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Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Miseria y olvido para las viudas de la guerra de Irak

Al tiempo en que Muntadar al-Zaidi hacía volar sus zapatos en dirección a George Bush, le gritaba que eran “un regalo de despedida de los asesinados, los huérfanos y las viudas de Irak”.

Un gesto que ya otros han repetido alrededor del mundo, como la estudiante sueca Ylva Kronheffer, que se encaró en Estocolmo el pasado 5 de febrero con un par de zapatillas Nike rojas contra el embajador israelí Benny Dagan en nombre de las víctimas de Gaza.

Se acerca el Día Internacional de la Mujer, y la Cruz Roja prepara un exhaustivo informe sobre la situación de las viudas en Irak, que constituyen sin dudas el colectivo más postergado y necesitado de ayuda dentro de la sociedad iraquí.

Mendigar para sobrevivir

Tras décadas de guerra, y debido al caos que aún impera en el país del Tigris y el Éufrates, resulta difícil estimar el número de mujeres que se han quedado sin marido. En 2006, la ONU calculó que entre 90 y 100 se convertían en viudas cada día.

La violencia sectaria y de las fuerzas de ocupación había alcanzado se punto más alto, desde el que comenzaría a descender. Un cambio de escenario que es el que permite ahora tanto a la prensa como a las organizaciones humanitarias acercarse a estas mujeres y conocer su realidad.

El New York Times, sitúa la cifra de viudas en 750 mil.

“En grandes ciudad como Bagdad, la presencia de las viudas resulta difícil de ignorar. Ocultas en abayat negras, avanzan entre la columnas de coches que aguardan en los puestos de control, pidiendo dinero o comida. Esperan en las puertas de las mezquitas para recibir mantas gratis, o se sumergen en las montañas de basura que se acumulan en las calles. Algunas viven con sus niños en parques públicos o en los baños de las estaciones de servicio”.

Al Jazeera coloca la cifra en millón y medio. Y estima que hay otro millón y medio de mujeres en la misma situación, en estos casos divorciadas o abandonadas por sus maridos.

En un reciente reportaje, denuncia que el gobierno haya reducido la partida presupuestaria para ayudar a estas mujeres de 750 millones a 500 millones de dólares, lo que provocó la renuncia de Nawal Al Samarai, Ministra para la Mujer, que llevaba sólo seis meses en el cargo.

“Mi ministerio carece de medios materiales y humanos. Así que mi presencia en este ministerio nada significa. No puedo lograr nada. Las mujeres iraquíes valen más que esto, valen más que el puesto de una ministra. Las mujeres iraquíes necesitan ayuda y protección. Necesitan un ministerio en condiciones y no sólo algo nominal”, declaró Nawal Al Samarai.

Antes del recorte presupuestario, la ayuda era de por sí escasa. La recibían unas 120 mil mujeres. Consistía en una prestación mensual de 50 dólares, con un extra de 12 dólares por hijo. Cifra insignificante si se tiene en cuenta que un bidón con cinco litros de gasolina, empleada para hacer funcionar los generadores de las casas debido a la escasez de electricidad, cuesta 4 dólares.

Otros medios, como la NBC, se hacen eco de una estimación que elevaría a tres millones la cantidad de viudas. Y la ONU, en un artículo publicado por su agencia de coordinación humanitaria, de uno ocho millones a nivel nacional y 330 mil en Bagdad, a la que algunos ya han bautizado como la “Ciudad de las viudas”.

Sociedad machista

Además de la poca asistencia pública, en un estado que intenta levantarse de las cenizas de seis años de guerra, y del brutal embargo de los años 90, la mujer sufre también por el sistema patriarcal que impera en la sociedad iraquí.

El lugar tradicional de la mujer es el hogar. En la mayoría de los casos carece de formación para salir a ganarse el sustento, para vivir sin la tutela del hombre, ni tampoco el ambiente en el que se han criado parece preparado para ello, sin contar la miseria generalizada que ha provocado el conflicto.

Además de la mendicidad, esto ha movido a no pocas mujeres hacia salidas desesperadas: suicidarse, vender sus cuerpos a los hombres, o entregar a reclutadoras como Samira Ahmed Jassim, que mandó 28 mujeres a cometer atentados bomba, y que fuera arrestada el pasado 2 de febrero.

Un reportaje de la CNN de 2007 aborda la cuestión de la prostitución, tema tabú en una sociedad tan conservadora como la iraquí:

“Hay una gran población de mujeres víctimas de la guerra que han tenido que vender sus cuerpos, sus almas y que lo han perdido todo”, declaraba Basman Rahim, miembro de un equipo de derechos humanos… “Muchas de las mujeres que encontramos en los hospitales, y que intentaron suicidarse, se han dedicado a la prostitución… Rahmin cuenta la desgarradora historia de una mujer que encontraron que vive en una habitación con sus tres hijos: “Tenía sexo en la habitación mientras sus hijos estaban allí, los hacía pararse en las esquinas”.

Sociedad devastada

A esta situación desesperada hay que sumar la devastación que la guerra ha provocado en las familias iraquíes, que como en tantos otros países sumidos en la violencia y la miseria constituyen la única red de seguridad social.

Un entramado social mermado tanto a través de las matanzas como de los desplazamientos forzados en el rediseño del mapa étnico del país, escindido como nunca antes entre suníes y chiíes.

Algunas historias, como la de Nacham Jaleel Kadim, que tiene 23 años y sobrevive junto a su hija en un parque, ilustran esta realidad. Sus dos hermanas gemelas murieron en 2004 cuando trataban de huir de Faluya. Acababa de quedarse embarazada cuando un coche bomba ubicado en Bagdad terminó con la vida de su marido. Fue otra bomba, esta vez en un mercado, la que se llevó la vida de su hijo de cinco meses de edad.