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Alergias alimentarias: afectan a 17 millones de europeos y abundan los diagnósticos inútiles (fraudulentos)

AlergiasNo viene nada de mal el volver sobre algunos de los temas que son redundantes en el blog y, si es el caso (que lo es) aportar nuevos y mejores datos.

El tema de las alergias alimentarias es una cuestión que afecta a más de 17 millones de europeos. Además de los propios afectados, hay un cierto número importante de población que vive en cierta medida preocupada por la cuestión de las alergias sin estar en principio diagnosticada y que se pregunta si su problema de salud (el que sea), su malestar, o su falta de confort se debe, en última instancia, a algún tipo de alergia alimentaria.

Precisamente por estas cuestiones, la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) ha lanzado una campaña de concienciación sobre alergia alimentaria y la anafilaxia con el fin de ayudar a que la población comprenda mejor cómo se sienten las personas en esta situación, el profundo impacto en la calidad de vida que les generan, la gravedad que pueden llegar a tener, lo costosas que pueden llegar a ser para toda la sociedad y lo importante que es el diagnóstico precoz y el manejo de esta situación. Es más, como datos relevante, la EAACI advierte que: en los últimos 10 años, los ingresos hospitalarios de niños por reacciones alérgicas graves se han multiplicado por siete; y que entre el 6 y el 8 % de los niños menores de tres años presenta algún tipo de alergia alimentaria.

Frente a esta situación la misma EAACI considera como principales estrategias de futuro que tanto los profesionales sanitarios como la población reciban la formación correspondiente con el fin de realizar un diagnóstico y tratamiento precisos. Para ello destaca que:

  • Se sabe que más de 120 alimentos producen alergias alimentarias y, de ellos, los más frecuentes son: la leche, el huevo, el trigo, los cacahuetes, los frutos secos, el pescado y el marisco.
  • La alergia alimentaria es la principal causa de la anafilaxia en la población y afecta, en particular, a los niños.
  • Son pocas las personas conscientes de que una reacción alérgica severa, como la anafilaxia, puede provocar la muerte.
  • Las etiquetas de alimentos en las que se indica “puede contener” determinados ingredientes resultan útiles a la hora de reducir la ingestión accidental de alérgenos.
  • Los pacientes con alergias tratadas incorrectamente ocasionan la mayor parte de los elevados gastos sanitarios relacionados con este tema.
  • Diversos estudios demuestran que, a lo largo de la vida, los pacientes con alergia alimentaria tienen una peor calidad de vida que aquellos con enfermedades que, a veces, se consideran más graves, como la diabetes.

El diagnóstico chungo

Con frecuencia, son muchos los síntomas o incluso enfermedades que son erróneamente atribuidos a una alergia alimentaria. Así, no son pocos los pacientes que, estando insatisfechos con las respuestas que reciben de los profesionales sanitarios, recurren con frecuencia a métodos de diagnóstico alternativos. Entre ésos métodos “alternativos” y no eficaces más utilizados figuran los siguientes, tal y como advierte la EAACI:

  • Pruebas “citotóxicas”: Estas pruebas se basan en la incubación de células sanguíneas junto a una serie de extractos de alimentos y miden con fines diagnósticos el cambio en el tamaño celular o la respuesta inflamatoria. Entre este tipo de pruebas las más populares son el AlcatTM y el NOVO ImmogenicsTM. Sin embargo, no existen estudios científicamente válidos que muestren su utilidad a la hora de establecer una alergia a los alimentos.
  • Detección de IgG específica contra los alimentos: Otras empresas comercializan también kits de detección de IgG a un gran número de productos alimenticios con el fin de diagnosticar las alergias alimentarias. En realidad, los resultados positivos sólo demuestran el contacto con la comida, pero no han sido capaces de discriminar la alergia de la tolerancia, y no se recomiendan por parte de ninguna de las organizaciones científicas especializadas en alergia.
  • En el apartado más alternativo o magufo de todos figuran pruebas basadas en la kinesiología, la provocación subcutánea y sublingual, la prueba DRIA, la biorresonancia y la electroacupuntura o prueba electrotérmica. Todas ellas son técnicas in vivo que no tienen ninguna credibilidad científica.

Lo que dice la ciencia y puedes confiar

En sentido contrario a todas las pruebas antedichas, la mejor prueba hasta el momento para detectar alergias alimentarias consiste en, después de una evaluación adecuada por parte de un alergológico (como Dios manda), en la exposición alimentaria “doblemente cegada” y controlada con placebo, que se debe realizarse bajo la supervisión de profesionales de la salud con experiencia en estas cuestiones.

Dicho de una forma clara para que se me entienda: ni kits que se compran por correo; ni envió de muestras (sangre, saliva…) a supuestos “laboratorios”; ni consultas en farmacias o herbodietéticas o herbolarios; ni pruebas en dudosos cuchitriles de más que dudosa apariencia, etcétera.

La alergia alimentaria es algo serio, ponte en manos de profesionales cualificados y no de vendedores de humo… por mucho que huela bien dicho humo.

