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"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

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Telómeros, restricción calórica y ratones… tras el elixir de la vida ¿eterna?

Telomere

Boquiabierto y emocionado me quedé el pasado lunes en la Universidad de Valencia cuando asistí a una magnífica e impecable conferencia de Dña. María Blasco, bióloga molecular de altura, actual directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y que está en la élite de su especialidad al respecto de las investigaciones en materia de cáncer, longevidad, enfermedades degenerativas, etcétera.

Antes de continuar he de advertir que la entrada de hoy poco tiene que ver con las cuestiones nutricionales en sí mismas (algo sí), pero es que, ya se sabe, la cabra tira al monte y mi biológica formación me impide pasar por alto esta interesante información y quiero compartirla con vosotros.

Telómeros y esperanza de vida

Para hablar de estas cuestiones hay que trasladarse al mundo de los cromosomas (esos pequeños corpúsculos celulares que agrupan en los genes toda nuestra información genética). Pues bien, los telómeros, serían unas secuencias repetitivas de ADN dispuestas en los extremos de esos cromosomas a modo de casquillo. Los telómeros ofrecen varias singularidades, entre ellas, dos de las más llamativas son: que ese material de ADN que los constituye no es codificante, es decir, no forma parte de los genes y por lo tanto no es portador de “información genética”; y la otra, que los telómeros se van acortando de forma progresiva con cada división celular. De esta forma parece bastante claro que los telómeros son como una especie de mecha encendida que se consume a medida que se producen divisiones celulares y que su acortamiento, asociado de modo indefectible con el envejecimiento, determina la muerte celular y, entre otras posibles patologías, el cáncer. Por resumir, en un mismo individuo este verá acortarse el tamaño de los telómeros de sus cromosomas a medida que gana años. O dicho al revés, el tamaño de los telómeros parece determinar la esperanza de vida, así como el debut de las principales enfermedades crónicas a una determinada edad.

Telomerasa en ratones

Pues lo más asombroso de este asunto viene al conocer uno de los interesantes estudios de la Dra. María Blasco: Telomerase gene therapy in adult and old mice delays aging and increases longevity without increasing cancer (La terapia génica con telomerasa incrementa la longevidad sin incrementar el cáncer en ratones adultos y viejos) que por encima se explica ya muy bien en le título. En este estudio se consiguió aumentar la vida media de ratones viejos y adultos a base de tratarlos con telomerasa, y todo ello sin incrementar el riesgo de cáncer. ¿Y qué es la telomerasa? Te estarás preguntando. Pues “sencillamente” se trata de una enzima que permite el alargamiento de los telómeros. Para entender un poco mejor las implicaciones de este estudio y sus limitaciones y posibilidades te invito a que veas (en inglés) este breve vídeo explicando el estudio. Tal y como hizo resaltar la propia María Blasco en su conferencia, estamos ante un buen indicio de un conocimiento que podría abrir la puerta a futuras investigaciones sobre la esperanza de vida, el cáncer y otras enfermedades crónicas en el caso de los seres humanos.

 ¿Y qué tiene que ver esto con la alimentación?

GeneBueno, la primera cuestión que vino a mi cabeza durante la conferencia fue lo mucho que nos queda por saber… y no digamos controlar. Resulta que a día de hoy la mayor parte de las cuestiones de dominio general relacionando estas enfermedades con nuestro bagaje genético es precisamente la información genética como tal dentro de nuestros genes. Genes que tienen tal o cual expresión y efecto (nutrigenética) y que se expresan (o no) en base a determinados condicionantes ambientales, entre ellos la alimentación (nutrigenómica) y además, en base a esto plantear determinados análisis genéticos… de dudosa fiabilidad. Y ahora, va y resulta que al parecer, gran parte de la solución de este genético puzzle, está fuera de esos genes.

