‘Mess in a ham’, los peligros de traducir la carta del restaurante tirando de Google

Por Tom

La comida es una constante en la vida cotidiana de todas las personas del mundo. Con suerte, la gente llega a comer varias veces al día, aparte de darse un capricho de vez en cuando.

Cuando llegué a España la verdad es que no tenía mucha idea de qué esperar. Había escuchado hablar de la paella (que seguramente pronunciaba mal, tipo “pai·ela”) y la sangría, pero apenas sabía más. No era consciente, por ejemplo, del mundo del jamón, que literalmente es un mundo. He ido descubriendo la comida de aquí poco a poco. Me encontré con que la gente en España come mucho pescado y marisco comparado con Inglaterra, que se ha perdido un poco la costumbre. Se comen muchos partes de los animales aquí en España que en el Reino Unido se ha perdido mucho, esto es un festín de sesos, callos y cosas hechas con sangre. Descubrí también que la gente se traslada mucho sólo para comer un buen plato de algo e incluso vendría a Madrid porque en Madrid la cerveza se tira muy bien. (Yo creía que si la cerveza está en el vaso se ha tirado bien, pero no).

(GTRES)

Total, que aunque sea un constante en la vida de todos, la comida de otro país no es nada fácil de entender. Al llegar y aprender otro idioma, no es tan complicado entender las cosas básicas. Ingredientes simples como las frutas te entran fácilmente porque son los que aprendes primero, luego hay etiquetas de supermercado y recetas que enumeran los ingredientes uno por uno. A lo mejor descubres que hay comidas que no habías visto, como oreja o pimientos de Padrón o cosas muy comunes para ti que de repente no encuentras por ningún lado, como la chirivía.

Aparte de la típica burrada involuntaria de pedir un bocadillo de polla en la tienda de sándwiches en la esquina, no es tan complicado. Hasta que llegas a un restaurante y te enfrentas a una carta. Las comidas de repente aparecen en código, los nombres cambian, los estilos y preparaciones te confunden y las partes de un mismo ingrediente abundan. También hay combinaciones de cosas que de inmediato no tienen mucho sentido.

En mis funciones como hablante (más o menos) perfecto del inglés, me he encontrado traduciendo menús de vez en cuando y es asombroso la complejidad de unos platos y la dificultad de explicarlos adecuadamente en inglés sin hacer que pierdas todo el apetito. También vale la pena mencionar que a veces (bueno muchas veces), la gente simplemente adivina aproximadamente como sería la traducción o acude a Señor Google. Eso puede tener resultados hilarantes y al a vez muy confusos. Resulta que rape al ajillo no tiene nada que ver con un corte de pelo, y bocadillos de cinta no tiene nada que ver con bricolaje.

Y es que podría ser un negociazo, traducir menús, pero bien. Y es que no hay falta de negocios de traducción que te traducirán absolutamente todo desde blogs, hasta deportes e incluso traducciones jurídicas y en directo. Lo he intentado varias veces, pero o por falta de pasta o porque les gusta confundir a los clientes, la gente prefiere acudir a Google y al azar.

En el Reino Unido no somos tan majetes como para traducir los menús como ya está todo en el idioma universal, si no entiendes lo que te ofrecen, pues te lo pides y a la aventura, o esperas que te lo pueda explicar el camarero. Los resultados pueden ser maravillosos.

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Bego

    ¿Y si nos dijera cómo se debería haber traducido? De paso, aprovecho para decirle que, además de traductores, de carne y hueso, también hay correctores que ayudamos a corregir textos, evitar poner barbaridades, subsanar erratas… Por ejemplo, yo, estoy en paro y nadie me ofrece ni una oportunidad laboral (mi sueño es el de correctora de textos).

    13 junio 2019 | 10:33 pm

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