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Imagen: David Castillo Dominici vía freedigitalphotos.net

Los test genéricos de intolerancias alimentarias a partir de una muestra de sangre no son fiables

En la entrada del otro día me quedé con la promesa de abordar el tema de la determinación de intolerancias alimentarias a partir de otros procedimientos distintos de la bioresonancia ya tocados en esta entrada y en esta otra. Más en concreto, hoy voy a  referirme a esos test que a partir de un análisis de sangre le dicen a uno a qué alimentos o aditivos se tiene una intolerancia. Después con un patrón dietético ad hoc en base a los resultados del test se hacen distintas propuestas para abordar el tratamiento o la mejora ante distintas circunstancias patológicas tales como: artritis, autismo, fatiga crónica, malestar general, migrañas y dolores de cabeza, trastornos de la piel, trastornos de reproducción, mejora del rendimiento deportivo y, como no, el control del peso.

La esencia de estos test

En líneas generales estos test a los que me refiero recurren a las denominadas “pruebas de citotoxicidad alimentaria” o “tests de sensibilidad alimentaria” que durante mucho tiempo, en especial es sus orígenes (estamos hablando de la década de los años 50 del SXX) aludían al Test de Bryan.

Las pruebas, muy en resumen, basan su pretendido funcionamiento en el análisis de los cambios que se producen en el número, el tamaño y el volumen de las distintas partículas celulares presentes en el tejido sanguíneo: linfocitos, granulocitos y plaquetas (cada análisis particular, puede utilizar distintos de entre estos elementos) cuando la muestra de sangre es expuesta in vitro a una serie de extractos de alimentos y/o aditivos alimentarios. Tras la extracción de sangre, la exposición a los alimentos y aditivos y su correspondiente periodo de incubación, las células sanguíneas son analizadas y comparada su morfología con la que tenían en origen (antes de la exposición) mediante un instrumento electrónico. Así, toda muestra que presente cambios en la apariencia de las células en observación se interpreta como un resultado conflictivo. Con estos resultados, los alimentos y aditivos que hayan originado algún cambio en las células, se categorizan como causantes de intolerancia y se excluyen de la dieta y el resto permanecen como alimentos tolerados al considerarse no conflictivos. Posteriormente, tras un periodo de abstinencia variable de los alimentos conflictivos estos podrán o no reincorporarse paulatinamente a la dieta.

¿Qué marcas o laboratorios promueven este tipo de pruebas?

Son diversas, entre ellas figuran Test A200, Novo by Immogenics, Test Fis, ImmuPro300, Yorktest Food Intolerance, aunque el más conocido en nuestro medio y desde hace bastante tiempo es  el Test ALCAT® (que en concreto es el acrónimo de Antigen Leukocyte Cellular Antibody Test). La primera constancia personal que tengo de la existencia de este método fue cuando se la oí nombrar a Boris Izaguirre en un programa de “Crónicas Marcianas” (¿se acuerdan?) al que aludió como un auténtico milagro para conseguir adelgazar. Sin comentarios.

Qué dice la ciencia con respecto a estos test

Pues lo tiene bastante claro. En resumen, que los tratamientos basados en los resultados de estos test  son ineficaces y poco o nada útiles para los fines propuestos.

De hecho, no hay ninguna sociedad clínica de prestigio internacional en relación con estos temas que apoye el uso de estos tests de sensibilidad alimentaria para cualquiera de los tratamientos propuestos en base al valor diagnóstico alegado por sus fabricantes y distribuidores. Además, son numerosas las sociedades científicas de todo el mundo que coinciden en advertir que estas pruebas son ineficaces, ya que sus resultados ni son reproducibles ni se correlacionan con la clínica del paciente. Entre ellas destacan la European Academy of Allergology and Clinical Immunology (EAACI), la American Academy of Allergy, Asthma and Immunology (AAAAI), la British Society for Allergy and Clinical Immunology (BSACI), la Australasian Society of Clinical Immunology and Allergy (ASCIA), la Allergy Society of South Africa (ALLSA) y la Societat Catalana d’Al·lèrgia i Immunologia Clínica. Todas ellas desaconsejan su uso en la evaluación de las reacciones de alergia o intolerancia alimentaria y alegan que estas prácticas no tienen ninguna función útil ya sea en el diagnóstico de alergias o en el de intolerancias alimentarias. Al proponerse este tipo de pruebas, dicen además, se confunde al público y se pueden pautar dietas innecesarias y peligrosas.

Al mismo tiempo, aparte de documentos de consenso y opiniones (de las principales autoridades al respecto) existe diversos artículos científicos entre los que destacan:

En cuanto a la postura de profesionales y representantes de sociedades sanitarias españolas (además de la ya mencionada Societat Catalana d’Al·lèrgia i Immunologia Clínica) merece muy mucho la pena dedicar un tiempo a a lectura de este artículo de 2003 en “El Mundo, Salud”

 Argumentos de los fabricantes y/o distribuidores

Para ellos este tipo de test son “una herramienta de diagnóstico y evaluación” extremadamente sensible y reproducible que proporciona información sobre el mecanismo fisiopatológico de las intolerancias alimentarias. Sus promotores, muchos de ellos enmarcados dentro de lo que se considera la medicina complementaria o alternativa, hacen descansar su funcionamiento en teorías no demostradas sobre el mecanismo de la patogenia que se desarrolla en las intolerancias. Ellos mismos aclaran que el someterse a la prueba no adelgaza ni alcanza los objetivos terapéuticos deseados, sino que sirve para identificar los alimentos que dificultan o impeden la mejoría del paciente.