Y la segunda, una importante pista al respecto del efecto de la restricción calórica que tantas veces se ha puesto de manifiesto al plantear que en cierta medida esa restricción calórica podría alargar la esperanza de vida de un ser vivo o, al menos, estirarla dentro de unos márgenes. Con este contexto puesto de relieve en diversos modelos animales, el equipo de la propia Dra. María Blasco ha puesto de manifiesto que la restricción calórica, de nuevo en ratones, se ha correlacionado con una disminución en la “erosión” de los telómeros de estos ratones. En este estudio, Telomerase reverse transcriptase synergizes with calorie restriction to increase health span and extend mouse longevity (Efecto sinérgico de la restricción calórica y la telomerasa transcriptasa inversa a la hora de incrementar la salud y la longevidad en ratones) se puso de manifiesto un aumento de la expresión de las mencionadas telomerasas en el marco de la restricción calórica, traduciéndose todo ello en una mayor longevidad y salud en esa vida de los ratones… ¡Sorprendente!

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Nota: Tuve el placer de disfrutar de esta conferencia cuando la Asociación de Estudiantes de Nutrición Humana y Dietética de Valencia (ADINU Valencia) me invitó, junto a otros compañeros, a ofrecer una charla a los próximos graduados de esta titulación y futuros compañeros dietistas-nutricionistas en el marco de su X #CongresoAniversario. Ni que decir tiene que esta invitación supuso una gran satisfacción. Fue todo un placer compartir una jornada con todos estos compañeros, desvirtualizarme con muchos de ellos a los que solo “conocía” a partir de las redes sociales, reencontrarme con tantos otros, etcétera. Es imposible mencionar a todos así que, desde aquí, solo puedo agradecer a todos ellos y de forma genérica el calor con el que fui recibido y los buenos momentos vividos.

ADINU Valencia

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Este post participa en la XXX Edición del Carnaval de Biología que acoge Activa tu Neurona

XXX Carnaval de biología

 

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Imágenes: SamuliliNational Institutes of Health vía Wikimedia Commons

Test genéticos listos para su uso: todavía no

DNA 2Si hay algo que parece estar pegando fuerte últimamente en el terreno de la salud a la hora de comercializar determinadas “soluciones” diagnósticas es el tema de los test genéticos al alcance de “cualquiera”. De cualquiera que se los pueda pagar, porque desde luego, aunque hay una amplia horquilla de precios, baratos no son.

Los laboratorios que comercializan este tipo de análisis genéticos muchas veces a partir de “centros de salud” un tanto dudosos, también desde algunas farmacias o incluso a través de internet suelen afirmar que sirven para tener una fotografía (habría que ver con qué nivel de detalle) de nuestra general predisposición genética para sufrir determinadas enfermedades metabólicas o degenerativas. Estamos hablando de patologías como el cáncer, diabetes, obesidad, psoriasis, artritis reumatoide, enfermedad coronaria, e incluso del riesgo de alguien a padecer una determinada adicción, etcétera.

Con esta “fotografía” de nuestra predisposición y por tanto del riesgo para terminar padeciendo estas enfermedades en un tiempo más o menos corto, se supone que el interesado ha de ponerse en manos de un profesional de la salud para que este establezca las medidas preventivas que mejor se pueden adoptar en su caso para minimizar dentro de lo posible el riesgo. Entre ellas, claro está el que comemos o dejamos de comer. En resumen, con la medicina basada en la genética se pretende obtener la información genética de un individuo con el fin de poderlo guiar de la mejor manera en el proceso de toma de decisiones clínicas.

La verdad es que suena de maravilla y los recientes avances en materia de nutrigenómica han disparado las esperanzas de unos consumidores siempre ávidos de soluciones. Y claro, siempre que hay ávidos consumidores los ávidos vendedores no andan muy lejos. No faltan aunque las “soluciones” que plantean no sean todo lo ideales que ellos nos quieren hacer creer. Me temo que, una vez más y a juzgar por lo que ponen de relieve recientes artículos científicos, se está vendiendo la moto sin manillar demasiado pronto. Me explico.

