarse a la guerra. Sus compañeros lo describen como un periodista prudente, que no tomaba riesgos innecesarios.

Cuatro años más tarde se unió a la productora Hardcash, donde contaría con el respaldo de un equipo que sacaría lo mejor de él como narrador. Cada uno de los documentales que rodó en este compañía ganó importantes premios.

El primero, un análisis en profundidad sobre la guerra de Kosovo, le valió el galardón de la Royal Television Society (RTS) al mejor documental.

Después vino el extraordinario reportaje Morir por el presidente, que describe el conflicto armado en Chechenia. Lo siguió Los niños del Estado secreto, sobre Corea. Ambos fueron emitidos por la cadena británica Channel Four.

En el año 2000 forma equipo con la periodista británica de origen afgano Saira Shah. Juntos ruedan el documental Debajo del velo, que muestra la forma brutal en que los taliban tratan a las mujeres. Este trabajo conmocionó al mundo al mostrar la brutalidad del fanático régimen que gobernaba Afganistán.

La segunda producción sobre este país, Una guerra no santa, casi le cuesta la vida. Cuando cruzaba el Hindu Kush, junto a Saira Shah, estuvo a punto de morir como consecuencia de las bajas temperaturas. Este film le valió el premio Emmy como director, y el Peabody Award (el Pulitzer del periodismo televisivo). Por su último trabajo, Muerte en Gaza recibió de forma póstuma un premio BAFTA.

La investigación sobre su asesinato

Lo primero que el Ejército israelí argumentó fue que James Miller murió como consecuencia del fuego cruzado. Sin embargo, las imágenes del documental muestran que en aquel momento, cuando el francotirador hebreo, teniente Haib, le dio un certero disparo en la nuca desde 200 metros de distancia, no había intercambio alguno de fuego. Los testimonios de todos los testigos sostienen este afirmación.

El 2 de mayo de 2005, tres años después de la muerte de Miller, el Ejército israelí dio por cerrada la investigación manifestando que no había pruebas concluyentes. Pero según las pesquisas del perito independiente, y experto en armas, Chris Cobb-Smith, resulta imposible que un disparo tan preciso fuera consecuencia de un error.

El teniente Haib, miembro del Batallón Beduino de Reconocimiento, son sólo no fue condenado, sino que ni siquiera recibió amonestación o castigo alguno dentro del Ejército. Así lo había solicitado uno de los fiscales generales de Israel, pero el brigadier Guy Tzur se negó públicamente a sancionar a su hombre.

“Seguiremos luchando contra la cultura de la impunidad”, afirmó en una de sus últimas declaraciones públicas Sophie Miller. “Esperamos que la condena a la persona responsable consiga que los soldados israelíes se lo piensen dos veces antes de disparar a civiles inocentes”.