De animales y de animales

Fue Leonardo Da Vinci quien dejó escrito que ojalá llegue un día en el que acabemos viendo el asesinato de animales como ahora vemos el asesinato de hombres. El texto de la futura Ley de protección animal, conocido esta pasada semana, no alcanza los deseos del gran genio del Renacimiento pero sí supone un gran avance “para garantizar la protección de los animales en general, y particularmente de los que viven en el entorno humano, en tanto que seres dotados de sensibilidad cuyos derechos deben protegerse”, según podemos leer en la introducción del anteproyecto.

Pese a las críticas que ya han empezado a sobrevolar esta ley impulsada por el Ministerio de Derechos Sociales, que próximamente empezará su tramitación en las Cortes y que aspira a entrar en vigor a comienzos de 2023, el departamento que dirige Ione Belarra ha puesto en marcha una normativa necesaria no sólo para intentar acabar con el maltrato animal en todos sus aspectos sino fundamentalmente para mentalizar y educar a las nuevas generaciones en el respeto a la vida y en garantizar la dignidad y el bienestar animal.

Con esta ley –a la que será necesario eliminar algunas boberías extremadamente ridículas, que sin embargo no afectan a la valía global del texto– no se trata tanto de controlar a los animales de nuestro entorno como de regular el comportamiento humano hacía ellos como seres vivos dentro de nuestro hábitat de convivencia.

“Nuestra relación con los animales es un espejo que nos muestra en qué nos hemos convertido con el paso de los tiempos. En el espejo no solo aparecen los horrores cometidos por nuestra especie al explotar a otros seres sensibles, sino el rostro macilento de una humanidad que está perdiendo su alma”. Así arranca Manifiesto animalista, de Corine Pelluchon, un libro que nos muestra el debate que deben acometer las sociedades llamemos avanzadas y que nos anima a no permanecer impávidos ante el sufrimiento de los animales.  Un texto que señala que la violencia contra ellos es un ataque directo a nuestra humanidad y que entre líneas pretende inculcar que luchar contra este maltrato es rebelarse contra una sociedad basada en la explotación.

Aunque es cierto que cada día se hace más evidente en nuestro país la creciente sensibilización con todas las cuestiones relacionadas con el maltrato animal, no lo es menos que las salvajadas siguen estando ahí: desde la violencia directa contra todo tipo de animales a la utilización perversa de estos, por ejemplo, en los procesos de divorcio. Y solo hay que seguir a los medios de comunicación, algunas sentencias judiciales o atender las denuncias que a través de las redes sociales hacen un buen número de organizaciones y hasta los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para saber de lo que el hombre sigue siendo capaz y lo mucho que todavía queda por hacer. Hablamos de animales y de animales.

De animales como aquél jabalí que allá por 2017 se hizo tristemente famoso gracias a un vídeo de YouTube en el que se le veía deambulando tranquilamente por el Parque Nacional de los Picos de Europa; y de animales como ese grupo de senderistas que para divertirse no se le ocurrió nada mejor que despeñarle por un barranco de la Ruta de Cares del citado parque y arrebatarle la vida.

De animales como Katalina, que quizá ladraba demasiado para el gusto de sus dueños; y de animales como Eva y Carmelo, los que teóricamente debían velar por ella, y a la que una noche de sábado de noviembre también de 2017, cansados ya de tanto ruido, parece ser, la tiraron por la ventana del 118 de la calle Camino Real de Lugo rompiéndole las patas traseras.

De animales como esos galgos que durante las épocas de caza hacen su trabajo con devoción para gozo y disfrute de sus amos; y de animales como los dueños de éstos que cuando se acaban los disparos los abandonan a su suerte y a su muerte y si no sobreviven qué se le va a hacer y si lo hacen, muy bien y hasta la próxima temporada.

De animales como esos perros, gatos, burros, caballos… que son torturados hasta la saciedad todos los días del calendario aquí y allá; y de animales como esos desalmados que, día sí día también, en cualquier esquina, torturan con saña a perros, gatos, burros, caballos… Hablamos de animales y de animales.

“Quien desprecia la vida hasta el punto de maltratar o abandonar a un animal, habitualmente también despliega su instinto agresivo contra una mujer, los hijos, ancianos, vecinos u otros ciudadanos a los que considera inferiores”, escribió en un auto la juez Pilar de Lara cuando impuso a los citados Eva y Carmelo, por primera vez en nuestro país, una orden de alejamiento de 150 metros para que no volvieran acercarse a Katalina en su puta vida.

La magistrada fue más allá y en su auto, que debería ser de lectura obligada en las escuelas españolas, añade que “anualmente miles de animales son maltratados y abandonados, en ocasiones sometidos a actos de extraordinaria crueldad, mutilaciones, sacrificios innecesarios, inanición o condiciones higiénicas deleznables o simplemente son exterminados, torturados, extenuados o desechados por inservibles”.

En su escrito, la juez De Lara no dudó en ir al fondo de la cuestión: “Sorprende que a estas alturas no se hayan fomentado políticas dirigidas a hacer efectivo el derecho al bienestar de los animales con la concienciación escolar ya desde la infancia para lograr reconocer que son seres capaces de sentir placer, miedo, dolor, ansiedad o estrés”. Cuatro años ha tardado el Gobierno de la nación en dar respuesta a esta y otras muchas peticiones equivalentes en las que se reclamaba una ley integral y una mayor implicación de las autoridades en la lucha contra el maltrato animal y la defensa de su dignidad.

“La ocasión se presenta con un cúmulo de dificultades y debemos elevarnos a la altura de la ocasión […]. Conciudadanos, no podemos escapar de la historia […]. La línea a seguir es clara, pacífica, generosa, justa”, dijo Abraham Lincoln en su mensaje anual al Congreso el 1 de diciembre de 1862. Hablaba sobre la esclavitud.

Una voluntaria de la protectora madrileña ACUNR tranquiliza a un grupo de galgos recién llegados a la protectora. (Eduardo Cuasimodo/20minutos)

 

 

 

 

 

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