En el artículo titulado Genetic tests obtainable through pharmacies: the good, the bad, and the ugly (“Los test genéticos en farmacias: el bueno el feo y el malo”) se pone de relieve de forma bastante gráfica que en este terreno se están lanzando las campanas al vuelo demasiado pronto y afirma que se debe hacer entender que el actual conocimiento del genoma es bastante rudimentario y que puede, metafóricamente hablando, ser comparado con el conocimiento que se tiene del disco de Festos (sea este o no un fraude), en el que a pesar de comprender la función de un gen aislado (y sus variantes) no es nada sencillo entender todas las conexiones metabólicas y genéticas que puede tener una determinada enfermedad y terminar dando una respuesta categórica.

El estudio se refiere, claro está, a las pruebas genéticas basadas en la búsqueda de variantes genéticas asociadas a enfermedades comunes con una etiología multicausal; y no a esos otros test genéticos válidos para el diagnóstico de enfermedades monogénicas muy penetrantes, tal y como señala la European Society of Human Genetics  en este documento de posicionamiento.

Una muestra de lo que quiero decir la tenemos (con todas las precauciones que la fuente precisa) en este artículo de una periodista del The New York Times: I Had My DNA Picture Taken, With Varying Results (“Una instantánea de mi DNA con resultados inciertos”). En él esta periodista se hace tres análisis genéticos a partir de tres proveedores distintos que ofrecen “respuestas genéticas” para las mismas enfermedades. Lamentablemente para lo que cabría esperase o bien los resultados de unos u otros test no coincidían en gran medida, o bien la lectura que unos y otros laboratorios hacían de un mismo o similar riesgo era contradictoria.

Más allá de estos resultados, la periodista se puso en contacto con algunos expertos en la materia y les preguntó al respecto de su opinión sobre este tipo de test. La declaración más gráfica a mi modo de ver fue la del Dr. Robert Klitzman que afirmó que:

La utilidad de estos análisis es comparable a tratar de comprender el significado de un libro leyendo solo la primera letra de cada página.

No es la primera vez que estas cuestiones salen a colación en este blog y por tanto no me quiero despedir sin invitarte a que sopeses la respuesta del Dr. José María Ordovás, uno de los investigadores que a día de hoy son punta de lanza en estas materias, cuando se le pregunta de forma directa por estas cuestiones:

¿Y esos tests genéticos son fiables hoy?

Hay una gran variedad. Hay algunos construidos sobre bases (tanto por número de genes analizados como por la solidez de la información) que no llegan a ser muy fiables; otros se lo toman con más calma pero con mayor integridad, se plantean ir produciendo generaciones de tests fiables con los conocimientos que se tengan en cada momento. Una buena guía es elegir el que apuesta por el sentido común en lo que ofrece; los que no se sustentan son aquellos tests genéticos que, basados en uno, dos, tres genes, ya dicen “usted tiene tal riesgo de enfermedad, no puede comer de esto ni esto y cada mes le vamos a recetar estas píldoras”. Y además, sin médico de por medio, o todo por internet. Yo eso no lo recomiendo, es un gasto inútil y un peligro, tanto en términos de falsa seguridad como de los riesgos o de los remedios que ofrecen. Pero los tests basados en lo último de la ciencia, administrados por profesionales de la salud y que se apoyan en diferentes gamas del sentido común […] pueden ayudar a mejorar la salud de una persona. También por su valor psicológico, porque al individuo, un test genético le infunde un sentimiento de “esta es mi solución”. Pero, insisto, siempre hay que ser prudentes.

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Imagen dream designs vía free digitalphotos.net

 

A la espera de la nutrición personalizada tenemos… dieta mediterránea

Leía el otro día una entrevista que le hacían a José María Ordovás en la sección ‘La última’ del periódico Heraldo de Aragón (del 18 septiembre). Con motivo de su paso por el 20º Congreso Internacional de Nutrición que tuvo lugar la semana pasada en Granada y a colación evidentemente del reciente lanzamiento de su libro “La ciencia del bienestar”.

Ordovás.jpg

 

Me gustó mucho, dejando algunas perlas de sabiduría sobre las que creo todo el mundo debiera tomar buena nota. Apuntes racionales, sabios consejos, que no por lo evidente dejan de hacer necesario el recordarlas de tanto en tanto. Máxime si vienen de la mano de tan notable y reconocida figura mundial en las cuestiones que muchas veces ocupan temática en este blog.

