El nutricionista de la general El nutricionista de la general

"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

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Es tiempo de solanáceas y por tanto temporada de pimientos

SolanaceasLa familia botánica Solanaceae aglutina una cantidad importante de especies que ofrecen un interés (y qué interés) alimentario. Aunque no te lo parezca, tanto tomates, como pimientos, patatas y berenjenas pertenecen a esta suculenta familia que en esta época del año nos ofrece sus mejores frutos. Y hablo de frutos porque en la mayor parte de las especies es precisamente este órgano el que termina en nuestro plato con la excepción hecha de la patata de la que nos comemos el tubérculo (no el fruto de la planta) es decir, el engrosamiento del tallo que se realiza por debajo de la superficie del suelo y que, resumiendo mucho, tiene la finalidad de almacenar nutrientes de reserva.

Sin hacer de menos, solo faltaría, las otras solanáceas me gustaría romper una docena de lanzas para hablar de los pimientos, en general de los verdes y más en concreto de las variedades más pequeñas que en esta época del año se nos presentan en su mejor momento y por los que, al menos en mi casa sentimos una especial debilidad. Me refiero a todos esos pimientos que acogidos de forma típica a una denominación de origen o a una indicación geográfica protegida (la mayor parte de ellas en Galicia salvo una en el País Vasco) nos ofrecen los típicos pimientos pequeñitos para consumirlos frescos, lo más habitual una vez fritos.

Aunque mucha gente los conoce y llama a todos por un igual, pimientos de Padrón, ya estén acogidos a una determinada Denominación de Origen o Indicación Geográfica Protegidas o a ninguna, es preciso aclarar que esta forma genérica de nombrarlos no es del todo correcta. En líneas generales por un lado están los pimientos de este tipo sin padre ni madre (sin DOP o IGP) que no es preciso hacerlos de menos (ni mucho menos); y por el otro están los que tienen un sello de calidad y que se comercializan solo en épocas concretas del año (como esta) y que creo merecen una especial atención. Me refiero en concreto a:

Pimientos de padrón

La mayor parte de ellos hacen destacar entre sus características su escasa cuando no nula pungencia o picor, fruto de una cuidada selección de aquellas variedades con el mencionado rasgo. De todas formas hay que mencionar que cuando más extremada es su recolección acercándose a su límite último, normalmente a finales del verano principio del otoño, más probable es encontrase con algún ejemplar “picoso”.

Y si no que se lo digan a mi hija Carolina de 5 años que una de sus descolocadoras expresiones cuando el otro día nos recreábamos con unos genuinos pimientos de Herbón y sentenció en voz alta:

Yo ya he probado la ira del pimiento… ¿y vosotros?” mientras acto seguido y tras un vaso de agua y un chusco de pan para refrescarse el gaznate, se aplicaba a coger uno más.

Extraña expresión en una niña de 5 años que, sinceramente, no sé de dónde habrá sacado y que pone de relieve su asombrosa imaginación para establecer típicas asociaciones, amén de su buen gusto en la mesa.

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Imágenes: Juan Revenga @juan_revenga

¿Cuántos pimientos has comprado, papá? Sobre la excelencia del producto autóctono

LugoTal y como comenté, la semana pasada anduve por cuestiones de trabajo por tierras gallegas, más en concreto en Lugo.

Aunque la programación suele ser “intensa” en este tipo de encuentros siempre trato de encontrar un hueco para hacer turismo por la ciudad en la que me halle, pero más en concreto para aprovechar y hacer una compra de productos autóctonos a poder ser en el mercado, en este caso en el mercado de la calle Quiroga Ballesteros junto a la plaza de Santo Domingo.

Así, mí maleta de vuelta pesaba considerablemente más que a la ida, en esta ocasión no me importó demasiado ya que me desplacé en coche y eso siempre facilita el hecho del aprovisionamiento. De esta forma volví con unos cuantos kilos de patatas, media vuelta de chorizos ahumados, una buena maza de lacón con grelos, diversos quesos (Tetilla, Arzúa-Ulloa…), el obligado membrillo casero, un estupendo manojo de nabizas recién recolectadas (aun no es tiempo de grelos) una buena bolsa de pimientos de Herbón -A Coruña- (para que me entiendas, los mal llamados de Padrón) y un par de hogazas de un pan absolutamente soberbio (una de centeno y la otra de trigo entero).

Ayer, las niñas andaban dando cuenta a la hora de comer (día de colegio) de estos pimientos cuando llegué yo a casa. De primero habían comido ensalada de patata con tomate (aun quedan del pueblo), encurtidos y mayonesa, y de segundo solomillo de cerdo a la plancha con los consabidos pimientos… Les pregunté a ver que tal la comida y como toda respuesta de ambas, al unísono, recibí una espléndida y sonriente mirada al tiempo que “bizcaban” los ojos en una expresiva mueca de absoluto deleite. Y luego su pregunta… ¿cuántos pimientos trajiste, papá, cuántos quedan; porqué ésta patata es tan rica, cómo la has hecho? (la patata además del aceite de oliva “de siempre” estaba cocida y punto).

Ya en mi plato he de reconocer que pocas veces tengo la ocasión de probar una patata como la gallega cuando la compro en Galicia (y no, no es una redundancia). Su textura y sabor son francamente genuinos y difícilmente reproducibles en otras patatas. Sí, ya sé que en la mayor parte de  capitales de provincia se puede comprar patata Gallaga… pero yo la verdad es que nunca he dado con aquella como la que uno mismo se trae obteniéndola en origen. Será mala suerte, no lo dudo, pero así es…

Pan Lugo (640x480)

En cuanto al pan, puedo decir sin temor a equivocarme que es el mejor pan que he probado en mi vida. De corteza dura y gruesa, la miga compacta, prieta, con un intenso aroma a levadura y a genuina fermentación. Un pan que de lo duradero que es casi parece eterno, ideal para comer tal cual, y excepcional si se tuesta. Una delicia con la que distraer el resto de manjares.

Sea como fuere y hablando con mi mujer con el plato delante sobre cuál sería la región en la que nos gustaría quedarnos a vivir considerando solo la suculencia de sus productos más autóctonos, terminamos por coincidir que una de esas regiones candidatas sería sin lugar a duda Galicia… por sus carnes y derivados más genuinos, por sus pescados y mariscos excepcionales, sin olvidarse de la patata y el pan (ya sabes que en mi casa hay un especial culto al pan) y sus magníficas verduras, en especial las de las familias de las crucíferas (berzas, coles variadas, grelos, nabizas…) etc. Pero no se puede tener de todo… otras verduras absolutamente deliciosas no son el fuerte de Galicia, ni tampoco el tema de las frutas.

Lo cierto es que a lo largo y ancho de España tenemos unos productos absolutamente maravillosos y que opino debiéramos explotar más en detrimento, claro está, de los platos y productos preparados… pero para eso hay que tener un mínimo interés por la cocina.

En fin, haz si quieres en los comentarios una defensa a ultranza de tu región preferida en este sentido y dinos en base a qué suculentos productos realizas tu elección.