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"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

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Mayonesa, regla y las (esquivas) menotoxinas

Dolor de regla

Desconozco hasta que punto estarás al corriente de este mito, hay mucha gente que sabe de él, pero al mismo tiempo hay mucha otra a la que le resulta desconocido. En estos últimos casos, la sorpresa al conocerlo (por lo extravagante de su mismo enunciado) avanza la idea de su escasa verosimilitud. El mito alude a que las mujeres en edad fértil, cuando están menstruando (con la regla, periodo, etcétera) han de abstenerse de tratar de elaborar una mayonesa ya que esta se cortará, es decir, no emulsionará como debe y, por tanto, hará inútil su intención de comer ese día, por ejemplo, ensaladilla rusa.

Cuando el otro día salió este tema de rebote en una conversación de twitter contrasté que había personas “con carrera” que no habían oído en su vida de la cuestión y me llamó la atención. Es más, se especuló con que el mito tuviera una localización geográfica determinada y no estuviera generalmente extendido. Sin embargo, curioso que es uno, me dio por investigar la cuestión y llegué a hacer asombrosos descubrimientos, o cuando menos curiosos, a colación de esta simpleza que tiene mucha más enjundia que la que uno pudiera sospechar así a botepronto.

Origen y extensión del mito

Ingredientes_mayonesaUna cosa que nos tiene que quedar clara es que según diversas fuentes consultadas el mito de que las mujeres no puedan hacer mayonesa mientras están con el periodo abarca diferentes culturas y localizaciones. No está por tanto circunscrito a determinadas regiones españolas, ni tan siquiera se trata de una tipical-spanish-chorrada ya que su difusión trasciende a nuestras fronteras y es de dominio popular en muchos otros países: se conoce en el Reino Unido, los países del norte de Europa, Estados Unidos, países del norte de África y de Oriente Medio etcétera. En concreto, la obra The Curse: A Cultural History of Menstruation (La Maldición -“la regla” también en su acepción más coloquial-: Historia Cultural de la Menstruación) alude a que el origen del mito de la mayonesa se encuentra en Francia (supongo, aunque no comparto, porque los autores de la obra hacen descansar el origen de esta sublime salsa en suelo francés) destacando que en aquel país se desaconsejaba a las mujeres con la regla que hicieran mayonesa ya que sería una labor por completo infructuosa. Además, dentro de las absurdas prohibiciones en toda regla y en lo que concierne a los alimentos, las mujeres en esta condición también estaban advertidas de no manejar sidra o cerveza ya que estas terminarían en una defectuosa fermentación, agriándose; y tampoco debían encargarse de elaborar salmueras o salazones ya que sus acciones serían en balde, ni amasar pan ya que no “subiría”. Al mismo tiempo tampoco podían realizar labores de jardinería u horticultura ya que, se suponía, las plantas que estas mujeres tocaran en tal circunstancia morirían o no crecerían.

¿Ciencia detrás del mito?

Lo cierto es que sí ya que hubo quien pretendió dotar de una explicación científica a las negativas consecuencias de emprender estas labores domésticas (hacer mayonesa, sidra, salazones, trasplantar vegetales…) mientras se estaba con la regla. Primero demostrando la veracidad del hecho (que efectivamente no se podían hacer) y segundo aportando las pruebas materiales que respaldaban la teoría. Y además, no fueron unos cualquiera los que en principio se encargaron de ello (lo que siempre nos puede servir para poner el llamado criterio de autoridad en su sitio). Te cuento.

Corrían los alegres años 20 del pasado siglo cuando Béla Schick, un reputado médico que hizo importantes avances en el tratamiento de la escarlatina, tuberculosis, desnutrición infantil… abrió la metafórica caja de pandora de la “toxicidad de la menstruación” para dotarla de una explicación científica. Este hombre ha pasado a la posteridad por idear la denominada Prueba de Schick para determinar la susceptibilidad a la difteria, contribuyendo a su erradicación. A lo que íbamos… Schick “demostró” con ayuda de una de sus enfermeras, que si le entregaba un ramo de flores cuando ella estaba con el periodo, el ramo se marchitaba en mucho menor tiempo que cuando no lo tenía.