En especial, me llamó la atención la pregunta con la que se cerró tal entrevista y, claro está la respuesta del Sr. Ordovás.

P: A la espera de la nutrición personalizada ¿hay alguna pauta genérica que sirva como base para nuestra alimentación?

R: Seguir la dieta mediterránea, con su gran variedad de productos, y a la cabeza su aceite de oliva, en concreto el virgen que es el que contiene todos los componentes saludables que hemos encontrado. Esta dieta le va bien a todo el mundo: a unos mucho mejor que a otros, pero a todos bien. Ahora a los alimentos les exigimos que nos hagan más listos, más guapos, más altos… Les estamos pidiendo más de lo que en realidad están preparados para hacer, que es mantenernos sanos.

¿Lo ves? algo tan “sencillo” como seguir la dieta mediterránea (y esta vez no voy con segundas). Algo que si lo entendemos bien, más o menos como lo puse de relieve en esta entrada (leer la “síntesis”), nos puede resultar muy beneficioso. En especial si nos dejamos de tanta zarandaja (leer penúltimo párrafo), tanta descontextualización y tanto nutricionismo. Dieta mediterránea y punto.

Que sí, que la  carga genética y también la epigenética están ahí; pero más como una esperanza de futuro que como una realidad práctica. Una futura esperanza que muchos sistemas comerciales (una vez más) nos están haciendo creer que es una realidad a día de hoy (desde hace unos cuantos años). Dicho esto, también habremos de ver en qué queda, aunque un servidor tiene depositadas unas especiales expectativas a estas líneas de investigaciones.

Todo el mundo sabe que nacemos con una cierta variabilidad interpersonal a la hora de hacer frente a distintos tipos de dietas y, más en concreto, en la forma que nuestro organismo va a reaccionar a cada modelo dietético. Pero lo bueno es lo bueno y poco más se puede decir. Me explico, en la misma entrevista el Sr. Ordovás lo expone de forma primorosa:

Si practicas unos hábitos de vida saludables, aunque tu carga genética te predisponga a la obesidad o a la diabetes, consigues planchar las arrugas que tienes en tu genoma de manera que ya no aparecen. Si empiezas por buen camino y lo sigues puedes cancelar todo ese riesgo añadido. Pero al nacer no venimos con el libro de instrucciones y no sabemos qué gasolina nos tenemos que poner. Si te pones la mejor gasolina vas bien independientemente de tu genoma, pero si a un motor que está un poco cascado le añades combustible de mala calidad, no te va a durar mucho. Lo mismo ocurre con nosotros.

Me parece que está suficientemente claro. Así pues, vamos a dejar de preocuparnos por los aditivos (los nutrientes en este caso) y vamos a ponernos la mejor gasolina que a día de hoy sabemos que tenemos a nuestra disposición. Y esa gasolina, ya lo he mencionado antes, es la dieta mediterránea. Lo dice uno de los mayores expertos del mundo (por no decir el más) en nutrigenómica y así me parece que es. Más claro agua.

Nota bene: Debería ser innecesario recordarlo a estas alturas, pero no me resisto: el papel de la actividad física en la “dieta” mediterránea es tan o más importante que el papel de los alimentos.

 

Nutrigenómica y nutrigenética, ése trabalenguas

Reconozco que es fácil que muchas personas confundan estos dos términos (a mí me pasaba al principio) ya que abordan el estudio de los dos mismos campos o materias y su relación mutua, pero desde diferente perspectiva. Dada su relativa novedad y la confusión que generan (mencionar una cuando te refieres a la otra o viceversa), creo que es preciso hacer una pequeña aclaración de conceptos que todavía no se han tocado en este blog.

Aprovecho también la entrada de hoy para hablar de un libro que me ha gustado bastante -accesible, ameno, fácil- para todo aquel que quiera tener un primer acceso a estas cuestiones y que parta, eso sí, con una base mínima de formación en relación con estas materias. El título del libro en cuestión es: “Nutrigenómica y nutrigenética. Hacia la nutrición personalizada” Editado por Librooks en colaboración con el Instituto Tomás Pacual, y prologado por el Dr. José Mª Ordovas.

