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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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La empresa antes conocida como Blackwater

Aquellos bonitos vídeos promocionales que mostraban a los mercenarios de Blackwater rompiendo puertas, saltando de sogas colocadas en las terrazas de edificios, surcando el cielo en paracaídas, son ya algo del pasado.

Aquella idea tan sana y estimulante que intentaban vender – que luchar contra los terroristas desde la iniciativa privada, además de un deber patriótico, podía ser cool y apasionante, con música de fondo de Ted Nugent (pésimo rockero, pero amante de las armas, eso sí) -, parece estar ya fuera de moda.

A partir del viernes, la compañía de Eric Prince ha dejado de funcionar bajo su nombre original. Y ha optado, deliberadamente, por una denominación tan poco pronunciable que, al igual que sucediera con el otro Prince famoso, no tendremos más opción que referirnos a ella como “la empresa anteriormente conocida como Blackwater”.

Mercenarios poco discretos

A lo largo de los últimos años, Eric Prince se debe de haber preguntado en más de un ocasión por qué no le puso a su empresa uno de esos nombres oscuros, difíciles de recordar, como DynCorp, Aegis, Triple Canoply, Erinys. Si lo importante en el negocio de los mercenarios es justamente la discreción.

Pero no, se dejó llevar por el espíritu de la era Bush y sus amigos neoconservadores. Esos tiempos, posteriores al 11S, y su consecuente cheque en blanco político, en que se hacía todo sin miramientos ni dudas morales, con la cabeza bien alta, ya fuera invadir países, secuestrar o torturar.

Cuando a partir de 2001 empezó a hacerse multimillonario, mantuvo la llamativa marca Blackwater. Una denominación que cualquier ama de casa puede recordar: agua negra. Hasta inclusive un periodista.

No es lo mismo decir: “¿Has visto que los empleados de Dyncorp tenían una red de prostitución en Bosnia?” “¿Has visto el vídeo de los mercenarios de Aegis, la empresa de Tim Spicer, disparando a iraquíes?”. A decir: “¿Has visto que Blackwater mató a veinte civiles en Bagdad?”

Porque si se trata de crímenes y escándalos, Blackwater no es la única de la lista, aunque sí la más famosa.

Mercenariolandia

Pero Eric Prince, que llegó a sentarse frente al congreso de los EEUU, no sólo eligió un nombre atractivo para su empresa, sino que fue mucho más allá: trató de imponer la marca.

Sin prever que un día el viento podría cambiar de dirección, que el patriotismo henchido de hormonas bélicas post 11S podría convertirse en hartazgo y decepción, hizo todo por exponerla, por difundirla.

Quería que fuera un símbolo de la subcontratación de la guerra, de la seguridad globalizada, de la lucha privada contra el terrorismo, según lo es Nike para la ropa deportiva, Starbucks para las tiendas de café o Windows para los sistemas operativos.

Tanto fue así que no dudó en tratar de popularizar el logo de la compañía a través del merchandising. No exactamente muñequitos de Luke Skywalker o cajitas felices, sino pistolas como la Sig Sauer P226 Blackwater edition, que lleva las famosas garras del oso talladas en la empuñadura.

El negocio continúa

A partir del pasado viernes, Blackwater Worldwide ha pasado a llamarse Xe. Y la filial dedicada al entrenamiento de personal ha sido bautizada como U.S. Training Center Inc.

Ahora sí, como debe ser, tiene un nombre imposible de pronunciar. Parece ya más difícil que alguien comente: “¿Has visto que los mercenarios de Xe se han cargado a veinte personas en Bagdad?” Pues ni siquiera queda claro cómo se pronuncia: ¿Che? ¿Ze? ¿Tse?

Pero esta adaptación a los tiempos que corren, al nuevo espíritu propugnado por la administración Obama, no quiere decir que el negocio no siga. Al contrario, si bien la compañía carece ya de permiso para actuar en Irak, su actividad parece más frenética que nunca.

Su vasto menú de servicios va desde el alquiler de espías y la lucha contra piratas, pasando por la producción de armamento, carros de combate y aviones ligeros, hasta la protección de proyectos de construcción y cargamentos en zonas de conflictos, y el entrenamiento de perros y atletas de élite.