Viaje a la guerra Viaje a la guerra

Hernán Zin está de viaje por los lugares más violentos del siglo XXI.El horror de la guerra a través del testimonio de sus víctimas.

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Cinco años de Guantánamo (cinco años de vergüenza)

Mañana se cumplen cinco años de la llegada de los primeros prisioneros a Guantánamo. Cinco años en los que Occidente ha mostrado su cara más oscura, cobarde e hipócrita al resto del mundo, mientras sigue proclamándose a sí mismo como valuarte y referente en la defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Mañana, como cuenta el periódico The Independent, Anas el Banna, de 10 años de edad, volverá a ir a la puerta del número 10 de Downing Street para preguntar por qué no recibe noticias de su padre. Y, una vez más, Tony Blair no tendrá el coraje de recibirlo, de mirarlo a lo ojos, ni se dignará a responder a la carta que le entregará a uno de sus asistentes.

Su padre, Jamil el Banna, fue detenido hace cuatro años en el aeropuerto de Gambia. Se lo acusó de llevar un objeto sospechoso en la maleta. Era una vieja batería. Aún no se han formulado cargos en su contra, aunque sigue prisionero.

Desde que Guantánamo comenzara a funcionar como principal centro de detenciones de la Guerra contra el Terror de George Bush, unos 775 sospechosos de “terrorismo” han pasado por sus calabozos. Ninguno ha sido declarado culpable de delito alguno. En su desesperación, al menos 40 presos han intentado suicidarse; tres de ellos lo consiguieron el pasado junio. Allí siguen recluidas unas 430 personas de 35 nacionalidades diferentes.

En estos momentos, tener apellido árabe y viajar por el mundo implica arriesgarse a terminar en una cárcel secreta, como ha sucedido en numerosas ocasiones a lo largo de estos años. Un error en un listado, la coincidencia de un nombre, puede hacer que una persona termine desaparecida.

Los Estados Unidos, que vivían del saldo positivo su intervención en la Segunda Guerra Mundial, han entrado en una decadencia moral irrefrenable. Ya habían recorrido parte del camino en la Guerra Fría, a través de la promoción de regímenes autoritarios y de acciones bélicas como la de Vietnam, pero ahora parecen haber alcanzado su punto más bajo. Y no hay indicadores que permitan vislumbrar un cambio de rumbo.

Sin dudas, estamos ante el comienzo del fin de su liderazgo a nivel mundial, pues ha perdido el poco prestigio que le quedaba. El descenso de la inversión extranjera y el enorme déficit que sufre permiten augurar que avanzamos hacia un mundo multipolar, que en la segunda mitad del siglo XXI tendrá como epicentro al continente asiático.

Lo que resulta imposible de comprender es la actitud de los líderes de la Unión Europea. Sabemos que por España han pasado vuelos de la CIA, que se ha detenido a personas sin garantía legal alguna en territorio europeo.

¿Por qué no se ha condenado de forma enfática estas acciones? ¿Por qué no se han articulado medidas efectivas de protesta y coacción? Hasta ahora, sólo se han hecho gestos timoratos, que demuestran que en esta Europa que también se llena la boca a la hora de hablar de los derechos humanos, la libertad y la democracia, los intereses comerciales y geoestratégicos tienen más peso que los valores en los que se fundamenta nuestro sistema de vida.

Pienso en el texto que se atribuye a Bertolt Brecht, pero que pertenece a Martin Niemoeller. Hoy son los que tienen apellido árabes. En el futuro, no se sabe, quizás la lista se expanda. Pero la verdadera razón para salir a protestar y manifestarse no debe pasar por el miedo sino por la defensa del estado de derecho y la dignidad del hombre.

Mañana, a las once, Amnistía Interncional presentará en la Embajada de Estados Unidos en Madrid más de 150 mil firmas para pedir el cierre de Guantánamo. Es una buena oportunidad para levantar la voz y pedir que se dejen de cometer estas atrocidades en nuestro nombre. Para dejar bien en claro que la democracia y la libertad no se defienden violando los derechos humanos.