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“Modestamente, la televisión no es culpable de nada. Es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos” (Jaime de Armiñán)

A vueltas con las parodias

quero bertinA Bertín Osborne no le ha gustado nada la parodia de Andreu Buenafuente en Late Motiv de #0. La ocurrencia del showman de Reus de poner a su imitador (por cierto, buenísimo) Javier Quero, entrevistando a Hitler en una imitación de Mi casa es la tuya (T5) enfadó y mucho al presentador y artista jerezano, hasta el punto de llamar públicamente “absoluto miserable” a Buenafuente.

Desde Late Motiv no presentaron excesiva batalla al insulto de Bertín, y se limitaron a dedicarle un programa con un rótulo que apareció en el inicio del espacio. Con esta tibia respuesta, no exenta de ir cargada de fuerte ironía, desde el espacio parece que no quisieron abrir más la herida causada por la polémica, ni tampoco contra atacarla con otra parodia igual o más sangrante que la anterior.

Pero le pusieron a su respuesta televisada una guinda final. Buenafuente se sentó entre el público y, palomitas en mano, se dispuso a ver un capítulo de la serie Pasión de gañanes, protagonizada por, como no, Bertín Osborne, junto a políticos como Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Albert Rivera y Mariano Rajoy.

Bertín, no obstante, sí que movió ficha. Y para esta misma noche de lunes, en lugar de emitir su encuentro (anunciado previamente) con el actor Antonio Banderas, ofrece una entrega diferente protagonizada por el propio imitador, Quero, que visitará al presentador en su casa y suplantará su personalidad con la complicidad de la propia mujer y los hijos del anfitrión.

Buenafuente y su equipo interpretaron unas declaraciones realizadas por el cantante a la revista Vanity Fair sobre su entrevista soñada, que sería con Hitler, tal y como dijo él mismo: “saber lo que tiene un tío como ese en la cabeza debe de ser surrealista. Ha habido muchos monstruos, pero él es el más reciente”.

Una persona como Bertín, que hace gala de estar curtida en mil batallas televisivas, no debería sorprenderse de que la parodia es una libre interpretación de la realidad con conclusiones que pueden gustar, o no, al parodiado. Él mismo ha participado y participará en imitaciones y bromas varias, en televisión, radio o teatro, y por muy blancas que siempre las pinte no serán del gusto de todo el público.

La parodia no debe llevar al insulto ni a la calumnia, está claro, pero no debe ofender solo cuando no nos retrata tal y como estamos acostumbrados (quizás mal acostumbrados) y tampoco debe llevar a descalificar, una respuesta sí que muy real y nada ficticia, como sí lo fue el sketch, guste o no.

 

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