Viaje a la guerra Viaje a la guerra

Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Una tipología de los insultos de ciertos lectores en Internet

Internet nos ofrece un espacio horizontal, democrático, sin precedentes, para el intercambio de ideas, para el encuentro y la reflexión conjunta. Rompe con la caduca dialéctica vertical del columnista que pontifica sordamente mientras los demás escuchan (y al que, como mucho, replican a través de una escueta carta de lectores).

Lamentablemente, hay gente que desprecia de forma irresponsable, infantil y violenta esta oportunidad, amparándose en el anonimato de la red.

Lo cierto es en que en Viaje a la guerra esta clase de “aportaciones” constituye apenas una minoría, ya que aquí se ha creado un grupo de intercambio de ideas y experiencias, apasionante, estimulante, tanto en lo humano como en lo intelectual, y del que me siento enormemente afortunado de formar parte.

Pero volvamos al uso irresponsable de Internet, que sinceramente me apena, ya que creo que significa desperdiciar una gran oportunidad. Tras años de escribir blogs, podría agruparlos en dos categorías:

LOS PEGATINEROS

Está el que viene y te pone una etiqueta, “progre”, “facha”, “amigo de los terroristas”, “antisemita”, “antiamericano”, y se queda tan ancho, sin haberse tomado la molestia de argumentar.

De esta forma, reduciendo el pensamiento ajeno a una pegatina similar a la que se coloca sobre los productos de un supermercado, niega lo que acaba de leer, descalifica las ideas expresadas. Y esto lo hace sentir que ha obtenido cierta revancha con respecto a un contenido que, obviamente, lo ha enfrentado a nociones que no es capaz de rebatir o que amenazan su cosmovisión del mundo.

LOS DESPRECIADORES

En una segunda categoría están los que rebaten, con argumentos a veces profundos, acertados, pero en un tono y con algunas coletillas que seguramente no emplearían en una conversación en persona.

Por ejemplo, esta semana, Xavi daba otra visión sobre la conducta de los republicanos en EEUU. Me pareció interesante leerla, aprendí algo nuevo, pero no agradecí la frase final: “Infórmese mejor”.

Las frases de este tipo, ayer, en el post sobre la injusticia internacional, abundaron. Miura terminaba con un: “Haced algo mejor… y mirarse el ombligo sucio de vez en cuando“.

Alguien que firmaba como Tucan empezaba diciendo: “Señor Hernan, un poquito de información, de verdad, no le vendría mal”. Y acababa con un nada humilde e irónico: “A ver si leemos más”.

Tucan hablaba de Ariel Sharon, y en este sentido me parece curioso que le pida que lea más a alguien que no sólo sus opiniones sobre el tema en general han aparecido en la BBC y en Haaretz (el principal periódico de Israel), sino que ha escrito este año un libro de 357 páginas y 150 notas bibliográficas sobre la misma cuestión: Llueve sobre Gaza. Seguramente mis ideas estén equivocadas, ¡¡pero juro que he leído!!

No comparto las opiniones de Tucan, y creo que ignoran datos históricos fundamentales como el informe de la Comisión Kahan, así como todo lo investigado sobre el tema por Robert Fisk, pero podría haber sido un debate interesante. Aunque lo cierto es que no dan ganas de dialogar con alguien que, ya de entrada, y sin siquiera usar su nombre, te falta el respeto y descalifica lo que es, con todos sus aciertos y errores, tu trabajo de cada día, aquel con el que te ganas tu sustento (espero que no tenga la misma actitud con el que le vende el pan, lo lleva en el autobús o le corta la entrada de cine).

¿QUÉ GOBERNANTES DEBERÍAN SER JUZGADOS?

Ayer cité en el blog una serie de gobernantes que creo que deberían ser juzgados por sus crímenes. Si no mencioné a otros fue por una cuestión de extensión. Por eso dejo abierto el debate a quien quiera participar. Y ojalá sea con respeto y moderación. Ojalá se centre en el tema a discutir y no en la descalificación personal (en afirmar si el otro ha leído o no sobre determinada cuestión).

Siempre digo que a través de vuestras aportaciones (ahora sin comillas) he aprendido muchísimo. Y no tengo ganas de dejar de hacerlo. Además, que discrepemos en opiniones no nos convierte en enemigos ni antagonistas, simplemente en personas que piensan distinto.

Estos son los gobernantes que habéis mencionado: Fidel Castro, Aznar, Zapatero, Obiang, Blair…

Lo peor de la guerra: aquellos que deciden que otros van a morir

Aprovecho este nuevo alto en Madrid para planificar los destinos del próximo año de Viaje a la guerra: Haití, Pakistán, Congo, Afganistán, Irak. Llamo a colegas de profesión, compro libros, mapas, leo informes sobre la realidad de estos países.

Pero también, quizás por este desapacible invierno que se ha ceñido sobre nosotros, por el cielo encapotado y el frío que siempre nos empujan a la introspección, reflexiono sobre lo que he visto a lo largo de estos tiempo. Una experiencia, bajo el sonido de las armas, junto al llanto de los supervivientes, que me ha transformado profundamente. No soy el mismo que se embarcó hace 16 meses en esta aventura.

Debo confesar que, en este momento, y desde la parte próspera del mundo, lo que más me cuesta aceptar y lo que más revuelve de las guerras no es sólo el dolor de la gente de a pie, la que se lleva la peor parte en todo enfrentamiento bélico, sino las tramas de poder que subyacen tras cada conflicto armado.

Tal vez este sentimiento tenga mucho que ver con las últimas entradas del blog, con las historias de hombres como Tim Spicer y Simon Mann, que se han hecho ricos gracias a la violencia, gracias a las influencias de las que gozan, gracias a la connivencia de los políticos.

Esos políticos que se lanzan a delirantes aventuras belicistas por las que nunca pagarán. Como Henry Kissinger, tal vez la persona viva que más muertes lleva en las espaldas, y que no sólo se sigue paseando por las fiestas de Nueva York y vendiendo los millonarios servicios de consultoría de su firma, sino que recibió el premio Nobel de la Paz.

Y toda esa otra clase dirigente que se llena la boca hablando de libertad y derechos humanos, y que si bien no participa en las guerras, es incapaz de levantar la voz, de tomar medidas efectivas, para poner fin a la violencia. En Sudán y Birmania, para no incordiar a China. En Irak e Israel, para no provocar a EEUU. Sin contar la caterva de sátrapas a los que apoyan, en Arabia Saudí, en Guinea Ecuatorial, porque el único valor que realmente las mueve no es otro que el poder.

Y es allí cuando entran las empresas que, a través de sus grupos de presión y desde la aséptica pulcritud de sus despachos, espolean las guerras para defender y expandir sus intereses, ya sea en la producción de armas, en el control de las fuentes de los hidrocarburos o en el negocio de la seguridad privada.

En el tercer nivel de este andamiaje se encuentran los grupos mediáticos que mienten y manipulan para legitimar la barbarie. Como la empresa News Corporation, del magnate Rupert Murdoch, abanderada de la agenda neocon, instigadora en cada una de sus cabeceras de la guerra de Irak, y que cuenta con José María Aznar entre sus asesores.

En definitiva, todos aquellos que se presentan ante la sociedad con un áurea de éxito y respetabilidad, pero que se mueven en la más oscura y hedionda ciénaga moral. Todo aquellos hijos de puta que fríamente deciden, como bien dice Robert Fisk, que para satisfacer sus ambiciones de poder otros tendrán que morir.