El segundo científico fue David Macht, otro renombrado médico de la época, que también realizó sus propios experimentos para demostrar la toxicidad menstrual de la mujeres y, más allá de hacerla descansar solo en la sangre, también postuló que la saliva, la orina, el sudor, la leche y las lágrimas de las mujeres con la regla eran capaces de inhibir el crecimiento vegetal. Lástima que apenas queden registros escritos de sus hallazgos y metodología (al menos yo no los he podido localizar).

La comunidad científica alentada (cuando no mosqueada) por los resultados de estas dos eminencias de la época trataron de reproducir los experimentos de estos dos médicos allá por 1934 y en condiciones controladas. Sin embargo, no fue posible. No obstante, la cosa no quedó aquí.

Cosas que se supone no pueden hacer las mujeres con la regla

Cosas que se supone no pueden hacer las mujeres con la regla

Los experimentos de Schick hicieron que este médico postulara la existencia de una sustancia o bacteria en la sangre menstrual causante de los resultados obtenidos. Schick llamó a este elemento o familia de elementos menotoxinas, y aunque las buscaron, las menotoxinas no aparecieron por ninguna parte… Hasta 1950 cuando dos investigadores George Van S. y Olive Watkins Smith afirmaron haber dado con ellas cuando observaron que la inyección de sangre menstrual en ratas inmaduras causaba su muerte en menos de un día. Bravo, habían descubierto, como más tarde reconocieron, el típico efecto de rechazo y que nada tenía que ver con las supuestas menotoxinas.

Otros nombres propios ligados a la existencia de las menotoxinas y al intento de dotar a la teoría de la menstruación tóxica de un agente causal, fueron sin duda alguna los de los antropólogos Ashley Montagu y Clellan S. Ford. Que si bien no son los padres del término (fue Schick), sí que se encargaron de dotarlo de una cierta popularidad.

Sea como fuere, esta cuestión que causó una cierta expectación en la primera mitad de siglo XX fue más o menos olvidada hasta que en la década de los 70 fue retomada por una médico británica, Helen Evans Reid. Esta formuló un llamamiento dirigido a la comunidad científica para tratar de aislar o descartar la existencia de estas sustancias. Aunque inicialmente hubo personal investigador que se sumó a su propuesta (tanto defensores como detractores de la existencia de las menotoxinas) el caso es que hasta la fecha de hoy no se ha realizado ningún estudio que con la suficiente calidad ponga las cosa en claro. La razón probablemente, no me extraña, es que este tema suscita poco interés entre los científicos e investigadores dada la escasa credibilidad de la teoría.

Y es que, digan lo que digan, a mí me parece que esta historia de las menotoxinas es un cuento ligado de forma especialmente intensa a prejuicios culturales y religiosos que se pierden en el albor de los tiempos. Y en lo que se refiere a la mayonesa, yo además también cuento con una cierta experiencia observadora.

Además de los enlaces citados en el texto, si quieres profundizar más en el tema te sugiero algunas lecturas:

Menstruation is just blood and tissue you ended up not using (Post Scientific American)

Studies on the phytotoxic index ii. Menstrual toxin (“menotoxin”) (Artículo 1934)

Allergy due to menotoxin of pregnancy ( Artículo 1936)

Blood Magic: The Anthropology of Menstruation (Libro 1988)

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Nota: Mi agradecimiento a Guillermo Peris (@waltzing_piglet ), Abraham Vergara (@LBPA) y Laura Morrón (@lauramorron) por, queriendo o no, saberme espolear. También a Piamonte () por sus aportaciones en la traaducción.

Imágenes: Jason Terk vía Wikimedia Commons; marin fredigitalphotos.net;