¿Qué es la nutrigenómica?

La nutrigenómica o genómica nutricional es, de forma sencilla, la parte de la ciencia que estudia las interacciones entre el genoma (ADN, pero también ARN) y los nutrientes. Es decir, estudia el sentido en el que los diferentes nutrientes y otros componentes de los alimentos interaccionan e incluso alteran las posibles lecturas que se puede hacer del material genético. Por tanto, se entiende, que si hay una “lectura u otra” los distintos tipos de dietas podrían desembocar en distintos resultados, todo ello sin olvidar la variabilidad individual.

Veamos un ejemplo: La mayor parte de los genes implicados en el metabolismo de los ácidos grasos están relacionados con una serie de receptores comunes. Que estos receptores reciban un estímulo u otro (que interaccionen con un tipo de nutriente u otro) ofrecerá distintas respuestas. Una vez inerpretados esos resultados se podrían identificar biomarcadores (moléculas que nos sirvan como señal de alarma) que nos indiquen el estado del equilibrio homeostático causado por un tipo u otro de alimentación.

¿Qué es la nutrigenética?

En realidad es el estudio una variación (la nutricional) de lo que normalmente se entiende por el papel clásico de la genética. Se centra en el estudio del genoma particular de un individuo (o una población) y a partir de él (de sus caracteríscticas mas concretas, sus polimorfismos) determinar el riesgo de padecer una determinada enfermedad. En virtud de ése riesgo, con la nutrigenética se podría recomendar un tipo de dieta u otra con el fin de minimizar dicho riesgo.

A ver sí se entiende mejor con un ejemplo: supongamos que una determinada población tiene una variante de un gen (un polimorfismo) que hace que aumente su riesgo cardiovascular (por ejemplo a partir de una enzima que ayuda a reducir los niveles de homocisteina, molécula asociada al riesgo cardiovascular), frente a otra población que tenga otro polimorfismo (una variante de ese mismo gen) que garantice un menor riesgo cardiovascular (porque ese polimorfismo resulta, siguiendo con el ejemplo, en una enzima más “duradera” que reduce de forma más efectiva los niveles de homocisteína). En el primer grupo podría haber un beneficio en la reducción del riesgo de padecer ésa enfermedad con una dieta rica en ácido fólico, es decir, con una vitamina que podría compensar el déficit (o menor efectividad) de ésa enzima menos duradera.

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Sé que el tema no es del todo sencillo de interpretar correctamente, pero en esencia las diferencias de una y otra rama se centran en:

  • La nutrigenómica, investiga los nutrientes concretos que están en relación con las causas de una determinada enfermedad (de la que se conocen además algunos marcadores genéticos, DNA, RNA, proteínas implicadas, etc.) con el fin de poder hacer recomendaciones concretas y poder disminuir el riesgo de padecerlas o de disminuir la dolencia caso de padecerla.
  • La nutrigenética, investiga las variantes genéticas que son causa de una enfermedad, y su riesgo; y a partir de ahí recomendar un determinado patrón alimentario que ayude a paliarla.

Espero haber podido aclarar un poco más una serie de temas que me imagino resultan complejos para muchas personas debido a la especialización que requieren. En cualquier caso, invito a todos los interesados, profesionales o no, a hacerse con un ejemplar de la obra mencionada en la que, con un lenguaje riguroso a la vez que didáctico, se ponen al alcance del público este tipo de materias que van ser, a buen seguro, motivo de debate en las próximas décadas.

No quiero despedirme hoy sin poner a su disposición un documental qué, con cuatro años a sus espaldas, arroja un poco más de luz sobre estas cuestiones. Se trata de “Epigenética: Cómo la alimentación afecta a nuestros genes” visto más de una vez en “La noche temática” de “La 2“; y del que recientemente se ha hecho una redifusión. Por si el enlace del documental desaparece de la página web de “La 2”, aquí les dejo, por partes, la posibilidad de verlo en youtube: