Viaje a la guerra Viaje a la guerra

Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Los soldados israelíes podrían haber matado deliberadamente al cámara de Reuters

Justamente ayer comentábamos la importancia de los informes de organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y Betselem.

Informes realizados por expertos que no en pocas ocasiones resultan una suerte de protección, de mirada objetiva y razonablemente confiable, ante los intentos de manipulación de los gobiernos cuando se embarcan en acciones armadas.

La cobardía de los líderes

En este sentido, siempre me ha llamado la atención cuán pusilánime y contradictoria es la actitud de tantos líderes que, como dijo la gran periodista israelí Amira Hass, deciden que “ellos matarán y otros morirán”.

Por una parte apoyan las decisiones de bombardear zonas altamente pobladas, pero luego no tienen la valentía de asumir las bajas de civiles y se amparan en eufemismos como “daños colaterales”, en argumentos como el empleo de “escudos humanos”, o en el nefasto mantra el siglo XXI, repetido hasta el paroxismo: el terrorismo, en cuya supuesta lucha se cometen crímenes tan atroces como dirigidos a diseminar el terror.

Los cómplices, los serviles

Claro que se trata de una propaganda destinada a quienes ven la televisión, a la hora de cenar, frente a la mesa, y no se cuestionan la veracidad de estas afirmaciones porque buscan la forma de acallar sus conciencias, de sumarse a la mentira colectiva que ellos también repetirán a sus conocidos, amigos y familiares.

Se suele decir que la primera baja de la guerra es la verdad. Sentencia que siempre me ha parecido desatinada. Lo que sucede es que a los políticos se suma el coro mediático de turno, cómplice y servil, que sirve de amplificador de las mentiras.

En definitiva, pierden la razón y la sensatez bajo la avalancha de tergiversaciones y sentimientos exacerbados por el nacionalismo, el miedo, el racismo y el odio. Tiempos oscuros para el pensamiento libre, empático, para los que se oponen al uso de la fuerza y apelan por el diálogo.

Pero la verdad no desaparece. Está allí, en la voz de cada víctima inocente. En su historia, personal, con nombre y apellido, en su retrato. El problema es que esta voz suele encontrar tan pocos amplificadores como gente dispuesta a escucharla de forma honesta.

Contra la mentira

La organización con base en Nueva York, Human Rights Watch, ha mostrado a lo largo de los años su compromiso en la denuncia de los crímenes de guerra.

Lo hizo con respecto a la familia Galia en Gaza. Aunque el coro mediático – al que vergonzosamente se sumaron algunos “columnistas” españoles que nunca han estado en la franja – señalaba que fue culpa de “minas plantadas” por Hamás en una playa pública, lo cierto es que el informe de HRW demostró que no fue así, que los siete integrantes de la familia Galia murieron bajo fuego israelí.

La misma conclusiones que alcancé en Gaza tras entrevistar a testigos y supervivientes, aunque no faltaran los exaltados y delirantes de siempre que hablaban de “imágenes manipuladas”, de “montaje”, como suelen hacer, al igual que sus líderes políticos, en lugar de asumir la verdad, pedir perdón en respeto a los muertos, a los inocentes, sean del color que sean.

O simplemente tener el coraje de decir: “Sí, ha sido consecuencia de nuestra estrategia y la asumimos plenamente”. Opción que me parecería más digna.

No, resulta más sencillo intoxicar, desprestigiar, difamar a periodistas como Lefteris Pitarakis, que se jugó bajo las bombas en Líbano para dar testimonio de la segunda masacre de Qaná en 2006.

Un fotógrafo con una vasta experiencia a sus espaldas que tuvo que soportar los agravios de tantos cobardes que desde la comodidad de sus casas y redacciones lo acusaban en sus periódicos y blogs de manipular las fotografías.

Los muertos existieron. A los supervivientes también las pudimos conocer en Viaje a la guerra. Y el tiempo demostró que los improperios de los aduladores de la sangre y el poder resultaron falsos.

Fadel Shana

Ahora Human Rights Watch ha sacado un comunicado sobre el asesinato la semana pasada de Fadel Shana, cámara de Reuters, en Gaza. Sobre cuya muerte ya se han vertido numerosas falsedades en Internet.

“Los investigadores de Human Rights Watch en el terreno encontraron evidencia que sugiere que la tripulación de un tanque israelí disparó de forma temeraria o deliberada contra el equipo periodístico”.

Comunicado que analizaré mañana junto a otra noticia de gran importancia que podría marcar un punto de inflexión por parte del Ejército de Israel hacia las víctimas civiles de sus acciones armadas.

Fadel Shana, séptimo periodista asesinado por el Ejército israelí

En el cuerpo de Fadel Shana, el cámara de Reuters asesinado ayer por el Ejército israelí, se encontraron dardos de metal de una pulgada de largo, conocidos en el argot militar como “flechettes”.

También había rastros de este armamento, que se desprendió del obús disparado por el tanque hebreo, en el chaleco antibalas que llevaba puesto y en el que se leía en letras fluorescentes la palabra: PRENSA, así como en su coche, claramente identificado como un vehículo empleado por periodistas.

Se trata de un arma controvertida, cuyo uso se trató de evitar ante el Tribunal Supremo hebreo, pero sin éxito. Especialmente, por sus efectos indiscriminados.

Human Rights Watch ha condenado el empleo de esta munición, que despliega cientos de dardos por el aire, en zonas habitadas por civiles. El Tsahal la había dejado de utilizar en Gaza en 2003, aunque luego la rescataría en Líbano en 2006.

En el caso de Fadel Shana, que no hacía más que cumplir con su deber de informar, los dardos le entraron a través del cuello y el hombro, alcanzado su pecho y parte de la espina dorsal. El reportero que lo acompañaba, sonidista, se encuentra en estado crítico.

El editor en jefe de Reuters News, David Schlesinger, afirmó que “la evidencia del examen médico subraya la importancia de una investigación imparcial y honesta por parte del Ejército de Israel y de su gobierno”.

Otra investigación, que si se lleva a cabo, se sumará a la larguísima lista de las que ya ha realizado el Ejecutivo de Ehud Olmert. Desde la muerte de la familia Galia en junio de 2006, pasando por la segunda matanza de Qaná en julio o el asesinato de la familia Al Kafarna de Beit Hanún en el mes de noviembre del mismo año.

Indiferencia ante los civiles palestinos

El gobierno de Israel ha dejado en claro en la guerra de Líbano de 2006, y en su actuación a lo largo de los últimos dos años en Gaza, que la Cuarta Convención de Ginebra, que establece el deber de respetar la vida de los civiles en un conflicto armado, no es una de sus prioridades.

El bloqueo mismo de Gaza constituye una violación de la legalidad internacional y el Derecho Humanitario. Como lo es también el empleo de personas a modo de escudos humanos, una práctica habitual de ese ejército que en algún momento de la historia se llamó el “más moral” del mundo.

También en la incursiones armadas en Gaza, el completo desdén por la vida de los civiles se hace evidente para quienes realizamos un seguimiento exhaustivo del número de víctimas.

Entre julio y septiembre de 2006, el Tsahal mató a 450 personas en Gaza, la mitad eran mujeres y niños (aunque luego Ehud Olmert dijera ante el parlamento israelí que eran terroristas, lo que levantó las críticas de numerosas organizaciones de derechos humanos).

Otro reportero muerto

En aquel verano sangriento de 2006, que pasé en Gaza, otro vehículo de Reuters fue alcanzado por las balas israelíes. Y de las guardias que realicé en el hospital Al Shifa, recuerdo el arribo también de conductores de ambulancias heridos, así como de Ibraheem al-Otlah, cámara de televisión alcanzado por varios disparos, cuya tía lloraba a la puerta de la sala de operaciones.

El mismo Fadel Shana ya había sido había sufrido heridas en agosto de 2006, cuando un avión israelí disparó contra el vehículo en que viajaba, también identificado como un coche de prensa. Tenía 21 años. Y podría haber decidido cambiar de profesión, pero siguió adelante.

Rescato de aquel tiempo la entrevista que realicé con el cámara de la agencia Ramatán, Zakaria Abu Hardib, que fue herido en dos ocasiones mientras realizaba su labor en Gaza.

A pesar de no controlar bien el brazo derecho debido a las lesiones, pudo filmar los segundos que siguieron a la muerte de la familia Galia en la playa de Yabalia, en junio de 2006. Material por el que recibió el premio del Rory Peck Trust.

Una reflexión impostergable

El Ejército israelí ha matado a siete periodistas desde el año 2001. El caso más sonado fue el del británico James Miller, que también tuvo la desgracia de filmar su propia muerte.

El último, hasta ayer, Imad Ghanem, cámara de televisión que retrataba cómo sacaban a heridos del campo de refugiados de Bureij cuando fue asesinado en julio de 2007.

Cabe preguntarse si la rabia de los soldados israelíes, ante la muerte de sus tres compañeros, explica de alguna manera que en su incursión ayer en Gaza mostraran tan poco aprecio por la vida de los inocentes como Fadel Shana (o de los cinco niños que también mataron).

También creo pertinente indagar qué impacto tienen en estos jóvenes soldados mensajes políticos que amenazan con un “holocausto” en Gaza, o los llamamientos de ciertos líderes ultraortodoxos a la venganza contra los palestinos. Según el rabino Shmuel Elyahu, “se debería colgar de un árbol a los hijos de los terroristas”.

Situaciones que un Estado que se denomina a sí mismo como “la única democracia de Oriente Próximo” y al que se le llena la boca hablando día tras día de “terrorismo”, debería examinar y repensar, tanto como el uso de los “flechettes” en zonas urbanas.

Por ahora, más que reflexiones, lo que deseo es expresar mi admiración y aprecio por todos los profesionales que en Gaza se juegan la vida día a día para contar la noticia.