Al mismo tiempo, muchos de los fabricantes defienden la validez de su método frente al resto. Por ejemplo, el más conocido de ellos, el Test ALCAT® en particular,  afirma que es el único test de intolerancias alimentarias, ya que además de su singular metodología, está acreditado por la FDA.

Nota: En España, en Europa, fuera de los EE.UU. la FDA no pinta nada, es como enseñarle un carnet de conducir de Estados Unidos a un Guardia Civil que te va a multar por conducir sin carnet; te multará y además te inmovilizará el coche. Además, un par de cuestiones interesantes al respecto del uso del logo de la FDA por parte del Test ALCAT® en su promoción en España:

  1. El uso del logo de la FDA en España podría contravenir el RD 1907/1996 del que hablaré con más en detalle en el post del próximo lunes, relativo a “Publicidad y promoción de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria”. Su artículo 7.5 dice textualmente que está prohibido en la publicidad y promoción de este tipo de servicios utilizar como respaldo cualquier clase de autorizaciones, homologaciones o controles de autoridades sanitarias de cualquier país (Véase el logo de la FDA bien claro en su página web) Una homologación o acreditación a la que también se alude con insistencia en las notas de prensa que emite alcat-test España.
  2. ¿Qué pinta el logo de la FDA en su página web sea o no legítima su utilización? ¿acaso la FDA autoriza, avala o certifica, al menos en Estados Unidos, este particular uso? La respuesta ha de ser clara: No.

La acreditación de la FDA, que existe, alude a que el aparataje empleado está fabricado y registrado según el código de Buenas Prácticas en la Fabricación de Instrumental Sanitario de la FDA (Good Manufacturing Practices in a FDA Registered Medical Device Establishment). La acreditación en cuestión la puedes ver aquí y comprobar qué dice y, más en especial, qué no dice. Nada menos, pero tampoco nada más. Es decir, la FDA acredita que el aparato funciona bien, está bien montado y además que mide lo que se supone que tiene que medir… otra cosa es que sirva para lo que sus promotores pretenden que sirva. Que es precisamente en lo que la comunidad científica discrepa abiertamente.

 

Sobre la evidencia científica que aportan fabricantes y distribuidores es preciso destacar que su calidad es francamente escasa (para muestra este botón). Las afirmaciones realizadas por los laboratorios que ofrecen este tipo de pruebas se apoyan en estudios con diseños controvertidos e informes sobre casos independientes y anecdóticos. Además, la gran mayoría de estas referencias bibliográficas son documentos internos de los propios laboratorios, resúmenes de trabajos presentados en congresos o estudios clínicos publicados en revistas no indexadas, lo que aporta una muy escasa evidencia.

Y he de dejar bien claro que, al menos en el caso del Test ALCAT®, no hay más que lo que aquí se ha aportado. Me tomé el interés de escribir a los responsables en España de la comercialización de esta prueba y después de llamarles por teléfono y pedirles que por favor pusieran a mi disposición todas las pruebas que a su juicio fueran relevantes para demostrar la validez y eficacia de su propuesta… y todo lo que obtuve fue que me dirigiera a la página web del sistema en Estados Unidos y que no es otra que la misma documentación que os he hecho llegar en el párrafo de arriba. Sobre el resto de sistemas no he realizado mayores investigaciones, pero si este es el nivel del más conocido… ¡qué será del los demás!

 En resumen, un llamamiento a la racionalidad

Acercando ahora el ascua a mi sardina (la del control del peso)… No creo que sea por casualidad, olvido o desidia que en ninguna de las recomendaciones internacionales para el control del exceso de peso se deje de mencionar la cuestión de la posible intolerancia o reacción citotóxica (si se quiere ser más purista) como elemento ya no solo causal sino si acaso condicionante.

Al mismo tiempo, supongo, que si esto fuera “tan fácil” y “tan efectivo” como se hace creer a partir de su publicidad, llevando tanto tiempo como lleva, todo el mundo lo sabría y cualquier afectado, con sobrepeso u obesidad podría acudir a esta solución o, simplemente, es de suponer que la seguridad social hubiera puesto este tipo de analíticas a disposición de sus ciudadanos (ya no en España, sino en algún país del mundo)… pero va a ser que no.

Por último no quiero dejar de citar la opinión que mantiene la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) al respecto de este sistema, como herramienta para el adelgazamiento, más en concreto sobre el Test de ALCAT®:

“En ningún estudio con rigor científico se ha demostrado que haya una relación causa-efecto entre la sensibilidad a los alimentos y la obesidad. Además no se puede pretender que un solo alimento sea responsable de la ganancia de peso […] Opinamos que este tipo de dieta es una excusa para ganar dinero (y mucho) ya que cada prueba analítica puede costar varios cientos de euros”

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Foto: widakso